::I
CERTAMEN LITERARIO VIVID CARROTS::
PARTICIPANTE
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Seudónimo
adjudicado: Violent Beauty
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VALORACIÓN DEL
JURADO* |
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Calidad
Narrativa |
Gramática y
Ortografía |
Historia
Narrada |
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3,3 puntos |
3,7 puntos |
2,7
puntos |
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Puntuación Total:
3,2 puntos |
(*) La valoración se estableció de 1 a 5
puntos. Siendo 1 "malo" y 5 "excelente".
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COMENTARIOS DEL
JURADO |
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Jurado 1 |
Típica historia
Hyde-Gackt. El uso de los pensamientos de los personajes
está bien, pero la veo demasiado típica. |
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Jurado 2 |
N/C |
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Jurado 3 |
N/C |
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Jurado 4 |
N/C | |
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Fecha de publicación: 9 de septiembre de 2006 -
Corrección: Ogawa Saya |
“La mejor manera
de librarme de la tentación, es caer en ella” –Oscar Wilde
Aquella frase rondaba mucho por su
mente y es que, como buen ser humano, tenía demasiadas debilidades y nunca
le gustó negarse nada. No estaba acostumbrado. Su madre, desde la
infancia, le había consentido dándole todo lo que podía comprarle. Después
de todo “se lo merecía”. Con aquella ideología creció deseando el mundo
entero a sus pies, pero fue comprendiendo que no era fácil con sólo
pedirlo. Tuvo que aprender a lidiar con eso, descubriendo que podía
ganarse la confianza de las personas fácilmente hasta llegar al punto de
manipularlos sin que éstos se quejaran. Parece algo cruel pero, en sí, era
lo que hacía, no podía llamarlo de otra manera. Claro, no los obligaba
hacer nada malo, simplemente lo que él deseaba. Pero aunque parecía que lo
tuviera todo, siempre deseaba algo más.
La atracción que sentía por Sakura se
convirtió en una tentación que no lo dejó dormir por semanas. La poca
confianza que se tenían no lo dejaba actuar libremente debido a su timidez
que aparecía siempre que conocía a alguien. Poco a poco se volvieron muy
amigos, conociéndose el uno al otro sin necesidad que pasara mucho tiempo,
y entonces se decidió por lanzar el anzuelo para crearle a Sakura la misma
tentación que él sentía. No fue tan difícil como al principio pensaba; y
es que pensó que Sakura no se fijarían en él por ser un HOMBRE, pero una
vez que comenzó el coqueteo (miradas intensas, sonrisas discretas,
movimiento de cabellos, mostrar la lengua provocativamente) fue Sakura
quien dio el primer paso.
Durante el tiempo que fueron novios no
había sentido deseo por nadie más, a pesar de que Tetsu se comportaba muy
atento y cariñoso con él. Sin embargo Sakura ocupaba todo su
pensamiento, era su luna girando alrededor de él, por lo que no podía
desear nada más… hasta que todo terminó.
A partir de aquella ruptura estaba
molesto con el mundo, llegó a guardar rencor hacia Tetsu por haber tomado
la decisión de sacarlo y también hacia el mismo Sakura por haber cometido
esa “estupidez”. No pudo estar molesto todo el tiempo con ninguno de los
dos, tenía que olvidar el pasado para no seguir sufriendo. Pero
inconscientemente buscaba alguien que ocupara su lugar, por ello empezó a
frecuentar a más personas, conociendo a Megumi Oishii. No deseaba que le
dejaran de nuevo, por lo que se consiguió a una mujer fácil de controlar y
fue así cuando decidió casarse con Megumi. Parecía que ahora tenía su vida
bajo control, con el trabajo en solitario tenía tanto trabajo como para no
ver a su esposa en semanas y tener la mente ocupada sin pesar más en el
pasado, o para ser más exactos en Sakura, pero una nueva tentación
aparecería.
La tentación tiene nombre, forma,
olor. Cada uno tiene distintas tentaciones, la puedes encontrar en
cualquier parte, en tu misma casa, en la oficina, en tu trabajo, en el
metro, viendo la televisión o en una fiesta como me sucedió a mí. El
problema no es encontrarla, sino deshacerte de ella.
Parecía ser una fiesta cualquiera,
todos los invitados se divertían bebiendo y platicando con los demás. Yo,
por mi parte, había decidido beber en la barra del lugar cuando de pronto
alguien tocó mi hombro e hizo que volteara. Era él, alto y blanco, vestido
elegantemente con una gabardina negra. Se quitó los lentes, dejándome ver
sus ojos azules. Parecía feliz de verme, se presentó y me pidió unos
minutos para platicar conmigo. Accedí algo extrañado, pero tenía la
curiosidad de lo que quería ese hombre conmigo. Pronto encontramos una
mesa alejada de los demás, era algo íntimo pero al parecer lo que quería
decirme lo ameritaba. Comenzó a hablarme de mí, que me admiraba, que le
gustaba mi voz y mi forma de cantar, que la música de L’Arc en ciel le
gustaba pero que se enteró que nos daríamos un pequeño descanso para
empezar con trabajos en solitario. No sabía cómo pudo obtener tal
información pero no se lo negué, le dije que tenía pensado sacar mi disco
como solitario y algunas canciones ya las tenía, pero aún no todo el
disco. Entonces empezó a hablarme de él, de su carrera, de lo que quería
hacer con su nuevo disco; pero que antes deseaba hacer un proyecto. “MOON
Proyect,” se trataba de una película futurista. Me pareció interesante
cuando comenzó a contármela, tan emocionado diciéndome las ideas que
tenía, las escenas que veía en su mente y deseaba que aparecieran en la
película. Parecía un niño contándolo y me dejó bastante impresionado con
su gran proyecto. Ya casi al final del relato me describió a un personaje:
Kei, el co-protagonista, el compañero leal del personaje principal pero
que escondía un secreto que sólo ambos guardarían, pero que después se
descubriría. Misterioso, malo pero del lado de los buenos, moralista y
siempre dolido por su cruel destino, atormentado por su pasado y su forma
de vivir. Era un personaje maravilloso.
