REGALO

-por Chidori-

Notas: Un especial de Navidad atrasado, espero les guste.
Advertencia: Contiene M-preg.

Fecha de publicación: 7 de enero de 2008 - Corrección: Ogawa Saya.

 

Llevaban toda la mañana en el centro comercial, y todavía no sabía qué podría darle de regalo de navidad a su esposo. De pronto sintió una leve patadita en el vientre.

 

-Calma, bebé –acarició su pancita con extrema dulzura–. Si me detengo ahora, ¿qué le compramos a tu padre?

 

-¬.¬ Tetchan, mejor siéntate, que mi pobre sobrino ya se cansó y yo igual.

 

-Yuki, eres un aguado –hizo un pucherito y se encaminó a una banca cercana.

 

-Sólo defiendo a mi sobrino –le acarició el abultado vientre-. ¿Cómo es que accediste a los caprichos de Hyde?

 

-No es que haya accedido, sino que –suspiro– simplemente se dio.

 

-¿Cuándo debe nacer?

 

-Dentro de dos semanas ^-^

 

-Ya sé –dijo orgulloso el batero–. Regálale una noche de pasión.

 

-Aunque quiera, no puedo.

 

-¿Por qué?

 

-¿Acaso estás ciego? –respondió ofendido–. El médico dijo que nada de sexo a partir del séptimo mes, y de ahí un mes después del parto.

 

-Entonces planifícala para después.

 

-No.

 

-¿Por qué?

 

-Tengo dos razones. Una: ya no le daría regalo de navidad, y la otra es que –enrojeció levemente–… la última vez que le regalé una noche de pasión, tuvimos consecuencias –acarició de nuevo su vientre abultado–. Mendigo Ken, por su culpa se me olvidó usar protección ¬¬

 

-Ken es especialista en hacer que se te olviden esas cosas. Así es como logró engañarme y hacer a Jin.

 

-Hablando de Jin, ¿crees que esos dos lo estén cuidando bien?

 

-Sí, después de todo está con su papá. Ya disfrutó haciéndolo, pues que lo cuide.

 

-Vamos a seguir buscando el regalo.

 

-Bien.

 

Yuki se puso en pie, para luego ayudar a su amigo a levantarse y seguir en busca del regalo para Hyde.

 

 

La casa se encontraba adornada de una manera tan navideña… Arbolito con miles de luces, estrella en la punta, los regalos al pie de éste; luces, esferas, colas de gato y muérdago adornaban el resto del lugar.

 

En el comedor la mesa era hermosa, la vajilla era de la más fina que había, las copas, las velas, el vino, todo combinaba a la perfección.

 

El único problema era que su primogénito no quería dormir. Ya había hecho de todo, pero nada más el niño no dormía.

 

-Yuki, amor, ayúdame, Jin no quiere dormir.

 

-Dámelo –cargó al pequeño y comenzó a cantarle–. No hagas ruido y ábreme la puerta de su cuarto.

 

-Sí –obedeció, al ver al pequeño de dos meses dormir plácidamente en los brazos de su papi–. Así se ve tierno.

 

-Nuestro hijo es tierno –le besó su frentecita y lo depositó en su cunita.

 

-Los otros ya han de estar por venir.

 

-Entonces date prisa y saca la comida, que de seguro Hyde viene muriéndose de hambre. Y qué decir de Tetchan; el embarazo le ha dado un tremendo apetito.

 

-Como usted diga.

 

Corrió a la cocina a comenzar a servir. Casi acababa de terminar cuando el timbre sonó. Rápidamente, antes de que algo despertara a su retoño, corrió y abrió.

 

-Hola, pasen.

 

Se movió un poco para poder permitirles el paso al matrimonio Takarai.

 

-Te ves hermoso, Tetchan –lo abrazó.

 

-Gracias ^///^

 

-ò.ó Suéltalo, él es mío. Bueno –le acarició la pancita–. Ambos son míos.

 

-Eres sumamente celoso, Akuma.

 

-¿Algún problema con mis celos?

 

-No, pero creo que a Tetchan sí le molesta.

