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-por Kami Camui- capítulo IV |
Después de este suceso, la vida en Rock Ave seguía como si nada. Kirito aún tenía las pesadillas tanto de noche como de día, y eso le estaba agobiando y afectando en su relación con Hakuei, el cual cada vez tenía menos paciencia y comenzaba a reclamarle por cualquier cosa.
-Te siento distante… -Hakuei lo tenía abrazado a su pecho.
-¿Sí?
-Sí, últimamente te alejas de mí y te pierdes en tus pensamientos. ¿Qué es lo que me ocultas?
-¡Nada! Yo... nada… -bajó la mirada.
-¡¿Es que acaso te has vuelto a ver con ése?!
-¡No! ¡Claro que no! Gakuto no tiene nada que ver en esto.
-¡¿Entonces?! ¿Por qué no me dices qué es lo que te tiene así? -Hakuei lo sacudió.
-No puedo decírtelo…
-¿Por qué? ¿Qué me ocultas? -siguió agitándolo.
-¡Déjame, por favor! -Kirito cerraba los ojos con fuerza.
-¡¡Dime!!
-¡¡No!! ¡Suéltame! -comenzó a desesperarse, respirando con dificultad.
-¡Dímelo maldito! -Hakuei lo apretaba con fuerza por los brazos.
-¡No, mamá, déjame!
-¿Mamá…? -Hakuei se detuvo un poco, pero sin soltarlo.
-Por favor -las lágrimas empezaron a salir, aún con los ojos cerrados.
-Dime qué tienes -lo soltó y le acarició la mejilla.
-¿Ah? -Kirito abrió los ojos de golpe y se dio cuenta de que el que tenía en frente era Hakuei y no aquella mujer.
-¿Qué pasa?
-Hakuei… -se abraza con fuerza.
-Ki-chan… ¿qué es lo que tienes?
-No pasa nada…
-¿Por qué insistes en no decirme nada? ¡Maldita sea! -lo alejó de él y lo dejó caer al suelo.
-Hakuei… -Kirito lo miró suplicando por piedad.
-¡Estoy harto de esta situación! -Hakuei salió de la habitación azotando la puerta.
-¡No me dejes solo…! No -intentó levantarse, pero el aire le faltaba-. “¿Por qué tenía que nacer enfermo de esto?”-Kirito buscó su inhalador. Después de encontrarlo le dio dos disparos y se levantó para alcanzar a Hakuei.
Salió de la habitación y bajó las escaleras siguiéndolo, con un poco de tos aún.
-¡No me sigas! ¡No quiero verte! -le gritó Hakuei sin mirarlo y sin siquiera detenerse.
-¡Por favor! No me dejes solo...
-¡Largo!
-Hakuei, cof, cof, cof, ¡por favor! -Hakuei comenzó a correr y Kirito lo alcanzaba con dificultad. Pronto dejó de divisarlo-. No… no… -se dejó caer en el suelo, exhausto, y su celular comenzó a sonar con la canción de Creature-. ¿Ah…? ¿Quién es…? Cof, cof. ¿Moshi moshi…? Kirito desu.
-Gakuto desu.
-¡Déjame en paz! ¡Por tu culpa él se fue!
-¿Qué? ¿De qué me hablas…? No te escuchas bien... ¿Cómo te sientes?
-Mal, ¡por tu culpa! -sollozaba-. ¡No me busques más…!
-Kirito, no quiero dañarte… pero si me dices qué te pasa tal vez podría ayudarte…
-¡Déjame! Sólo así me ayudas... idiota.
-Kirito… por favor, te pido disculpas…
-Bien, ¡ahora deja de buscarme!
-Kirito… ¿necesitas ayuda…? ¿Dónde estás?
-¡¡Cállate, madito!! -le colgó el teléfono y su ataque siguió, dio otro disparo a su inhalador. Seguía llorando de coraje.
Hakuei no regresó, pero alguien se infiltró en Rock Ave buscando a Kirito.
-Disculpa, ¿en dónde puedo encontrar a Kirito-san?
-¿Ah? -el guitarrista de Lareine lo observaba.
-Sí, ¿dónde puedo verlo…?
-En casa PIERROT, supongo.
-¿Y dónde la encuentro?
