|
-por Kami Camui- capítulo VII |
Los días pasaban; Kirito seguía ocultando su enfermedad a todos los miembros de PIERROT. Sin embargo, ellos no eran nada tontos y sospechaban, sobre todo su hermano Kohta, que era el que más lo conocía y sabía que había tenido ciertos indicios de bulimia desde joven. Fue como una secuela después de los sucesos con su madre. Pero Kirito se negaba a ser ayudado, negaba tener aquella “absurda enfermedad”.
Aiji buscaba con desesperación ayudar al ser que más quería sin obtener muy buenos resultados. Lograba tranquilizarlo por poco tiempo en la cama. Pensaba que lo mejor era que Kirito dejara a Hakuei, pero él seguía negándose.
—Él aún me ama, ¡es sólo que últimamente ha estado de mal humor! ¡Es todo!
—¡Sí, pero eso no justifica el cómo te ha dejado! ¡Ya casi te desfigura el rostro! Tienes los ojos hinchados de tanto llorar, la cara también por los golpes, has estado a punto de morir por un ataque de asma que él te provocó y que no te ayudó. Te dejó solo y sin tu medicina. ¡Yo tuve que ayudarte, él no estaba ahí! ¡Yo sí! Te he estado apoyando; no solo yo, Takeo, Jun y Kohta también. No estás solo. ¡Y tampoco estás gordo! Cada día estás más delgado, ¡incluso más que yo! Cada día duermes más porque no tienes fuerza, estás sin ánimo, débil, pálido… ¡Deprimido! ¡Kirito, te estás muriendo frente a mí! ¡Por favor, no te dejes! Toma mi mano, te doy mi ayuda. Acéptala, cariño, mi Kirito… te quiero tanto... —lo abrazó y lo besó con fuerza, llorando.
—Aiji…
Esa noche durmieron juntos. Aiji lo acariciaba con ternura demostrándole lo mucho que lo quería. Kirito aceptó ese cariño y durmió entre sus brazos, dejándose querer.
Se sentía más apoyado, sin embargo no se venían muchos cambios. Lloraba por las noches en brazos de Aiji y por las tardes miraba cómo Hakuei lo engañaba con distintos chicos. Y más tarde, por alguna u otra razón, se molestaba con él y lo golpeaba. Era como una rutina hasta, que después de unas semanas, Hakuei no soportó más.
—Kirito, escúchame bien. Ya no quiero seguir con esto —lo levantó del suelo donde estaba, le limpió las lágrimas y lo miró serio.
—¿Qué… pasa…?
—No soporto tu actitud, ¡cada día te pones peor! Mírate nada más, ¡tan frágil y demacrado! Kirito, hasta aquí llegamos como pareja.
—¡¿Qué?! —Kirito se tiró al suelo enseguida—. No puedes dejarme, por favor… ¡tú aún me quieres! Hakuei, tú lo eres todo para mí. No me dejes, por favor, Hakuei, yo te amo, yo te amo mucho. Por favor, podemos arreglar nuestros problemas juntos, haré lo que quieras, lo que sea, ¡pero no me dejes!
—Lo siento, pero yo ya no te quiero, ¡y no insistas, que es patético! —le dio una cachetada y se marchó dejándolo ahí, dejándolo hundirse en su propio ser.
Kirito no podía creer lo que había pasado, era una pesadilla… de la cual no podía despertar, por más que quisiera. Ahora ya ni Aiji calmaba su dolor, tan sólo se la pasaba en la cama sin comer, vomitando lo poco que había en su estómago, lo que le obligaban a comer de vez en cuando. Ni la pasión de Aiji, ni la ternura de Kohta lo tranquilizaban. Seguía igual, deprimido, sin bañarse, con las mejillas húmedas de tanto llorar, pero ahora ni lágrimas tenía, todas las había derramado ya.
De repente, entre el silencio de su sollozo, escuchó la canción de “Creatur”.