“Y quiero que tú seas Kei,” me dijo
antes de terminar de hablar y quedarse en silencio mientras yo analizaba
la petición sin creérmela. ¿Yo, actor? Me reí sin querer insultarlo, pero
me parecía sorprendente que me hiciera semejante petición si apenas me
conocía, además que no tenía experiencia como actor.
“Lo siento, tengo que rechazar tu
oferta. En este momento debo concentrarme en mi solo’s, además que no
quiero arruinarte tu fabulosa película. Lo siento.” Así me marché de la
fiesta, ya era tarde y estaba algo cansado; además que ya no tenía a los
demás para que me llevaran a casa por tomar demasiado. Si me quedaba más
en la fiesta seguramente bebería más de lo debido. Creí que todo había
acabado aquella noche cuando mi celular sonó al día siguiente: era mi
agente. Alguien se había comunicado a la disquera y requería hablar
conmigo.
“Es Camui-san.”
¿Gackt Camui? Seguramente era para
volverme a hacer la petición. Y, efectivamente, era él quien educadamente
me pidió que analizara su oferta, la cual apenado volví a rechazar. Cuando
llegué al trabajo me esperaba mi agente muy curioso preguntándome por la
repentina llamada de Gackt Camui, lo que le contesté sobre el proyecto de
la película.
“¿Lo rechazó? ¿No cree que sería una
buena oportunidad? Ambos son famosos, así que es un éxito
asegurado.”
“Pero yo no soy actor. Estoy seguro
que le arruinaré la película.”
“No tenga tanto miedo a las críticas.
Se dará cuenta que no es tan difícil, usted es muy bueno en todo lo que
hace. “
Tal vez tenía razón, pero ya había
rechazado la propuesta. Al día siguiente volví a recibir la llamada de
Camui.
“Nadie más que usted puede hacer este
papel. ¿Por qué no lee el libreto y decide después de ver la
historia?”
“Esta bien, leeré el
libreto.”
“¡Perfecto! ¿Le parece que lo leamos
en mi casa?”
“Sí, me parece bien, sólo dame la
dirección.”
“¿Tiene donde apuntar?”
Por fin llegué, después de dar vueltas
y perderme. No encontraba la casa, me parecía que estaba escondida. Tuve
que llamarle para que me guiara un poco y entonces pude hallar la dichosa
casa. Cuando entré estaba algo oscuro, por no decir muy oscuro. No sabía
dónde poner mis zapatos y un ramo de flores me esperó en la entrada.
Después me guió por la casa para entrar al cuarto donde tenía la
computadora, me dio una copia del libreto y él lo leyó en la computadora.
No podía ver, las velas no alumbraban bien y las letras eran pequeñas.
Tuve que sacar mi encendedor para alumbrarlo, pero después de un rato se
calentaba y me quemaba. A pesar de eso, el libreto era muy bueno, pero no
quise darle la respuesta en ese momento a Gackt; tenía que consultarlo con
la almohada. Así que dejé a Gackt con la duda y a la mañana siguiente me
llamó como lo había hecho los últimos días.
“Sí, está bien.
Participaré.”
“Muchas gracias por
aceptar.”
“Pero me gustaría que me hicieras una
audición para que entonces veas lo mal actor que soy.”
“Qué tonterías dice. Está bien, como
desee.”
Era siempre muy educado conmigo, me
dijo lo que tenía que hacer y sobre el día de las audiciones se
comunicaría conmigo. Por fin pasaron las audiciones y él me consideró como
el perfecto para el personaje, así que me pidió que lo acompañara a ver a
las personas que dirigirían la película para comentarles algunas ideas que
tenía y que le había platicado al mismo Gackt. Entonces comenzó el
verdadero trabajo.
Cuando llegué a China viajé solo.
Hacía mucho calor y no lo soportaba, pero lo que más me molestaba es que
todo era por culpa de Gachan y él no lo estaba sufriendo en absoluto. Le
llamé desesperado, exigiéndole que hiciera algo, que parara el calor. Él
llegó al día siguiente.
Fue cuando comenzaron las grabaciones,
cuando empezamos a pasar más tiempo juntos, que noté algo en él. Ya había
notado la forma en que me miraba. Era muy obvio, lo hacía a propósito para
que lo notara. Era una mirada llena de deseo, aunque en ocasiones con un
tinte de ternura. Había veces que se quedaba mirándome en silencio, hasta
que me daba cuenta y, al voltear a verlo, me sonreía para después desviar
la mirada. Gachan es una persona muy coqueta, al mismo tiempo que galante.
Si yo hubiera sido una adolescente me derretiría en un instante y caería a
sus pies, como lo hacen la mayoría de sus fans; pero para su mala suerte
ni soy una adolescente, ni una mujer, y mucho menos me derrito por esas
cosas. Aquella vez en la que me quedé dormido y, cuando desperté, estaba
Gachan a unos centímetros de mí y mi boca, no fue nada comparado con todo
lo que hizo.
