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-por Kaela le Ciel- |
Mañana empezamos una serie de conciertos junto con Ken, soy la actual batería de SOAP; en otros tiempos fui el baterista de L’Arc~en~Ciel, una de las mejores bandas que ha producido Japón. No lo digo porque haya estado en ella, sino porque sé por todo lo que tuvo que pasar para llegar al lugar donde está. También porque sé que detrás de esa banda hubo un gran grupo de personas que hicieron lo que todos pensaban ya imposible, ya perdido, ya sin sentido: levantar del suelo, sacar del abismo a una banda que estaba alcanzando la cúspide de su carrera y que de repente, por una estupidez de uno de sus miembros, hablo de mí, se hundió. No sólo fue la caída de un lugar muy alto, sino que lo que había era más de lo que cualquiera que está afuera pueda saber. La humillación por quienes alguna vez dijeron ser incondicionales, quienes los empezaron a señalar con el dedo sin ver qué se ocultaba detrás de esos rostros que decían que todo estaría bien.
Ya no son los nervios de antes, como en nuestros primeros conciertos en donde las manos nos temblaban y el nerviosismo muchas veces nos dominaba. Ambos hemos madurado durante todo este tiempo y sabemos a qué nos enfrentamos. Sé que cuando salgamos al escenario nos encontraremos con diversos tipos de personas: algunos fans de L’Arc-en-Ciel, otros fans particulares y muchos otros que querrán ver en lo que se ha convertido la persona que en cuestión de segundos destruyó a su grupo, al grupo que siguieron y siguen después de años. No los culpo de su odio, yo también me odiaría si fuera ellos; pero no puedo odiarme, porque si lo hago podría terminar destruyéndome, y tal vez esta vez nadie me pueda levantar.
Muchos ven a aquel monstruo que mató un sueño en sólo segundos, ven a una bestia insensible que no le importó todo el trabajo que les costó llegar, me ven a mí. Pero, ¿quién mejor que yo para saber de ese infierno por el que pasamos? Quién mejor que la persona que provocó todo, para saber de todo el sufrimiento que llevaron sobre sus hombros, de todas las humillaciones que les hizo pasar a sus compañeros por ese “error,” si se le puede decir así. Nadie más que yo sabe qué hubo detrás de todo ese escándalo que remeció y hasta casi fulminó noches y noches de trabajos, de abstinencias, de privaciones, de luchas. No soy aquel que piensan que le importó una mierda qué pasaría al grupo después de esa fatal noche.
Conocí a Tetsu en Tokio, no sé a qué había venido, pero una tarde se me acercó y me dio una tarjeta y me pidió mi número. Me pareció un tipo extraño y extravagante, pero se la di. Sólo sonrió como siempre lo hacía. Algunos meses después me llamó diciéndome que necesitaba una batería de urgencia para su banda. Me quise negar, pero no sé por qué acepté y, cuando menos me lo imaginaba, ya estaba con ellos y empezando a ensayar. Será que cuando me dijo: “Llegaremos más lejos de lo que te imaginas, sólo confía y todo vendrá solo,” con tanta seguridad, me convenció.
Formamos entonces un extraño grupo. Éramos tan diferentes que, pensar en formar una banda con cuatro formas de pensar tan distintas, era prácticamente suicida. Pero a Tetsu no le importaba el suicidio y el grupo definitivo estaba constituido. No diré que apenas nos conocimos la química fue a primera vista y siempre nos llevábamos bien, sería tonto pensar eso. Tomó tiempo aceptarnos mutuamente y, con ese mismo tiempo, veíamos qué tan parecidos o diferentes éramos.
Primero me hice amigo y, contra lo que cualquiera pueda pensar, de Ken; me tendió la mano apenas llegué y me dijo: “Cuenta conmigo para lo que quieras.” Ahora en broma me dice: “Uno de los motivos por lo que siempre me caíste bien fue porque los dos tenemos la misma mente pervertida.” Y tiene razón, en ese aspecto nos parecemos tanto que vernos juntos es un peligro. Mi primera impresión de él fue: “Qué tipo más alto, y ¿qué son esas fachas?” Me pareció extraño, pero mientras me amoldaba al grupo él sería como mi especie de enlace con los demás miembros de la banda.
