LOST IN TRANSLATION

-por Ogawa Saya-

Disclaimers: Laruku no me pertenecen, ni siquiera se pertenecen a ellos. Son propiedad comunitaria de Vivid Carrots y las carrotitas, que hacemos con ellos cosas que no se pueden ir contando por ahí ^^.

Notas: Este oneshot es una pequeña chorradita que me apetecía escribir desde hace tiempo. La comedia no es lo mío, y los fics cortos tampoco (eso lo sabéis de sobra XD), pero espero que os guste y que merezca al menos un par de reviews ^__^

En Monkey Tales podéis encontrar una traducción de este fic en italiano, de la mano de -lirin- ^^ ¡Gracias a ella y a mis lectores italianos! (jo, qué subidón de ego XD)

Ningún J-rocker resultó herido durante la producción de este fic. La orientación sexual de Ken quedó un tanto maltrecha, pero sólo eso.

Fecha de publicación: 03 de marzo de 2007

 

Tetsu dormitaba pacíficamente sentado en una silla de la sala de juntas de Ki/oon Records. Había llegado demasiado temprano -incluso para él- y su sempiterno insomnio nocturno lo mantenía somnoliento la mayor parte del día. Verle bostezar durante las sesiones de fotos no era algo fuera de lo común, y ese día tampoco iba a serlo. En cuanto aparecieran sus compañeros saldrían hacia el emplazamiento donde el fotógrafo oficial de la banda les sacaría las fotos que después aparecerían en el número de ese mes de What's In.

 

Pero entretanto, Tetsu se había dejado vencer por el sueño, y dormía tan profundamente con la cabeza sobre la mesa de juntas, que ni siquiera se agitó cuando los restantes miembros de Laruku hicieron su entrada, ruidosamente, parloteando entre ellos, con su manager y su productor cerrando la marcha.

 

-Ups, el angelito se durmió -bromeó Ken, al descubrir a Tetsu.

 

-Lo dejaste agotado anoche, ¿eh, Haido?

 

El malicioso comentario de Yukkie se ganó una mirada de "vas a morir, bastardo" por parte del vocalista. Las bromitas que había tenido que soportarle a Ken, y luego a Sakura, sobre su relación con Tetsu -que jamás había pasado de una buena amistad- parecía que ahora se le habían contagiado también al normalmente discreto Yukihiro.

 

-Me gustas más cuando finges que no estás presente.

 

-¡Auch! -se rió Ken-. Akuma 1, Yukkie-chan 0.

 

-Venga, venga, señores. Finjan que son adultos y profesionales. Despierten a su líder para que podamos irnos -ironizó Okano, su productor.

 

Ken se agachó junto a Tetsu, que seguía durmiendo como un bendito, con una expresión de paz absoluta en el rostro.

 

-Ooh, pero se ve tan mono... ¿no podemos sacarle las fotos así? Me dan ganas de pellizcarle los mofletes.

 

-¿Qué mofletes? -rezongó Hyde, encendiendo su primer cigarrillo del día-. No tiene carne en todo su cuerpo ni para preparar una albóndiga.

 

El guitarrista rodeó los hombros de su dormido amigo en actitud protectora.

 

-No te metas con mi Tetchan cuando no puede defenderse.

 

-¿Tu Tetchan? -exclamaron los otros cuatro a coro.

 

-Ken... empiezas a preocuparme... -declaró Hyde, mirándolo de hito en hito.

 

-Sí. En cualquier momento empezará a dedicarle canciones que hablan del mar y las estrellas... [1]

 

-Yukihiro, no me importaría volver a cambiar de batería, ¿sabes? Total, qué más da tres que cuatro -le amenazó Hyde, estrechando los ojos-. Para lo que se os ve...

 

Pero Yukkie le sonrió apaciblemente.

 

-Sin mí estáis perdidos, Takarai.

 

La charla al final terminó por desvelar al  bajista, que abrió los ojos lentamente, y se encontró con un par de brazos de más en torno a sus hombros.

 

-¡Socorro, abusan de mí! -exclamó alegremente, al reconocer de inmediato las manos de Ken-. ¡Mi inocencia está en peligro!

 

Kitamura chasqueó la lengua con desaprobación, mientras los demás se echaban a reír.

 

-Tetchan, no adelantes acontecimientos, que le quitas toda la gracia al asunto -se quejó el guitarrista.

 

 

-¿Sabes, Tetsu? Creo que Ken está enamorado de ti -decía un malicioso Hyde un minuto después, mientras salían al pasillo rumbo a su sesión de fotos.

 

-¿Eeeeh? -Tetsu bizqueó por un instante-. Déjate de tonterías, Doihachan.

 

-Por última vez: ¡que no me llames así!

 

-Hace quince años que intentas, sin éxito, que deje de llamarte así. ¿Por qué no te rindes?

 

Hyde hizo un mohín de fastidio, y Ken aprovechó ese momento para volver a colgarse de los hombros del bajista, con una actitud exageradamente posesiva.

 

-Ne, Tetchan, luego de las fotos, ¿te vienes conmigo de compras?

 

-¿De compras? -corearon los tres músicos restantes, con diferentes reacciones. Mientras Hyde y Yukkie se quedaban anonadados, pues Ken odiaba ir de compras casi tanto como Hyde, Tetsu contemplaba a su mejor amigo con los ojos brillantes por la emoción.

 

-Sí, ¿qué pasa? -se defendió el guitarrista, sin soltar a Tetsu-. ¿No puedo ir de compras con mi angelito?

 

-¿Tu angelito? -repitió Hyde, al borde del colapso.

 

-¿Quién eres tú y qué has hecho con Ken? -Yukkie se plantó delante de su alto compañero, estrechando los ojos para estudiarle de cerca, como si fuera un extraño ejemplar de una nueva especie-. No es que queramos que nos lo devuelvas, es pura curiosidad.

 

 

-Déjalo ya, Doiha... -suspiró Tetsu por enésima vez. El pequeño vocal llevaba toda la tarde con la misma cantinela:

 

-¡Pero no me negarás que se está comportando de un modo muy raro! Te toquetea, se te pega como una lapa, te llena de mimitos... -se giró súbitamente hacia Yukihiro, sobresaltándole-: ¡Y no, Awaji! ¡No estoy celoso!

 

El pobre Yukkie se quedó desconcertado.

 

-Si yo no he dicho nada...

 

-¡Pero estabas a punto de hacerlo!

 

La sonrisa del batería fue la de un angelito inocente.

 

-Estás paranoico, Takarai. Tienes un serio complejo de persecución.

 

-Haido -Tetsu se puso serio-. Ken es mi mejor amigo y es normal que, de tanto en tanto, se ponga cariñoso conmigo. No entiendo a dónde quieres ir a parar y, sinceramente, esta conversación me incomoda bastante.

 

-Sabes perfectamente a dónde quiero ir a parar... -refunfuñó el vocalista.

 

-No voy a seguirte el juego, Doihachiro. Tus argumentos son una estupidez y tus intenciones son aún peores.

 

-¡No lo son! Yo siempre tengo razón: estoy seguro de que le gustas... ¡Y no me llames así! -chilló.

 

-Oh, dios... -sacudiendo la cabeza, Tetsu se concentró en la melodía que llevaba una hora tratando de componer, y en la que no había avanzado en absoluto por culpa de las niñerías de Hyde-. Muy bien, si me pide relaciones lo enviaré a hablar primero contigo para que le concedas mi mano, ¿contento?