—¿Ah…? ¿Quién será…? —tomó el celular rápidamente con la esperanza de que fuera Hakuei, pero en la pantalla sólo vio el nombre de “Camui”—. ¿Quién será? —contestó con desánimo—: Moshi, moshi, Kirito desu… ¿Quién llama?
—Gakuto desu…
—¿Gakuto?
—Sí… ¿me recuerdas, chico pop?
—Ah, Gakuto… ¿qué demonios quieres?
—¿Estás bien? No te escuchas muy bien que digamos…
—Es algo que no te importa.
—No se me hace raro tu buen trato… pero tan sólo quería verte, estuve pensando en ti, y pues quería verte, invitarte a comer algo, ¡más bien a cenar aquí en mi casa! Te invito. ¿Aceptas?
—No, me siento mal… otro día será.
—¡Por favor! Paso por ti en una hora, nos vemos.
—¡No!
—Adiós… —Gackt colgó.
—Baka… —tiró el teléfono y se vuelve a acostar.
Después de un tiempo Aiji golpeó su puerta.
—¡Te buscan!
—¿Quién…?
—¡Gakuto-san!
—¿Ah? —abrió la puerta y Gackt entró—. ¿Quién te dejó pasar?
—Aiji-san —sonrió ligeramente.
—Bien, ¿qué demonios quieres?
—Sólo… viene a verte… ¿no puedo?
—No.
—Bueno, yo estaré abajo por si alguien me necesita —Aiji se fue algo molesto.
—¿Por qué no quieres verme? —Gackt se acercaba lentamente a Kirito.
—Porque no quiero ver a nadie. No te sientas importante, que la cosa no es personal —Kirito se recostó en su cama sin darle importancia.
—Ok… no lo siento personal, pero, ¿por qué estás molesto? ¿Quieres contarme?
—¿Qué te hace pensar que yo te contaría mis problemas?
—No entiendo por qué me tratas así, si tan solo quiero ser tu amigo.
—Bueno, pero yo no quiero, ¡¿satisfecho?! —se levantó de la cama.
—Está bien, no te molestes más, tan solo quería invitarte a cenar. Vamos… —lo toma por el brazo para llevárselo.
—¡No quiero, Camui! ¡Entiende! No me siento bien —Kirito soltó el llanto inconsolable lleno de coraje.
—Taka me contó lo que sucedió… tan sólo quería ayudarte como amigo que soy.
—Tú no eres mi amigo, ¡¿entiendes?!
—Tranquilo —lo abrazó a su pecho con ternura.
—Camui… —no se resistió más y continuó llorando aferrado a su pecho.
—Salir a despejarte te ayudaría mucho, ¿sabes? Ven conmigo —le levantó el rostro por la barbilla para mirar sus ojos con aquella mirada seductora.
—Llévame… —cerró los ojos dejando salir dos lágrimas más.
Gackt lo ayudaba a caminar para que se tomara un baño. Lo esperó pacientemente mientras veía con cuidado la decoración de la habitación: ángeles en pinturas, figuras de cerámica y muchas velas aromáticas. Cuando Kirito terminó de bañarse salió con la bata de baño y la mirada melancólica.
—Oh… ¡saldré para que puedas vestirte! —dice Gackt apenado al verlo.
—No te preocupes —sin mirarlo se dirigió al closet para tomar su ropa mientras Gackt salía.
Espero una vez más y, cuando éste estaba listo, salió.
—Bien, vamos —le extendió la mano con aquella sonrisa que tanto desconcertaba a Kirito.
—Hum... —asintió con la cabeza, le tomó por la mano y mantuvo la mirada baja.
—Kirito, ¿adónde vas? —Jun los encontró escaleras abajo.
—Iré con Camui a tomar algo…
—Ah… Camui-san…
—Mucho gusto. Usted debe ser Jun-san, el guitarrista, ¿ne? —una sonrisa amigable se pintaba en aquel bello rostro.
—Sí… mucho gusto —le devolvió una sonrisa amigable. Sabía que esa clase de personas no podía dañar a su amigo.
