BOUQUET

-por Ogawa Saya-

Notas: Este es un oneshot sencillito y sin pretensiones, que escribí entre 2 capítulos de de Careless Whisper, con el fin de “resetearme” y darle a mi mentecilla enferma un respiro XD Quiero dedicárselo a algunas personas que llevan siglos pidiéndome un “Haitsu Puro”, sin intervenciones externas (léase: Gackt XD), y también a las más férreas defensoras del Haitsu que conozco. Así que este fic va para: Mari-chan y Pame, especialmente por lo mucho que las hago sufrir con CW (^_^), y también para Nika, Aiko-chan, Jinchan, Shinobu, Arashi y todas las pro-Haitsus que se me quedan en el tintero (yo y mi memoria, ya me conocéis ^///^) Y también para mi twin, si es que consigo que algún día lea algo de lo que escribo TT_TT

Fecha de publicación: 26 de noviembre de 2007

 

“Querido Tetsu,

Mi devoción por ti crece con cada día que pasa. No puedo dejar de maravillarme con cada pequeña cosa que haces, con cada pequeño gesto que muestras. Haces que mi mundo sea más luminoso. Quisiera estar contigo cuando cierras los ojos cada noche y cuando los abres cada mañana.
Te amo.”


Ken levantó una ceja. La chica empezaba a ser bastante audaz. Dejó el pequeño rectángulo de cartulina blanca de nuevo en el sobrecito perlado de donde lo había sacado y devolvió éste a las profundidades del enorme ramo de camelias rojas y blancas que descansaba en la mesa del camerino. Había regalos de fans por todas partes, pero los ramos que enviaba aquella chica anónima eran siempre los más vistosos, y sin duda, los más caros. No reparaba en gastos para demostrarle a Tetsu su adoración por él: había comenzado con dos docenas de rosas rojas y había continuado con tulipanes rojos, orquídeas, azucenas, iris blancos y espléndidas combinaciones de flores exóticas de colores vibrantes, colores que evocaban el arco iris y hacían que a Tetsu le brillaran los ojos de puro deleite.

La puerta del camerino se abrió y Yuki hizo su aparición, seguido de Hyde y Tetsu, que venían parloteando alegremente. Ken se apartó del ramo, cruzó las manos a su espalda y compuso su rostro de inocencia más convincente para hacer creer a su líder que no había estado curioseando en los mensajes de su admiradora secreta… otra vez.

-¿Otro ramo? –Yuki levantó las cejas, ligeramente sorprendido. La chica misteriosa había enviado ya tres aquella semana, y eso era excesivo hasta para ella.

-No –bromeó Ken, mientras Tetsu soltaba un “¡wiiiiii!” muy emocionado y muy poco maduro (por no mencionar masculino), y corría a abrazar literalmente su nuevo ramo de flores, hundiendo la nariz entre ellas con una enorme sonrisa-. Es el nuevo tocado que va a lucir Haido esta noche.

El vocalista le lanzó una mirada de hastío y pasó olímpicamente de él mientras observaba a Tetsu con una ligera sonrisa en los labios.

-Te gusta, ¿ne, Tetchan?

-¡Son mis flores favoritas! –Exclamó el bajista, riendo como un niño, aún abrazado al enorme ramo que casi no podía abarcar con ambos brazos-. ¿Cómo ha podido averiguarlo?

Yuki se sentó por allí, prendiendo un cigarrillo.

-Es pura estadística. Te ha enviado ya prácticamente todas las especies del reino vegetal, algún día tenía que acertar.

-Cuando se le acaben las flores, empezará a mandarte hortalizas –le siguió la broma Ken, sentándose junto al batería y robándole el cigarrillo-. Es extraño que aún no te haya enviado un ramo de plátanos.

Tetsu les lanzó una mirada de reproche, pero no podía enfadarse realmente. Estaba demasiado feliz. No sabía quién era aquella chica, porque las tarjetas siempre venían sin firmar, y tampoco era la primera fan que lo colmaba de regalos; pero, por algún motivo, aquellas flores y las notas de amor que enviaba con ellas le hacían sentir como un adolescente de nuevo. Aunque, claro… tampoco es que eso supusiera demasiada diferencia en su yo habitual.

Los ramos habían comenzado a llegar alrededor de un mes antes, justo al comienzo de la gira. Una vez a la semana, aproximadamente, entre todos los regalos que sus fans enviaban al auditorio donde fueran a tocar ese día, los miembros del staff encargados de aquel cometido colocaban un ramo de flores que siempre sobresalía entre los demás que pudiera haber. Por su tamaño, por la elección de las flores que lo componían, por los colores de éstas… Y siempre acompañado de una nota sin firmar e impresa por ordenador, donde su admiradora secreta, como ya la llamaban entre todos, le hablaba de lo mucho que lo admiraba, de lo mucho que lo amaba, ensalzándolo sin llegar a la exageración, sin el entusiasmo habitual de sus fans más jóvenes; lo que llevaba a Tetsu a pensar que se trataba de una mujer y no de una adolescente, lo cual aumentaba aún más su entusiasmo y la expectación con la que aguardaba día a día la llegada de un nuevo ramo y, tal vez, la tarjeta firmada que le revelara por fin el nombre de aquella desconocida.

-No deberías entusiasmarte tanto –le dijo Ken, mientras Tetsu pescaba el sobrecito perlado que yacía entre tallos y hojas verdes, y extraía la preciada nota-. Podría tratarse de un psicópata. Un violador o algo así. Mucha flor y todo lo que quieras, pero esto ya huele a acoso.

-Venga ya, Ken –protestó el líder-. Es una chica.

-¿Y una chica no puede ser una psicópata? Acuérdate de la última novia de Yuki.

-Olvídate de mí, Kitamura. Además, te recuerdo que me la presentaste tú –se enfurruñó el batería, asestándole un pescozón.

-¿Y cómo estás tan seguro de que es una chica? –insistió Ken, esquivando el pescozón por los pelos.

-¡Porque me manda flores! –replicó Tetsu, haciendo un gesto de evidencia hacia el ramo que había vuelto a colocar en la mesa.

-Claro… porque los hombres nunca mandan flores –se chanceó Ken, sarcástico.