Recuerdo que su primer consejo y, aunque extrañamente fue él quien me fue a recoger a la estación cuando llegamos, fue: “Mira al pequeño de allá, el que no se separa de la chica pelirroja. Cuidado con él. Aunque tiene esa cara, es peligroso.”
“Chica pelirroja.” Cuando miré, me di cuenta que hablaba de Tetsu. Sólo reí. “¿Qué clase de consejos son esos? Vaya grupo en el que me he metido,” me dije, y avancé a saludar a los demás. A Tetsu lo conocía y pensé que no habría problemas. Lo pensé, pero nunca me imaginé qué tan estricto podía ser. Pero cuando vi a Hyde, me quedé helado. “¿Qué clase de vocal es éste?” Lo dije en voz alta y él se me quedó mirando. Los demás rieron; se fue ofendido. Me dije: “Así que hay un niño en el grupo.” Como Tetsu era el lider, supuse que él tendría que vérselas con Hyde y así fue. Pero el hecho de no llevarnos bien estaba atrasando nuestro desarrollo y, una tarde, nuestro lider nos sentó frente a frente y nos dijo: “Ahora, díganse todo lo que piensan el uno del otro, pero no quiero más peleas entre ambos.” Nuestra cara fue de “oo.” Se oía a mi padre y, como luego me dijo Hyde, también al suyo. Ambos nos reímos y todo empezó a ir mejor.
Pero el verdadero problema fue cuando llego el primer enfrentamiento con alguien que nunca pensé que lo tendría. Cuando lo dije no pensé que se molestaría, total, lo había dicho casi en broma y pensé que todos se reirían. Sólo yo lo hice, es más, Ken y Hyde se pusieron en alerta apenas terminé de decirlo. Ken quiso llamarme a un lado, pero Tetsu ya estaba frente a mí y, con una de las miradas más duras que alguna vez vi, me dijo: “¿En verdad piensas lo que acabas de decir?” La forma en que lo dijo me molestó bastante y le respondí: “Claro que lo pienso. Entiendo que tengamos cierto éxito, pero de allí a llegar a ser lo grande que piensas que seremos, no lo creo.” Hyde se puso detrás de Tetsu y lo sujetó de los brazos; le susurraba algo al oído mientras Ken me decía que me calmara y disculpara. Hyde por su parte, mediante gestos, me decía lo mismo. Tetsu se soltó de los brazos de Hyde y me dijo: “No obligo a nadie a hacer lo que no quiere y tampoco quiero conmigo a alguien que no da más del 100% y no cree en lo que hace. No hemos lanzado el álbum, puedes irte.” Me quedé helado de la impresión de sus palabras; la misma convicción de cuando lo conocí estaba allí. Ambos salieron. Me senté, aún sorprendido de aquello; me había dicho que me fuera si quería. Ken se sentó a mi lado y, ofreciéndome una cerveza, me dijo:
-Puedes hasta ofenderlo, pero nunca te metas con sus sueños –abriendo la lata de cerveza.
-¡Eh! ¿Acaso crees que alguna vez se puedan alcanzar cada uno de ellos? ¿Acaso lo crees tú? –le dije, molesto de que se pusiera de su parte. Sabía que eran compañeros de colegio y era natural que lo defienda, pero lo consideré poco cuerdo-. A quién se lo digo, a su amigo –enfaticé esto último.
-¡Bah! Lo creo tanto que dejé la carrera en el último año, y no sólo lo creo yo: lo cree aquel que no podías ves porque te parecía un niño –me dijo con una sonrisa burlona en sus labios.
-Sólo le sigue el juego, es como un niño –quise matar su argumento de una vez por todas, esa actitud me molestaba mucho.
