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Notas: Este es un oneshot sencillito y sin pretensiones,
que escribí entre 2 capítulos de de Careless Whisper, con el fin
de “resetearme” y darle a mi mentecilla enferma un respiro XD
Quiero dedicárselo a algunas personas que llevan siglos
pidiéndome un “Haitsu Puro”, sin intervenciones externas (léase:
Gackt XD), y también a las más férreas defensoras del Haitsu que
conozco. Así que este fic va para: Mari-chan y Pame,
especialmente por lo mucho que las hago sufrir con CW (^_^), y
también para Nika, Aiko-chan, Jinchan, Shinobu, Arashi y todas
las pro-Haitsus que se me quedan en el tintero (yo y mi memoria,
ya me conocéis ^///^) Y también para mi twin, si es que consigo
que algún día lea algo de lo que escribo TT_TT
Fecha de publicación:
26
de noviembre de 2007 |
“Querido Tetsu,
Mi devoción por ti crece con cada día
que pasa. No puedo dejar de maravillarme con cada pequeña cosa que
haces, con cada pequeño gesto que muestras. Haces que mi mundo sea más
luminoso. Quisiera estar contigo cuando cierras los ojos cada noche y
cuando los abres cada mañana.
Te amo.”
Ken levantó una ceja. La chica empezaba a ser bastante audaz. Dejó el
pequeño rectángulo de cartulina blanca de nuevo en el sobrecito perlado
de donde lo había sacado y devolvió éste a las profundidades del enorme
ramo de camelias rojas y blancas que descansaba en la mesa del camerino.
Había regalos de fans por todas partes, pero los ramos que enviaba
aquella chica anónima eran siempre los más vistosos, y sin duda, los más
caros. No reparaba en gastos para demostrarle a Tetsu su adoración por
él: había comenzado con dos docenas de rosas rojas y había continuado
con tulipanes rojos, orquídeas, azucenas, iris blancos y espléndidas
combinaciones de flores exóticas de colores vibrantes, colores que
evocaban el arco iris y hacían que a Tetsu le brillaran los ojos de puro
deleite.
La puerta del camerino se abrió y Yuki hizo su aparición, seguido de
Hyde y Tetsu, que venían parloteando alegremente. Ken se apartó del
ramo, cruzó las manos a su espalda y compuso su rostro de inocencia más
convincente para hacer creer a su líder que no había estado curioseando
en los mensajes de su admiradora secreta… otra vez.
-¿Otro ramo? –Yuki levantó las cejas, ligeramente sorprendido. La chica
misteriosa había enviado ya tres aquella semana, y eso era excesivo
hasta para ella.
-No –bromeó Ken, mientras Tetsu soltaba un “¡wiiiiii!” muy emocionado y
muy poco maduro (por no mencionar masculino), y corría a abrazar
literalmente su nuevo ramo de flores, hundiendo la nariz entre ellas con
una enorme sonrisa-. Es el nuevo tocado que va a lucir Haido esta noche.
El vocalista le lanzó una mirada de hastío y pasó olímpicamente de él
mientras observaba a Tetsu con una ligera sonrisa en los labios.
-Te gusta, ¿ne, Tetchan?
-¡Son mis flores favoritas! –Exclamó el bajista, riendo como un niño,
aún abrazado al enorme ramo que casi no podía abarcar con ambos brazos-.
¿Cómo ha podido averiguarlo?
Yuki se sentó por allí, prendiendo un cigarrillo.
-Es pura estadística. Te ha enviado ya prácticamente todas las especies
del reino vegetal, algún día tenía que acertar.
-Cuando se le acaben las flores, empezará a mandarte hortalizas –le
siguió la broma Ken, sentándose junto al batería y robándole el
cigarrillo-. Es extraño que aún no te haya enviado un ramo de plátanos.
Tetsu les lanzó una mirada de reproche, pero no podía enfadarse
realmente. Estaba demasiado feliz. No sabía quién era aquella chica,
porque las tarjetas siempre venían sin firmar, y tampoco era la primera
fan que lo colmaba de regalos; pero, por algún motivo, aquellas flores y
las notas de amor que enviaba con ellas le hacían sentir como un
adolescente de nuevo. Aunque, claro… tampoco es que eso supusiera
demasiada diferencia en su yo habitual.
Los ramos habían comenzado a llegar alrededor de un mes antes, justo al
comienzo de la gira. Una vez a la semana, aproximadamente, entre todos
los regalos que sus fans enviaban al auditorio donde fueran a tocar ese
día, los miembros del staff encargados de aquel cometido colocaban un
ramo de flores que siempre sobresalía entre los demás que pudiera haber.
Por su tamaño, por la elección de las flores que lo componían, por los
colores de éstas… Y siempre acompañado de una nota sin firmar e impresa
por ordenador, donde su admiradora secreta, como ya la llamaban entre
todos, le hablaba de lo mucho que lo admiraba, de lo mucho que lo amaba,
ensalzándolo sin llegar a la exageración, sin el entusiasmo habitual de
sus fans más jóvenes; lo que llevaba a Tetsu a pensar que se trataba de
una mujer y no de una adolescente, lo cual aumentaba aún más su
entusiasmo y la expectación con la que aguardaba día a día la llegada de
un nuevo ramo y, tal vez, la tarjeta firmada que le revelara por fin el
nombre de aquella desconocida.
-No deberías entusiasmarte tanto –le dijo Ken, mientras Tetsu pescaba el
sobrecito perlado que yacía entre tallos y hojas verdes, y extraía la
preciada nota-. Podría tratarse de un psicópata. Un violador o algo así.
Mucha flor y todo lo que quieras, pero esto ya huele a acoso.
-Venga ya, Ken –protestó el líder-. Es una chica.
-¿Y una chica no puede ser una psicópata? Acuérdate de la última novia
de Yuki.
-Olvídate de mí, Kitamura. Además, te recuerdo que me la presentaste tú
–se enfurruñó el batería, asestándole un pescozón.
-¿Y cómo estás tan seguro de que es una chica? –insistió Ken, esquivando
el pescozón por los pelos.
-¡Porque me manda flores! –replicó Tetsu, haciendo un gesto de evidencia
hacia el ramo que había vuelto a colocar en la mesa.
-Claro… porque los hombres nunca mandan flores –se chanceó Ken,
sarcástico.