 

Yukihiro, que jugaba con su PSP en un rincón de la sala, soltó una carcajada, pero el vocalista estaba echando chispas.

 

-¡Ogawa! ¡Tómame en serio!

 

El apacible rostro del líder se alzó hacia él desde la mesa en la que trabajaba en su composición.

 

-Haido, te quiero con locura, daría mi vida por ti, pero no me pidas imposibles.

 

Las risotadas de Yukihiro resonaron por las paredes del estudio mientras Hyde se contenía para no estrangular a su Augusto Líder.

 

 

Ken estaba sentado en la cafetería del estudio, con un bloc de notas abierto ante él, un diccionario de Japonés-Inglés, un puñado de folios impresos a ordenador, y un café humeante.

 

Escribía con denuedo, consultando de tanto en tanto el diccionario, cuando apareció Yukihiro, que se aproximó a él rápidamente al localizarlo por casualidad al fondo de la cafetería.

 

-Ken, ¿tienes un papel?

 

-Claro -el guitarrista pasó la hoja del bloc en la que estaba escribiendo y se percató de que sólo quedaba una más, pero era el único papel en blanco aprovechable que tenía por allí. Hizo una mueca. Tendría que seguir trabajando en casa, a menos que continuara escribiendo en servilletas de papel. Arrancó la hoja del bloc y se la tendió a su amigo-. Toma. Cuídala, que es la última.

 

Yukihiro alzó una ceja al ver el familiar icono de la cabeza de león impresa en una esquina del papel.

 

-¿Un bloc de notas personalizado, Ken-chan? -sonrió burlón.

 

-¿Qué pasa? -se defendió éste, con actitud bonachona-. Soy un tipo sofisticado.

 

-Sí, cómo no... -Yukkie le tomó prestado el bolígrafo con el que escribía, sin pedirle permiso, dejando por un instante a Ken en ademán de escribir con la mano vacía.

 

-Sírvete, no te cortes -rezongó, sarcástico.

 

Sin prestarle atención, el batería anotó algo en la hoja y luego se detuvo con el ceño fruncido. Al cabo de unos segundos, soltó un frustrado:

 

-¡Mierda!

 

-¿Qué? ¿Se te ha olvidado cómo se escribe? -le tomó el pelo Ken.

 

-Lo que se me ha olvidado es el número del nuevo móvil de Tetchan. Acaba de dármelo y ya no me acuerdo -hizo otro gesto de fastidio-. Y acaba de marcharse...

 

-Esas cosas se apuntan en el momento, Awaji.

 

El otro estrechó los ojos.

 

-¡No tenía papel! -protestó.

 

-Pues te lo apuntas en la mano -replicó Ken, mostrándole la palma.

 

-Oh, sí, eso sería muy sofisticado.

 

-El sofisticado soy yo, tú sí puedes hacerlo -sonrió Ken.

 

-Muy gracioso. ¿Tienes tú su número?

 

-Nop. Aún no me lo ha dado.

 

-Genial. Me tocará llamarle para que vuelva a dármelo -Yukkie dejó sobre la mesa la hoja en blanco y echó a andar hacia la salida de la cafetería, pero la voz del guitarrista lo detuvo:

 

-Claro. ¿Y a qué número se supone que vas a llamarle?

 

El batería se quedó parado y, a continuación, lo miró por encima del hombro con expresión avinagrada.

 

-Cómo te odio algunas veces.

 

Riéndose por lo bajo, Ken recuperó el papel que Yukkie ya no necesitaba y lo aprovechó para seguir con su trabajo.

 

 

Ken había arrastrado a Tetsu a un pub esa misma tarde. Últimamente pasaban mucho tiempo juntos y a solas, sin Hyde y Yukkie. A pesar de las absurdas sospechas de su vocalista, Tetsu estaba encantado. Hacía años que Ken y él no compartían aquella camaradería fraternal que tanto habían disfrutado durante sus años de adolescencia en Osaka. Luego Ken había marchado a la Universidad, después había venido la banda y, aunque solían salir juntos a menudo, ahora siempre eran cuatro en las juergas.

 

Tetsu echaba de menos estar a solas con su sempai, y parecía que Ken, repentinamente, había decidido hacer algo al respecto.

 

-Te pegaste la hostia de tu vida -se reía el bajista, con lágrimas en los ojos, como siempre que recordaban aquel incidente del Tour Heavenly-. Aún me duelen los oídos por el petardazo que dieron los amplificadores cuando te estampaste contra ellos.

 

Ken se reía de sí mismo, igual que lo había hecho en aquel momento en cuestión, cuando barrió el escenario, guitarra por delante, en mitad del concierto, por ir haciendo el idiota.

 

-Cuando me acerqué para decírtelo pensé que me ibas a descuartizar. ¡Pero te estabas descojonando!

 

-¿Y qué querías que hiciera? Ver a mi guitarrista volar por delante de mis ojos no es algo que pase a diario.

 

-Y el capullo de Haido seguía cantando como si tal cosa -recordó Ken, entre risas.

 

-Ni se enteró. Aún no me lo explico. Si hasta Sakura perdió el compás.

 

Ken soltó una risotada.

 

-¿Te acuerdas del cabreo que pilló Akuma cuando se lo contamos? ¡Casi me sacude por habérselo perdido!

 

-Casi te sacude porque le dijiste no sé qué sobre haber estado demasiado inmerso en su ego para ver nada más allá de sus narices -se carcajeó Tetsu, rememorando la escena en los camerinos, con el pequeño Hyde echando chispas mientras los demás intercambiaban sus puntos de vista sobre el "vuelo sin motor" de Ken.

 

-Sí, pero bien que se cameló a Okano para que lo incluyeran en el video de la gira. Ese pequeño bastardo... Algún día me las pagará. Aunque la providencia me concedió la revancha en el programa de Matthew Minami. Aquel barreño fue enviado por los mismos dioses para castigarle por su mal karma.

 

Aún riéndose, Ken se levantó para pagar las consumiciones de ambos en la barra. Mientras esperaba, con una suave sonrisa bailándole en los labios, aún con los recuerdos de la espectacular caída de Ken en su memoria, Tetsu se quedó esperando de pie junto a la mesa, con su chaqueta y la de su amigo en los brazos.

 

De pronto, el móvil de Ken comenzó a vibrar y el bajista buscó en los bolsillos de la chaqueta del guitarrista hasta dar con el pequeño aparato. En el proceso, una hoja de papel doblada cayó de uno de los bolsillos interiores.

 

Con el móvil vibrando en la mano, Tetsu recogió la nota y, por puro azar, alcanzó a leer la primera palabra escrita en ella:

 

"Tetsu:"

 

Su curiosidad pudo más que él. Olvidándose del móvil, que dejó sonando encima de la mesa, desdobló la nota y echó un vistazo al contenido.

 

A simple vista, la estructura del texto sugería un poema, o una canción. Cuando el bajista comenzó a leer, su rostro se demudó, sin dar crédito a lo que tenía ante sus ojos:

 

Tetsu:

 

La Sombra de tu sonrisa
Cuando te vas
Da color a mis sueños
E ilumina el amanecer...
Mírame a los ojos, mi amor, y verás
Todas las cosas maravillosas que eres para mí.

Nuestra pequeña estrella de los deseos
quedó lejos de nuestro alcance...
Una lágrima besó tus labios
Y yo también...
Ahora, cuando piense en la primavera,
en toda la alegría que el amor conlleva...
Siempre recordaré
la sombra de tu sonrisa.