-No a otros hombres –fue la seca respuesta de Tetsu mientras estrechaba los ojos.

Mientras Hyde y Yuki soltaban la previsible carcajada, Ken resopló irritado.

-Tetchan… ¿realmente eres así de ingenuo o sólo pretendes provocarme una úlcera?

El bajista sonrió burlón, dándole a Ken la respuesta a su pregunta.

-Estoy seguro de que es una chica –insistió, no obstante-. Las cosas que dice, su forma de expresarse… son las de una chica.

-¿Cómo lo sabes? –presionó Ken, aunque también estaba convencido de que se trataba de una fémina. Sólo le gustaba picar a su amigo-. Utiliza un lenguaje neutro. Podría ser tanto un chico como una chica.

Se dio cuenta de su metedura de pata más o menos hacia la mitad de la última frase. Tetsu le clavó una mirada glacial.

-Ups.

-Así que no has leído nunca las tarjetas, ¿verdad?

Pillado en falta, el guitarrista optó por no replicar. Probablemente sin pretenderlo, Hyde le ayudó, cambiando ligeramente de tema.

-Pues yo creo que es un detalle muy romántico.

Los tres miembros restantes de L’Arc-en-Ciel lo miraron con ojos desorbitados. Hyde dio un respingo.

-¿Qué? ¿Qué pasa?

-¿Tú has pronunciado la palabra “romántico”? –preguntó Tetsu, perplejo.

-Y sin vomitar después… -añadió Ken, maravillado.

-¿A qué viene eso? ¡Yo soy romántico!

La carcajada fue general. Hyde estaba indignadísimo.

-¡Ya está bien! ¿Quién ha estado escribiendo las letras para esta banda desde hace quince años?

-Yo –dijo Tetsu alegremente.

-Y yo –añadió Ken.

-Incluso yo –remató Yuki.

-¡Idos a la mierda! –bramó Hyde, colérico-. Venga ya, Yuki, ¿tú también crees que no soy romántico?

-A mí no me metas en esto, Haido –el batería sacudió la cabeza y retrocedió, como si el vocal le estuviera tendiendo una bomba activada-. Sigue ignorándome, como hasta la fecha. Soy el último mono, el invisible, el eslabón perdido…

-Caramba, Yuki. Sí que te ha afectado eso –se sorprendió Tetsu, a pesar de que el batería estaba hablando en tono jocoso-. Será mejor que dejes de entrar a las páginas web de nuestras fans.

-Sí, con fans como ésas quién necesita enemigos –rezongó Hyde entre dientes.

-¡Exacto! A partir de ahora, sólo utilizarás Internet para lo que todo hijo de vecino: para descargar porno.

Aprovechando el cambio de tema, Tetsu regresó a sus flores y a leer por fin la nota que su admiradora secreta le había enviado esta vez. Hyde, aún enfurruñado porque todos sus amigos lo consideraban poco romántico, se dio cuenta de que ya nadie le prestaba atención (pues Yuki trataba de eludir las explicaciones de Ken sobre las mejores páginas de Internet donde descargar pornografía), y su hosco semblante se difuminó en un abrir y cerrar de ojos, mientras se sentaba en un rincón y observaba a su Intrépido Líder que leía una y otra vez la nota incluida en las flores, con ojos brillantes y una sonrisa de idiota bailándole en los labios.

Hyde sonrió a su vez, sintiendo un calorcillo especial envolviéndole el corazón.

¿Que no era romántico? Si ellos supieran…

Algunos días después, llegó otro ramo más, y otra nota. Esta vez, sin embargo, se lo entregaron en la recepción del hotel donde se hospedaban, nada más llegar a Nagasaki.

-Ogawa-san… Un mensajero dejó esto para usted –el recepcionista le tendió un enorme ramo de crisantemos blancos-. Traía instrucciones de que se lo entregáramos personalmente.

Tetsu se quedó estático mientras recibía las flores. Ken se estremeció a su lado.

-¿Crisantemos? ¿Eso no se le pone a los muertos? ¡Demonios, qué tía más siniestra! ¡Te dije que era una psicópata!

-¡Cállate, Ken! –Ordenó Hyde, bruscamente, mientras los cuatro se dirigían hacia los ascensores, seguidos de su manager y de un pequeño ejército de miembros del staff, encargados de supervisar y llevar hasta sus habitaciones los equipajes de los músicos-. Los crisantemos simbolizan la sinceridad y la nobleza.

-No deja de ser siniestro –insistió el guitarrista, haciendo muecas de desagrado.

-Estás muy callado, Tetchan –apuntó Yuki, percatándose de que el líder no parecía tan entusiasmado con sus flores como era habitual.

-¿Eh? Ah, no, estaba pensando… ¿Cómo ha sabido dónde nos hospedábamos?

Las puertas del ascensor se cerraron tras ellos. Los miembros del staff subirían en el otro, pero Shiozu-san, su manager, iba con ellos.

-No es algo difícil de averiguar. Aquí no hay demasiados hoteles de cinco estrellas y seguramente dedujo que no ibais a hospedaros en una pensión –apuntó el hombre, sin darle mucha importancia.

-¿Tú sabías que había llegado este ramo? –le consultó Yuki.

-No. Os mandan demasiados regalos, chicos. Mi trabajo no es hacer un registro de cada uno, ¿sabéis? Pero si creéis que es importante, puedo averiguar a través de qué agencia de mensajería se envió y localizar así al remitente.

-¿Podrías hacer eso? –los ojos de Tetsu empezaron a brillar, esperanzados.

-No creo que sea una buena idea –intervino Hyde, visiblemente nervioso-. ¿Y si resulta que es un callo? ¿O Ken tiene razón, y es una pirada? [1]

-Una pirada no puede escribir estas cosas, Haido. Y, sinceramente, no me importa si es guapa o no. Sólo quiero conocerla. Tengo curiosidad.

-Conocerla, ¿y luego qué? –inquirió el vocalista, en un tono extraño que nadie supo interpretar.

-Pues… no sé… Podría invitarla a cenar… para agradecerle las flores.

-Tetsu, ¿te das cuenta de que podría tratarse de una cría preadolescente? –Yuki trató de apelar al sentido común.