La primera semana se conformaba con
mirada, halagos y cortejos, pequeños roces de sus dedos en mi rostro con
el pretexto de arreglarme el cabello o una basurita pegada, muy clásico.
Después pasó por la mano en la
cintura. Cuando tenía la oportunidad pasaba discretamente su mano
alrededor de mi cintura haciéndome sentir cosquillas. De castigo recibía
un manotazo, o un empujón, o un discreto pellizco cuando había gente cerca
mientras le lanzaba una mirada asesina. Era gracioso ver cómo se aguantaba
el dolor de los pellizcos, tenía que hacerlo, pero realmente me molestaba
que lo hiciera cuando había gente alrededor… a la vez que me llamaba la
atención. Me preguntaba: ¿lo hace por atrevido, por decir “no me importa
que me vean,” o porque realmente deseaba estar cerca de mí? Opté por
juntar las dos opciones y entonces me comenzó a parecer
interesante.
Mi ego iba en aumento, pero cada
caricia, cada contacto, cada palabra que me dedicara me hacía sentir bien,
aunque lo único que le mostraba era que me incomodaba. Lo rechazaba, lo
empujaba, le quitaba la mano, le decía que todas esas palabras no eran
ciertas: “Seguramente se las dices a todas tus conquistas.” Eso lo
lastimaba, pero no estaba dispuesto a cederle la oportunidad que tanto
decía anhelar; después de todo, estoy casado, le juré fidelidad a mi
esposa y estaba intentando ser un hombre distinto. Estaba decidido a
olvidar mi pasado, a borrar todo lo que me hacía daño y deshacerme de una
vez por todas de mi infelicidad… Dejar de pensar en Sakura.
Pero no contaba con que Gachan fuera
tan terco e insistente. Se las ingeniaba para que nos dejaran solos y las
cosas empezaron a subir de tono. Cada día me iba estudiando sin que lo
notara, las caricias sólo eran experimentos para descubrir mi punto
vulnerable, mi debilidad… no tardó mucho en descubrirlo.
Aquel día habíamos quedado de vernos
en su habitación del hotel con el pretexto de que Gachan estaba cansado.
Ya sabía lo que tramaba, era lógico: los dos en la habitación solos, podía
pasar cualquier cosa; con lo que accedí, pensando que al menor
acercamiento saldría de la habitación aunque fuera necesario golpearlo. Se
supone que compondríamos Orenji no Taijo, para eso nos reuniríamos en los
descansos, por lo que cuando entré tenía su guitarra. Al verme, sonrió de
una manera especial, sus ojos parecían brillar. Cuando me di cuenta, un
escalofrío recorrió mi espalda.
“Haido, pasa” –señaló cortés… sabes lo
educado que es.
“Domo” –cerré la puerta tras de mí y,
con paso despreocupado, me dirigí a la sala de la habitación, sentándome
en el otro sillón contrario a donde estaba Gachan.
“Disculpa de nuevo por hacerte venir”
–sonreía apenado pero con una alegría poco vista en él.
“No te preocupes…” –giré mi cabeza,
mirando a ambos lados para después verlo–. “Creí que mi guitarra estaba
aquí” –y eso me había dicho durante las grabaciones, que no me preocupara
por mi guitarra, que él la tenía.
“No quiero componer hoy. Además debes
estar cansado.”
“Claro que lo estoy, pero creía
que…”
“Quiero platicar, Haido. Mañana
compondremos la canción.” –dejó su guitarra y, sin apartar su mirada, la
colocó en la mesita de la sala–. “Quiero saber más de ti.”
“¿Acaso eres tú lo que más importa?”
–su sonrisa se borró para mirarme con preocupación.
“¿Cómo?”
“Lo único que me has dicho desde que
llegué es lo que TU quieres: No quiero, quiero, yo, yo… y más YO. Ahora
soy YO el que habla. ¿Me preguntaste si quería platicar? Dijiste que
comprendías que estaba cansado, pero, ¿crees que no lo estoy como para
platicar?” –sus ojos me miraban con arrepentimiento
angustiante.
Tal vez exageré, pero tenía que
ponerle en claro que no tenía por qué pensar sólo en él. No me importaba
que eso lo desilusionara. ¡Mejor!
Creí que se molestaría o, como ya
había dicho, se desilusionaría, pero me sorprendió.
“Lo siento, Haido –dijo desesperado-.
“Tienes razón, debí preguntarte, pero creí que…”
“¿Que no me negaría? ¿Piensas que
todos debemos hacer lo que quieras? Perdóname, Gachan, no creí que fueras
así. Te daré una mala noticia: no soy como todas las personas que te
rodean.” –me levanté molesto y caminé rápido a la puerta. Estaba
escapando, había encontrado un buen pretexto para irme, pero, justo
cuando tomé la manija, colocó su mano sobre la mía y lo sentí detrás.
“Perdóname, Haido” –me dijo en
susurro, sentí su aliento detrás de mi oreja–. “Dame una oportunidad,
prometo no aburrirte” –su voz grave era sensual, me hizo tragar saliva
pero no le hice notar que me afectó. Pero mi mente se estaba concentrando
demasiado a la vez que se dejaba llevar.
“Está bien” –le contesté en susurro,
sin pensarlo; su cercanía comenzó a confundirme, una parte de mí quería
que se alejara pero otra no parecía rechazarlo. Estuvimos unos segundos
sin movernos, sólo oía su respiración y la sentía acariciándome la piel.