-Entiendo –me dijo, aún burlándose–. Ese niño, o Haido para nosotros, odiaba cantar antes de conocer a Tetsu y ahora se esfuerza al máximo para dar más de lo que puede. Dime si no cree que llegaremos lejos.
-OO –abrí mis ojos de par en par–. Aunque ahora sea mi amigo, no es más que un niño. Sólo le sigue el juego –volví a decir, pero no con la misma convicción de antes.
-Piensa en lo que te dijo antes de irse, y sobre todo piensa en por qué aceptaste venir de Tokio hasta acá sin saber a dónde ibas. Sólo piensa en eso –me dijo, y también salió de la habitación.
Me empecé a reír; me disculparía apenas lo viera. Desde esa vez, ninguna discusión vino por si alguna vez llegaríamos a cumplir todas esas metas imposibles de alcanzar. Cuando se lo dije, me equivoqué enormemente. Tetsu no guardó ningún tipo de resentimientos contra mí, por esa parte siempre fue muy transparente; los problemas vinieron de otro lado, con nombre y apellido.
Ken es del tipo “amigo” que siempre te va a dar la mano, te apoyará dentro de lo racional e incluso te apoyara más allá de eso. Pero Hyde es de otro tipo, como hecho de otro material. Es del tipo niño engreído que siempre va a hacer lo que quiere y hará lo que sea para conseguirlo; pero esos tipos necesitan a alguien del tipo sonriente y complaciente, y Tetsu encaja en ese tipo: siempre accediendo a sus peticiones. Por cierto, Hyde también encaja en el tipo de amigo incondicional que te apoyará, como ahora lo está haciendo con nosotros.
La actitud de Tetsu me molestó en un principio, pero luego entendí por qué lo hacía: no era bueno tener a Hyde molesto, porque estallaba y se volvía insufrible y, aunque para ese entonces ya éramos amigos, no creo ni una vez haberlo sufrido de esa forma; mi paciencia no era de esas. El truco era sencillo: Tetsu accedía a las peticiones de Hyde hasta donde se podían, pero algo que no le permitía era faltar a cualquier cosa, por más mínima que fuera, a lo que a la banda se refería. No nos lo permitía a nadie, en eso siempre fue equitativo, pero ni en eso Hyde tenía privilegios. Entre Ken y yo siempre nos reíamos de lo frustrado que se veía Hyde cuando su petición era negada, aunque nos hubiera gustado que accediese de vez en cuando. Trabajar sin descanso agotaba a veces.
Con Hyde, después de nuestro primer incidente, las cosas funcionaron muy bien. Nos hicimos tan buenos amigos que la prensa empezó a murmurar; no diré que nos encantaba pero tampoco que nos molestaba, simplemente lo tomamos como venía: como un juego que les encantaba y les sigue encantando a las fans. Tetsu no dijo nada al respecto, creo que fue porque supo que nunca hubo nada y porque no podía meterse entre ambos. Hyde también es del tipo atrayente y que, siendo hombre, llega a fascinarte, como a muchos que lo conocen o conocieron les pasó y les pasa. ¿Que si me enamoré de él? Puede que sí, pero que si hubo algo, es no. Los límites siempre estuvieron puestos y no era porque había algo entre Tetsu y Hyde, puedo asegurar que nunca lo hubo y tampoco lo hay. Nunca lo hubieran permitido.
Pero de lo que sí hubo fue de lo otro. Muchos piensan que era el éxito que no podía controlar y, por la presión, empecé a consumir. En realidad fueron muchas cosas, entre ellas la creciente atracción a Hyde y los estados de confusión emocional a los que me sometía -yo, no él-; eso sí que no lo podía controlar y, a pesar de los años, no puedo. Estoy seguro que nadie estaba seguro de mi condición, pero lo sospechaban. Si lo descubrían podía echarle la culpa al trabajo, pero no dijeron nada; tampoco daba motivos.