 

-ó.ò ¿Te molesta, Ani? –le besó la mejilla tiernamente.

 

-Un poquito. Mejor nos sentamos, que el bebé ya se cansó.

 

-Claro, amor. Ken, ¿podemos pasar a la sala?

 

-Si quieren pasen al cuarto.

 

-No, muchas gracias, sólo quiero sentarme. Amor, pon los regalos debajo del arbolito.

 

-Sí –lo ayudó a sentarse y luego se dirigió a la entrada por las cajas de regalos para luego colocarlas debajo del arbolito de navidad.

 

-¿Y Jin? –preguntó el castaño.

 

-Yuki lo está durmiendo. Mi hijo es un amor.

 

-Lo sé –acarició su abultado vientre–. El verlos a ustedes dos con su bebé me hace desear tener ya al mío.

 

-Lo tendrás, no seas desesperado, en un par de semanas lo tendrás.

 

-Sí, pero lo quiero abrazar ya.

 

-Eres un impaciente, Ani –se sentó a su lado y le acariciaba la pancita-. ¿Verdad bebé que mami es desesperado? –besó con extrema dulzura el vientre abultado.

 

-Oye –regañó a su esposo–. No le digas al bebé cosas malas de mí.

 

-No son malas –lo besó en los labios.

 

-Déjense de toquetear, hay menores presentes.

 

-Tú no eres un menor ¬¬ -reclamó el moreno.

 

-Y no nos estamos toqueteando.

 

-Sí se están toqueteando y no deben. Además, yo hablo de mi sobrinito; no ha nacido pero está presente.

 

-Amor, deja de molestarlos –regañó el batero–. Recuerda que es navidad.

 

-Sí, Ken sempai, ten espíritu navideño.

 

-Tengo espíritu navideño, el que no lo tiene es el ogro con el cual te casaste.

 

-No soy ningún ogro, Kitamura ¬¬

 

-Pero si no te gusta vestirte de Santa Claus.

 

-Eso es diferente.

 

-En un  par de años te tendrás que disfrazar.

 

-¿Por qué?

 

-Tu hijo creerá en Santa y tu deber como padre es disfrazarte, para que siga creyendo en el espíritu de la navidad.

 

-¿Por qué mejor no te disfrazas tú?

 

-¿Yo?

 

-Sí, te recuerdo que tú también tienes un hijo. Ya sé –sonrió maquiavélicamente–. Yo seré Santa Claus y tú mi duende.

 

-Mejor intercambiamos papeles, ya que tú pareces más duende –comenzó a reír.

 

-Maldito –le aventó un cojín–. Borracho.

 

-Enano.

 

-Hentai.

 

-Mira quién habla¬¬

 

-Infiel.

 

-Hyde –llamó el castaño, el cual comenzó a sentir un pequeño dolor.

 

-Tú tienes poca resistencia a la hora de tener relaciones.

 

-Eso no es verdad, pregúntale a Ani.

 

-Si quieres, puedo probar la resistencia de Tetchan ¬____¬

 

-Ni siquiera lo pienses, degenerado.

 

-Hyde –llamó nuevamente.

 

-Tú fuiste quien ofreció a Tetchan, no yo.

 

-Si lo tocas, te mato, lenta y dolorosamente.

 

-HIDETO TAKARAI >o<

 

-¿Qué te sucede, Ani?

 

-¿Subiste la maletita que te dije al auto?

 

-Sí, ¿por qué?

 

-Porque tu hijo ya quiere nacer –apretaba su pancita–. Ya rompí fuente y las contracciones ya empezaron.

 

-¿En serio? O.o

 

-Hai, vamos al hospital.

 

-Le voy a marcar a Satoshi –lo ayudaba a levantarse.

 

-No es necesario, me comentó que hoy tenía guardia, ¡ay! >.<

 

-Akuma, corre al auto y yo lo cargo hasta ahí. Así no perdemos tiempo –dijo el guitarrista–. Apúrate, no te quedes en shock.

 

-Hai, ya voy –pegó la carrera.

 

-Yuki chan, carga a Jin y unas cositas, te veo en el auto.