—Avísales a los demás, por favor… regresaré más tarde… —ni un poco de alegría demostraba.
—¿Llevas tu celular?
—¿Ah…? No… ¡iré por él! —soltó la mano de Gackt y subió las escalera apresurado.
—Es un poco distraído, ¿ne? —Gackt trataba de hacer plática.
—Sí… pero yo diría que mucho —rió un poco.
—Yo sé que ustedes están muy preocupados por él, por las cosas que pasaron con Hakuei-san, pero les pido de la manera más atenta que confíen en mí. Yo tan solo quiero ayudarle a pensar en otras cosas.
—Muchas gracias por su preocupación, Camui-san… Lo dejo en sus manos —Kirito bajaba de regreso.
—¿Ya nos vamos? —Gackt le extendió la mano nuevamente.
—Hum… —la tomó con temor.
—Que les vaya bien, ¡diviértanse! —Jun los despidió en la puerta.
—¿Crees que esto sea correcto, Jun? —Aiji apareció tras él.
—No lo sé, Aiji, pero creo que él no quiere estar con ninguno de nosotros ahora…
—¿Qué pasará con PIERROT?
—No lo sé… no lo sé… —mirando el auto de Gackt saliendo de la avenida.
—Kirito, tienes unos buenos amigos, ¿sabes?
—El que me hayas convencido de venir contigo no significa que puedas comenzar a entablar una conversación sobre mi vida personal conmigo —se cruzó de brazos y miró la ventana.
—Ja, ja, ja, mil disculpas —dijo algo molesto—. ¡Pero tan solo me preocupé por ti!
—Pues no necesito de tu preocupación.
—Bien, ¡olvidemos el tema! ¡No quiero que la noche se arruine!
—¡Eres el único que lo arruina!
—¡Puff! —suspiró.
Llegando al castillo de Gackt…
—Pasa, la cena nos está esperando.
—Oh, gracias… ¡ya me dio un poco de hambre! —se sentó en el comedor.
—Ja, ja. —“Es tan lindo…” Sonrió y se sentó a su lado.
Kirito comía todo lo que le pusieran enfrente mientras que Gackt comía despacio, saboreando todo, y además porque cuando comes lento te hace digestión y te llenas más rápido… como él solía decir. La plática era espontánea porque Kirito tenía mucha comida en la boca como para poder contestar.
Al terminar de devorar todo…
—¿Me prestas tu baño, Camui?
—Sí, claro, hay uno aquí cerca. ¿Ves esa puerta de ahí? —señalándole.
—Sí…
—Por ahí te sigues a la izquierda y una puerta de caoba, ¡ésa es el baño!
—Claro… —se levantó y se dirigió al lugar indicado.
—Si se pierde, muéstrale el camino —le susurró a una sirvienta.
—Sí, Camui-san —ésta asintió y siguió a Kirito.
—¿Puerta de caoba? ¿Por qué no sólo le pone un estúpido letrero que diga “baño”? —abriendo puertas al azar.
—Kirito-san… es éste —la sirvienta, amablemente, le mostró la puerta indicada.
—Gracias… ¡ya sabía! —entró malhumorado, azotando la puerta tras él.
Una vez puesto el seguro caminó lentamente hacia la taza y se hincó… tomó aire y cerró los ojos para después llevarse el dedo a la boca y provocarse el vómito. Comenzó su tortura, devolviendo toda la comida y llorando con desesperación.
Una de las sirvientas, que pasaba por ahí, lo escuchó y rápidamente avisó a Gackt.
—Camui-san, disculpe que lo interrumpa…
—¿Qué pasa, linda?
—Su amigo… parece que no se encuentra bien…
—¿Dónde está? —“¿Le habrá dado un ataque de asma de nuevo?” Se levantó de la mesa, pensando lo peor.
—En el baño aún…
—Bien, gracias —corrió junto con la pequeña Bell que le seguía ladrando.
Golpeó la puerta sin ningún resultado y escuchó los sollozos.