Solté la manija y él hizo lo mismo con mi mano. Iba a moverme, regresar a
la sala; justo en ese momento se acercó más y sentí su rostro más cerca,
mientras él aspiraba mi esencia. Por inercia cerré los ojos; estaba
teniendo un efecto su cuerpo cerca del mío, el Platinum empezaba a
nublarme los sentidos. Tomó mis brazos con ambas manos y mi cuerpo se
estremeció por el contacto. Estaba yendo lejos, había hecho el pacto
conmigo mismo de que al primer acercamiento me iría, pero, ¿por qué mi
cuerpo no quería? Sentí la punta de su nariz recorrer mi mejilla y luego
sus labios. Abrí los ojos, debía alejarme en ese instante o algo malo
pasaría. Tomé de nuevo la manija y en un rápido movimiento me zafé de él
para salir de la habitación.
“¡Chotto…!” –fue lo último que alcancé
a oir. No corrí, pensé que me vería ridículo, pero después me arrepentí
porque me alcanzó y detuvo sujetando mi mano–. “Dijiste que me darías una
oportunidad” –no volteé, intentaba que me soltara, pero me jaló hacia él,
girándome y abrazándome la cintura. La posición me incomodó, me tenía a su
merced y el que me obligara a quedar frente a él me enfadó, me trataba
como una chica.
“No es cuando quieras, ¡es cuando YO
quiera!” –con mis brazos lo empujé para que me soltara, le dirigí una
mirada mostrando el enfado que sentía y me di la vuelta para irme a paso
rápidos. Esa vez no me siguió… pero tampoco se rindió.
Al día siguiente actuaba como si nada
hubiera pasado, continuaba bromeando conmigo pero una vez que nos dejaban
solos intentaba abrazarme, se acercaba y en ese momento lo alejaba
diciendo: “¡No!” Al llegar la noche me invitó a cenar y fue cuando noté
que planeaba algo, su mirada emitía un brillo sospechoso en toda la
conversación.
Una vez terminada la cena le pregunté
si trabajaríamos en la canción, a lo que me contestó:
“No, te acompaño a tu habitación para
que descanses.”
Un foquito rojo se prendió en mi
cabeza…
No me negué… Quería ver qué tan lejos
llegaba. Sabía que sería peligroso, pero en el fondo la situación comenzó
a gustarme.
Y es que la noche anterior me dejó
consternado. Cerraba los ojos y podía sentir su respiración de nuevo
cerca, acariciando mi piel, todavía mi nariz sentía el Platinum. En ese
momento me di cuenta de algo: Gachan me atraía, siempre me atrajo. Fue
entonces cuando comencé a disfrutar del juego, el tenerlo a mis pies
alabándome con palabras, devorándome con la mirada, intentando acercarse a
mí; ese deseo reflejado en sus pupilas empezaba a tener efecto. Tenía
deseos de tirarme sobre de él cuando subimos al elevador, pero me mordí lo
labios; tenía que dejar que él diera el primer paso, no tenía que darse
cuenta que sentía aquello por él, porque podría terminar el
juego.
Como te decía, debía dejar que él
diera el primer paso y que no sospechara de lo que sentía. Para eso por
ignorarlo. Podía ver de reojo su sufrimiento, pero a la vez se daba ánimos
para mirar serio los números que brillaban mostrando los pisos que
subíamos. El timbre sonó indicando la llegada al piso. Ambos salimos del
elevador (yo antes que él) y fuimos a la puerta de mi cuarto, saqué la
llave y por fin voltee a verlo.
“Gracias por acompañarme” –le sonreí y
en ese momento me di cuenta que la escena era muy similar a la de las
películas románticas. ¡Dios, dónde estoy cayendo, todo por culpa de él!
¡Mi vida se está volviendo una novela rosa >_<!
“De nada… Buenas noches, Haido.” Se
estaba despidiendo. ¿Acaso se dio por vencido?
“Oyasumi-nasai, Gachan.” Sin pensarlo,
mi tono de voz había sonado sensual… bueno, ese tono siempre me sale, es
parte de mi naturaleza. El caso era que tuvo efecto extraño en
él.
Abrió sorprendido sus ojos y sus
pupilas azules parecían estar alegres, pero no me dio tiempo de observar
más porque, en un instante, tomó mi rostro delicadamente y me besó. Quedé
sorprendido, sólo una persona se había atrevido a besarme de esa manera.
Quería separarme, pero me abrazó por la cintura atrayéndome a su cuerpo.
Lo único que nos separaba eran mis brazos que habían quedado atrapados en
su pecho. A pesar de eso no aún quería alejarlo, ya que se estaba yendo
fuera de control…
Sí, se supone que eso era lo que
quería pero me asustó que la acción y su cercanía me estaban
gustando.
Sin embargo él no tenía deseos de
soltarme, sólo separó sus labios de los míos y me miró a los ojos con
intensidad.
“Déjame probar tu boca” –me dijo en
suspiro–. “Deseo esa lengua desde que te conocí.”
“¿Mi lengua?” –aprovechó que abrí la
boca para introducir su lengua y tocar la mía, dándome un beso apasionado
en el que nuestras lenguas jugaban, se sentían, se conocían de una manera
brusca y feroz por el deseo contenido. Ya al sentir la falta de aire nos
separamos, pero antes le mordí su labio inferior, ya que me sentía algo
molesto por mis propios deseos.
“¡Oye, duele!” Gritó adolorido Gachan,
mientras me dirigía una mirada molesto.
“Jajaja, eso fue por el beso,” le
comenté sonriente por mi triunfo.