 

Incapaz de reaccionar de inmediato, se quedó mirando de hito en hito aquella evidente declaración de amor, perdiendo la noción del tiempo y de todo lo que le rodeaba, hasta que el ruido de un vaso al romperse contra el suelo desde una mesa cercana lo devolvió a la realidad.

 

Justo a tiempo, pues Ken ya venía hacia él.

 

Rápidamente, se guardó la nota en el bolsillo trasero del pantalón, y compuso su mejor expresión de inocencia. Pero la sonrisa con que recibió a su amigo fue insegura, y la mano que le tendió el móvil -que ya no sonaba- temblorosa.

 

-Te estaban llamando -anunció, balbuceante.

 

-Oh -Ken tomó el teléfono y miró la pantalla por inercia-. ¿Quién era?

 

-Ah... no me fijé.

 

-¿No contestaste? -se extrañó el guitarrista.

 

-Bueno... no era para mí...

 

Ken soltó un resoplido irónico y recuperó su chaqueta de manos de un incómodo Tetsu.

 

-¿Ahora me sales con esas? ¿Qué somos, un par de desconocidos?

 

Tetsu se esforzó por reírse con él, pero en su mente había una respuesta a aquella pregunta:

 

Eso parece, Ken-chan.

 

 

El resto de esa semana, Tetsu se comportó de un modo extraño para todos. Parecía ausente la mayor parte del tiempo, incapaz de concentrarse en las tareas más simples, y su humor variaba de taciturno a irritado en cuestión de segundos. Las bromitas de Yukihiro a Hyde parecían afectarle de forma personal, y terminó por mandar callar al batería de muy mala manera la vez que éste le tomó el pelo a Hyde acerca de haber pasado demasiado tiempo con Ken en los aseos del estudio.

 

Finalmente, tanto el vocal como el batería terminaron deduciendo que el insólito comportamiento de Tetsu tenía que ver con Ken, pues de un día para otro, el bajista había comenzado a evitar la compañía -incluso la cercanía- de su amigo del alma a todas horas. Trataba por todos los medios no quedarse a solas con él y su estado taciturno evolucionaba a neurótico perdido cada vez que Ken intentaba prodigarle alguno de los mimos a los que parecía haberse aficionado últimamente.

 

Por fin, las pocas dudas que podían quedarles a Hyde y Yukkie se esfumaron cuando Tetsu terminó por explotar:

 

-Tetchan -Ken lo interceptó una mañana, en cuanto el líder entró al estudio-. Necesito que me acompañes a...

 

-Lo siento, Ken, hoy no puedo -le cortó Tetsu, con aquella incomodidad evidente que llevaba días exhibiendo cada vez que se veía obligado a hablar con Ken-. Tengo... mucho que hacer...

 

-Sólo será un momento... mi coche ha decidido no arrancar. Necesito acercarme a la tienda de música donde estuvimos el otro día, para ver si han traído las pastillas para mí...

 

-Ken, de veras que no puedo -volvió a cortarle Tetsu, esquivándolo para acercarse a donde se encontraban Hyde y Yukkie, como buscando protección junto a ellos-. ¿Por qué no coges un taxi? O pídele a Keiko que vaya ella, para eso se le paga, después de todo.

 

Batería y vocalista cruzaron una mirada. Tetsu estaba demasiado molesto para el inofensivo contenido de aquella discusión. Sin duda algo había pasado entre ellos, sólo que Ken parecía ajeno a ello.

 

Una sonrisa maliciosa surcó los labios del guitarrista, mientras se acercaba al líder, que le daba la espalda, fingiendo estar concentrado en afinar su bajo.

 

-No seas así, Tetchan -ronroneó con la intención de hacer unas risas-. Yo quiero ir contigo. ¿Me vas a negar tu adorable presencia, angelito mío? -bromeó, lanzándoles una mirada guasona a sus otros dos compañeros, que contemplaban la escena preguntándose cómo reaccionaría Tetsu, teniendo en cuenta el modo en que su rostro (oculto para Ken, pero no para ellos) había enrojecido de repente.

 

Dicha reacción no se hizo esperar. Tras ponerse rígido al sentir los brazos de Ken rodeándole, el bajista se revolvió y se apartó de él violentamente.

 

-¡Ya está bien! ¡No vuelvas a hacer eso! ¡Estoy harto de tus tonterías, Kitamura! Haz el favor de comportarte como el adulto que se supone que eres, y deja ya en paz las mariconadas, ¡eres cargante!

 

Tres pares de ojos lo miraron como si acabara de brotarle una segunda cabeza [2]. Sintiéndose muy violento, Tetsu les sostuvo la mirada durante unos segundos, con el rostro arrebolado, con la excepción de Ken, a quien fue incapaz siquiera de mirar a la cara.

 

-Vamos a trabajar -dictaminó al final, rompiendo el tenso silencio que se había adueñado de la habitación, con una rotundidad que no admitía réplica-. No quiero oír una palabra que no tenga que ver con la grabación. ¿Entendido?

 

Hyde y Yukkie intercambiaron una mirada de preocupación. Ken siguió contemplando a Tetsu fijamente, estupefacto, sin explicarse qué diantre había pasado.

 

Finalmente, todos se plegaron a las órdenes del líder y comenzaron a trabajar.

 

 

-¡Tetchan! -ahora era Hyde quien lo interceptaba al salir del edificio de Ki/oon. Tetsu esperó que llegara a su altura, aunque suponía qué era lo que quería su vocal-. ¿Qué demonios te está pasando?

 

Su primer impulso fue replicarle con el consabido "no sé de qué me hablas", pero Hyde no iba a tragarse eso. Tanto él como Yukihiro habían presenciado sus esfuerzos por evitar a Ken durante toda la semana, y sobre todo, su arrebato de esa mañana.

 

Así que suspiró derrotado.

 

-Te lo contaré, pero necesito que seas discreto, ¿de acuerdo?

 

Hyde no hizo bromas esta vez. Sabía cuándo convenía hablar en serio. Además, el problema parecía importante.

 

-El otro día, por accidente, encontré esto en el bolsillo de la chaqueta de Ken. Por supuesto, él no sabe que lo he encontrado, y mucho menos que me lo quedé.

 

Le tendió un papel doblado. Hyde lo desplegó y sus ojos se agrandaron por la incredulidad al leer rápidamente su contenido.

 

-Ay, la hostia... -musitó, sin aliento.

 

-Parece que tenías razón -se lamentó Tetsu, sombrío.

 

-Pero si yo sólo estaba de coña -gimió Hyde, como si creyera que su pequeña broma había provocado aquello-. Yo creí que Ken era hetero del todo... Joder, esto es muy fuerte... ¿Estás seguro de que lo escribió él?

 

-Es su letra, estaba en su bolsillo y, mira -señaló el logo de la cabeza de león-, es una de las hojas de ese bloc personalizado que lleva últimamente a todas partes.

 

Hyde repasó todos los detalles una vez más, pero no había caso. Conocía bien la letra de Ken, y no cabía duda de que aquello lo había escrito él.

 

Un poema, una canción de amor, dedicada al que había sido su mejor amigo durante más de treinta años.

 

-Bueno, ¿y qué vas a hacer?

 

-No lo sé, Haido. Ni siquiera soy capaz de tenerlo cerca, ya lo has visto. De pronto me siento incómodo con él, y no soporto sentirme así. Es mi mejor amigo, mi "niichan". Me tortura la idea de que realmente pueda sentir por mí lo que sugiere esa nota.