—¡Kirito-san! ¡¿Está todo bien?! —intentó abrir la puerta, pero ésta tenía seguro—. ¡Shit! ¡Kasumi-san! ¡Traiga las llaves, por favor! —le gritó a la ama de llaves, quien asintió con la cabeza y corrió a por lo que su amo le pedía. Regresó ya con las llaves y abrieron, y encontraron a Kirito frente a la taza en el suelo, llorando—. ¡Kirito-san! —corrió a abrazarle.
—Camui, ¿qué haces aquí? —se intentó soltar.
—Tranquilo —le limpió la boca con un pañuelo—. No tienes por qué sentirte mal ahora que vi esto, todo estará bien… —le sonrió con ternura mientras agarraba un pedazo de papel para secarle las lágrimas con delicadeza.
—¡Cállate! —Kirito se negaba a sus cuidados.
—Kirito-san, todo estará bien, vamos afuera.
—¡Si no me sueltas ahora, vomitaré sobre ti!
—No es necesario que siga con esto, vamos —lo levantó y lo volvió a abrazar. Kirito no quería admitir que se sentía reconfortado estando en sus brazos, así que se forcejeaba un poco.
Lo llevó a su habitación para recostarlo en la cama, pero Mei no estaba muy contenta por eso.
—Tranquila, sólo será por un momento —la gatita se erizaba.
—Ni tus mascotas me quieren —sonrió amargamente.
—¡No digas eso! Las dos son muy celosas, ¡eso es todo! …Niñas, compórtense, ¡no sean groseras! —Bell también estaba a la defensiva—. Afuera, vamos, afuera —sacó a las dos de la habitación y enseguida Bell comenzó con los aullidos—. No te preocupes, se le pasará —sonrió nervioso.
—Sería mejor que me fuera… —intentó levantarse.
—No, no, está bien así, las chicas se encargarán de las niñas… Pero necesito hablar contigo —lo vuelve a recostar.
—¡No quiero hablar contigo! ¡No quiero recostarme, me haces sentir como un inválido!
—Tonterías, entonces siéntate, pero de aquí no te vas —le sonrió y le guiñó el ojo coquetamente.
—¡Déjame! —le tiró un cojín.
-Ja, ja, ja, ¿quieres jugar?
—Baka… —le tiró otro.
—¡Esto es la guerra! —le tiró uno también.
—¿Qué te pasa? —se lo devolvió.
Así sin darse cuenta, Kirito sonreía y seguía atacando a Gackt con los cojines y tratando de esquivar los ataques de él. Gackt también disfrutaba de aquel momento, fue algo mágico; hacía ya tanto tiempo que no jugaba con nadie de esa manera.
Gackt tomó la almohada de su cama, que era una larga, y se la estrelló en la cara a Kirito dejando escapar las plumas de ésta.
—¡Itaiyo! —se quedó quieto por un momento, se cubrió la cara y comenzó a llorar.
—Eto… yo… —muy nervioso y apenado—. No quería lastimarte —tiró la almohada a un lado y lo abrazó—. Lo siento.
—¡Baka! —le mordió el brazo.
—¡Iiita! —Gackt lo soltó.
—Ja, ja, ja, ja, ¡nunca confíes en tu enemigo de guerra!
—Malo —puso carita tierna.
—¡Yo no caeré en eso! —se cruzó de brazos.
—¿Ah, no? —se tiró encima acorralándolo en la cama.
—¡¿Qué haces?! —tratando de zafarse.
—Castigándote —con una sonrisa traviesa en el rostro, para después besarle el cuello.
—¡Camui! No… —sentía aquellos labios gruesos pasando por su piel. Los besos cada vez le hacían sentir una sensación distinta. Ahora bajaba por su pecho y el forcejeo por parte de Kirito cada vez era más débil, y su respiración más agitada, con suspiros que estaban en contra de su voluntad.
Kirito deslizó sus manos para sentir el cuerpo de Gackt llegando a su cadera, la acarició un poco y después le abrió el pantalón bruscamente.