“Eres la primera persona que hace
eso…” Me miró confundido, tocándose el labio mientras yo me sentía
importante y mi sonrisa no se borraba. Después era él quien sonreía de una
manera curva y seductora. “Me gusta,” dijo con su voz grave, y en rápido
movimiento me colocó a espaldas de la pared rodeándome con su cuerpo, y
comenzó a besarme el cuello, tocando con ambos labios mi oreja, mojándola
con su saliva. No pude evitar emitir un gemido y enterré mis uñas en su
pecho, agarrando su camisa. El emitió otro gemido pero continuó y ahora
del otro lado de mi sensibles cuello, tocando de la misma manera mi otra
oreja. Mis manos, inconscientemente, bajaron poco a poco a su cintura para
después pasar a su espalda. En ese momento, dejó mi cuello para atrapar mi
boca, sujetando mi cintura y juntándome más a su cuerpo, sintiendo su
pecho muy cerca. El contacto y el prolongado beso, sumándole una que otra
caricia en la cintura y en la espalda, me estaban excitando. El calor
subía a mi cuerpo y me sofocaba el estar cubierto por su cuerpo, que me
hacía una prisión contra la pared. Volví a gemir pero esta vez con más
fuerza, impulsando mi cuerpo hacia él, deseando más su beso, queriendo
comer sus labios; ese mismo deseo me hizo reaccionar de lo que estaba
haciendo, le mordí la lengua despacio con la intensión de que me dejara,
suspiró de placer separándose un poco, pero después se acercó con más
fuerza tomándome con ambas manos mi trasero y alzándome.
“Gachan…” Logré decir en un lapso,
separando sus labios de los míos.
“¿Mmm?” Fue lo único que contestó para
después ir de nuevo a mi cuello.
“Yo… ¡ah!” Emití un quejido al sentir
sus manos moviéndose y acariciando mi hermoso pequeño trasero.
“¿Tú…?” Dijo, casi ronroneando en mi
oído, para después delinear con su lengua mi oreja.
“¡Ah! Yo no…”
“¿No qué?” Volvió a decirme en una voz
ronca y después pegó más mi cintura a la suya, haciéndome sentir su
¡Mágnum!
“¡Ah! ¡Nada!” Era demasiado tarde, mi
cuerpo no quería que se detuviera y comenzaba a moverse por su cuenta. Lo
abracé por el cuello y con un impulso brinqué para rodear con mis piernas
su cintura y así tenerlo más cerca, después pasé mis manos debajo de sus
brazos para pasar a su espalda. La excitación me hacía arañarle la espalda
y mi cadera comenzaba a moverse. Mi cuerpo empezó a temblar sin control,
la vista se me nublaba y el bochorno rodeaba mi cuerpo.
“Gachan, mi ropa,” le dije entre
suspiros, sintiendo que el pantalón comenzaba a apretarme.
“¿Hm?” Se separó de mí para verme a
los ojos. “Pero estamos en el pasillo,” y miró a ambos lados.
“¿A penas te diste cuenta? Sólo
quítame un poco el pantalón para que sea rápido.” Agarrado con las piernas
de su cintura me apoyé más a la pared para desabrocharme el
pantalón.
“Pero nunca lo he hecho en un pasillo,
menos de hotel.”
“¿Y? Será tu primera vez.” Me miró,
juntando ambas cejas, extrañado; yo no le di importancia y seguí en lo
mío.
“¿Por qué no entramos a tu…?” Terminé
de abrirme el pantalón y lo besé, interrumpiéndolo.
“Si… tú… quieres… -le decía entre
besos–. Continuamos… en el cuart…”
“Demo” –me separé, ahora era él quien
no quería y se estaba enfriando. Mi cuerpo ardía del deseo pero no le
rogaría, yo nunca le rogaría. En un movimiento rápido me subí la
cremallera y abroché el pantalón–. “Haido… yo” –se dio cuenta de mi enojo
e intentaba remediarlo, pero ya me había bajado de su cintura y lo aparté
de un empujón. “No, espera.” –me fui a la puerta de mi habitación y la
abrí.
“Nos vemos mañana. Buenas noches.”
Entré.
“¡No, Haido!” –intenté cerrar la
puerta para no seguir oyéndolo balbucear, pero él se interpuso–.
“Escúchame, Haido. Lo siento, pero es que yo…”
“Iba a ser rápido. Lo siento,
desaprovechaste tu oportunidad.”
“No me digas eso” –yo lo veía por la
abertura que aún quedaba de la puerta y puso cara de afligido y pasó una
mano para acariciar mi mejilla, haciéndome estremecer. Aún mi piel estaba
sensible–. “Dame otra oportunidad, créeme que no te arrepentirás” –sonrió
seductor. Mi cuerpo gritó un: ¡Sí! Mientras que mi mente no me respondía
bien: ¿Qué pierdes con decirle que sí? Abrí la puerta en un movimiento
rápido, casi tirándolo porque estaba recargado en ella y pasó a mi
habitación en zancadas. No pude evitar carcajearme mientras cerraba la
puerta, había quedado encorvado con las rodillas dobladas, un poco más y
se caía boca abajo. Mientras no paraba de reírme, él se irguió
pausadamente y se giró para verme sonriendo forzadamente y adoptando su
porte.
“No pasó nada” –me decía, como si yo
estuviera preocupado por él. ¡Qué va! No paraba de reírme. Me tuve que
apoyar en la pared, cerca de la puerta, porque la risa me estaba quitando
la fuerza. Pensé que se molestaría, con lo orgulloso que es, aunque eso me
tenía sin cuidado. Me miró achicando los ojos mientras se acercaba a mí,
pero una sonrisa, nada forzada esta vez, estaba en su rostro. Ya lo sentía
cerca, de nuevo estaba acorralándome contra la pared, acercó su rostro al
mío y paré de reír sin dejar de sonreír–. “Te ríes, ¿eh? –me preguntó con
tono molesto pero sin borrar la sonrisa.