 

-Hai, pero tú igual corre.

 

-Hai –cargó al castaño y pegó la carrera.

 

No tardó mucho el guitarrista en lograr llegar al estacionamiento con su amigo en brazos. Lo depositó en el asiento del copiloto mientras el moreno, tras cerrar la puerta, arrancó.

 

-Ani, respira como Sato te ha dicho.

 

-Amor, tú maneja y yo respiro, pero apúrate >o<

 

-No puedo acelerar, ¿qué tal si nos estrellamos? –estiró su mano para prender el radio–. Están pasando una canción mía ^-^

 

-¿Qué?

 

-Es la de Lucy in the sky with diamonds. Mi versión, no la original –el moreno comenzó a cantar y a manejar más despacio.

 

-Hyde, acelera ¬¬

 

-Ani…

 

-HIDETO, SI NO PONES TU MALDITO PIE EN EL ACELERADOR, TU HIJO VA A NACER EN EL BMW QUE TANTO ADORAS. ESO SIGNIFICA QUE EL AUTO SERÁ MANCHADO CON SANGRE, PLACENTA Y NO SÉ CUÁNTAS COSAS MÁS >O< APÚRATE.

 

-Sí, amor –pisó el acelerador.

 

 

No tardó mucho cuando un BMW plateado, sumamente lujoso, se estacionó frente al hospital. Rápidamente las enfermeras los rodearon; pusieron al castaño en una silla de ruedas.

 

-¿Quién es su médico? –preguntó una de las enfermeras.

 

-Sato –respondió el moreno.

 

-Aquí estoy –un pelirrojo de ojos cafés, alto, delgado y con cara de bonachón, se asomó-. ¿Cuánto lleva así?

 

-Como media hora.

 

-Bien, Hyde, espera en la sala.

 

-Pero yo…

 

-No eres lo suficientemente fuerte como para resistir el parto.

 

-¿Qué? Yo no soy débil.

 

-Seamos sinceros, ni siquiera Ken pudo aguantarlo, espera aquí.

 

-Pero…

 

-Amor, onegai, hazle caso a Sato, ¿sí? ¡Ay! Por mí, ¡ay!

 

-Ok.

 

-Bien, llévenlo a la sala de partos, ya.

 

Se quedó observando cómo se llevaban a su amor a la sala de partos. Miraba fijamente la puerta. Ya llevaba como una hora esperando, él solito en la sala de espera. Quería un café, pero tampoco quería moverse de su lugar.

 

De pronto sintió que algo caliente tocaba su codo. Al voltear vio a sus dos amigos; ambos le sonrieron, Yuki adormecía a su pequeño y Ken le tendía un vaso con café.

 

-¿Por qué tardaron tanto? –reclamó el moreno.

 

-Es que –decía Ken– ambos dejaron su celular en nuestra casa, y ¿adivina?

 

-¿Qué? ¬¬

 

-Comenzaron a sonar. Eran Camui y Toshiya, deseándoles feliz navidad, y… les dijimos que estaban aquí.

 

-No importa.

 

-¿Cómo va? –preguntó Yuki.

 

-No me han dicho nada, ya llevan una hora ahí dentro y nada.

 

-Calma, estas cosas tardan. Recuerdo cuando traje a Yuki, pasó dos horas y media en trabajo de parto.

 

-Ya casi es navidad.

 

Dio un largo suspiro y dos sonidos se escucharon: el primero eran las campanas anunciando las doce de la noche -ya era navidad- y el otro era el llanto de un bebé. Su hijo ya había nacido.

 

-Ya nació *-*, ya nació.

 

-Qué bien.

 

En ese momento, un tipo alto de buen cuerpo, bien parecido, llegaba con un montón de globos. Junto a él, un chico un poco más alto traía un ramo de rosas.

 

-¿Cómo está? –preguntó el alto cantante.

 

-Ya escuchamos el llanto, pero Sato no sale. @.@ Gac, dile algo a Sato.

 

-Calma, Hyde san –dijo You–. Deben estar atendiendo a ambos.