—Hey, hey, tranquilo… —le besó la oreja.
—Cállate, baka —dijo entre suspiros, sus mejillas comenzaban a ponerse rojas.
Sin importarle lo que Gackt dijera, le bajó el pantalón dejándolo con la tanga nada más. Al sentir la suave piel de sus bien definidas nalgas, sintió un escalofrío por la espalda, una sensación indescriptible, combinada con el suspiro de Gackt. Era un choque de emociones para ambos y, sin más, Kirito besó aquellos redondos labios aprisionándolos con los suyos, que parecía que encajaban a la perfección por la forma redonda. Sus lenguas se encontraron jugueteando mutuamente, mientras Kirito despojaba a Gackt de su ropa arrancándosela como podía, y si Gackt intentaba separarse de él, le mordía el labio inferior a lo que respondía con un gemido de placer.
Gackt también comenzó a desvestirlo con delicadeza, sintiendo su piel, y algo que llamó su atención: los tatuajes, que cuando pasaba sus dedos sentía los bordes, delineándolos con las puntas de los dedos, disfrutando cada instante.
Kirito tan sólo buscaba una forma de sacar a Hakuei de su cabeza, pero las actitudes suaves y gentiles de Gackt no ayudaban mucho. Le hacía pensar en que quería que Hakuei le jalara de los cabellos, le mordiera el hombro y lo golpeara para desvestirlo.
Gackt se separó por fin de sus labios y comenzó a besar sus hombros, sintiendo su aroma. Kirito ahora se concentraba en las acciones de su amante, experimentando cosas nuevas, perdiéndose en aquella fija y penetrante mirada de ojos azules, aquella seductora sonrisa, sus gemidos, su melodiosa voz, su perfecta piel blanca, sin ningún tatuaje, su suavidad y aquel olor embriagante a Platinum Egoïste. Sus labios en su pecho y bajando, cuando de pronto Kirito se encontró con algo que le sorprendió. Lo apretó un poco, era como si no creyera que fuera cierto.
—¡Ita! —Gackt reaccionó por el apretón.
“¿Esto es…?” Deslizaba su mano a lo largo. “Su…su…”
—¡Oh, dios!
“¡¿Su miembro?!” Intentó mirarlo, pero con Gackt besándole no veía nada.
—¡Camui! ¡Espérate! —lo empujó.
—¿Qué pasa? —cayó boca arriba.
—… —quedó sin palabras al verlo—. Es tan grande —dijo con la mirada perdida.
—¿Qué…? —siguió su mirada—. Ah, ¿te refieres a Mágnum? Ja, ja, ja, tranquilo, te prometo que no te dolerá —sonrió muy orgulloso.
—¡¿Estás loco?!
—¿Eh? —Kirito se tiró sobre él y lo besó de nuevo, enterrando las uñas en sus hombros.
—Si lo que quiero es disfrutarlo —le susurró al oído.
—Cómo tú quieras… —dijo sorprendido
Esta vez era Kirito quien besaba cada rincón del cuerpo de su amante con pasión, haciendo que éste comenzara a gemir rápidamente jalando el aire, dejándose llevar. Kirito llegó por fin a su Mágnum y sin más se la metió a la boca, haciendo su labor mientras Gackt apretaba las sábanas y gritaba un poco. Cuando Gackt estaba llegando a su punto y Mágnum hizo su erección, Kirito se detuvo algo forzado.
—¡¿Qué pasa?!
—Nada malo… —le contestó Kirito con una sonrisa y se sentó sobre el, metiéndose él mismo a Mágnum y gritando por aquel dolor tan placentero para él. Después, aquellos tan ya especiales gemidos de Kirito se comenzaron a escuchar, jalando el aire y de una manera rasposa.
Gackt se sorprendió mucho, pero se olvidó de ello rápidamente para empezar a mover las caderas y entrando una y otra vez, jalando las caderas de Kirito hacia las suyas, escuchando con gusto los gemidos de éste.