-No a otros hombres –fue la seca respuesta de Tetsu mientras estrechaba
los ojos.
Mientras Hyde y Yuki soltaban la previsible carcajada, Ken resopló
irritado.
-Tetchan… ¿realmente eres así de ingenuo o sólo pretendes provocarme una
úlcera?
El bajista sonrió burlón, dándole a Ken la respuesta a su pregunta.
-Estoy seguro de que es una chica –insistió, no obstante-. Las cosas que
dice, su forma de expresarse… son las de una chica.
-¿Cómo lo sabes? –presionó Ken, aunque también estaba convencido de que
se trataba de una fémina. Sólo le gustaba picar a su amigo-. Utiliza un
lenguaje neutro. Podría ser tanto un chico como una chica.
Se dio cuenta de su metedura de pata más o menos hacia la mitad de la
última frase. Tetsu le clavó una mirada glacial.
-Ups.
-Así que no has leído nunca las tarjetas, ¿verdad?
Pillado en falta, el guitarrista optó por no replicar. Probablemente sin
pretenderlo, Hyde le ayudó, cambiando ligeramente de tema.
-Pues yo creo que es un detalle muy romántico.
Los tres miembros restantes de L’Arc-en-Ciel lo miraron con ojos
desorbitados. Hyde dio un respingo.
-¿Qué? ¿Qué pasa?
-¿Tú has pronunciado la palabra “romántico”? –preguntó Tetsu, perplejo.
-Y sin vomitar después… -añadió Ken, maravillado.
-¿A qué viene eso? ¡Yo soy romántico!
La carcajada fue general. Hyde estaba indignadísimo.
-¡Ya está bien! ¿Quién ha estado escribiendo las letras para esta banda
desde hace quince años?
-Yo –dijo Tetsu alegremente.
-Y yo –añadió Ken.
-Incluso yo –remató Yuki.
-¡Idos a la mierda! –bramó Hyde, colérico-. Venga ya, Yuki, ¿tú también
crees que no soy romántico?
-A mí no me metas en esto, Haido –el batería sacudió la cabeza y
retrocedió, como si el vocal le estuviera tendiendo una bomba activada-.
Sigue ignorándome, como hasta la fecha. Soy el último mono, el
invisible, el eslabón perdido…
-Caramba, Yuki. Sí que te ha afectado eso –se sorprendió Tetsu, a pesar
de que el batería estaba hablando en tono jocoso-. Será mejor que dejes
de entrar a las páginas web de nuestras fans.
-Sí, con fans como ésas quién necesita enemigos –rezongó Hyde entre
dientes.
-¡Exacto! A partir de ahora, sólo utilizarás Internet para lo que todo
hijo de vecino: para descargar porno.
Aprovechando el cambio de tema, Tetsu regresó a sus flores y a leer por
fin la nota que su admiradora secreta le había enviado esta vez. Hyde,
aún enfurruñado porque todos sus amigos lo consideraban poco romántico,
se dio cuenta de que ya nadie le prestaba atención (pues Yuki trataba de
eludir las explicaciones de Ken sobre las mejores páginas de Internet
donde descargar pornografía), y su hosco semblante se difuminó en un
abrir y cerrar de ojos, mientras se sentaba en un rincón y observaba a
su Intrépido Líder que leía una y otra vez la nota incluida en las
flores, con ojos brillantes y una sonrisa de idiota bailándole en los
labios.
Hyde sonrió a su vez, sintiendo un calorcillo especial envolviéndole el
corazón.
¿Que no era romántico? Si ellos supieran…

Algunos días después, llegó otro ramo más, y otra nota. Esta vez, sin
embargo, se lo entregaron en la recepción del hotel donde se hospedaban,
nada más llegar a Nagasaki.
-Ogawa-san… Un mensajero dejó esto para usted –el recepcionista le
tendió un enorme ramo de crisantemos blancos-. Traía instrucciones de
que se lo entregáramos personalmente.
Tetsu se quedó estático mientras recibía las flores. Ken se estremeció a
su lado.
-¿Crisantemos? ¿Eso no se le pone a los muertos? ¡Demonios, qué tía más
siniestra! ¡Te dije que era una psicópata!
-¡Cállate, Ken! –Ordenó Hyde, bruscamente, mientras los cuatro se
dirigían hacia los ascensores, seguidos de su manager y de un pequeño
ejército de miembros del staff, encargados de supervisar y llevar hasta
sus habitaciones los equipajes de los músicos-. Los crisantemos
simbolizan la sinceridad y la nobleza.
-No deja de ser siniestro –insistió el guitarrista, haciendo muecas de
desagrado.
-Estás muy callado, Tetchan –apuntó Yuki, percatándose de que el líder
no parecía tan entusiasmado con sus flores como era habitual.
-¿Eh? Ah, no, estaba pensando… ¿Cómo ha sabido dónde nos hospedábamos?
Las puertas del ascensor se cerraron tras ellos. Los miembros del staff
subirían en el otro, pero Shiozu-san, su manager, iba con ellos.
-No es algo difícil de averiguar. Aquí no hay demasiados hoteles de
cinco estrellas y seguramente dedujo que no ibais a hospedaros en una
pensión –apuntó el hombre, sin darle mucha importancia.
-¿Tú sabías que había llegado este ramo? –le consultó Yuki.
-No. Os mandan demasiados regalos, chicos. Mi trabajo no es hacer un
registro de cada uno, ¿sabéis? Pero si creéis que es importante, puedo
averiguar a través de qué agencia de mensajería se envió y localizar así
al remitente.
-¿Podrías hacer eso? –los ojos de Tetsu empezaron a brillar,
esperanzados.
-No creo que sea una buena idea –intervino Hyde, visiblemente nervioso-.
¿Y si resulta que es un callo? ¿O Ken tiene razón, y es una pirada?
[1]
-Una pirada no puede escribir estas cosas, Haido. Y, sinceramente, no me
importa si es guapa o no. Sólo quiero conocerla. Tengo curiosidad.
-Conocerla, ¿y luego qué? –inquirió el vocalista, en un tono extraño que
nadie supo interpretar.
-Pues… no sé… Podría invitarla a cenar… para agradecerle las flores.
-Tetsu, ¿te das cuenta de que podría tratarse de una cría
preadolescente? –Yuki trató de apelar al sentido común.