-Una niña no escribiría como escribe ella –aseguró Tetsu, que se veía tan ilusionado que resultaba conmovedor-. Búscala, Shiozu-san, por favor. Necesito saber quién es.

-Dalo por hecho.

-¡Sigo creyendo que no es una buena idea! –protestó Hyde mientras las puertas del ascensor se abrían y Tetsu salía casi disparado hacia su suite, con su ramo de crisantemos entre los brazos; probablemente, con la intención de ponerlo en agua cuanto antes. Hyde hizo ademán de ir tras él, pero Ken lo agarró de un brazo y lo mantuvo donde estaba-. ¡Suéltame, Ken!

-Antes tenemos que hablar de una cosa, Haido. Acompáñame a mi habitación, ¿quieres?

-¡No, no quiero! –Hyde se retorció para soltarse, pero el guitarrista se lo llevó casi a rastras, dejando atrás a un vacilante manager que no sabía si acudir en auxilio del vocalista o dejarlos estar, y a un batería que ya estaba más que curado de espantos y que, meneando la cabeza con resignación, se encaminaba hacia su suite tranquilamente-. ¡Yamete!

-No tienes opción de negarte, enano. El “¿quieres?” era una pregunta retórica –Ken lo mantuvo bien sujeto hasta llegar a su suite, deslizó la tarjeta magnética por la ranura del dispositivo acoplado a la puerta y empujó ésta, abriéndola y obligando a Hyde a entrar sin la menor delicadeza.

-¿Se puede saber qué puñetas quieres? –rugió el pequeño vocal, apartándose de su compañero.

-¿Cuánto tiempo más vas a pasar sin decírselo?

-¡¿Sin decirle a quién qué?!

-Sin decirle a Tetchan que lo amas.

Hyde se quedó paralizado. Sus ojos muy abiertos, como un personaje de anime. Resultaba cómico, y Ken no pudo evitar echarse a reír.

-Si te vieras ahora…

-No ha tenido gracia, gilipollas.

-Hablo en serio, Haido. ¿A quién pretendes engañar? Te conozco desde hace siglos, enano. Estás pilladísimo por nuestro Intrépido Líder. Prácticamente babeas el suelo que pisa. Y esa obsesión que te ha dado por meterle mano en el escenario… Te daría lo mismo tatuarte en la frente “quiero tirarme a mi bajista”.

Como solía ocurrir cuando alguien daba de lleno en la diana de sus más oscuros secretos, Hyde enrojeció violentamente y se quedó sin argumentos para discutir.

-¿Lo ves? Eres incapaz de negarlo. Y luego está el tema de las flores.

El vocalista dio un respingo.

-¿Qué…? –balbuceó, inseguro.

-Esa chica, sea quien sea, te está comiendo terreno, Haido –siguió Ken-. Tetsu está realmente entusiasmado con esa “admiradora secreta”, y si consigue averiguar quién es, ten por seguro que se pondrá en contacto con ella. Es lo suficientemente idiota como para hacerlo, sin importarle los riesgos.

Hyde esbozó una sonrisa que podía ser amarga o irónica.

-Podría llevarse una buena decepción.

-O podría resultar ser el amor de su vida.

Hyde levantó la mirada hacia él, con una intensidad extraña.

-¿Puedo irme ya?

-No piensas decirle nada, ¿verdad?

Hyde no contestó. El guitarrista resopló, exasperado.

-Eres idiota, enano.

Se apartó de la puerta, que había estado bloqueando desde que entraran, y dejó que Hyde saliera por ella, sin decir una sola palabra más. Había algo muy raro en el comportamiento del vocalista, pero no lograba ubicarlo. Claro que, después de todo, Hyde siempre tenía algún misterio escondido.

“Mi queridísimo Tetsu.
Te quiero más de lo que puedas suponer. Te has convertido en una parte fundamental de mi existencia. Ya no me importa reconocer que, si sigo respirando, es por ti. Tantas veces la oscuridad de mi interior me ha impulsado a desear poner fin a mi vida, y tantas veces me he detenido a un paso del abismo… Tu sonrisa aparecía ante mis ojos, como una señal enviada por unos dioses en los que no creo. Una señal de que aún me queda algo por lo que vivir. Y ese algo eres tú.
Te necesito. Te amo.”


Tetsu comprendió entonces el significado de los crisantemos. Aquella nota era inquietante. Seguía siendo una carta de amor en toda regla, pero esas insinuaciones sobre el suicidio… ¿Tendría Ken razón y estaba enfrentándose a una perturbada mental? Le entristecía enormemente considerar esa posibilidad. Había llegado a fantasear con conocerla, con iniciar una amistad, un romance incluso.

Dejó la nota a un lado, y se tendió en la cama, con los brazos sobre los ojos. ¿En qué estaba pensando? Sólo era una fan, una como muchas otras, que creía haberse enamorado de él si conocerle en absoluto. Se prendaban de la imagen pública, del personaje sobre el escenario. Aquella chica no sabía nada sobre el verdadero Tetsu.

Sería mejor que se olvidase de ella y de sus flores. Tal vez incluso debería ordenar al staff que se deshiciera de los ramos conforme llegaran, o que enviara a los mensajeros de vuelta con ellos, hasta que la chica asumiera el rechazo. Sería algo cruel, pero quizás fuera lo mejor.

Sin embargo, las alusiones al suicidio no se le iban de la cabeza. ¿Y si su admiradora secreta se tomaba el rechazo a la tremenda y cometía una locura? Él sería el único responsable.

Se incorporó en la cama, cada vez más mortificado. ¿Qué debía hacer?

Después de aquello, Tetsu no volvió a recibir más flores. Mientras sus compañeros parecían haberse tomado aquella novedad como una buena noticia, el bajista nadaba en un mar de incertidumbre. ¿Habría cometido finalmente una insensatez su misteriosa admiradora? Shiozu-san no había conseguido encontrarla, a pesar de todas sus indagaciones. Sólo sabía que la chica había enviado todos los ramos desde distintas floristerías, todas ellas ubicadas en las mismas ciudades en las que L’Arc-en-Ciel se había detenido durante aquella gira. Era como si hubiera estado siguiéndoles desde Tokio, lo cual no era nada sorprendente, ya que era un comportamiento habitual en muchas fans.