 

-¿Crees que planeaba dártela?

 

-Tiene mi nombre en el encabezado. Es evidente, ¿no?

 

Se quedaron en silencio un rato. Hyde repasando el poema, aún tratando de digerir aquello; Tetsu con la expresión de angustia más desoladora que cupiera imaginar.

 

-Bueno, una cosa está clara -Hyde rompió el silencio-. Tienes que hablarlo con él. No puedes mantener esta situación eternamente, y aunque Ken parece que ha estado in albis toda esta semana con respecto a tu rechazo más que evidente hacia su persona, después del desplante de hoy, no creo que te libres de un interrogatorio intensivo cuando vuelva a toparse contigo.

 

El líder movió la cabeza, apesadumbrado.

 

-Ya lo sé. Y tengo un miedo atroz.

 

 

Sin embargo, Ken no parecía tener planes de interrogar a Tetsu en un futuro próximo. El guitarrista no consideraba que hubiera un motivo más profundo para el enfado de Tetsu que el simple hartazgo. Reconocía que a lo mejor se había pasado con sus juegos, que Tetsu no era Hyde, que el bajista solía avergonzarse cuando era víctima de bromas de ese cariz, y que, con toda probabilidad, se le pasaría el enojo en un par de días.

 

Su preocupación más urgente era aquella canción en la que había estado trabajando y que ahora había perdido. Estaba seguro de haberla guardado en el bolsillo interior de su chaqueta al salir del estudio aquel día que Tetsu y él habían ido a tomar unas copas después del trabajo. Al llegar a casa, y vaciar sus bolsillos, el papel había desaparecido. Suponía que se le habría caído en algún momento de la tarde-noche, entre el estudio y su apartamento. En el estudio nadie parecía haberla encontrado, en su apartamento no estaba, y, desde luego no iba a ir a preguntar al pub -y mucho menos iba a explorar las calles- por una canción que bien podía reescribir.

 

Era un fastidio, pero tampoco iba a suponer un esfuerzo titánico. Además, necesitaba tenerla lista para el tres de octubre, y el tiempo se le echaba encima.

 

-Bueno -suspiró con resignación, plantado en mitad de su salón, con las manos en las caderas, mientras escaneaba con la mirada su alrededor, conservando aún la ligera esperanza de que el papel de la canción asomara por alguno de los muchos rincones que ya había registrado con anterioridad-, pues a empezar de nuevo. Papel, necesito papel... y mi diccio-chan. Vamos allá.

 

Al cabo de cinco minutos, ya estaba instalado tras su mesa, pertrechado con todo lo necesario para reescribir aquella canción y poder entregársela a Tetsu a tiempo.

 

 

-No me lo puedo creer -murmuró Yukkie, tras pasarse un minuto boqueando como un pez. Su expresión estupefacta era una calco de la que había exhibido Hyde el día anterior, cuando Tetsu le había enseñado el poema... y le había pedido específicamente que no se lo contara a nadie.

 

-Repite eso durante veinte minutos más y sabrás cómo me sentí yo ayer.

 

-¿Y cómo está Tetsu? -se interesó el batería, dando un sorbo de su copa. Hyde y él esperaban que su líder volviera de la barra, donde había ido a encargar más bebidas para los tres. Como era habitual en los últimos días, Ken no estaba incluido en los planes de diversión en grupo. Al menos no cuando los organizaba Tetsu. En el resto de los casos, el que se esfumaba voluntariamente era el propio bajista, que seguía evitando a Kitamura como si estuviera apestado.

 

-Pues te lo puedes imaginar. No sé qué es más traumático -Hyde expulsó una nube de humo al aire, que las luces del pub tiñeron de azul, mientras apoyaba los codos en la mesa, con aire distante, como si su mente recreara la conversación del día antes con Tetsu-, si descubrir que tu mejor amigo desde que tenías tres años se ha vuelto gay de repente, o que se te declare con un poema de amor.

 

-¿Estáis seguros de que no es una broma, o un malentendido? -Yukkie se resistía a creérselo. ¿Ken gay? A lo mejor en un universo paralelo, donde él mismo sería un sex symbol y Hyde tendría un dominio absoluto de los idiomas extranjeros.

 

El vocalista negó con la cabeza, y se retiró de los ojos un mechón de cabellos castaños.

 

-Yo he visto ese poema. Estaba escrito con la letra de Ken, en esas hojas personalizadas que utiliza ahora. Y comenzaba con un "Tetsu, dos puntos", y luego todo lo demás. No puede ser un malentendido, y no creo que Ken le gastara una broma semejante a Tetsu. Por no mencionar todo ese comportamiento tan extraño que ha estado teniendo de un tiempo a esta parte. ¡Ya le dije a Tetsu que aquí pasaba algo raro!

 

Yukihiro tamborileó con los dedos sobre la mesa, mientras reflexionaba, bastante más tranquilo que Hyde. Su mente analítica desgranaba cada pieza de información recibida y trataba de colocarla en una posición que, sumada al resto, le diera como resultado una combinación lógica.

 

Pero por más vueltas que le daba, no lograba encontrar más respuesta que aquellas dos: o se trataba de una broma, o Ken realmente se había enamorado de Tetsu.

 

-¿Y qué hacemos? -preguntó al final, mientras ambos veían cómo regresaba el líder con tres vasos de tubo sostenidos hábilmente entre las dos manos.

 

-¿Hacer? Nada. No es asunto nuestro.

 

-Entonces, ¿por qué me lo has contado?

 

Hyde esbozó su sonrisa de "demonio inocente".

 

-Porque es un chisme demasiado jugoso para guardármelo para mí solo. Estas cosas hay que compartirlas con los amigos.

 

Yukkie sacudió la cabeza con una risilla.

 

-Eres peor que una portera, Haido.

 

-Por cierto -dijo el vocalista rápidamente, en vista de que Tetsu estaba ya a un paso de su mesa-. Se supone que es un secreto, así que yo no te he dicho nada.

 

El batería sufrió un sobresalto al oír esto. Miró a Hyde, escandalizado por su indiscreción y, mientras Tetsu tomaba asiento -felizmente ajeno a la conversación-, Yukihiro puso los ojos en blanco y vació lo que quedaba en su copa de un solo trago.

 

 

-¡Tetsu, espera!

 

El bajista giró sobre sus talones en el aparcamiento, a un paso de su coche. Había sido un movimiento instintivo, porque una décima de segundo antes su cerebro ya había registrado al dueño de la voz, que corría hacia él ahora, cruzando la pista de asfalto que conformaba el vasto aparcamiento trasero de Ki/oon.

 

Y su primer pensamiento racional fue subirse a su coche y huir de allí antes de que Ken lo alcanzara. Pero su sensatez se lo impidió. Además, ya iba siendo hora de que hablaran de aquello. No podía seguir huyendo de su mejor amigo. Por otra parte, las reuniones para decidir qué canciones entrarían en el nuevo álbum darían comienzo al día siguiente, y su parte de líder quería que los miembros de la banda no tuvieran asuntos pendientes entre ellos que pudieran obstaculizar el trabajo.

 

Así que respiró hondo y esperó a que el guitarrista llegara a su altura conservando una expresión tranquila y neutra, a pesar de que el corazón le iba a mil por hora.

 

-Tengo que hablarte de una cosa -dijo Ken, nada más pararse frente a él, resoplando por la carrera-. ¿Puedes esperar un momento?