-Una niña no escribiría como escribe ella –aseguró Tetsu, que se veía
tan ilusionado que resultaba conmovedor-. Búscala, Shiozu-san, por
favor. Necesito saber quién es.
-Dalo por hecho.
-¡Sigo creyendo que no es una buena idea! –protestó Hyde mientras las
puertas del ascensor se abrían y Tetsu salía casi disparado hacia su
suite, con su ramo de crisantemos entre los brazos; probablemente, con
la intención de ponerlo en agua cuanto antes. Hyde hizo ademán de ir
tras él, pero Ken lo agarró de un brazo y lo mantuvo donde estaba-.
¡Suéltame, Ken!
-Antes tenemos que hablar de una cosa, Haido. Acompáñame a mi
habitación, ¿quieres?
-¡No, no quiero! –Hyde se retorció para soltarse, pero el guitarrista se
lo llevó casi a rastras, dejando atrás a un vacilante manager que no
sabía si acudir en auxilio del vocalista o dejarlos estar, y a un
batería que ya estaba más que curado de espantos y que, meneando la
cabeza con resignación, se encaminaba hacia su suite tranquilamente-. ¡Yamete!
-No tienes opción de negarte, enano. El “¿quieres?” era una pregunta
retórica –Ken lo mantuvo bien sujeto hasta llegar a su suite, deslizó la
tarjeta magnética por la ranura del dispositivo acoplado a la puerta y
empujó ésta, abriéndola y obligando a Hyde a entrar sin la menor
delicadeza.
-¿Se puede saber qué puñetas quieres? –rugió el pequeño vocal,
apartándose de su compañero.
-¿Cuánto tiempo más vas a pasar sin decírselo?
-¡¿Sin decirle a quién qué?!
-Sin decirle a Tetchan que lo amas.
Hyde se quedó paralizado. Sus ojos muy abiertos, como un personaje de
anime. Resultaba cómico, y Ken no pudo evitar echarse a reír.
-Si te vieras ahora…
-No ha tenido gracia, gilipollas.
-Hablo en serio, Haido. ¿A quién pretendes engañar? Te conozco desde
hace siglos, enano. Estás pilladísimo por nuestro Intrépido Líder.
Prácticamente babeas el suelo que pisa. Y esa obsesión que te ha dado
por meterle mano en el escenario… Te daría lo mismo tatuarte en la
frente “quiero tirarme a mi bajista”.
Como solía ocurrir cuando alguien daba de lleno en la diana de sus más
oscuros secretos, Hyde enrojeció violentamente y se quedó sin argumentos
para discutir.
-¿Lo ves? Eres incapaz de negarlo. Y luego está el tema de las flores.
El vocalista dio un respingo.
-¿Qué…? –balbuceó, inseguro.
-Esa chica, sea quien sea, te está comiendo terreno, Haido –siguió Ken-.
Tetsu está realmente entusiasmado con esa “admiradora secreta”, y si
consigue averiguar quién es, ten por seguro que se pondrá en contacto
con ella. Es lo suficientemente idiota como para hacerlo, sin importarle
los riesgos.
Hyde esbozó una sonrisa que podía ser amarga o irónica.
-Podría llevarse una buena decepción.
-O podría resultar ser el amor de su vida.
Hyde levantó la mirada hacia él, con una intensidad extraña.
-¿Puedo irme ya?
-No piensas decirle nada, ¿verdad?
Hyde no contestó. El guitarrista resopló, exasperado.
-Eres idiota, enano.
Se apartó de la puerta, que había estado bloqueando desde que entraran,
y dejó que Hyde saliera por ella, sin decir una sola palabra más. Había
algo muy raro en el comportamiento del vocalista, pero no lograba
ubicarlo. Claro que, después de todo, Hyde siempre tenía algún misterio
escondido.

“Mi queridísimo Tetsu.
Te quiero más de lo que puedas suponer. Te has convertido en una parte
fundamental de mi existencia. Ya no me importa reconocer que, si sigo
respirando, es por ti. Tantas veces la oscuridad de mi interior me ha
impulsado a desear poner fin a mi vida, y tantas veces me he detenido a
un paso del abismo… Tu sonrisa aparecía ante mis ojos, como una señal
enviada por unos dioses en los que no creo. Una señal de que aún me
queda algo por lo que vivir. Y ese algo eres tú.
Te necesito. Te amo.”
Tetsu comprendió entonces el significado de los crisantemos. Aquella
nota era inquietante. Seguía siendo una carta de amor en toda regla,
pero esas insinuaciones sobre el suicidio… ¿Tendría Ken razón y estaba
enfrentándose a una perturbada mental? Le entristecía enormemente
considerar esa posibilidad. Había llegado a fantasear con conocerla, con
iniciar una amistad, un romance incluso.
Dejó la nota a un lado, y se tendió en la cama, con los brazos sobre los
ojos. ¿En qué estaba pensando? Sólo era una fan, una como muchas otras,
que creía haberse enamorado de él si conocerle en absoluto. Se prendaban
de la imagen pública, del personaje sobre el escenario. Aquella chica no
sabía nada sobre el verdadero Tetsu.
Sería mejor que se olvidase de ella y de sus flores. Tal vez incluso
debería ordenar al staff que se deshiciera de los ramos conforme
llegaran, o que enviara a los mensajeros de vuelta con ellos, hasta que
la chica asumiera el rechazo. Sería algo cruel, pero quizás fuera lo
mejor.
Sin embargo, las alusiones al suicidio no se le iban de la cabeza. ¿Y si
su admiradora secreta se tomaba el rechazo a la tremenda y cometía una
locura? Él sería el único responsable.
Se incorporó en la cama, cada vez más mortificado. ¿Qué debía hacer?

Después de aquello, Tetsu no volvió a
recibir más flores. Mientras sus compañeros parecían haberse tomado
aquella novedad como una buena noticia, el bajista nadaba en un mar
de incertidumbre. ¿Habría cometido finalmente una insensatez su
misteriosa admiradora? Shiozu-san no había conseguido encontrarla, a
pesar de todas sus indagaciones. Sólo sabía que la chica había
enviado todos los ramos desde distintas floristerías, todas ellas
ubicadas en las mismas ciudades en las que L’Arc-en-Ciel se había
detenido durante aquella gira. Era como si hubiera estado
siguiéndoles desde Tokio, lo cual no era nada sorprendente, ya que
era un comportamiento habitual en muchas fans.