Lo extraño era que en ninguno de aquellos establecimientos habían sabido darle ni siquiera una descripción de la misteriosa compradora. En algunas decían que habían recibido el pedido vía Internet, en otras por teléfono y en otras simplemente se negaban a proporcionarles ningún tipo de información por ser “confidencial”. Por más que insistieron, la respuesta a la petición de un nombre era siempre la misma: “no podemos dar esa clase de datos acerca de nuestros clientes”.

-Tetchan…

El bajista volvió a la realidad. Se hallaba en el escenario, con su bajo en las manos, durante la prueba de sonido para el concierto de aquella noche. Habían pasado casi tres semanas sin noticias de su admiradora secreta.

Hyde se había acercado a él y lo observaba con preocupación.

-¿Sí, Doihachan?

-¿Estás bien? ¿Sigues preocupado por esa chica?

Tetsu asintió.

-Si hubieras visto su última nota… Y los crisantemos… Haido, ¿y si era una nota de despedida? ¿Y si me estaba diciendo que iba a suicidarse porque yo no estaba con ella?

Hyde se mordió los labios. Tetsu se veía tan angustiado…

-Tranquilo, Tetchan. Seguro que está bien. Se habrá quedado sin dinero para comprarte más flores –trató de bromear, pero sólo logró arrancarle a Tetsu una sonrisa temblorosa.

-Es que… me siento muy culpable… Si al menos tuviera un modo de averiguar si está bien o no…

Hyde le puso una mano sobre el hombro y se lo apretó con cariño.

-Ya verás como pronto recibes noticias suyas.

-Ojalá…

Y, como si hubiera sido una invocación, justo al día siguiente, un mensajero se presentó en el hotel con un ramo de margaritas blancas preguntando por Ogawa Tetsuya.

El bajista casi voló desde la cafetería donde desayunaba con sus compañeros y el staff hasta la recepción, eufórico, experimentando un alivio como jamás en su vida había sentido. Regresó a la carrera, con su ramo de flores aferrado entre sus brazos como si fuera su mayor tesoro, una enorme sonrisa plasmada en su rostro de niño, y las mejillas arreboladas.

-¡Ha mandado otro, ha mandado otro! –exclamó, irrumpiendo en la cafetería y llamando la atención de todo el mundo. A esas alturas, todo el staff estaba al corriente de la situación, y rieron ante el entusiasmo del líder, que corrió de vuelta a la mesa donde sus compañeros y su manager le esperaban-. ¡Tenías razón, Haido! ¡Se encuentra bien!

-¿Ya has leído la nota? –preguntó el vocalista, sin poder evitar sonreír, contagiado del júbilo de su amigo.

-No, aún no –jadeó Tetsu, dejando el ramo sobre la mesa con mucho cuidado mientras recuperaba el aliento.

-Vaya… qué ramo más simplón. Margaritas –comentó Ken, con cierta decepción.

-¡Ahí radica precisamente la belleza del ramo, ignorante! –le ladró Hyde, indignado-. Las margaritas simbolizan la sencillez y la inocencia. Es justo el mensaje que…

Hyde cerró la boca de golpe, pero Ken no iba a dejarle ir tan fácilmente.

-¿Es justo el mensaje que…?

-Que Tetsu necesitaba recibir. ¿No es obvio? –le espetó Hyde, molesto-. Lleva semanas preocupadísimo por esa chiflada. Una suicida en potencia no envía margaritas.

-A lo mejor está perdiendo el interés –replicó Ken, cáustico.

-A lo mejor se está quedando sin dinero –apuntó Yuki, más apaciblemente.

-A lo mejor os vais los dos un poquito a la mierda –gruñó Hyde, asesinándolos con la mirada.

-Ya vale, chicos –suspiró Shiozu, viendo cómo Tetsu buscaba la nota que sin duda estaría sumergida entre las flores-. ¿Ocurre algo, Tetsu-san?

-No encuentro la nota… -contestó el bajista, con creciente nerviosismo.

-¿No está? –se sorprendió Hyde.

-Pues no… -Tetsu levantó la mirada hacia ellos. De pronto, parecía asustado-. ¿Y si no es de ella? A lo mejor sí que le ha pasado algo…

-¡Ay, Tetchan, por favor, no seas agonías! –el vocalista se levantó rápidamente-. Seguro que se te cayó por el camino, con esas carreras que te has pegado. Voy a buscarla.

Antes de que nadie pudiera detenerlo, Hyde salió de la cafetería a toda prisa. Sus ojos se movieron rápidamente por el pasillo que Tetsu había recorrido hasta llegar a la recepción del hotel y, efectivamente, el diminuto sobre perlado estaba allí, junto al zócalo. Sonrió, sacudió la cabeza y lo recogió antes de regresar a la cafetería y plantarlo ante las narices de Tetsu.

-¿Lo ves?

El bajista lo atrapó a toda prisa y lo abrió, extrayendo la esperada tarjeta de cartulina. Sus ojos se agrandaron al leer rápidamente su contenido.

-¿Qué dice? –le urgió Yuki, tan emocionado e impaciente como lo estaban todos… por más que se negaran a reconocerlo.

-Quiere verme… -musitó Tetsu, sin apartar la mirada de la nota.

-Menuda novedad. ¿No es eso lo que quiere siempre?

-No. Quiere quedar conmigo. Me propone un lugar y una hora –por fin el líder levantó la mirada. Sus ojos resplandecían.

-¿Vas… vas a ir? –inquirió Yuki, vacilante.

-No lo sé… Supongo. Debería, ¿no?

-¡Claro que no! –Exclamó Ken-. ¿Estás loco? Dile algo, Haido.

-Creo que deberías aceptar –dijo el vocalista, serenamente.

-¡¿Qué?! ¿No eres tú el que puso el grito en el cielo cuando Tetsu quiso averiguar quién era?

-Bueno, pues he cambiado de idea. ¿O es que no puedo? –Hyde le clavó una mirada fulminante.

-Haido, ¿te acuerdas de nuestra conversación en mi suite? –masculló Ken entre dientes, con marcado sarcasmo.