Kirito soportaba aquel dolor, sin embargo sus manos no se podían estar quietas. Enterraba las uñas en la espalda de Gackt, lo mordía donde alcanzara: el cuello, el hombro o la oreja. Conforme el dolor incrementaba buscaba otra manera de hacérselo sentir a Gackt, así que le jalaba el cabello o tan sencillo como golpearle el pecho con el puño.
Gackt se volvía loco con aquellas reacciones y cada vez entraba con más fuerza.
“Ahora sí lo hace como mi Haku”, pensaba Kirito mientras dejaba escapar el último grito, el de orgasmo.
“¿Terminó?” Gackt dejó de moverse lentamente y salió de el.
—¡Ah! —se tiró hacia atrás dejando las piernas dobladas, su pecho se levantaba un poco, lo que quería decir que respiraba con dificultad.
—¿Estás bien, Kirito? —se le acercó lentamente y le dio un tierno beso en la mejilla.
—Sí… bien… sólo necesito tranquilizarme.
—Ok… iré a tomar una ducha…
—Sí… —Kirito cerró los ojos y sintió cómo Gackt se levantaba y, poco después, escuchó una puerta cerrarse.
—Rayos… —Gackt estaba algo molesto, bajó la mirada y vio su Mágnum—. Eso no fue suficiente, ¿ne…? —después de un suspiro se metió a la regadera y abrió la llave de agua fría—. ¡Kusoo!
Kirito ya respiraba mejor, mientras tanto pensaba en su amado Hakuei.
“¿Por qué me dejaste…? ¿Qué es lo que hice mal? Tú eres lo único que tengo… regresa, por favor… te necesito” Se acurrucó en la cama.
—Haku… —murmuró.
Después de un rato Gackt salió con la bata de baño puesta.
—¿Todo bien?
—¿Ah…? Sí… Sí… creo que yo también tomaré un baño…
—Claro, ¡pásate!
—Gracias… —entró y cerró la puerta rápidamente.
—Vaya…
Kirito se miró al espejo. Sabía que lo que había pasado no era correcto. Pero si Hakuei ya no era su novio, no tenía nada de malo, pero si él se enteraba jamás regresaría con él.
—Maldito Camui. Éste era su plan desde un principio, lo sabía, ¡lo único que quería era sexo! Hakuei tenía razón… Me siento tan mal… Haku… —se tiró al suelo y hundió el rostro entre las rodillas—. ¡Haku no volverá por culpa de ese maldito arrogante aprovechado…! Haku, yo te amo… te amo… ¡¿POR QUÉ ME HACES ESTO?! —se levantó rápidamente y rompió un jarrón y, con los pedazos, comenzó a cortarse el cuerpo, cualquier parte.
—¡KIRITO! —Gackt intentaba abrir la puerta, pero de nuevo estaba el seguro puesto. Salió rápidamente por las llaves y abrió enseguida. Esquivando todo el tiradero llegó a él, que estaba tirado en el suelo desangrando y, al parecer, había perdido el conocimiento.
—Haku, ¿eres tú…? —volvió a desmayarse, y Gackt lo cargó para sacarlo de ahí.
—¡Llamen a una ambulancia, rápido!
—¡Sí, señor!
Cuando la ambulancia llegó dejó que se lo llevaran. Ya los alcanzaría una vez que estuviera completamente vestido.
Ya en el hospital Kirito despertó.
—¿Dónde estoy…? —no había nadie a su alrededor, tan solo se escuchaba aquella máquina que medía su pulso.
Gackt se encontraba afuera hablando por celular.
~Continuará~
Jajaja, eso creo…
Muchas gracias por seguir leyendo este fic que está hecho con mucho cariño para todas las fans de PIERROT y, sobre todo, las de Kirito.
Kami Camui. |
(c) 2006 The Ogawa Evil Twins Su contenido no puede reproducirse ni modificarse sin el consentimiento explícito del webmaster. |