 

El bajista se quedó congelado, sin saber qué decir. Miraba a Ken con miedo. Miedo a mantener aquella conversación. Miedo a escuchar de sus labios la declaración que ha había leído en aquel poema robado.

 

De pronto, que hablaran de ello ya no le parecía una buena idea.

 

-¿Tetchan? -Ken agitó una mano por delante de sus ojos, sobresaltándole. Se había quedado en blanco durante demasiado rato-. ¿Sigues enfadado conmigo? ¡Me he portado bien!

 

-No estoy enfadado -musitó Tetsu, enrojeciendo. Carraspeó y se agitó, incómodo, bajo la intensa mirada de desconcierto de Ken, que no comprendía el extraño comportamiento de su amigo-. Siento haberte gritado el otro día.

 

Ken sonrió ampliamente al oír esto. 

 

-Bien. Me alegro. Me siento incómodo cuando huyes de mí como si tuviera la lepra. Empezaba a pensar si no sería cosa de mi desodorante.

 

Tetsu se rió, sin poder evitarlo. Esto rompió la tensión.

 

-¿Tienes un momento? -insistió el guitarrista-. Es importante.

 

-Ah... -sin poder evitarlo, Tetsu trató de encontrar una excusa para volver a escabullirse, pero su sentido común tomó las riendas definitivamente-. De acuerdo.

 

-¿Vamos a mi casa?

 

-¿A... tu casa? -se atragantó Tetsu, retrocediendo instintivamente, y chocando contra su coche.

 

Ken levantó una ceja.

 

-Sí... lo que quiero que veas está allí -repuso, extrañado por la actitud de Tetsu-. ¿Qué tienes contra mi casa?

 

-Creí que querías hablar -disimuló el bajista.

 

-Sí, bueno, quiero enseñarte una cosa y hablar sobre ello. Tetsu, ¿qué puñetas te pasa? ¿Seguro que no sigues enfadado?

 

El líder sabía que si no empezaba a comportarse como un ser humano normal, y no como un paranoico, sería Ken el que saliera huyendo de él.

 

-No... no pasa nada. Vale, vamos.

 

-Ok. Ve delante, te sigo.

 

Con un millón de posibles situaciones, a la cual más aterradora, desfilando ante su mirada interior, Tetsu subió a su coche y partió hacia el apartamento de Ken, seguido a corta distancia por el vehículo de su amigo.

 

Pasara lo que pasara, dejarían las cosas claras ese mismo día.

 

 

Ken puso frente a él una lata de cerveza y abrió otra para sí mismo, mientras tomaba asiento junto a él en el sofá.

 

-Bueno, verás -empezó Ken, tomando una carpeta que había sobre la mesa, y abriéndola sobre sus rodillas, rebuscando en su interior-. Quería hablarte antes de esto, pero te has pasado toda la semana evitándome como a Hacienda, así que... Mañana es día 3 y quería darte esto entonces, pero ya que estamos... Además, mañana habrá mucho lío, así que prefiero hablarlo a solas contigo.

 

Tetsu tuvo que dejar sobre la mesita baja la lata de cerveza, para que su amigo no se percatara de que le temblaba espantosamente la mano.

 

-¿Ah... sí? -balbució, tratando de sonar casual, aunque sus mayores miedos parecían estar cobrando forma: Ken había planeado darle aquella canción de amor al día siguiente, en su cumpleaños, probablemente durante la fiesta que iba a celebrarse después de la reunión con los productores, y decirle entonces lo que sentía por él... Por otra parte era un alivio que hubiera decidido hacerlo ahora, a solas, así el bajista no tendría que romperle el corazón a su mejor amigo delante del resto de los invitados a la fiesta.

 

Mientras Tetsu se esforzaba por no levantarse y salir corriendo de allí como si sus pantalones hubieran entrado en combustión, Ken seguía hablando con toda la tranquilidad del mundo al tiempo que extraía un pulcro folio impreso a ordenador de la carpeta:

 

-Soy plenamente consciente de que esto no es algo que te esperarías de mí -sonrió avergonzado, jugueteando con el papel, como si dudara dárselo o no. Tetsu tragó saliva-. De hecho, es la primera vez que hago algo así, pero me pareció que sería interesante probar. Después de todo, ¿qué músico no lo ha hecho alguna vez? -soltó una risilla, ajeno a que Tetsu, rígido como un poste, estaba hundiendo las uñas en el tapizado del sofá-. Espero que no te moleste, probablemente esto te rompa todos los esquemas... Si no te parece bien, no pasa nada... -dicho esto, le tendió el folio que Tetsu sabía contendría la misma canción de amor que él había encontrado en los bolsillos de su chaqueta-. Sólo échale un vistazo y dime qué piensas...

 

El guitarrista se quedó un tanto extrañado al ver que su líder no hacía gesto alguno de tomar la hoja que le tendía, sino que, al contrario, había retrocedido ligeramente en el sofá, y clavaba sus aterrados ojos en la pieza de papel, como si ésta fuera a morderle.

 

-¿Tetchan...?

 

-Ken, no es una buena idea -balbuceó el bajista por fin, sacudiendo la cabeza.

 

-Joder, no seas tan drástico, si aún no sabes...

 

-Sé muy bien lo que dice ahí -le cortó Tetsu, haciendo un gesto con las manos, negándose más gráficamente a tomar la hoja de papel que su amigo seguía tendiendo hacia él, totalmente confundido-. No tengo que leerlo otra vez.

 

El guitarrista pestañeó, desconcertado.

 

-¿Cómo puedes saberlo? No se la he enseñado a nadie. Lo he estado guardando en secreto hasta ahora.

 

Con una mueca de culpabilidad, el bajista sacó del bolsillo trasero de sus tejanos un papel que tenía aspecto de haber sido doblado y desdoblado infinidad de veces. Al abrirlo, Ken reconoció el logo de la cabeza de león, y la canción que se había pasado toda la semana buscando por todas partes.

 

-¿La tenías tú? -exclamó-. Llevo días buscándola, ¿dónde la encontraste?

 

No era la reacción que Tetsu esperaba, así que respondió sinceramente, fruto del aturdimiento:

 

-Se cayó del bolsillo de tu chaqueta en el pub, el otro día... Me la guardé... sin querer -vale, no del todo sinceramente.

 

Ken hizo una mueca de profundo disgusto.

 

-¡Tetchan! Recuerdo perfectamente que te pregunté si la habías encontrado, y me dijiste que no sabías de qué te hablaba.

 

-¿Y qué querías que hiciera? -se disparó Tetsu por fin-. ¿Cómo crees que me sentó encontrarme con algo así de repente? ¡Lo último que quería era hablar de ello contigo! ¡Y sigo sin quererlo, por cierto! -se levantó del sofá, dispuesto a marcharse-. Mira, lo siento, pero no estoy preparado para discutir esto... Mejor me voy.

 

Su amigo no lo detuvo de inmediato porque se había quedado estupefacto.

 

-Tampoco hay que exagerar... no es más que una canción... si no te parece bien, pues...

 

Tetsu giró sobre sus talones, cuando apenas había llegado al vestíbulo, desde donde todavía podía ver a Ken, sentado en su sillón, vuelto hacia él con expresión de absoluto desconcierto.

 

-¿Si no me parece bien? ¿¡Cómo puedes siquiera dudarlo!? Ken... no es que esté enfadado contigo... es sólo que... -luchó por encontrar las palabras-... tú nunca... No tengo prejuicios ni nada por el estilo, lo sabes perfectamente, pero... ¡Somos amigos! ¡Y me siento muy incómodo! -barbotó finalmente, sintiendo que el rostro le ardía con furia. Dejó a Ken parpadeando como un búho con una pestaña en un ojo, y salió del apartamento en estampida.