-En absoluto –le espetó Hyde, sin inmutarse, dejando al guitarrista con un palmo de narices. A continuación el vocal se volvió hacia Tetsu-. ¿Qué te dice exactamente?

-Se disculpa por la última nota… Dice que teme haberme preocupado… Y también me pide perdón por no haber dado señales de vida en tres semanas –se sonrojó ligeramente-. Es sorprendente. Es como si… me leyera la mente.

-A lo mejor lo hace –masculló Ken, mirando a Hyde con sospecha. El vocalista no se dio por aludido.

-¿Dónde te ha citado? –preguntó en cambio.

-En Tokio… quiere verme cuando volvamos de la gira. Es la dirección de un club de Roppongi, donde suelo ir a menudo… Qué curioso.

-Sí, muy curioso –siguió Ken, sin quitarle a Hyde la vista de encima.

Con el líder más tranquilo, terminaron de desayunar y se dirigieron a sus habitaciones para prepararse para la rueda de prensa que darían una hora más tarde, antes del concierto de aquella noche, el penúltimo antes del cierre de la gira en el Tokyo Dome, como era ya costumbre.

Una vez más, Ken interceptó a Hyde al separarse a la salida del ascensor.

-Aguanta un momento, enano.

-¿Y ahora qué quieres? –suspiró Hyde, armándose de paciencia.

-Has sido tú quien le ha enviado esas flores, ¿verdad?

Y una vez más, Hyde se quedó paralizado.

-No lo niegas. Lo sabía.

-… -Hyde sólo acertó a abrir la boca y volver a cerrarla.

-No voy a decirle nada, tranquilo. Lo que has hecho está bien. Tetchan estaba demasiado preocupado por no tener noticias de esa pirada. Pero, ¿qué va a pasar con esa cita, eh? ¿Cómo se te ha ocurrido una idea así? ¿Qué crees que pensará cuando vea que no aparece nadie?

-No sabes lo que estás diciendo, Ken. Estás muy equivocado.

Hyde estaba muy serio, y le miraba fijamente a los ojos.

-Lo que tú digas, Haido. Pero será mejor que hagas algo con esa cita que tú no has organizado
.

La gira terminó y los cuatro compañeros volvieron a sus vidas privadas y a un merecido descanso. Tetsu guardaba la última nota de su admiradora secreta como si fuera la clave de los misterios del universo. Cuanto más se aproximaba el día de la cita, más aumentaba su excitación. Se moría de ganas de conocerla, aunque no estaba muy seguro aún de qué esperaba encontrar. Le daba la risa al darse cuenta, avergonzado, de que él debía estar casi tan nervioso como ella ante la perspectiva de aquel primer encuentro.

Cuando llegó el gran día, o, mejor dicho, la gran noche, Tetsu se encaminó hacia el club donde su misteriosa desconocida lo había citado. Realmente era uno de sus locales predilectos de la ciudad; un lugar tranquilo y discreto, donde no había riesgo de toparse con una caterva de periodistas de la prensa rosa a la caza y captura de un jugoso titular. Allí era donde solía citarse con sus esporádicas conquistas, y por eso le había sorprendido tanto que ella eligiera precisamente aquel lugar. Una vez más se preguntó si Ken no tendría razón y era una loca peligrosa que se había dedicado a seguirlo a escondidas dondequiera que iba. Estuvo a punto de dar media vuelta y no acudir a la cita, pero se recordó que aquel club iba a estar atestado de gente y que no corría ningún peligro.

Además, se moría de curiosidad.

Pasaban diez minutos de la hora fijada y Tetsu seguía solo, sentado en una mesa pequeña, circular, decorada con una vela que flotaba en un bonito cuenco de cristal lleno de un líquido azul eléctrico. El bajista sentía que su nerviosismo aumentaba con cada minuto que pasaba. ¿Y si no venía? ¿Y si había cambiado de idea?

De pronto, sintió una mano en su hombro y dio un respingo, girándose tan bruscamente que sobresaltó al recién llegado, que no era otro que Hyde.

-Qué susto me has dado…

-Lo siento –se disculpó el vocalista con una risilla.

-¿Qué haces aquí?

Hyde vaciló antes de contestar.

-Recordé que hoy era el día de tu cita y… pensé en venir a desearte suerte –sonrió maliciosamente-. Y a darte un par de consejos sobre seducción.

-No necesito tus consejos, muchas gracias –protestó el líder, antes de echar otro vistazo a la puerta de entrada del local y luego a su reloj.

-¿Se retrasa?

-Un poco…

-Tranquilo, Tetchan. No todo el mundo tiene un sentido de la puntualidad tan desquiciado como el tuyo. Seguro que no tarda en aparecer.

-Hn… -fue la distraída respuesta del bajista, que seguía oteando en busca de su posible cita-. No habrás visto a nadie que pudiera ser ella, ¿verdad?

Hyde tomó asiento junto a él, sin esperar invitación. Se llevó un cigarrillo a los labios y lo prendió mientras contestaba:

-¿Alguien con cara de haber quedado contigo? Pues no –bromeó.

-Muy gracioso.

Permanecieron en silencio unos minutos. Tetsu seguía esperando, mientras su impaciencia iba tiñéndose de decepción. Hyde sintió que el corazón se le apretaba un poquito al verlo así y, tomando aliento, empezó:

-Tetchan…

-¿Hm?

-¿Cómo crees que será?

El bajista apartó la atención de entrada del club por fin, y la fijó en su amigo, interesado en la pregunta.

-Pues… no sé –sonrió y su rostro se iluminó como por arte de magia-. Creo que es una mujer compleja. Interesante. Con mucho mundo interior. Sofisticada… apasionada… un poco inquietante –rió azorado.

Hyde esbozó una extraña sonrisa ladeada.

-¿Todo eso lo sacas de esas notitas de amor?

-Es la forma en la que se expresa. La forma en la que habla de sí misma y de lo que siente…

-Las notas eran muy cortas…

-Pero intensas. Sabe elegir las palabras. Y esa nota final, la que hablaba de suicidio… -su rostro se ensombreció-. Es horrible que diga esto pero, a pesar de lo mucho que me asustó, también me hizo ver que no está vacía por dentro. Es una mujer fascinante.