 

-Que se apuren.

 

-Ahí viene Sato.

 

El doctor se asomaba con una enorme sonrisa. Se acercó y…

 

-Felicidades, tienes una hermosa niña.

 

-¿Puedo verlos?

 

-Claro, están en el cuarto 211, yo los llevo.

 

Rápidamente todos se encaminaron al cuarto donde se encontraba el castaño. Al abrir la puerta, se encontraron al castaño sentado en la cama con una niña en brazos; le hacía cariñitos.

 

-Ani *-* Felicidades –corrió.

 

-No me veas >-< Estoy horrible.

 

-No lo estás –le besó los labios–. Al contrario, estás bellísimo.

 

-Gracias.

 

-Déjame ver a mi princesa –el castaño le entregó a la niña en brazos–. Está hermosa, se parece a mí. Sí, es igualita a mí –la niña era de piel blanca con cabello negro; dormía plácidamente entre los brazos de su papá-. ¿Cómo la llamaremos?

 

-No sé amor, ¿tú qué opinas?

 

-¿Qué te parece Lucy?

 

-¿Lucy? –todos parecían asombrados.

 

-Sí, ¿recuerdas la canción que escuchamos camino hacia aquí?

 

-Sí, pero…

 

-Es perfecto, Lucy Takarai, suena bien T^T ¿Ani?

 

-Sí, suena bien.

 

-De verdad es linda –dijo Gackt.

 

-Sí –decía You.

 

-No se parece a Hyde –se burló Ken.

 

-ò.ó No es verdad, es idéntica a mí.

 

-No lo molestes, Ken –regañó Yuki.

 

-Buaaaaaaaaaaaa –comenzó a llorar la pequeña.

 

-¿Qué le pasa? –el moreno parecía asustado.

 

-Quiere comer –respondió el batero–. Dásela a Tetchan.

 

-Ani, toma –se la entregó.

 

-Nosotros vamos a la cafetería –dijo You.

 

-¿Por qué? –preguntó el moreno.

 

-Es que –comenzó Gackt–, los de Diru hablaron.

 

-Y dijeron que adornarían la cafetería para celebrar aquí la navidad –terminó Yuki–. Vamos, Ken.

 

-Hai –todos salieron.

 

-BUAAAAAAAAAAAAAAAAAAA >O<

 

-Qué pulmones tienes, amorcito –le besó la frente.

 

-Ani –regañó el moreno–. No dejes que nuestra princesa pase hambre, aliméntala.

 

-Ya voy –acomodó bien a la pequeña, la cual se aferró al pecho para poder comer bien–. Eres una glotona, nadie te va a quitar tu comida, amorcito –le besó la cabecita–. Doihachan, perdóname.

 

-No tengo nada que perdonarte –el menor bajó la mirada-. ¿Por qué pides perdón?

 

-Es que –le acarició el rostro a su pequeña–. No sabía qué regalarte en navidad, quería que tuvieras un regalo especial, pero con todo esto ya no pude dártelo, perdóname.

 

-No tengo nada que perdonarte –se acercó y lo besó dulcemente–. Me diste un regalo muy especial –se sentó a su lado–. Esta preciosura –acariciaba la cabeza de su pequeña con una mano y con la otra le rodeó la cintura a su consorte– no se compara con ningún otro regalo que alguien pudiera darme. Los otros regalos son materiales, pero ella no, ella es la muestra de nuestro amor y ese es el mejor regalo de todos –lo volvió a besar–. Gracias, Ani, me has dado el mejor regalo de navidad de toda mi vida.

 

-Lucy no nació en navidad u.u

 

-Sí, yo escuché su llanto a las doce de la mañana. Lucy es nuestro regalo de navidad.

 

-Te amo, Doihachan.

 

-Yo igual te amo, Ani. ¡Feliz navidad!

 

-¡Feliz Navidad, Doihachan!

 

 

Casi tres años después…

 

Era una hermosa casa; en la blanca puerta se podía apreciar una guirnalda hermosa, con luces y flores de Nochebuena, en el jardín había unos renos mecánicos, unidos a un trineo, y en su interior estaba un Santa Claus de plástico.