 

No, no había sido una buena idea aceptar tener aquella charla. Ahora, enfrentarse al guitarrista al día siguiente en la reunión sería aún más peliagudo.

 

A medio camino del ascensor, Ken lo interceptó a la carrera.

 

-¡Quieto ahí, Ogawa! -lo agarró de un brazo y le impidió pulsar el botón de llamada. El impulso hizo trastabillar al bajista-. O me traduces ahora mismo qué demonios significaba todo eso que acabas de soltarme, o tú no te vas a ninguna parte.

 

-Por favor, Ken... deja que me vaya... No quiero hablar de ello. Finjamos que nunca ha pasado... -suplicó Tetsu, incapaz de mirarle a la cara.

 

-¿Que nunca ha pasado qué? -exclamó el otro fuera de sí-. ¡Si no sé de qué estás hablando!

 

-¡De ti y de esa... canción! -gritó Tetsu. Era desesperante que Ken se empeñara en seguir con la discusión. Le aterraba tener que hablar de ello de forma directa. Ya sabía que Tetsu no estaba interesado en él, así que, ¿por qué no lo dejaba en paz?-. ¡No puede ser, Kenchan! ¡Olvídalo!

 

Ken lo miró de hito en hito, tratando de descubrir por qué diantre Tetsu se alteraba tanto por algo que no tenía la menor importancia. Fracasó estrepitosamente, y decidió que era mejor conservar la calma.

 

-De acuerdo. Muy bien. Me consta que aceptar te desarmaría todos los planes, ya te lo dije, pero no sé, pensé que tal vez... Joder, tampoco es para ponerse así, Tetchan. ¿Qué te cuesta planteártelo?

 

El bajista lo miraba anonadado, aterrado.

 

-No estás hablando en serio.

 

Ken chasqueó la lengua, exasperado.

 

-A lo mejor debería habértelo dicho antes... Para que tuvieras más tiempo para pensar en ello. Pero como la perdí -añadió, en tono acusador- y alguien no me dijo que la había encontrado, tuve que rehacerla de nuevo, y no fue fácil, ¿sabes? No quería hablarte de ello sin tener antes el resultado. Pero supongo que tienes razón, ya es muy tarde... Aunque si lo hablamos mañana en la reunión, con los demás... igual a ellos les parece bien -se le ocurrió de pronto, y su rostro se iluminó con optimismo.

 

Tetsu palideció.

 

-¿Quieres hablarlo con los demás... y en la reunión...? -balbuceó, sin dar crédito a sus oídos. Podía imaginarse a Ken plantado delante de Hyde, Yukkie, Okano y Shiozu, declarando sin rodeos que estaba enamorado de su Intrépido Líder y que solicitaba su visto bueno antes de iniciar una relación formal con él. Sí, desde luego que podía imaginárselo. Ken era muy capaz de hacer algo así.

 

-Claro -Ken se encogió de hombros, aunque seguía intrigándole mucho por qué Tetsu se estaba tomando tan a la tremenda todo aquel asunto-. Es lo justo, ¿no? Somos un equipo.

 

-Ah... -el bajista repitió eso durante un minuto, incapaz de encontrar una réplica a las palabras de Ken. No era posible que su amigo estuviera diciendo tal cantidad de insensateces seguidas, y quedarse tan tranquilo-... No creo... que sea asunto de ellos, Kenchan... -logró articular por fin.

 

Ken suspiró, derrotado, dejando caer la cabeza sobre el pecho. Todo su optimismo se apagó. No lograría convencer a Tetsu.

 

-Vale, de acuerdo. Tú mandas, Intrépido Líder. Si dices que no, es que no... En fin -se encogió de hombros de nuevo, restándole importancia, a pesar de que se le veía un tanto desanimado-. La reservaré para otra ocasión.

 

-¿Para otra ocasión? -¿Es que pensaba utilizar su canción de amor para conquistar a otra persona? Aquello le produjo un incoherente pinchazo de celos. Qué demonios, ¡era su canción! Que no estuviera interesado en Ken no significaba que no le hubiera conmovido-. ¿Serías capaz de hacer eso?

 

No pudo evitar dejarle ver lo mucho que le molestaba la idea.

 

-¿Y ahora por qué te enfadas? Desde luego, Tetchan, eres como el perro del hortelano: ni comes, ni dejas comer -gruñó Ken, irritado-. Si tú no quieres la canción, algo tendré que hacer con ella. No pretenderás que la tire, con el trabajo que me ha costado adaptarla.

 

-¡No, no quiero que la tires! Pero... -de pronto se dio cuenta de algo y se quedó paralizado-. ¿Has dicho "adaptarla"?

 

Ken asintió, tranquilamente.

 

-Sí, ya sabes: traducirla y adaptarla. No es una tarea sencilla, y me ha llevado días. ¡Y encima tuve que repetir el trabajo dos veces! -aprovechó para volver a recriminarle.

 

Tetsu parecía decepcionado.

 

-Creí que la habías compuesto tú...

 

-¡Qué va! -el guitarrista hizo un gesto de indiferencia, ajeno a la desilusión de su líder-. Es una canción americana de los años 60. "The Shadow of Your Smile". Me he limitado a traducirla y a adaptarla para que sonara bien en japonés.

 

El bajista ya no sólo estaba decepcionado, también bastante indignado. Y sabía que era ridículo, pero no podía evitarlo. Era su canción...

 

-¿Me dedicas una canción compuesta por otro? -le recriminó, sin acertar a morderse la lengua. Ken lo miró con ojos desorbitados.

 

-¿Dedicártela? -repitió, estupefacto-. ¿De qué demonios me hablas?

 

El silencio cayó entre ellos de un modo casi físico, mientras se miraban fijamente, con diferentes niveles de confusión. En algún punto de la conversación ambos se habían perdido.

 

El ascensor que había junto a Tetsu abrió sus puertas y un vecino del bloque los saludó educadamente antes de cruzar el corredor en dirección a su apartamento. Los dos músicos respondieron mecánicamente, desviando la atención un instante hacia el hombre. Esto rompió la tensión creada entre ambos, y fue entonces cuando Ken sugirió que continuaran aquella conversación, que tan intrigante se había vuelto de repente, en su apartamento.

 

Una vez de vuelta en el piso de Ken, éste se volvió hacia su amigo.

 

-Muy bien, aclaremos esto. ¿Qué has querido decir con eso de que te he dedicado una canción?

 

Tetsu resopló, molesto porque creía que ahora Ken trataba de desdecirse después de lo mucho que lo había perturbado con todo aquel asunto. Cruzó el vestíbulo hasta el salón, y tomó de encima de la mesita el papel impreso a ordenador que contenía la segunda versión de la maldita canción.

 

-¿Qué es esto, si no? -le estampó el folio contra el pecho, y el guitarrista le echó una mirada por inercia, aunque se sabía de memoria cada línea impresa.

 

-La canción de la que llevamos una hora hablando... -replicó, sin comprender nada.

 

-¡Una canción que has escrito para mí! -exclamó Tetsu, empezando a ponerse histérico.

 

Ken hizo un gesto de exasperación.

 

-Pero, ¿de dónde te sacas eso? ¡Te digo que no la he compuesto yo! ¿Y por qué rayos iba yo a escribirte una canción?