-Hablas como si… te estuvieras enamorando de ella, y no la conoces –Hyde bajó la mirada a sus manos, repentinamente interesado en ver cómo iba consumiéndose su cigarrillo en la penumbra.

-A lo mejor es así. ¿Tú crees? –Tetsu lo miró como un niño confuso. Hyde tragó saliva.

-Tetchan, yo… Tengo que decirte una cosa.

-¿Sí?

Hyde le sostuvo la mirada durante un largo instante. En su interior se desarrollaba una pugna entre sus sentimientos y su sensatez. Por un lado ardía en deseos de confesarle el profundo amor que le profesaba; por otro lado, se gritaba a sí mismo que mantuviera la boca cerrada y se largara de allí antes de meter la pata hasta el fondo.

Desgraciadamente, ganó su sentido común.

-Me voy a Wakayama este fin de semana. Mi madre tiene síndrome de abstinencia de hijo, y quiere mimarme un poco –logró esbozar una sonrisa bastante sincera-. Así que, si tu cita no sale como esperabas, a lo mejor te gustaría venirte conmigo.

Tetsu no se lo pensó mucho. Con una sonrisa vacilante ante el repentino cambio de tema, asintió.

-Sí, claro. Me encantaría.

-Estupendo. Ahora será mejor que me vaya –se levantó y le dio un apretón en el hombro-. Suerte, Tetchan. Y… si no sale bien… no te preocupes. El problema estará en ella, que seguro que está loca. Porque tú… eres perfecto –añadió, con una cálida sonrisa.

Tetsu enrojeció, aunque las luces bajas del club lo ocultaron a la perfección.

-Gracias, Doihachan.

Llevándose consigo la dulce sonrisa de Tetsu para mitigar un poco la culpa que lo devoraba por dentro, Hyde se marchó sabiendo que aquella chica jamás aparecería.

El fin de semana siguiente, un Tetsu que aún arrastraba su decepción por haber sido plantado por su admiradora secreta, bajaba del tren en la estación de Wakayama, junto con un Hyde especialmente taciturno y sombrío.

El bajista no había dicho nada acerca de su cita frustrada. Hyde había amenazado a Ken y a Yuki con despellejarlos y cocinarlos a fuego lento si se les ocurría hacer la menor mención al respecto, y el propio vocalista se había guardado muy mucho de abrir la boca. Pero Tetsu sabía que Hyde intuía lo que había pasado… y Hyde se debatía de nuevo entre su cobardía y su amor hacia su líder, entre el miedo a perderlo y el sentido del deber que le impulsaba a ser sincero con él.

Por fortuna, la madre de Hyde era una mujer divertida y muy cariñosa, y logró levantar el ánimo de los dos amigos en un abrir y cerrar de ojos; especialmente el de Hyde que, cuando tuvo ante sí una muestra del delicioso arte culinario de su progenitora, olvidó todas sus penas por arte de magia.

El último día, antes de regresar a Tokio, Tetsu entró en el dormitorio de invitados que ocupaba en el hogar de los Takarai, y se encontró con una sorpresa que le dejó sin habla durante largos segundos.

En el futón, destacando sobre la colcha de color lavanda, había un ramillete de blancas flores silvestres, atadas con una cinta roja. Era pequeño, nada que ver con los elaborados arreglos florales que había estado recibiendo hasta la fecha; un ramillete casero de campanillas blancas.

Al cabo de unos segundos, su respiración se reanudó mientras se reía de sí mismo. Probablemente había sido un detalle de Aki-san. La madre de Hyde adoraba mimar a sus invitados, especialmente a él, a quien trataba como a un segundo hijo.

-Oh, qué lindo –una voz femenina exclamó a su espalda. Aki-san estaba en la puerta, con un montón de ropa recién planchada en los brazos, observando curiosa el ramillete que Tetsu acababa de recoger de la cama. El bajista la miró, sorprendido.

-¿No lo has dejado tú aquí, obasan? [2]

-¿Yo? Pues no. Pero es una buena idea. Un bonito detalle para los invitados –afirmó, risueña-. Tal vez haya sido Hide-chan. Hace un rato estaba en el jardín de atrás, hurgando entre los parterres.

Hyde…

Empujado por una repentina sospecha, Tetsu buscó entre las delicadas campanillas. Justo como esperaba: una nota cayó de entre las flores y se posó suavemente sobre el futón.

-Te dejo con tus flores –dijo Aki-san con una sonrisa y un pícaro guiño que recordaban a los gestos de su hijo-. Voy a seguir con mis tareas.

Cuando se quedó a solas, Tetsu recogió la nota mientras miles de preguntas y posibles respuestas surcaban su mente. Esta vez no había sobre perlado, y el mensaje estaba escrito a mano en un simple papel doblado en dos. Era sin duda la letra de Hyde.

“Tetchan.
Perdóname por lo mal que lo has pasado por mi culpa. Sé que estabas preocupado por esa chica. Debí decirte la verdad desde el principio… Pero me dio miedo. Igual que me da miedo ahora enfrentarme a ti para revelarte lo que realmente ha pasado.

No hay tal chica. Nunca la hubo. Las flores son mías. Siempre fueron mías. Desde el primer al último ramo. Y las notas también. No soy bueno con las palabras, a menos que sean escritas o cantadas… Y no me iba a poner a cantarte como si estuviéramos en un absurdo musical…

Nunca tuve la intención de reírme de ti. Nunca quise hacerte daño en ningún sentido. Pero necesitaba abrirte mi corazón, decirte lo que siento por ti. Y esta forma tan cobarde fue la única que se me ocurrió.

Espero que no me guardes rencor por haber hecho que te ilusionaras con una mujer que jamás existió. Era yo, sólo yo. Pero aunque no sea lo que esperabas, todo lo que dije en esas notas es cierto. Te amo, te necesito, y eso no va a cambiar… me aceptes o no.

Hyde.”


Tetsu releyó el mensaje una docena de veces, incapaz de creerse lo que se plasmaba en aquel papel. ¿Hyde lo amaba? Su amigo no sería tan retorcido como para gastarle una broma así, por lo tanto tenía que ser verdad.

Sin embargo, le había estado engañando durante todo aquel tiempo; le había dejado creer en aquella “admiradora secreta”; le había permitido ilusionarse con la posibilidad de un romance con ella.

