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-por Alexa- |
Como tantas otras veces, el cielo tiene un color gris rojizo. Si las estrellas brillan esta noche o si la luna está llena, es imposible saberlo con las nubes cubriendo la enormidad del cielo. Como tantas veces, me pregunto para qué pagamos estas fortunas por un apartamento en el decimocuarto piso con ventanales de suelo a techo para contemplar el mismo paisaje perpetuo. Quizá por eso hemos construido Tokyo como un mar de luces: para compensar las estrellas que no podemos ver.
Como tantas otras veces, sólo el golpeteo de la lluvia contra los inmensos cristales me acompaña. De alguna manera, el familiar sonido no hace sino remarcar la familiar sensación del momento: estoy solo en mi lujoso apartamento en Shinjuku, cansado y satisfecho con el trabajo del día, sin ánimos de intentar cocinar y con ganas de un largo baño.
Como tantas otras veces, de pronto la puerta de entrada se abre bruscamente.
–¿Nunca vas a aprender a cerrar con seguro? –preguntas tú, mientras sonríes, como tantas otras veces.
–Saa –es lo único que puedo decir. Porque como tantas otras veces, has venido a mi casa sin avisar, y has entrado como si fueras el dueño del lugar. Pero a diferencia de tantas otras veces, la puerta se ha estrellado en la pared. Así de entusiasmado estás. Sin embargo, como tantas otras veces, entras, te dejas caer en un sillón doble y te pones cómodo.
–Ha pasado al fin –me dices, como si yo debiera entenderte.
–¿Qué ha pasado al fin? –pregunto yo, como un idiota, mientras me acerco unos pasos. Pienso dejarme caer en otro sillón, pero al final no puedo decidirme a hacerlo, así que me quedo de pie, mirándote.
–Me he peleado con Megumi –dices, y tu sonrisa es extraña.
–Eso no es raro.
–No –y a diferencia de tantas otras veces, casi estás riendo. Pareciera que de pronto hubieras recordado cómo respirar tras haberlo olvidado por mucho, mucho tiempo–. Pero ahora nos divorciamos. Definitivamente. Los abogados ya están en ello.
–Oh.
Y entonces te pones en pie, como si eso cambiara en algo las cosas. Y entonces entiendo.
Entiendo que, si fuera una película o una novela o una de aquellas fantasías juveniles, habrías entrado a mi apartamento empapado por haber corrido en la lluvia, tu pecho habría subido y bajado con tu respiración agitada; pero esto es sólo nuestra vida, así que has conducido tu auto de lujo hasta mi casa, y has esperado el ascensor en el lobby, tal vez porque sabes que, después de tanto tiempo, unos minutos más no importan.
Y entonces entiendo lo que esperas de mí. ¿Cómo no hacerlo, si es lo que yo mismo espero de mí? Creo que incluso yo mismo te lo dije una vez.
Y entiendo que no puedo hacer eso que tú esperas, eso que yo espero. O esperaba.
Porque ahora recuerdo aquel instante en que me dijiste que te casabas con ella, que te ibas con ella. Recuerdo días cálidos llenos de dolor, días fríos acompañados sólo de soledad. Recuerdo días soleados que compartías con alguien más, noches con nubes y viento en que ibas a refugiarte bajo otro techo.
Y entiendo que, desde aquel momento en que te fuiste, empecé a olvidar todos los recuerdos que habíamos construido juntos. Entiendo que ha pasado mucho tiempo. Entiendo que ha pasado demasiado tiempo. Entiendo que, aunque no me di cuenta en aquel entonces, dejé de llorar por ti cuando desapareciste de mi vista. Entiendo que, de alguna manera, me he vuelto más y más fuerte.
Entiendo que lo que teníamos se ha escapado irremediablemente como aquellos documentos que una vez el viento me arrancó en la azotea de los estudios.
–Tetchan…
Pero si me hablas así, si te miro de esta manera… los recuerdos regresan a mí.
Si me miras así, si te toco de este modo, si me besas así, si mis dedos se enredan en tu pelo de esta manera, si me necesitas de este modo… recuerdo que tenemos nuestra historia.
Cuando me tocas así, cuando me abrazas así… entiendo que compartimos risas nerviosas, destellos de luz y brillos dorados.
Cuando te toco así, cuando te abrazo así… entiendo que ese portazo ha sido sólo la continuación de nuestra historia.
Cuando me miras así y cuando te miro de esta manera… entiendo que de alguna manera hemos recuperado lo que el viento nos habría arrancado de los brazos.
–Sí…
Porque si te perdono todo esto, me perdonarás todo aquello.
Y cuando te hablo de esta manera, y me besas así… entiendo que ha pasado muchísimo tiempo. Demasiado tiempo.
Pero si empiezas a hacerme el amor de este modo, si te correspondo así… todo regresa a nosotros, y entiendo que no importa, pues de todas formas, siempre ha sido inevitable.
~Fin~
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