-Mire… camine -le dio las indicaciones algo nervioso-. ¿Es usted...
-Gracias -se fue para evitar la pregunta y corrió. Estaba vestido de negro para que nadie lo reconociera, pero aun así llamaba mucho la atención, ya que nunca lo veían por ahí.
-Bien… creo que no era él -el guitarrista siguió su camino.
Gackt no tardó en encontrar la casa PIERROT.
-“Cómo ha cambiado desde que me fui…” -tocó el timbre y esperó pacientemente hasta que le abrieron.
-¿Qué desea? -Aiji abrió la puerta.
-¿Está Kirito-san en casa?
-No… está en casa Penicillin… ¿Quién lo busca?
-Gracias, disculpe las molestias -se dio la vuelta y se fue.
-¡Espere! -Gackt no hizo caso y se dirigió al lugar que le habían indicado.
“No creo que haya cambiado de lugar, ¿o sí?” -encontró la imponente casa con la placa de oro y la leyenda de PENICILLIN-. “Sí, aún está aquí. No puedo arriesgarme a que me reconozcan… pero tampoco puedo dejar solo a Kirito-san…” -su mano temblaba un poco por la inseguridad y, de repente, alguien le tocó el hombro-. ¡Ah! -tuvo un sobresalto.
-Gakun… ¿Qué haces aquí? -un chico de cabellos rubios, con raíces negras y rostro fino lo miró confundido.
-¿Ah…? ¡Hiro…! ¡Me sorprendiste! -Gackt suspiró.
-¡Oh! Lo siento. Pero, ¿qué haces aquí? -lo tomó de la mano y lo llevó a su casa sin dejar que Gackt reaccionara.
-Hiro, ¡tenía unas cosas que hacer!
-Lo siento, pero si Hakuei se entera de que estás aquí se pondrá como un centauro furioso.
-Lo sé… y me estaba arriesgando a eso por Kirito-san.
-¿Kirito? ¿Qué tiene que ver ése… ése… con esto? -Hiro subió el tono de voz.
-Hiro-kun, ¡él está en problemas! ¡¡Es asmático y estaba solo!!
-No creo que esté solo, ¿y los miembros de su banda?
-¡No está en su casa!
-¡Ah! Está con Hakuei-san.
-¿Por qué está con él?
-Creo que tienen una relación.
-¿Ah, sí?
-Sí, así que, ¿por qué ha de estar mal?
-Y todavía te lo preguntas. ¿Qué acaso no sabes qué clase de persona es Hakuei?
-Me da igual… tan sólo es Kirito.
-¡¡Hiro!!
-¿Qué? -dijo relajado.
-Hiro, no me importa lo que pienses, iré a ayudarlo...
-Gakun, eres tan dulce… amable -dice burlón.
-Hiro, nunca te has llevado bien con Kirito-san, lo sé, pero yo no tengo nada que ver en tus problemas con él.
-Yo no tengo problemas con él, ¡él es el que se mete conmigo!
-¿Dónde está ahora?
-No lo sé… ¿crees que yo debo saberlo?
-Gracias, Hiro… -Gackt sale de la casa de La Cryma Christi dispuesto a tocar el timbre de la casa PENICILLIN.
-¡Gakuto! Tranquilízate, exageras -jaló un poco su manga para llamar su atención.
-Hiro, no puedo creer que seas tan malo… -tocó el timbre sin más.
-¡No! ¿Por qué lo hiciste?
-¡Déjame!
No tardaron en abrirle la puerta. O-Jiro abrió de nuevo.
-¿Ah? ¿Quién es tu acompañante, Hiro?
-¿Él? Etto... es un amigo… pero por equivocación tocó el timbre -Hiro sonrío nervioso.
-Eso no es cierto, vine hasta aquí para buscar a Kirito-san, ¿está aquí? -Gakuto se veía molesto.
-¿Kirito? -O-jiro lo miró confundido.
-Sí.
-¡Vámonos! Si Hakuei te ve aquí, te mata -le susurró.
Repentinamente Hakuei salió furioso y empujó a Gackt sin tomarle importancia.
-Hakuei… -dijo O-jiro desconcertado.
-¿Puedo ver a Kirito?
-Ok… -se hizo a un lado mientras Hiro hacía rabietas.