Lo extraño era que en ninguno de aquellos establecimientos habían
sabido darle ni siquiera una descripción de la misteriosa
compradora. En algunas decían que habían recibido el pedido vía
Internet, en otras por teléfono y en otras simplemente se negaban a
proporcionarles ningún tipo de información por ser “confidencial”.
Por más que insistieron, la respuesta a la petición de un nombre era
siempre la misma: “no podemos dar esa clase de datos acerca de
nuestros clientes”.
-Tetchan…
El bajista volvió a la realidad. Se hallaba en el escenario, con su
bajo en las manos, durante la prueba de sonido para el concierto de
aquella noche. Habían pasado casi tres semanas sin noticias de su
admiradora secreta.
Hyde se había acercado a él y lo observaba con preocupación.
-¿Sí, Doihachan?
-¿Estás bien? ¿Sigues preocupado por esa chica?
Tetsu asintió.
-Si hubieras visto su última nota… Y los crisantemos… Haido, ¿y si
era una nota de despedida? ¿Y si me estaba diciendo que iba a
suicidarse porque yo no estaba con ella?
Hyde se mordió los labios. Tetsu se veía tan angustiado…
-Tranquilo, Tetchan. Seguro que está bien. Se habrá quedado sin
dinero para comprarte más flores –trató de bromear, pero sólo logró
arrancarle a Tetsu una sonrisa temblorosa.
-Es que… me siento muy culpable… Si al menos tuviera un modo de
averiguar si está bien o no…
Hyde le puso una mano sobre el hombro y se lo apretó con cariño.
-Ya verás como pronto recibes noticias suyas.
-Ojalá…

Y, como si hubiera
sido una invocación, justo al día siguiente, un mensajero se
presentó en el hotel con un ramo de margaritas blancas preguntando
por Ogawa Tetsuya.
El bajista casi voló desde la cafetería donde desayunaba con sus
compañeros y el staff hasta la recepción, eufórico, experimentando
un alivio como jamás en su vida había sentido. Regresó a la carrera,
con su ramo de flores aferrado entre sus brazos como si fuera su
mayor tesoro, una enorme sonrisa plasmada en su rostro de niño, y
las mejillas arreboladas.
-¡Ha mandado otro, ha mandado otro! –exclamó, irrumpiendo en la
cafetería y llamando la atención de todo el mundo. A esas alturas,
todo el staff estaba al corriente de la situación, y rieron ante el
entusiasmo del líder, que corrió de vuelta a la mesa donde sus
compañeros y su manager le esperaban-. ¡Tenías razón, Haido! ¡Se
encuentra bien!
-¿Ya has leído la nota? –preguntó el vocalista, sin poder evitar
sonreír, contagiado del júbilo de su amigo.
-No, aún no –jadeó Tetsu, dejando el ramo sobre la mesa con mucho
cuidado mientras recuperaba el aliento.
-Vaya… qué ramo más simplón. Margaritas –comentó Ken, con cierta
decepción.
-¡Ahí radica precisamente la belleza del ramo, ignorante! –le ladró
Hyde, indignado-. Las margaritas simbolizan la sencillez y la
inocencia. Es justo el mensaje que…
Hyde cerró la boca de golpe, pero Ken no iba a dejarle ir tan
fácilmente.
-¿Es justo el mensaje que…?
-Que Tetsu necesitaba recibir. ¿No es obvio? –le espetó Hyde,
molesto-. Lleva semanas preocupadísimo por esa chiflada. Una suicida
en potencia no envía margaritas.
-A lo mejor está perdiendo el interés –replicó Ken, cáustico.
-A lo mejor se está quedando sin dinero –apuntó Yuki, más
apaciblemente.
-A lo mejor os vais los dos un poquito a la mierda –gruñó Hyde,
asesinándolos con la mirada.
-Ya vale, chicos –suspiró Shiozu, viendo cómo Tetsu buscaba la nota
que sin duda estaría sumergida entre las flores-. ¿Ocurre algo,
Tetsu-san?
-No encuentro la nota… -contestó el bajista, con creciente
nerviosismo.
-¿No está? –se sorprendió Hyde.
-Pues no… -Tetsu levantó la mirada hacia ellos. De pronto, parecía
asustado-. ¿Y si no es de ella? A lo mejor sí que le ha pasado algo…
-¡Ay, Tetchan, por favor, no seas agonías! –el vocalista se levantó
rápidamente-. Seguro que se te cayó por el camino, con esas carreras
que te has pegado. Voy a buscarla.
Antes de que nadie pudiera detenerlo, Hyde salió de la cafetería a
toda prisa. Sus ojos se movieron rápidamente por el pasillo que
Tetsu había recorrido hasta llegar a la recepción del hotel y,
efectivamente, el diminuto sobre perlado estaba allí, junto al
zócalo. Sonrió, sacudió la cabeza y lo recogió antes de regresar a
la cafetería y plantarlo ante las narices de Tetsu.
-¿Lo ves?
El bajista lo atrapó a toda prisa y lo abrió, extrayendo la esperada
tarjeta de cartulina. Sus ojos se agrandaron al leer rápidamente su
contenido.
-¿Qué dice? –le urgió Yuki, tan emocionado e impaciente como lo
estaban todos… por más que se negaran a reconocerlo.
-Quiere verme… -musitó Tetsu, sin apartar la mirada de la nota.
-Menuda novedad. ¿No es eso lo que quiere siempre?
-No. Quiere quedar conmigo. Me propone un lugar y una hora –por fin
el líder levantó la mirada. Sus ojos resplandecían.
-¿Vas… vas a ir? –inquirió Yuki, vacilante.
-No lo sé… Supongo. Debería, ¿no?
-¡Claro que no! –Exclamó Ken-. ¿Estás loco? Dile algo, Haido.
-Creo que deberías aceptar –dijo el vocalista, serenamente.
-¡¿Qué?! ¿No eres tú el que puso el grito en el cielo cuando Tetsu
quiso averiguar quién era?
-Bueno, pues he cambiado de idea. ¿O es que no puedo? –Hyde le clavó
una mirada fulminante.
-Haido, ¿te acuerdas de nuestra conversación en mi suite? –masculló
Ken entre dientes, con marcado sarcasmo.