“Sí. ¿Algún problema?” –le pregunté
desafiante y de la misma manera sonriendo.
“Debería, pero, ¿sabes? Me encanta tu
sonrisa y eso hace que no me pueda molestar contigo” –me dijo mirándome a
los ojos con aquel brillo extraño. Algo tan romántico saliendo de su boca
no era algo nuevo, mucho menos lo era para mí, siempre recibiendo halagos
y frases elaboradas de todo el que me ve, pero en esa ocasión, en ese
momento, fue un comentario especial que hizo poner a mi piel de gallina.
Era… dulce…
“¡Qué romántico!” Dije, con ironía y
burla. “Eso le dices a todas tus citas, ¿cierto? Eres todo un galán de
telenovela, ahora lo tengo más confirmado.” Ese comentario lo hice porque
me estaba poniendo nervioso, se supone que no deberían tener efecto en mí
sus palabras y eso me confundía. Gachan me miraba más confundido e
intentando decir algo pero yo lo interrumpí–: “No tienes por qué
comportarte así, no soy una mujer a la cual tienes que seducir haciéndole
creer que le bajarás la luna con las mejores frases de tu repertorio y así
tenerla una noche para después despedirte al día siguiente.
“No, no estás entendiendo. ¿Crees que
tengo la necesidad de alagar así a las mujeres?”
“¡Oh! Perdona, Señor Conquistador No
necesito de Frases! No tengo idea de cómo consigues a las
mujeres.”
“Olvídate de eso, ¿sí? Sólo somos tú y
yo, el mundo no existe.”
“Muy lindo, ¿ahora qué quieres? ¿Qué
te diga corazoncito?”
“No, sólo llámame como
quieras.”
“Gracias por la libertad.”
“Por favor, Haido, ¿por qué te
molestas?”
“¡Por tu modestia! Eres el ser más
vanidoso que he conocido.”
“Y tú eres el ser más hermoso que
jamás haya visto.” Eso suavizó mi temperamento, me dejó sorprendido que me
respondiera con semejante halago. Así, despacio, me besó. Al parecer era
inútil lo que dijera, no iba a desistir. Ya lo había humillado lo
suficiente como para que se diera por vencido y me dejara en paz, pero
seguía intentando con su beso relajándome, con sus palabras sonrojándome.
Tenía algo que me controlaba, que me apaciguaba, a la vez que me hacía
desearlo a cada segundo.
Dejé que me besara, sentir sus labios
rodear mi boca, saboreando mi saliva y tomando la suya, disfrutándolo,
sintiendo su respiración en la nariz, mi lengua recorriendo la suya,
excitándolo por cada roce. Por fin nos separamos, el deseo volvía en sus
pupilas azules.
“Me encantan tus labios” –dijo,
dándome un pequeño beso–. “No sabes cuánto deseé besarlos” –no pude evitar
sonreír con orgullo y me pasé la lengua por mi labio superior
inconcientemente–. Y esa lengua…” –volvió a besarme pero ahora con más
urgencia y deseo, tomando mi rostro con ambas manos. Mi lengua hizo lo
suyo, eso fue subiendo la temperatura de los cuerpos pero el solo beso no
me bastaba, mi cuerpo quería más. Empujé a Gachan sin dejar de besarlo,
haciéndolo caminar hacia atrás. Justo cuando estaba al borde de la cama me
colgué de su cuello y brinqué, tirándolo de espaldas a la cama pero sin
caer encima de él, ya que puse mis rodillas y mis manos. El beso había
terminado y me miraba felizmente sorprendido.
“Eres sorprendente,” me dijo con una
sonrisa amplia como pocas veces se le ve.
“No has visto nada” -le sonreí
seductoramente y Gachan se alzó para atrapar mis labios nuevamente, pero
esta vez me separé de él para mirarlo a los ojos–. “Gachan… ¿realmente
deseabas esto? –sabía cuál era la respuesta, pero me sentía inseguro y
necesitaba oírlo una vez más para continuar. El me examinó con la mirada,
analizando la respuesta que me daría.
“No tienes idea.”
“Demuéstramelo, quiero saber qué tanto
me deseas.” Gachan me tomó de la cintura y me acostó, quedando encima de
mí. Pronto comenzó con los besos en el cuello pero ahora chupando,
lamiendo y sus manos bajaron a mi cintura para meterlas y acariciar mi
abdomen y la misma cintura. Yo, por mi parte, le subía la camisa para
sentir su abdomen formado. No soportaba más la ropa, sentía que era una
prisión, le quité rápido la camisa y después él me quito la mía, entre
besos y suspiros nos quitamos los pantalones y por fin sentí su piel
desnuda sobre la mía. Sus labios bajaron a mi pecho cubriéndolo con sus
besos, sintiendo sus labios en mis pezones. Yo abría y cerraba los ojos
observando el techo de la habitación, disfrutando de todas las sensaciones
que me provocaba con sus besos, sus dedos y su piel rozando la mía,
mientras bajaba más y más. En el momento que llegó a mi mukimpo suspiré,
mi cuerpo tembló en cuanto sus labios lo besaron, mi respiración aumentaba
en cada ritmo, mi boca sólo emitía gemidos, mis ojos se nublaban y, cuando
los cerré, veía puntitos blancos como estrellas en la oscuridad de mis
ojos. Sentía que mi garganta y mi boca se resecaban pero no podía
cerrarla, mi lengua humedecía mis labios y jugaba de placer. Sentí
elevarme, mi espalda se arqueó y casi grité cuando mi líquido llenó su
boca. Había terminado, mi respiración se controlaba, sentía como si cayera
suavemente y comenzaba a disfrutar del tacto de las sábanas. Cuando abrí
los ojos lo vi sobre mí con una hermosa sonrisa, sus ojos recorrían cada
parte de mi rostro, le sonreí y nos besamos despacio.