 

En el interior, todo tenía luces y adornos navideños, en especial la sala y el comedor; en la sala había un enorme árbol, adornado con esferas, luces, un ángel en la punta y a sus pies un montón de regalos.

 

En el comedor se encontraban tres miembros de Laruku, bebiendo una copa de vino. Faltaban unos minutos para las doce, cuando Tetsu se asomó proveniente de la cocina con un delicioso pastel de chocolate que tenía una princesa y tres velitas. Detrás de él venían tres pequeños: la primera era una niña de dos años, con cabello lacio negro amarrado a dos colitas, piel blanca, con un vestido rojo sangre y encajes, y sin zapatos. A su lado estaba otra niña, de dos años; ella era castaña y tenía el cabello suelto, un vestido verde y andaba descalza. Por último, venía un niño de tres años, castaño, traía una camisa de manga larga azul y un pantalón de vestir y tampoco traía zapatos.

 

-Jin, Sara, ¿dónde están sus zapatos? –preguntó algo molesto Yuki.

 

-Déjalos, amor –Ken lo abrazó–. Tienen puestos sus calcetines.

 

-Los dejaron en el cuarto de Lucy –respondió el castaño–. En que les dije que comeríamos pastel, se levantaron corriendo y dejaron los zapatos.

 

-¿A lo vamos a comel? –preguntó la pequeña del vestido rojo.

 

-Ya mero, princesa –el moreno la abrazó–. Faltan tres minutos para tu cumpleaños.

 

-Yupi –festejaba mientras su mami prendía las velitas–. Apúlate, mami.

 

-Ya voy, amorcito, no te desesperes.

 

-Papá –Jin le jaló el pantalón–. Lo tengo sed.

 

-Toma –le dio a beber de su copa.

 

-Me igua –dijo Sara.

 

-Invítale, Jin –su hijo obedeció y le tendió la copa a su hermanita.

 

-Kitamura ¬¬ no les des alcohol a los niños.

 

-Perdón.

 

-Ya –dijo Hyde–. A cantar.

 

Dejó a su princesa sobre la silla, frente al pastel para que le cantaran…

 

-En un día feliz, una niña nació que se llama Lucy. Al partir su pastel un deseo pidió, que se cumpla el deseo y que sea feliz –cantó todo mundo.

 

-Sopla, princesa.

 

-Ti –la pequeña cerró sus ojitos, luego tomó aire y sopló apagando las tres velitas–. Cótalo, mami, quelo un pedazo gande.

 

-Ya voy, amorcito.

 

Cortó el pastel para todos los presentes. Después de eso no tardo mucho en que los niños cayeran rendidos en la espera de Santa Claus. Sus invitados se retiraron con sus hijos en brazos.

 

-Voy a llevarla a su habitación –el moreno cargó a la pequeña ya en pijama para llevarla a su cuarto–. ¿Amor? –llamó al salir y no ver al castaño por ningún lado.

 

-Dime –dijo desde el cuarto.

 

-Nada ^-^ Sólo te buscaba –al entrar a su cuarto vio a su amor apoyado de la ventana viendo las luces de la cuidad, así que le rodeó la cintura-. ¿Qué sucede?

 

-Me parece hermosa la vista –le dio un dulce beso–. ¿Te doy tu regalo?

 

-Adelante.

 

-Lucy va a tener un hermanito.

 

-¿En serio? O.o

 

-Sí ^-^ Vas a ser papá nuevamente.

 

-Ani –lo apretó más a su cuerpo–. Tú sí sabes dar buenos regalos de Navidad –dijo todo emocionado–. VOY A SER PAPÁ.

 

-Baja la voz –sonrió–. Vas a despertar a Lucy –lo besó-. ¡Feliz Navidad, Doihachan!

 

-Gracias, Ani –lo cargó hasta la cama-. ¡Feliz Navidad! –lo recostó en la cama y luego se acomodó–. Descansa.

 

-Tú igual deberías descansar, buenas noches.

 

-Buenas noches.

 

~Fin~

 

 

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