-En absoluto –le espetó Hyde, sin inmutarse, dejando al guitarrista
con un palmo de narices. A continuación el vocal se volvió hacia
Tetsu-. ¿Qué te dice exactamente?
-Se disculpa por la última nota… Dice que teme haberme preocupado… Y
también me pide perdón por no haber dado señales de vida en tres
semanas –se sonrojó ligeramente-. Es sorprendente. Es como si… me
leyera la mente.
-A lo mejor lo hace –masculló Ken, mirando a Hyde con sospecha. El
vocalista no se dio por aludido.
-¿Dónde te ha citado? –preguntó en cambio.
-En Tokio… quiere verme cuando volvamos de la gira. Es la dirección
de un club de Roppongi, donde suelo ir a menudo… Qué curioso.
-Sí, muy curioso –siguió Ken, sin quitarle a Hyde la vista de
encima.
Con el líder más tranquilo, terminaron de desayunar y se dirigieron
a sus habitaciones para prepararse para la rueda de prensa que
darían una hora más tarde, antes del concierto de aquella noche, el
penúltimo antes del cierre de la gira en el Tokyo Dome, como era ya
costumbre.
Una vez más, Ken interceptó a Hyde al separarse a la salida del
ascensor.
-Aguanta un momento, enano.
-¿Y ahora qué quieres? –suspiró Hyde, armándose de paciencia.
-Has sido tú quien le ha enviado esas flores, ¿verdad?
Y una vez más, Hyde se quedó paralizado.
-No lo niegas. Lo sabía.
-… -Hyde sólo acertó a abrir la boca y volver a cerrarla.
-No voy a decirle nada, tranquilo. Lo que has hecho está bien.
Tetchan estaba demasiado preocupado por no tener noticias de esa
pirada. Pero, ¿qué va a pasar con esa cita, eh? ¿Cómo se te ha
ocurrido una idea así? ¿Qué crees que pensará cuando vea que no
aparece nadie?
-No sabes lo que estás diciendo, Ken. Estás muy equivocado.
Hyde estaba muy serio, y le miraba fijamente a los ojos.
-Lo que tú digas, Haido. Pero será mejor que hagas algo con esa cita
que tú no has organizado.

La gira terminó y los cuatro compañeros
volvieron a sus vidas privadas y a un merecido descanso. Tetsu guardaba
la última nota de su admiradora secreta como si fuera la clave de los
misterios del universo. Cuanto más se aproximaba el día de la cita, más
aumentaba su excitación. Se moría de ganas de conocerla, aunque no
estaba muy seguro aún de qué esperaba encontrar. Le daba la risa al
darse cuenta, avergonzado, de que él debía estar casi tan nervioso como
ella ante la perspectiva de aquel primer encuentro.
Cuando llegó el gran día, o, mejor dicho, la gran noche, Tetsu se
encaminó hacia el club donde su misteriosa desconocida lo había citado.
Realmente era uno de sus locales predilectos de la ciudad; un lugar
tranquilo y discreto, donde no había riesgo de toparse con una caterva
de periodistas de la prensa rosa a la caza y captura de un jugoso
titular. Allí era donde solía citarse con sus esporádicas conquistas, y
por eso le había sorprendido tanto que ella eligiera precisamente aquel
lugar. Una vez más se preguntó si Ken no tendría razón y era una loca
peligrosa que se había dedicado a seguirlo a escondidas dondequiera que
iba. Estuvo a punto de dar media vuelta y no acudir a la cita, pero se
recordó que aquel club iba a estar atestado de gente y que no corría
ningún peligro.
Además, se moría de curiosidad.

Pasaban diez minutos de la hora fijada y Tetsu seguía solo, sentado en
una mesa pequeña, circular, decorada con una vela que flotaba en un
bonito cuenco de cristal lleno de un líquido azul eléctrico. El bajista
sentía que su nerviosismo aumentaba con cada minuto que pasaba. ¿Y si no
venía? ¿Y si había cambiado de idea?
De pronto, sintió una mano en su hombro y dio un respingo, girándose tan
bruscamente que sobresaltó al recién llegado, que no era otro que Hyde.
-Qué susto me has dado…
-Lo siento –se disculpó el vocalista con una risilla.
-¿Qué haces aquí?
Hyde vaciló antes de contestar.
-Recordé que hoy era el día de tu cita y… pensé en venir a desearte
suerte –sonrió maliciosamente-. Y a darte un par de consejos sobre
seducción.
-No necesito tus consejos, muchas gracias –protestó el líder, antes de
echar otro vistazo a la puerta de entrada del local y luego a su reloj.
-¿Se retrasa?
-Un poco…
-Tranquilo, Tetchan. No todo el mundo tiene un sentido de la puntualidad
tan desquiciado como el tuyo. Seguro que no tarda en aparecer.
-Hn… -fue la distraída respuesta del bajista, que seguía oteando en
busca de su posible cita-. No habrás visto a nadie que pudiera ser ella,
¿verdad?
Hyde tomó asiento junto a él, sin esperar invitación. Se llevó un
cigarrillo a los labios y lo prendió mientras contestaba:
-¿Alguien con cara de haber quedado contigo? Pues no –bromeó.
-Muy gracioso.
Permanecieron en silencio unos minutos. Tetsu seguía esperando, mientras
su impaciencia iba tiñéndose de decepción. Hyde sintió que el corazón se
le apretaba un poquito al verlo así y, tomando aliento, empezó:
-Tetchan…
-¿Hm?
-¿Cómo crees que será?
El bajista apartó la atención de entrada del club por fin, y la fijó en
su amigo, interesado en la pregunta.
-Pues… no sé –sonrió y su rostro se iluminó como por arte de magia-.
Creo que es una mujer compleja. Interesante. Con mucho mundo interior.
Sofisticada… apasionada… un poco inquietante –rió azorado.
Hyde esbozó una extraña sonrisa ladeada.
-¿Todo eso lo sacas de esas notitas de amor?
-Es la forma en la que se expresa. La forma en la que habla de sí misma
y de lo que siente…
-Las notas eran muy cortas…
-Pero intensas. Sabe elegir las palabras. Y esa nota final, la que
hablaba de suicidio… -su rostro se ensombreció-. Es horrible que diga
esto pero, a pesar de lo mucho que me asustó, también me hizo ver que no
está vacía por dentro. Es una mujer fascinante.