Gackt comenzó a guiarse por su oído, oyendo cada vez más claros los quejidos de Kirito. Sin tardar mucho lo encontró tendido en el suelo.
-¡¡Kirito-san!! -Gackt se hincó a su lado-. ¿Tu inhalador? -Kirito lo miró con los ojos llorosos y le mostró lo que le pedía.
-¡¡Está vacío!! -Gackt lo tiró a un lado y rápidamente lo cargó para sacarlo de ahí. Los bronquios de Kirito comenzaron a hacer un ruido al intentar respirar y sus venas se remarcaban en su cuello. Ya afuera, hizo a un lado a los demás para correr a casa PIERROT donde Kirito le señalaba. Tocó el timbre varias veces con desesperación y Kohta le abrió la puerta.
-¡¡Kirito!! ¡Pasa! Le pondré su máscara -Kohta dejó el paso libre. Gackt lo recostó en el sillón y esperó con ansia a que llegara aquel chico con el oxígeno. No tardó mucho-. Aquí está, póngasela -se la colocaron y enseguida Kirito comenzó a aspirar con fuerza.
-Se pondrá bien, ¿cierto…? -Gackt le preguntó a Kohta.
-Claro… ¿pero quién es usted? O.o
-Un amigo que encontró a Kirito de esta manera… -bajó la mirada.
-Gracias por traerlo aquí, ¿puedo saber su nombre?
-Camui Gakuto…
-¡¡¿Camui-san?!!! ¡¡Usted no debería estar aquí!!
-Lo sé… pero, por favor, guarde silencio.
-Está bien…
-Gracias… -Gackt voltea a ver a Kirito, quien ya respiraba mejor, pero se dio cuenta de que unas lágrimas recorrían sus blancas mejillas.
-¿Qué fue lo que pasó?
-No lo sé… yo cuando llegué estaba tendido en el suelo.
-Kirito...
Kirito abrió los ojos de golpe.
-Kirito-san, ¿está bien…? -Gackt sonrió levemente.
-Hakuei… -murmuró con dificultad.
-¿De nuevo Hakuei? -Kohta torció la boca.
-Sí. Salí de casa PENICILLIN con él.
-¿Podría dejarnos un momento solos?
-Claro… -Gackt salió de la habitación.
-Kirito, ¿dime qué pasa?
-Kohta… Hakuei…
-¿Qué fue lo que te hizo?
-Él…
-¡Kirito, debes dejarlo! Sólo te hace daño.
-¡No! ¡Él me quiere! -se incorporó.
-Tranquilo, sólo fue un comentario, no tienes que ponerte así.
-Hakuei me quiere.
-Muy a su manera, ¿no?
-Pues… sí.
-Esto no está bien…
-Lo siento… Pero estaré con él… mientras él me quiera.
-¡El problema es que nunca te ha querido!
-¡Cállate! ¡Sí me quiere! -se quitó la máscara de oxígeno y se levantó para golpearlo con el puño cerrado.
-Kirito, ¿por qué todo lo quieres arreglar con violencia? ¡Recuerda que mamá hacía eso!
-¡No me lo recuerdes ni me compares con ella! -le dio otro golpe.
-Contrólate, Kirito… -le detuvo las manos.
-¡No me toques! -Kirito se forcejeó.
-¡Respira!
-¿Por qué me quieres alejar de la persona que amo? ¡Estás celoso! ¡Porque no tienes a nadie que te quiera como yo a él y él a mí! -le gritó con fuerza, desgarrando su garganta.
Kohta se defendía como podía, pero tampoco quería golpearlo, después de todo era su hermano mayor y le tenía un sumo respeto. Kirito comenzó a respirar con dificultad y sus golpes se volvían débiles.
-Kirito… detente, por favor... -Kohta se cubrió.
-Kohta… -Kirito se detuvo y comenzó a sollozar. Luego se levantó para salir de nuevo de la casa, pero Gackt lo detuvo.
-¿Está bien, Kirito-san? -lo tomó por el brazo.
-¡Suéltame y vete lejos de aquí!
-Tranquilícese, lo ayudaré, si usted me lo permite.
-¡Gakuto, déjame! -Gackt lo atrajo a su pecho y Kirito lo golpeaba ligeramente, con menos ganas, en el pecho.