Y resultaba que “ella” había sido siempre Hyde.

No sabía si estaba enfadado, decepcionado, dolido o aliviado. No sabía cómo sentirse y, hasta averiguarlo, no podía enfrentarse a él. Así que se tendió en el futón, con el pequeño ramo de campanillas a su lado, y fijó la vista en el blanco techo de la habitación, intentando encontrar allí las respuestas que necesitaba.

Sentado en el jardín de su madre, entre los cuidados parterres de flores de vivos colores, Hyde canturreaba para sí un fragmento de Flower, mientras plasmaba en un bloc de dibujo la figura de un cerezo que se alzaba al final del jardín.

Su canturreo y el movimiento de su mano sobre el papel se detuvieron al escuchar unos pasos sobre la gravilla del sendero. Tetsu se acercaba a él con el ramillete de campanillas en la mano. Hyde sintió que el corazón se le subía a la garganta y una intensa sensación de pánico lo atenazó sin previo aviso.

Le había dejado al bajista aquella confesión porque había decidido poner fin a la mascarada de una vez por todas. Tetsu se merecía saber la verdad y él apechugaría con las consecuencias, fueran cuales fueran. Pero ahora que esas consecuencias se le venían encima, ya no estaba tan seguro de que hubiera sido una buena idea.

El líder se salió del sendero de gravilla y atravesó los estrechos caminitos de tierra que separaban los parterres de Aki-san, hasta llegar a donde se encontraba Hyde. Éste dejó el bloc en el suelo y se levantó, sacudiéndose la tierra del pantalón, y preparándose para lo peor.

Se sostuvieron la mirada durante un largo instante. Hyde intentaba no parecer demasiado desesperado. Tetsu sólo reflejaba incertidumbre. Al menos no parecía enfadado.

-¿Es esto cierto? –preguntó por fin el bajista, mostrándole a Hyde el ramillete y la nota.

El vocalista, incapaz de hablar, asintió.

-Todo este tiempo… ¿fuiste tú? –Siguió Tetsu, aunque más que desear constatar la confesión de su amigo, parecía estar hablando consigo mismo-. ¿Por qué, Haido? ¿Por qué no me lo dijiste directamente? ¿Tanto miedo te doy?

Parecía dolido, y Hyde apartó la mirada, avergonzado.

-No… lo que me daba miedo era tu reacción.

-¿Qué era lo peor que podría haber pasado? ¿Crees que iba a reírme de ti?

El vocalista sacudió la cabeza, aún sin mirarle.

-Tenía miedo de que te sintieras incómodo… tenía miedo de que te alejaras de mí.

Tetsu lo contempló durante largo rato, con algo parecido a la lástima. Finalmente, con un suspiro borrascoso, tomó asiento en el parapeto de piedra que rodeaba uno de los parterres de flores. Hyde, sintiéndose demasiado vulnerable de pie frente a él, optó por imitarle, y se sentó a su lado.

-Si no tenías pensado decírmelo nunca… ¿por qué empezaste a mandarme estas notas?

Mientras ponía en orden sus pensamientos, Hyde mantuvo la atención fija en una piedrecita del suelo, con la que jugaba, empujándola con el pie. Tetsu esperaba pacientemente una respuesta.

-Al principio fue como una especie de purga espiritual. Necesitaba sacarme todos estos sentimientos, hacértelos conocer de algún modo. Sentía que si los retenía por más tiempo, acabaría explotándome el corazón. Así que empecé a enviarte las flores, eligiéndolas por su significado. Quería demostrarte que mi amor por ti era profundo, apasionado, pero también puro. Nunca he sentido nada parecido por nadie más. Y las notas… -apoyó las manos en el parapeto donde estaba sentado y echó la cabeza hacia atrás, perdiendo la mirada entre las colgantes ramas de un sauce llorón-. Reconozco que utilicé un lenguaje deliberadamente neutro para que no pudieras saber si eran de un hombre o de una mujer, porque prefería que creyeras que te las enviaba una fan. Pero cuando me di cuenta de que a través de esas notas podía abrirte mi corazón totalmente, sabiendo que tú nunca averiguarías quién estaba detrás de ellas, empecé a sincerarme más y más –suspiró, derrotado-. Nunca se me ocurrió que acabarías interesándote en tu “admiradora secreta” hasta el punto de querer conocerla.

Tetsu guardó silencio, recordando líneas sueltas de aquellos mensajes tan apasionados, tan honestos. Cada palabra destilaba un amor sin tapujos hacia su persona. Recordó la descripción que le había dado a Hyde en aquel club de Roppongi acerca de cómo creía que sería su “chica misteriosa”, y enrojeció. Y, sin embargo, ahora que lo pensaba, era una descripción que al propio Hyde le sentaba como anillo al dedo.

-¿Por qué dejaste de mandar las flores? –musitó, mientras la perturbadora nota que hablaba de suicidio volvía a su memoria. ¿Cómo no se había dado cuenta entonces de las similitudes con su vocalista? Hyde había estado rozando el límite de la vida y la muerte en más de una ocasión, y siempre había habido algo que lo había hecho reflexionar. ¿Sería cierto que ese algo era él mismo? Su corazón saltó en su pecho y sus mejillas enrojecieron de nuevo. ¿Él era la razón de que Hyde aún se aferrara a la vida?

El vocalista sonrió, avergonzado. No le había mirado en ningún momento desde que había empezado a hablar.

-Porque te pusiste paranoico con los crisantemos. Nunca se me ocurrió que no conocías el lenguaje de las flores y que sólo los relacionarías con la muerte, igual que hizo Ken… Y, desde luego, hablarte de mis tendencias suicidas en esa nota no ayudó mucho tampoco. Pero los crisantemos representan la verdad, y ésa es mi mayor verdad, Tetchan: Si sigo vivo es sólo por ti.

Tetsu se revolvió incómodo, y carraspeó. Tanta intensidad le descolocaba por completo, pero aún quería oír más. Experimentaba una terrible desazón provocada por las palabras de Hyde, pero no podía dejar de sentirse conmovido en lo más hondo.