 

Tetsu sintió que la sangre abandonaba su cerebro de golpe. Un vahído le hizo buscar asiento antes de que las piernas le fallasen. Se dejó caer en el sillón que Ken ocupara un rato antes.

 

-No la has escrito tú... -murmuró, con la mirada perdida en el vacío.

 

-¡No!

 

-Ni me la has dedicado...

 

-Y dale...

 

-¿No estás enamorado de mí?

 

-...

 

Tetsu volvió al presente, al ver que su amigo no respondía a eso último. Ken lo miraba fijamente, con el rostro desencajado.

 

-¿¡Qué!?

 

-Anou...

 

-¿¡Se puede saber qué puñetas te has fumado!? -bramó el guitarrista, totalmente frenético.

 

-¡Si no es cierto, entonces, ¿a qué ha venido todo esto?! -se defendió el líder, que, a pesar de todo, aún no lograba comprender por completo la situación.

 

-¿¡A qué ha venido qué?! -gritó Ken, aún más alto, tan perdido como su amigo.

 

-¡Toda esta conversación! -Tetsu hizo un gesto con el brazo, abarcando el salón, como si las palabras intercambiadas entre ambos aún flotaran por allí-. Lo de darme la canción el día de mi cumpleaños, y lo de que me ibas a desmontar los esquemas, y lo de que no era algo propio de ti... ¡Por no mencionar que llevas días excesivamente cariñoso conmigo, y eso sí que no es propio de ti!

 

-¡Vale, vale, para! -lo detuvo Ken bruscamente, logrando el silencio. Ambos respiraron hondo y trataron de calmarse lo suficiente para mantener una conversación coherente-. Yo estaba hablando de la reunión de mañana, no de tu cumpleaños. ¡No tengo la culpa de que seas un neurótico del trabajo y no puedas posponer una reunión técnica ni siquiera el día de tu cumpleaños! En cuanto a lo otro... mis intenciones con esta canción radicaban únicamente en la lista de temas para el nuevo álbum. ¡Quería convencerte para que la incluyeras! ¡Por eso llevo días tan cariñoso contigo! ¡Estaba haciéndote la pelota para que aceptaras cuando te lo propusiera! Cuando dije que te iba a desmontar los esquemas, me refería a la maquetación, porque ya sé que hay temas nuestros de sobra para llenar dos álbumes, y no meterías un cover así como así. Y cuando dije que no era algo propio de mí... -respiró hondo de nuevo, ahogando sus deseos de golpear a su mejor amigo, por montarse semejantes películas en la cabeza-... fue porque hasta la fecha siempre he sido reacio a trabajar con covers. ¿Quieres que te aclare algo más, pedazo de idiota?

 

Tetsu mantenía la cabeza gacha. Estaba muerto de vergüenza, pero aún le quedaba una cuestión por plantear.

 

-Sí... -musitó, sin mirarle-. Si esa canción no era para mí, ¿por qué tenía mi nombre al principio?

 

-¿Tu nombre? -repitió Ken, sorprendido-. Yo no puse tu nombre por ninguna parte -le tendió la copia impresa para que lo comprobara. Efectivamente, no había "Tetsus" por allí.

 

-Pero en la otra copia... -el bajista recuperó la hoja escrita a mano y se la mostró-. Mira, ahí lo pone -le señaló su nombre que encabezaba los primeros versos. Ken repasó la evidencia totalmente desorientado.

 

-Pero... yo no he escrito esto -murmuró al final, sacudiendo la cabeza.

 

-¡Es tu letra, Ken! -protestó Tetsu, atreviéndose por fin a mirarle. Aún se sentía muy avergonzado, pero todavía se negaba a aceptar que todo fuera un malentendido. Aquella canción, compuesta o no por Ken, estaba dedicada a él. No podía estar más claro.

 

-No -contradijo el guitarrista-. La canción sí, pero el nombre no. Yo no he puesto tu nombre aquí.

Tetsu hizo una mueca de disgusto, creyendo que su amigo seguía negando lo evidente.

 

-Venga, ya, Ken. ¿Quieres hacerme creer que apareció por arte de magia?

 

-No, claro que no -protestó el guitarrista, aún estudiando aquel misterio-. Sólo sé que no lo he escrito yo. Ogawa, conozco mi letra, ¿sabes?

 

El líder se recostó contra el respaldo del sofá con los brazos cruzados sobre el pecho, en actitud desafiante. Pasada la vergüenza y la confusión iniciales, ahora sentía que Ken estaba jugando con él, y no le gustaba que jugaran con él.

 

-Si no fuiste tú, ¿entonces quién lo hizo?

 

-¡Y yo qué sé! La verdad es que no me lo explico... he mantenido esto en secreto como te dije, porque no quería que nadie me pusiera ningún tipo de objeción hasta que estuviera terminada... No le enseñé este papel a nadie. Pasó de la cafetería al bolsillo de mi chaqueta, y de ahí a tus manitas -le reprochó de nuevo-. Así que no sé cómo... -su expresión se congeló al percatarse de repente de algo-. Oh...

 

-¿Oh?

 

Entonces Ken empezó a reírse. Suavemente al principio, luego con unas risotadas que contribuyeron a irritar aún más al bajista.

 

-¿Por qué no me cuentas el chiste, a ver si me río yo también? -rezongó éste, observando cómo se retorcía de risa, ahora tirado en el sofá.

 

-Esto... es demasiado... bueno... -se carcajeaba sin aliento, doblado en dos-... ay... me muero... Yukihiro, la que has liado... -y remató con otra ristra de risotadas.

 

-¿Yukkie? -Ahora sí que Tetsu no entendía nada-. ¿Fue Yukkie quien escribió ahí mi nombre? ¡Ken, deja ya de reírte! -le ordenó-. ¡Eso no tiene ningún sentido!

 

-¿Y tiene más sentido que lo escribiera yo? -replicó el guitarrista, logrando dominarse lo suficiente para poder completar una frase sin problemas. El líder lo miraba furibundo-. Tranquilo, Tetchan, cuando te lo cuente te vas a morir de risa.

 

-Sinceramente, lo dudo. Si Yukkie o tú os habéis estado riendo de mí a mi costa, lo vais a lamentar, Kitamura.

 

-Ya, ya, Tetchan. Nadie se ha estado riendo de ti, no ha sido más que un malentendido -Ken estaba teniendo serios problemas para contener la risilla floja que acompañaba a cada una de sus palabras, pero tendría que hacerlo pronto, o Tetsu lo descuartizaría de un momento a otro-. Verás, hace unos días, estaba yo en la cafetería del estudio, trabajando en esta cancioncilla que tantos problemas nos ha acarreado, cuando apareció el bueno de Yukkie, y me pidió un papel para apuntar tu nuevo número de móvil.

 

Tetsu lo miraba fijamente, sin variar su gesto severo.

 

-Continúa.

 

-Pues yo sólo tenía a mano mi bloc personalizado -le mostró el papel arrugado con la canción y el nombre de Tetsu-, al que sólo le quedaba una hoja en blanco. Se la di, pero entonces él dijo que se había olvidado de cuál era el número y me la devolvió intacta.

 

-¿Y...?

 

Ken esbozó una enorme sonrisa llena de dientes.

 

-Pues que, parece ser que nuestro Yukkie-chan tuvo tiempo de apuntar tu nombre, antes de darse cuenta de que había olvidado el número. Cuando me devolvió la hoja, seguí trabajando con ella, la utilicé para pasar a limpio el borrador de la canción, y ni siquiera noté que...