“Dime que aún quieres más.” Suplicó,
mientras me inundaba de besos mi rostro y mi cuello.
“¿Crees que eso es suficiente para
mí?” Le dije, riéndome de su tonta idea. ¿Creyó que me cansaría con eso?
No sabe con quién se metió.
“Qué bien, porque aún tengo más para
ti. O mejor dicho, Mágnum tiene más para ti.” Le sonreí divertido y volvió
a llenarme de besos mientras se ponía entre mis piernas. Tenía muchos años
sin volver a tener sexo de esa manera, pero realmente no me preocupaba. Al
principio era doloroso pero podía soportarlo. Pero a él sí parecía
preocupado. “¿No crees que será mejor si te lubrico?”
“No traje ninguno, no quería tener la
tentación cerca.” Aunque mis esfuerzos fueron en vano, pensé.
“Yo tengo pero en mi
cuarto.”
“¡No voy a esperarte!”
“Iré lo más rápido que
pueda.”
“Pero tienes que vestirte y eso
demorará, además que me enfriaré.”
“Puedo vestirme rápido y calentarte de
igual manera.” Lo miré enfadado. “Por favor, ángel. No quiero
lastimarte.”
“¡Solo házlo!”
“Debes tener algo aquí.”
“¡Te digo que no tengo
nada!”
“Voy a buscar…” –no dejé que se
levantara, sujeté sus muñecas para después rodear su cintura con las
piernas como lo había hecho en el pasillo.
“Te enseñaré cómo tienes que hacerlo.”
Lo jalé sobre mí y cayó, apoyándose de sus manos. Bajé la mano hacia su
Mágnum y empecé a masajearlo. Ahora era él quien gemía. Veía su rostro,
como abría y cerraba los ojos con cada movimiento mientras abajo su cadera
comenzaba a moverse haciéndome sentir su Mágnum, ya que aún mis piernas
estaban sujetas a él. Le temblaban los brazos; bajó, cayendo suavemente
sobre mí sin recargar su peso. Pronto llegaría, podía sentirlo en mi mano
cómo se hacía cada vez más grande. Y por fin estalló, escondió su rostro
entre las sábanas mientras yo me soltaba de su cintura y sostenía su
líquido en mi mano. Rápido me lubriqué con ello y en ese momento Gachan se
levantó para observar lo que hacía.
“Estoy listo,” le dije excitado por mi
propio toqueteo.
“Está bien, pero voltéate, será más
fácil.”
“No, así no me gusta,” pronto iba a
saber el por qué.
“Pero si así es más fácil.”
“Lo sé, pero no me gusta.” Abrí mis
piernas decidido a no voltearme mientras él me miraba
confundido.
“Va a ser más incomodo, además de
doloroso, para ti.”
“¿Crees que no lo he hecho así?”
–Abrió los ojos más sorprendido-. “Ya te dije que no me gusta la posición
de perrito, a menos, claro, que yo sea el de encima.”
“Está bien,” dijo resignado y tomó mis
piernas alzándome. “Allá voy,” dijo, acariciando mis piernas de arriba
abajo un poco indeciso. Alcé la mirada al techo fastidiado y fue cuando
sentí la punta de Mágnum. Una descarga recorrió todo mi cuerpo y me hizo
arquear la espalda. Pronto entró más, pero lo estaba haciendo despacio y a
cada centímetro adentro me hacía arquear la espalda sacando un suspiro.
Mis uñas se enterraban en las sábanas mientras cerraba los ojos. Aún
faltaba para que estuviera adentro.
“¡Hazlo!” Grité, impulsándome para que
entrara de un jalón, e hizo que después ambos lanzáramos un grito de
placer. Gachan cayó de nuevo sobre mí. Así me gustaba, sentirlo cerca.
Respiraba agitado de la misma manera que yo.
“¡Eres un desesperado!” Me dijo en
susurro y después sentí cómo su cadera se movía.
¡Y empezó la diversión! Por cada
segundo aceleraba su ritmo poco a poco. Lo abracé, enterrando mis uñas,
rasguñándolo, desgarrándolo, mientras él gemía más y se movía con rapidez.
Mi boca tenía cerca su pecho, así que lo besé para después morderlo sin
poderlo evitar. Ambos estábamos a punto de llegar, mis ojos de nublaron de
nuevo, los cerré y sentí su líquido dentro de mí, recorriendo todo mi
interior, calentándome el alma. Grité de placer como hacía mucho no
gritaba, sentí su sudor mezclándose con el mío, nuestras respiraciones
aceleradas y forzadas. Por fin salió de mí y cayó a un costado mío,
acostándose boca arriba mientras yo le daba la espalda, sintiendo la fría
tela de la sábana en mi mejilla, refrescándome. De pronto sentí su tacto,
su dedo recorría las líneas de mi tatuaje para después acercarse y besar
mis alas. Luego me rodeó con su abrazo, sintiendo su cuerpo
relajado.