-Hablas como si… te estuvieras enamorando de ella, y no la conoces –Hyde
bajó la mirada a sus manos, repentinamente interesado en ver cómo iba
consumiéndose su cigarrillo en la penumbra.
-A lo mejor es así. ¿Tú crees? –Tetsu lo miró como un niño confuso. Hyde
tragó saliva.
-Tetchan, yo… Tengo que decirte una cosa.
-¿Sí?
Hyde le sostuvo la mirada durante un largo instante. En su interior se
desarrollaba una pugna entre sus sentimientos y su sensatez. Por un lado
ardía en deseos de confesarle el profundo amor que le profesaba; por
otro lado, se gritaba a sí mismo que mantuviera la boca cerrada y se
largara de allí antes de meter la pata hasta el fondo.
Desgraciadamente, ganó su sentido común.
-Me voy a Wakayama este fin de semana. Mi madre tiene síndrome de
abstinencia de hijo, y quiere mimarme un poco –logró esbozar una sonrisa
bastante sincera-. Así que, si tu cita no sale como esperabas, a lo
mejor te gustaría venirte conmigo.
Tetsu no se lo pensó mucho. Con una sonrisa vacilante ante el repentino
cambio de tema, asintió.
-Sí, claro. Me encantaría.
-Estupendo. Ahora será mejor que me vaya –se levantó y le dio un apretón
en el hombro-. Suerte, Tetchan. Y… si no sale bien… no te preocupes. El
problema estará en ella, que seguro que está loca. Porque tú… eres
perfecto –añadió, con una cálida sonrisa.
Tetsu enrojeció, aunque las luces bajas del club lo ocultaron a la
perfección.
-Gracias, Doihachan.
Llevándose consigo la dulce sonrisa de Tetsu para mitigar un poco la
culpa que lo devoraba por dentro, Hyde se marchó sabiendo que aquella
chica jamás aparecería.

El fin de semana siguiente, un Tetsu que aún
arrastraba su decepción por haber sido plantado por su admiradora
secreta, bajaba del tren en la estación de Wakayama, junto con un Hyde
especialmente taciturno y sombrío.
El bajista no había dicho nada acerca de su cita frustrada. Hyde había
amenazado a Ken y a Yuki con despellejarlos y cocinarlos a fuego lento
si se les ocurría hacer la menor mención al respecto, y el propio
vocalista se había guardado muy mucho de abrir la boca. Pero Tetsu sabía
que Hyde intuía lo que había pasado… y Hyde se debatía de nuevo entre su
cobardía y su amor hacia su líder, entre el miedo a perderlo y el
sentido del deber que le impulsaba a ser sincero con él.
Por fortuna, la madre de Hyde era una mujer divertida y muy cariñosa, y
logró levantar el ánimo de los dos amigos en un abrir y cerrar de ojos;
especialmente el de Hyde que, cuando tuvo ante sí una muestra del
delicioso arte culinario de su progenitora, olvidó todas sus penas por
arte de magia.
El último día, antes de regresar a Tokio, Tetsu entró en el dormitorio
de invitados que ocupaba en el hogar de los Takarai, y se encontró con
una sorpresa que le dejó sin habla durante largos segundos.
En el futón, destacando sobre la colcha de color lavanda, había un
ramillete de blancas flores silvestres, atadas con una cinta roja. Era
pequeño, nada que ver con los elaborados arreglos florales que había
estado recibiendo hasta la fecha; un ramillete casero de campanillas
blancas.
Al cabo de unos segundos, su respiración se reanudó mientras se reía de
sí mismo. Probablemente había sido un detalle de Aki-san. La madre de
Hyde adoraba mimar a sus invitados, especialmente a él, a quien trataba
como a un segundo hijo.
-Oh, qué lindo –una voz femenina exclamó a su espalda. Aki-san estaba en
la puerta, con un montón de ropa recién planchada en los brazos,
observando curiosa el ramillete que Tetsu acababa de recoger de la cama.
El bajista la miró, sorprendido.
-¿No lo has dejado tú aquí, obasan? [2]
-¿Yo? Pues no. Pero es una buena idea. Un bonito detalle para los
invitados –afirmó, risueña-. Tal vez haya sido Hide-chan. Hace un rato
estaba en el jardín de atrás, hurgando entre los parterres.
Hyde…
Empujado por una repentina sospecha, Tetsu buscó entre las delicadas
campanillas. Justo como esperaba: una nota cayó de entre las flores y se
posó suavemente sobre el futón.
-Te dejo con tus flores –dijo Aki-san con una sonrisa y un pícaro guiño
que recordaban a los gestos de su hijo-. Voy a seguir con mis tareas.
Cuando se quedó a solas, Tetsu recogió la nota mientras miles de
preguntas y posibles respuestas surcaban su mente. Esta vez no había
sobre perlado, y el mensaje estaba escrito a mano en un simple papel
doblado en dos. Era sin duda la letra de Hyde.
“Tetchan.
Perdóname por lo mal que lo has pasado por mi culpa. Sé que estabas
preocupado por esa chica. Debí decirte la verdad desde el principio…
Pero me dio miedo. Igual que me da miedo ahora enfrentarme a ti para
revelarte lo que realmente ha pasado.
No hay tal chica. Nunca la hubo. Las flores son mías. Siempre fueron
mías. Desde el primer al último ramo. Y las notas también. No soy bueno
con las palabras, a menos que sean escritas o cantadas… Y no me iba a
poner a cantarte como si estuviéramos en un absurdo musical…
Nunca tuve la intención de reírme de ti. Nunca quise hacerte daño en
ningún sentido. Pero necesitaba abrirte mi corazón, decirte lo que
siento por ti. Y esta forma tan cobarde fue la única que se me ocurrió.
Espero que no me guardes rencor por haber hecho que te ilusionaras con
una mujer que jamás existió. Era yo, sólo yo. Pero aunque no sea lo que
esperabas, todo lo que dije en esas notas es cierto. Te amo, te
necesito, y eso no va a cambiar… me aceptes o no.
Hyde.”
Tetsu releyó el mensaje una docena de veces, incapaz de creerse lo que
se plasmaba en aquel papel. ¿Hyde lo amaba? Su amigo no sería tan
retorcido como para gastarle una broma así, por lo tanto tenía que ser
verdad.
Sin embargo, le había estado engañando durante todo aquel tiempo; le
había dejado creer en aquella “admiradora secreta”; le había permitido
ilusionarse con la posibilidad de un romance con ella.