 

-... Que mi nombre estaba ahí -terminó Tetsu sin aliento, encajando por fin la última pieza del rompecabezas. Enrojeció de nuevo, sintiéndose el mayor idiota sobre la faz de la Tierra-. Oh, dios... no puedo creerlo...

 

Ken trató de no reírse de su querido amigo. Suponía que debía sentirse tremendamente avergonzado.

 

-Esto fue lo que hizo que creyeras que la canción era para ti, claro -dedujo sin problemas.

 

Tetsu asintió en silencio, con una mueca.

 

-Pues siento decepcionarte, amigo. Pero aquí el único que te dedica canciones es nuestro apreciado vocalista -bromeó sin mala intención-. Pero, si te sirve de consuelo -se sentó junto a Tetsu y le pasó un brazo por los hombros, arrimándolo contra él-, si me interesaran mínimamente los hombres, te perseguiría sin tregua.

 

Esto hizo reír por fin a Tetsu, agradecido por la intención.

 

-Arigato, Kenchan. Perdóname...

 

-No pasa nada. Ha sido un malentendido.

 

-No... en realidad, te pido perdón porque... ah... se lo conté a Haido.

 

Ken se puso rígido.

 

-¿Que hiciste qué?

 

-¡Creí que mi mejor amigo se había enamorado de mí! -se justificó Tetsu.

 

-¡Y te faltó tiempo para ir contándolo por ahí!

 

-¡Sólo se lo conté a Haido! ¡Necesitaba hablar con alguien!

 

-¿¡Y te parece poco!? -se lamentó el guitarrista-. ¡Dios! Me va a hacer pagar una tras otra todas las bromitas que le he gastado sobre vuestra relación a lo largo de los años... Esto va a ser una pesadilla...

 

Ahora era Tetsu quien trataba de no reírse de su amigo.

 

-Bueno... en realidad, no ha sido culpa tuya, sino de Yukkie...

 

-¿Tú crees que ese detallito le va a importar a ese demonio? Estoy perdido... Es capaz de ir contándolo por ahí... arruinará mi reputación con las chicas... Mejor me suicido ahora, que estoy en plena gloria. Ni siquiera él sería capaz de manchar el nombre de un difunto, ¿verdad?

 

-No exageres, Kenchan...

 

-Aunque, bien pensado... -de pronto Tetsu tenía la cara de Ken a un palmo de distancia. Se echó para atrás, asustado-. Me pica la curiosidad.

 

-¿Qué curiosidad? -tartamudeó Tetsu.

 

-De saber cómo sería -se arrimó más, sonriendo como un niño a punto de cometer una travesura.

 

-¿Cómo sería qué? -el bajista trató de apartarse, pero Ken lo tenía atrapado contra el respaldo del sofá-. Ken, ya vale...

 

-Venga, tenías asumido que estaba colado por ti, seguro que te imaginaste una escena como ésta en algún momento...

 

-¡Claro que no! Por si te lo perdiste, no estaba precisamente emocionado con la idea de que mi mejor amigo se hubiera enamorado de mí -protestó el bajista, enrojeciendo.

 

-Sólo un piquito...

 

-¡KEN! -se retorció contra el cuerpo de su compañero, pero éste lo tenía aprisionado, ni siquiera podía mover los brazos para empujarlo lejos de sí-. ¡No tiene gracia, quita!

 

-Venga, Tetchaaaaaaaaaan... -le lanzó una ristra de ruidosos besitos juguetones, que hicieron enrojecer aún más al líder-. Sólo uno... para saber qué se siente... Igual me gusta. Tendrías suerte.

 

-Ahora hablas como Haido -gruñó Tetsu, clavándole una mirada severa.

 

-No, Haido no diría "igual me gusta". Ya lo tiene más que asumido -soltó una risilla maliciosa-. Neeee, sólo uno...

 

-¡Vale, vale, de acuerdo! Pero sólo porque me estás aplastando... -accedió a regañadientes.

 

-¡Yoshi! -Ken frunció los labios y cerró los ojos de un modo bastante cómico. Tetsu meneó la cabeza, con resignación.

 

-Si esto es un chantaje para que incluya tu canción en al álbum...

 

-No lo era, pero me has dado una idea -sonrió Ken, abriendo los ojos un instante-. ¿Funciona?

 

-¡No!

 

-Ok, entonces... -volvió a cerrar los ojos y a poner los morritos en posición. Tetsu suspiró derrotado y se inclinó para posar sus labios ligeramente sobre los de Ken. ¿Por qué demonios estaba haciendo aquello?, se preguntó mientras su rostro se iba crispando progresivamente en una mueca de repulsión, conforme más se acercaba a su nada deseado objetivo. Dos pares de labios se rozaron con bastante más ternura y menos reticencia de la que habían planeado. El cariño entre ambos y las ganas de experimentar de Ken contribuyeron a que el beso, que debía haber sido rápido y breve, se prolongara durante unos delicados segundos.

 

Finalmente, ambos se separaron con sorprendente reticencia, se miraron un instante a los ojos y, rápidamente, apartaron la mirada.

 

-A...anou...

 

-Ha sido... interesante... -carraspeó Ken.

 

-Ajá... -corroboró Tetsu, azorado y rojo como la grana.

 

-¿Sabes...? Mejor no contarle esto a nadie...

 

-No, nunca.

 

-Jamás. Y menos a Haido.

 

-Eso descartado.

 

Un silencio tenso.

 

-Ne... la canción...

 

-Hn.

 

-Creo que la incluiré en mi próximo solo.

 

-Hn.

 

-...

 

-...

 

-Si quieres, te la dedico.

 

-¡KEN!

 

-¡AJAJAJAJAJA!

 

~Fin~


Notas:

1) Referencia a "Eien". Hyde dijo en un concierto que le recordaba a Tetsu *o* [volver arriba]

 

2) Esta metáfora la he utilizado en honor a Jinsei, que sé que le gusta XDDDDD [volver arriba]

 


Bueno, que conste que esto no es un Kentsu ¬¬ Sólo es el idiota de Ken incomodando a su "angelito" XD Pero no sé, a mí me ha resultado tierno ese beso, ¿ne? Como dos niños experimentando por primera vez ^o^ Sin embargo, dudo mucho que fuera capaz de pasar de ahí. Ken y Tetchan son "hermanos", no puedo hacer que pasen de lo platónico. Ni siquiera he podido hacer que se besen con lengua... ¬¬U

 

Hyde: atrévete y lo lamentarás ¬¬

Saya: ¿qué piensas hacer, hablarme en inglés hasta que me exploten los oídos? ¬¬U

 

En cuanto a la canción, The Shadow of Your Smile, es un clásico de los años 60, compuesto por Paul Francis Webster y John Mandel, y grabada a lo largo de los años por infinidad de cantantes melódicos de la época, entre ellos Tony Benet y Frank Sinatra. Es una canción que siempre me ha gustado mucho, y Ken la incluyó en su mini álbum Speed, en 2006, sólo que él hizo una versión instrumental, sin letra. A partir de ahí se me metió en la cabeza la idea de este fic ^^

 

La versión original (una de ellas) la podéis escuchar aquí, cantada por Perry Como. La letra que yo he incluido comienza a partir del minuto 1, lo anterior sería un preludio que no suele incluirse en casi ninguna versión O.o, al menos no en las que yo he oído.

 

R&R, onegai!!

 

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