“Eres un verdadero ángel. Me has
llevado al paraíso,” susurraba mientras yo disfrutaba de su cálido abrazo,
aquella sensación de calor cuando me rodea y me cubre con sus brazos,
extrañaba todo eso. Una lágrima recorrió mi mejilla, pero la sequé rápido.
No debía arruinar el momento con mi estúpido pasado, esa noche era
especial. Besó mi cabeza con ternura, sin saber lo que ocurría en mi
interior. Decidí voltearme más relajado para verlo y darle una sonrisa.
“Lo mejor será descansar. Mañana tenemos grabación”. Me acurruqué en su
pecho y cerré los ojos.
Esa fue nuestra primera noche, le
siguieron unas cuantas más. Nuestra relación cambió un poco. El seguía
acercándose, intentando abrazarme y yo seguía rechazándolo, pellizcando o
pegándole, según fuera la ocasión, para después reírme de su rostro y
dedicarle una mirada cómplice. En los descansos nos desaparecíamos,
encontrábamos un lugar solitario y dejaba que me abrazara, que me mimara y
en ocasiones subía la temperatura, lo que ocasionaba que termináramos
sudando.
“Venimos corriendo, quería competir
conmigo,” decía Gachan como excusa a nuestro sudor y la respiración
agitada. No sospecharon, al menos no todos, porque You me dedicaba una
mirada de odio y después se iba.
“Él lo sabe,” le dije en una cena
después de las grabaciones. “¿No te das cuenta cómo me mira?”
“Tranquilo, si lo sabe o lo sospecha
no lo dirá. Es mi amigo.” Vaya amigo, pensé, pero decidí dejarlo por la
paz, después de todo, haga lo que haga, You seguirá mirándome así. En esa
ocasión después de cenar, casi lo hacemos en el elevador, pero terminamos
en su habitación.
“¿Quién te entiende?” Me decía
divertido. “Me golpeas cuando intento abrazarte porque dices que alguien
puede vernos, pero me provocas para hacerlo en un elevador. Alguien
también nos puede ver, ¿sabes? Y será peor.”
“Exageras, Gachan, no había nadie en
el pasillo siquiera. A esas horas o están en el comedor, o están
durmiendo. No que tú me quieres abrazar en pleno rodaje.”
Los días de la grabación terminaban y
con eso terminarían nuestros juegos, nuestros encuentros nocturnos,
nuestras miradas cómplices recordando, nuestras burlas, risas y entonces
comenzaba a sentir que el sueño se marchitaba, que pronto tenía que
despertar. Nos despedimos con una buena noche de sexo porque ambos
sabíamos que sería la última. Llegó la despedida y tuve que regresar a mi
vida normal, a pensar en mi carrera como solista, a seguir con mi papel de
esposo y esperar el estreno de la película.
Volvía verlo entre flashes y
reflectores, tuvimos poco tiempo de platicar porque después vinieron las
entrevistas. Me sentí incomodo viéndome en pantalla grande, en ocasiones
hasta cerraba los ojos pero después vi que a los demás les gustó mi
trabajo.
“Estuviste grandioso, ángel,” me
susurró como siempre lo hacía con esa voz grave y tranquila cuando los
créditos aparecieron en la pantalla y veía mi nombre. Siguieron los
aplausos que nos ensordecieron y todos se pararon de sus asientos
haciéndome recordar el final de un concierto, aquella descarga eléctrica
que te pone los pelos de punta cuando escuchas lo aplausos o a las fans
cantando las letras de la canción.
Después la fiebre comenzó a disminuir.
El trabajo que tenía promocionando mi disco Roentgen hizo que no tuviera
tiempo ni para mí. Era lo mejor, olvidarme de aquella tentación, después
de todo ya había caído en ella, ahora podía librarme. Me enfoqué en mi
disco y pronto me llegó la oferta de otra película. Así el tiempo siguió,
mi relación con Megumi no mejoraba pero agradecía que con tanto trabajo no
tuviera espacio para mortificarme por ello. Ahora estoy a punto de sacar
mi primer single de mi segundo disco: “Hello”.
-Te presentarás en muchos programas
–decía una voz del otro lado del teléfono–. Todos están interesados por tu
cambio de música de un disco a otro.
-Y eso que no han visto mi cambio de
look –decía Hyde, mientras se veía en el espejo con aquel pelo negro–.
Luzco bien, ¿ne?
-Ay, Haido-san –su representante
suspiró resignado por no poder hacer nada con aquella vanidad–. Tendrás
que prepararte para lo que viene. ¿Qué tal las canciones?
-Muy bien, ya tengo 6 letras que estoy
seguro quedarán perfectamente en el disco.
-Genial, Haido-san.
-En especial una que titulé: “Sweet
Vanilla” –alzó el papel donde tenía la canción con un montón de manchas
por tanto borrar, su sonrisa era amplia mientras observaba su obra de
arte. Entonces se escuchó un ruido en el teléfono–: Está entrando otra
llamada.
-Está bien, te dejo. Mañana
hablaremos. Hasta luego, Haido-san.
-Nos vemos –colgó-. Seguramente es
Megumi –dijo fastidiado, pero miró la pantalla y marcaba otro número,
extrañado apretó la tecla y se colocó el teléfono para contestar–: ¿Moshi
moshi? Haido desu.
-Haido –una voz grave y pausada lo
saludaba con tono sensual–. Cuánto tiempo… Tengo deseos de verte. Te
extraño –Haido levantó la vista asombrado y se miró en el espejo, su
corazón latía de prisa y su mente tenía muchos pensamientos encontrados-.
¿Puedo verte? –Haido se mordió los labios.
~Fin~