Y resultaba que “ella” había sido siempre Hyde.
No sabía si estaba enfadado, decepcionado, dolido o aliviado. No sabía
cómo sentirse y, hasta averiguarlo, no podía enfrentarse a él. Así que
se tendió en el futón, con el pequeño ramo de campanillas a su lado, y
fijó la vista en el blanco techo de la habitación, intentando encontrar
allí las respuestas que necesitaba.

Sentado en el jardín de su madre, entre los
cuidados parterres de flores de vivos colores, Hyde canturreaba para sí
un fragmento de Flower, mientras plasmaba en un bloc de dibujo la figura
de un cerezo que se alzaba al final del jardín.
Su canturreo y el movimiento de su mano sobre el papel se detuvieron al
escuchar unos pasos sobre la gravilla del sendero. Tetsu se acercaba a
él con el ramillete de campanillas en la mano. Hyde sintió que el
corazón se le subía a la garganta y una intensa sensación de pánico lo
atenazó sin previo aviso.
Le había dejado al bajista aquella confesión porque había decidido poner
fin a la mascarada de una vez por todas. Tetsu se merecía saber la
verdad y él apechugaría con las consecuencias, fueran cuales fueran.
Pero ahora que esas consecuencias se le venían encima, ya no estaba tan
seguro de que hubiera sido una buena idea.
El líder se salió del sendero de gravilla y atravesó los estrechos
caminitos de tierra que separaban los parterres de Aki-san, hasta llegar
a donde se encontraba Hyde. Éste dejó el bloc en el suelo y se levantó,
sacudiéndose la tierra del pantalón, y preparándose para lo peor.
Se sostuvieron la mirada durante un largo instante. Hyde intentaba no
parecer demasiado desesperado. Tetsu sólo reflejaba incertidumbre. Al
menos no parecía enfadado.
-¿Es esto cierto? –preguntó por fin el bajista, mostrándole a Hyde el
ramillete y la nota.
El vocalista, incapaz de hablar, asintió.
-Todo este tiempo… ¿fuiste tú? –Siguió Tetsu, aunque más que desear
constatar la confesión de su amigo, parecía estar hablando consigo
mismo-. ¿Por qué, Haido? ¿Por qué no me lo dijiste directamente? ¿Tanto
miedo te doy?
Parecía dolido, y Hyde apartó la mirada, avergonzado.
-No… lo que me daba miedo era tu reacción.
-¿Qué era lo peor que podría haber pasado? ¿Crees que iba a reírme de
ti?
El vocalista sacudió la cabeza, aún sin mirarle.
-Tenía miedo de que te sintieras incómodo… tenía miedo de que te
alejaras de mí.
Tetsu lo contempló durante largo rato, con algo parecido a la lástima.
Finalmente, con un suspiro borrascoso, tomó asiento en el parapeto de
piedra que rodeaba uno de los parterres de flores. Hyde, sintiéndose
demasiado vulnerable de pie frente a él, optó por imitarle, y se sentó a
su lado.
-Si no tenías pensado decírmelo nunca… ¿por qué empezaste a mandarme
estas notas?
Mientras ponía en orden sus pensamientos, Hyde mantuvo la atención fija
en una piedrecita del suelo, con la que jugaba, empujándola con el pie.
Tetsu esperaba pacientemente una respuesta.
-Al principio fue como una especie de purga espiritual. Necesitaba
sacarme todos estos sentimientos, hacértelos conocer de algún modo.
Sentía que si los retenía por más tiempo, acabaría explotándome el
corazón. Así que empecé a enviarte las flores, eligiéndolas por su
significado. Quería demostrarte que mi amor por ti era profundo,
apasionado, pero también puro. Nunca he sentido nada parecido por nadie
más. Y las notas… -apoyó las manos en el parapeto donde estaba sentado y
echó la cabeza hacia atrás, perdiendo la mirada entre las colgantes
ramas de un sauce llorón-. Reconozco que utilicé un lenguaje
deliberadamente neutro para que no pudieras saber si eran de un hombre o
de una mujer, porque prefería que creyeras que te las enviaba una fan.
Pero cuando me di cuenta de que a través de esas notas podía abrirte mi
corazón totalmente, sabiendo que tú nunca averiguarías quién estaba
detrás de ellas, empecé a sincerarme más y más –suspiró, derrotado-.
Nunca se me ocurrió que acabarías interesándote en tu “admiradora
secreta” hasta el punto de querer conocerla.
Tetsu guardó silencio, recordando líneas sueltas de aquellos mensajes
tan apasionados, tan honestos. Cada palabra destilaba un amor sin
tapujos hacia su persona. Recordó la descripción que le había dado a
Hyde en aquel club de Roppongi acerca de cómo creía que sería su “chica
misteriosa”, y enrojeció. Y, sin embargo, ahora que lo pensaba, era una
descripción que al propio Hyde le sentaba como anillo al dedo.
-¿Por qué dejaste de mandar las flores? –musitó, mientras la
perturbadora nota que hablaba de suicidio volvía a su memoria. ¿Cómo no
se había dado cuenta entonces de las similitudes con su vocalista? Hyde
había estado rozando el límite de la vida y la muerte en más de una
ocasión, y siempre había habido algo que lo había hecho reflexionar.
¿Sería cierto que ese algo era él mismo? Su corazón saltó en su pecho y
sus mejillas enrojecieron de nuevo. ¿Él era la razón de que Hyde aún se
aferrara a la vida?
El vocalista sonrió, avergonzado. No le había mirado en ningún momento
desde que había empezado a hablar.
-Porque te pusiste paranoico con los crisantemos. Nunca se me ocurrió
que no conocías el lenguaje de las flores y que sólo los relacionarías
con la muerte, igual que hizo Ken… Y, desde luego, hablarte de mis
tendencias suicidas en esa nota no ayudó mucho tampoco. Pero los
crisantemos representan la verdad, y ésa es mi mayor verdad, Tetchan: Si
sigo vivo es sólo por ti.
Tetsu se revolvió incómodo, y carraspeó. Tanta intensidad le descolocaba
por completo, pero aún quería oír más. Experimentaba una terrible
desazón provocada por las palabras de Hyde, pero no podía dejar de
sentirse conmovido en lo más hondo.