-Puedes confiar en mí…
-Yo… -se acurrucó en su pecho.
Gackt esperó a que se tranquilizara un poco. Lo hacía con caricias y cariñitos. Kirito comenzó a contar sus problemas sin respirar, con desesperación. Gackt estaba dispuesto a ayudarlo en aquel terrible problema, sin importar que fuera lo que tuviera que hacer. A pesar de que tenía muy poco de conocer a Kirito no se le hacía justo que alguien se aprovechara y maltratara a otra persona de es manera.
Hasta que Kirito se relajó, Gackt lo llevó a su casa y se despidió de él un poco más tranquilo.
-Bien, Kirito-san, cuídese mucho y no dude en llamarme, por favor, que con gusto estaré aquí si lo necesita -le regaló una sonrisa.
-Sí, claro… gracias… yo veré si te necesito. No te hagas ilusiones de que ya eres mi amigo, ¿entiendes? ¡Porque no lo eres!
-Claro, hasta luego -Camui se subió al auto y Kirito lo vio hasta que salió de Rock Ave.
-Kohta me dijo que no estabas muy bien.
-¡Ah! Aiji... ¡Maricón! Me asustaste, ¡no vuelvas a hacerlo!
-Perdón… pero... ¿te encuentras bien? -siguió a Kirito que se dirigía a su habitación.
-Si quieres que te cuente la novela de mi vida, está bien, ¡pasa! -dejó abierta la puerta de su cuarto.
-De nuevo fue Hakuei, ¿verdad?
-Sí, otra vez él -le dijo con fastidio.
-No entiendo cómo es que aceptaste ser su novio. Lo único que ha hecho es lastimarte. Nos ayudó en la banda, sí, pero, ¿realmente lo necesitábamos? No lo creo, con o sin él seríamos famosos. Siempre te dije que no era necesario que aceptaras. Este año a su lado ha sido una verdadera tortura para ti, aún más que cuando se la vivía acosándote para que estuvieras con él. No creo que quiera cambiar, sólo te sigue haciendo daño, ¡no lo permitas!
-Aiji, eres mi amigo, y tienes derecho a opinar, ya te he escuchado… ¿ahora vas a escucharme?
-Está bien… -Aiji se sentó en la cama y Kirito empezó el relato. Llenándose de odio y rabia cada vez que mencionaba aquellos detalles que habían enfurecido a Hakuei. Cuando terminó de contar la trágica historia, con lágrimas en los ojos, Aiji lo abrazó y le besó la frente.
-Él está furioso y no sé si quiera disculparme -Kirito se aferró a Aiji.
-Si él realmente te quiere como dices, estoy seguro de que regresará y te disculpará, porque se me hace un ataque de celos muy estúpido. Kirito, tú te mereces a alguien que te trate como debe ser -Aiji le acariciaba los cabellos con ternura, para tranquilizar los sollozos de Kirito.
-Pero… si está celoso es porque sí le importa, ¿no?
-Sí, pero eso es enfermizo, tú no estabas haciendo nada malo con Gakuto-san, al contrario, ¡él te salvó! ...pero también date cuenta de que esto es tu culpa, porque no tenías razón alguna para salirte de esa manera de casa y sin tu celular. Eso es muy infantil de tu parte, por no decir tonto.
-¡Aiji!
-Es la verdad… pero, no tienes que ponerte así si lo único que buscábamos era ayudarte, no por eso tenías que huir.
-Me estaban presionando demasiado.
-Sólo me preocupas, Kirito… -lo miró con ternura mientras acariciaba su mejilla con una sonrisa.
-No puedo decírselos ahora…
-Está bien, te esperaré -acercó lentamente el rostro de Kirito al suyo. Kirito sólo cerró los ojos y sus labios temblaban, lo que le pareció mas tierno a Aiji, pero no lo hizo desistir de sus intenciones. Poco a poco fue desnudando a su frágil cuerpo blanco con caricias. Aquella noche sería una que Kirito no olvidaría y que Aiji disfrutaría como nunca.
~Continuará~
Bien, aquí termina el cuarto capítulo… aún no sé cuántos capítulos durará esto… pero no importa lo que salga! Espero que les esté gustando ^0^ sigan leyendo! Gracias!!!
Kami |
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