-Pero entonces te pusiste aún más paranoico porque la “chica misteriosa” había desaparecido sin dejar rastro, y yo no podía soportar verte tan preocupado por ella… Por eso te envié las margaritas –sonrió, recordando la euforia de su amigo al recibirlas-, para que supieras que todo iba bien y que “ella” no era tan oscura y siniestra como parecía.

-Los suicidas no envían margaritas –recordó Tetsu, parafraseando las palabras que Hyde le había dirigido a Ken aquel mismo día. Hyde se volvió por fin hacia él y asintió en silencio-. ¿Y la cita? Si no querías que supiera que eras tú…

El vocalista se lamió los labios. Le estaba costando un esfuerzo tremendo sincerarse con Tetsu, pero su relato ya llegaba al final. Luego vendría la parte más difícil. Cuando Tetsu tuviera todas las respuestas que buscaba… ¿qué haría con ellas?

-Decidí que ya era suficiente. Que no podía seguir engañándote. Tú habías creado a una chica perfecta que no existía, y yo sabía que te pondrías furioso cuando te contara la verdad, pero era mi deber hacerlo. No soportaba seguir mintiéndote… y empezaba a estar celoso de mí mismo, ¿te lo puedes creer? –se echó a reír amargamente.

-Por eso estabas en el club aquella noche.

-Tu “chica misteriosa” acudió a la cita –esbozó una tenue sonrisa en la que le pedía disculpas. El hecho de que Tetsu no pareciera enfadado le daba ánimos-. Sólo que le dio miedo darse a conocer.

-¿Por qué, Haido? ¿Por qué ese miedo? No lo entiendo. Nos conocemos desde hace años. Deberías saber que yo nunca te habría rechazado, nunca me habría enfadado contigo. No lo estoy ahora.

-Ahora lo sé. Pero entonces no estaba seguro. Además… -apartó la mirada de nuevo y, una vez más, sus mejillas se tiñeron de carmesí-. Tú no dejabas de hablar de lo maravillosa que creías que sería tu “chica”, de que debía ser una mujer fascinante… Estabas tan ilusionado con ella, que no tuve valor, Tetchan… No pude hacerlo… Me di cuenta de que tenías unas expectativas creadas que yo jamás podría cumplir. Por eso me fui sin decirte nada. Y lo siento mucho. Fue una mala pasada por mi parte dejarte esperando allí, pero… no sabía qué hacer.

Una mano se cerró sobre la suya en el parapeto de piedra, cortando sus disculpas. Hyde levantó la mirada hacia su amigo, que le sonreía muy suavemente.

-Haido, yo no estaba ilusionado porque fuera una mujer. Simplemente di por sentado que sería una. Todos lo hicimos. Eso era lo que tú pretendías, después de todo –el vocalista se mordió el labio, culpable, pero Tetsu le apretó los dedos con ternura-. En realidad nunca me importó que fuera hombre o mujer. Me sentía atraído por sus palabras, por su forma de expresarse; me abrumaban sus sentimientos hacia mí. Nunca en mi vida me había sentido tan amado por nadie. De algún modo, sentía que no era la típica declaración de amor de una fan enamorada. Sentía que era honesta. Cuando me preguntaste si me estaba enamorando de ella y te dije que tal vez así era… no te mentía. Pero lo que me enamoró de ella no fue su sexo, sino su corazón. El corazón que había detrás de aquellos mensajes era lo que yo quería conocer, Haido. No me importaba qué rostro tuviera. Nunca me importó.

Hyde lo escuchaba con los ojos muy abiertos, intentando aferrar cada palabra y temiendo y deseando entender lo que creía estar entendiendo.

-¿Entonces…?

Tetsu empezó a responder algo, pero se detuvo y se volvió hacia el parterre que tenía detrás, recorriéndolo rápidamente con la mirada hasta encontrar lo que estaba buscando. Había visto aquellas pequeñas flores de color malva, similares a margaritas, un rato antes, y las había identificado porque eran las favoritas de su madre. Por casualidad, también conocía su significado en el lenguaje floral, y esperaba que a Aki-san no le importara que le robara una.

Se inclinó para cortarla con sumo cuidado y se la tendió a Hyde. El vocalista pestañeó, desconcertado.

-Es un Áster Alpino. Significa aceptación.

Hyde comprendió y sus labios dibujaron una lenta sonrisa de alivio, mientras tomaba la diminuta flor entre sus dedos.

-Y esto –entonces Tetsu se inclinó hacia él y posó sus labios sobre los de su amigo, sorprendiéndolo-… es sólo porque no tengo rosas a mano.

Hyde se llevó los dedos a los labios, sintiéndolos arder a pesar de que el beso había sido tan tenue como la brisa.

-Ten cuidado, Tetchan. Las rosas simbolizan el amor más profundo –trató de bromear para ocultar su ofuscación.

-Lo sé.

El bajista le regaló una de sus más bellas sonrisas, antes de inclinarse de nuevo para reclamar sus labios en un beso bastante menos tenue que el anterior.

 

~Fin~


Notas:

1) Uso demasiado argot, lo sé ^^U Callo = fea; Pirada = loca. [volver arriba]

2) Imagino que a estas alturas de la vida, Tetsu se tomará esas confianzas con la madre de Hyde, ne? [volver arriba]

 

Significado de las flores citadas en esta historia, por orden de aparición:
1-Camelia roja.- Amor.
2-Camelia blanca.- Belleza perfecta, Pensamientos puros.
3-Rosa roja.- Pasión, Admiración, Amor profundo, Deseo.
4-Tulipán rojo.- Declaración de amor.
5-Orquídea.- Lujuria, Perfección, Pureza Espiritual.
6-Azucena.- Inocencia de Corazón, Candor, Virtud, Pureza.
7-Iris blanco.- Esperanza.
8-Crisantemo blanco.- Verdad, Sinceridad.
9-Margarita.- Sencillez, Amor inocente, “Pienso en ti”.
10-Campanillas: “Perdóname.”
11-Áster Alpino.- “Acepto tus sentimientos”.

 

Aaaah! Qué pastelosoooooooooo! XDDDDDDDDDDDDDDD Pero me quedó lindo, ne? Me apetecía hacer algo menos denso que CW >.<

R&R, plis ^^

 

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