-Pero entonces te pusiste aún más paranoico porque la “chica misteriosa”
había desaparecido sin dejar rastro, y yo no podía soportar verte tan
preocupado por ella… Por eso te envié las margaritas –sonrió, recordando
la euforia de su amigo al recibirlas-, para que supieras que todo iba
bien y que “ella” no era tan oscura y siniestra como parecía.
-Los suicidas no envían margaritas –recordó Tetsu, parafraseando las
palabras que Hyde le había dirigido a Ken aquel mismo día. Hyde se
volvió por fin hacia él y asintió en silencio-. ¿Y la cita? Si no
querías que supiera que eras tú…
El vocalista se lamió los labios. Le estaba costando un esfuerzo
tremendo sincerarse con Tetsu, pero su relato ya llegaba al final. Luego
vendría la parte más difícil. Cuando Tetsu tuviera todas las respuestas
que buscaba… ¿qué haría con ellas?
-Decidí que ya era suficiente. Que no podía seguir engañándote. Tú
habías creado a una chica perfecta que no existía, y yo sabía que te
pondrías furioso cuando te contara la verdad, pero era mi deber hacerlo.
No soportaba seguir mintiéndote… y empezaba a estar celoso de mí mismo,
¿te lo puedes creer? –se echó a reír amargamente.
-Por eso estabas en el club aquella noche.
-Tu “chica misteriosa” acudió a la cita –esbozó una tenue sonrisa en la
que le pedía disculpas. El hecho de que Tetsu no pareciera enfadado le
daba ánimos-. Sólo que le dio miedo darse a conocer.
-¿Por qué, Haido? ¿Por qué ese miedo? No lo entiendo. Nos conocemos
desde hace años. Deberías saber que yo nunca te habría rechazado, nunca
me habría enfadado contigo. No lo estoy ahora.
-Ahora lo sé. Pero entonces no estaba seguro. Además… -apartó la mirada
de nuevo y, una vez más, sus mejillas se tiñeron de carmesí-. Tú no
dejabas de hablar de lo maravillosa que creías que sería tu “chica”, de
que debía ser una mujer fascinante… Estabas tan ilusionado con ella, que
no tuve valor, Tetchan… No pude hacerlo… Me di cuenta de que tenías unas
expectativas creadas que yo jamás podría cumplir. Por eso me fui sin
decirte nada. Y lo siento mucho. Fue una mala pasada por mi parte
dejarte esperando allí, pero… no sabía qué hacer.
Una mano se cerró sobre la suya en el parapeto de piedra, cortando sus
disculpas. Hyde levantó la mirada hacia su amigo, que le sonreía muy
suavemente.
-Haido, yo no estaba ilusionado porque fuera una mujer. Simplemente di
por sentado que sería una. Todos lo hicimos. Eso era lo que tú
pretendías, después de todo –el vocalista se mordió el labio, culpable,
pero Tetsu le apretó los dedos con ternura-. En realidad nunca me
importó que fuera hombre o mujer. Me sentía atraído por sus palabras,
por su forma de expresarse; me abrumaban sus sentimientos hacia mí.
Nunca en mi vida me había sentido tan amado por nadie. De algún modo,
sentía que no era la típica declaración de amor de una fan enamorada.
Sentía que era honesta. Cuando me preguntaste si me estaba enamorando de
ella y te dije que tal vez así era… no te mentía. Pero lo que me enamoró
de ella no fue su sexo, sino su corazón. El corazón que había detrás de
aquellos mensajes era lo que yo quería conocer, Haido. No me importaba
qué rostro tuviera. Nunca me importó.
Hyde lo escuchaba con los ojos muy abiertos, intentando aferrar cada
palabra y temiendo y deseando entender lo que creía estar entendiendo.
-¿Entonces…?
Tetsu empezó a responder algo, pero se detuvo y se volvió hacia el
parterre que tenía detrás, recorriéndolo rápidamente con la mirada hasta
encontrar lo que estaba buscando. Había visto aquellas pequeñas flores
de color malva, similares a margaritas, un rato antes, y las había
identificado porque eran las favoritas de su madre. Por casualidad,
también conocía su significado en el lenguaje floral, y esperaba que a
Aki-san no le importara que le robara una.
Se inclinó para cortarla con sumo cuidado y se la tendió a Hyde. El
vocalista pestañeó, desconcertado.
-Es un Áster Alpino. Significa aceptación.
Hyde comprendió y sus labios dibujaron una lenta sonrisa de alivio,
mientras tomaba la diminuta flor entre sus dedos.
-Y esto –entonces Tetsu se inclinó hacia él y posó sus labios sobre los
de su amigo, sorprendiéndolo-… es sólo porque no tengo rosas a mano.
Hyde se llevó los dedos a los labios, sintiéndolos arder a pesar de que
el beso había sido tan tenue como la brisa.
-Ten cuidado, Tetchan. Las rosas simbolizan el amor más profundo –trató
de bromear para ocultar su ofuscación.
-Lo sé.
El bajista le regaló una de sus más bellas sonrisas, antes de inclinarse
de nuevo para reclamar sus labios en un beso bastante menos tenue que el
anterior.
~Fin~
Notas:
1) Uso demasiado argot,
lo sé ^^U Callo = fea; Pirada = loca. [volver
arriba]
2) Imagino que a estas
alturas de la vida, Tetsu se tomará esas confianzas con la madre de
Hyde, ne? [volver
arriba]
Significado de las flores citadas en esta
historia, por orden de aparición:
1-Camelia roja.- Amor.
2-Camelia blanca.- Belleza perfecta, Pensamientos puros.
3-Rosa roja.- Pasión, Admiración, Amor profundo, Deseo.
4-Tulipán rojo.- Declaración de amor.
5-Orquídea.- Lujuria, Perfección, Pureza Espiritual.
6-Azucena.- Inocencia de Corazón, Candor, Virtud, Pureza.
7-Iris blanco.- Esperanza.
8-Crisantemo blanco.- Verdad, Sinceridad.
9-Margarita.- Sencillez, Amor inocente, “Pienso en ti”.
10-Campanillas: “Perdóname.”
11-Áster Alpino.- “Acepto tus sentimientos”.
Aaaah! Qué pastelosoooooooooo!
XDDDDDDDDDDDDDDD Pero me quedó lindo, ne? Me apetecía hacer algo menos
denso que CW >.<
R&R, plis ^^
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