El trabajo era cada vez más y más duro y, tal y como Tetsu lo había dicho, habíamos conquistado Japón. No había lugar en donde nuestra música no era oída, y la presión se fue haciendo más grande: las sesiones de fotos, las entrevistas, los discos, los conciertos, eran cada vez más agobiantes. No sólo yo lo estaba sufriendo, sino todos, pero la droga es algo que te renueva pero se te hace indispensable. El carácter alegre de Ken lo hacía no derrumbarse ante tanto trabajo, y el hecho de que Tetsu ya estaba preparado para eso hacía que no desmayara. Pero Hyde fue otra cosa. Caminaba agarrándose de los muros, tratando de no desfallecer, trataba de no verse cansando pero sus fuerzas se le iban; se desmayó varias veces, que sólo vimos unas cuantas personas. El agotamiento en su cuerpo estaba alcanzado niveles inimaginables y la forma que bajó de peso empezó a preocupar a todos, sobre todo a Tetsu, ante quien Hyde siempre afirmaba estar bien, tal vez sea porque a veces no le gustaba siempre tener la apariencia desvalida delante de él.
La segunda pelea -porque esta vez fue pelea- con Tetsu, empezó una tarde en que se me ocurrió dejar la puerta abierta. Hyde me vio inyectándome y se paralizó. Pensé que haría un escándalo, pero sólo me dijo: “¿Te hace sentir bien?” Ya estaba bajo los efectos de la droga, lo último que recuerdo fue ver a Hyde… No lo obligué, pero pude haber hecho algo para que no lo hiciera. No lo hice. Pasaron los días y Hyde recuperaba su ánimo y todos eran felices, pero no por nada un grupo tiene un líder: el que tiene que ver más allá de lo que cualquiera ve. Y lo vio. Noté que se quedaba hasta tarde, como siempre lo hacía, para hablar con Hyde, pero éste lo rechazaba. La culpabilidad de hacer algo así lo consumía aunque no me lo dijese.
Una tarde que no me lo esperaba, Tetsu interrumpió en mi departamento y nos encontró, tal y como Hyde me había encontrado. Lo primero que hizo fue ir contra mí. El golpe fue duro y certero; me aturdí más de la impresión que del golpe, que de un cuerpo tan delgado pueda salir tal fuerza y, sobre todo, que fuera capaz de golpear a alguien. Luego fue con Hyde, volteé y éste sólo lloró, cayendo en sus brazos. Se fueron sin decirme nada. A la mañana siguiente, cuando desperté, tenía a Hyde frente a mí con una taza de café en las manos; me lo ofreció y, apenas lo terminé, empezó a hablar:
-Todo esté bien. No hará nada en contra tuya –dijo con calma.
-¡Eh! ¿Acaso pensaba hacerlo? Es mi cuerpo y no tiene por qué meterse en mi vida –le dije, indignado y molesto; no contaba que hablaba de él.
-Tienes razón, y no piensa meterse en tu vida; se metió en la mía y no quiero que salga –lo miré esta vez con ojos incrédulos a lo que me decía.
–¿Acaso ustedes son…?
-Noooooooo, no seas tonto, no somos de esos hombres, no captaste la idea –negó con las manos y la cabeza, algo apenado por la idea que me inundó en esos momentos–. Aunque no seria difícil de hacer, prefiero a las mujeres, tú sabes, chapado a la antigua.
-Entonces, ¿de qué hablas? –pregunté ansioso; no le entendía.
-Sabes, uno de los motivos porque acepté ser su vocal fue por la convicción que le pone en todo lo que hace; cree en lo que hacemos y no duda de ello. Cree que somos los mejores, con detalles que hay que pulir, pero que somos los mejores y también lo creo. Esa misma convicción me dice que no le voy a seguir haciendo daño, ni a él ni a su sueño. Por eso, haré la rehabilitación en su casa.
-El sólo te estima por tu voz –dije, molesto, y tratando de romper la defensa de Hyde.
-No lo hace –dijo con más calma–. Es mi amigo, como lo es de todos; no me usaría, y algún sabrás que lo primero más importante antes de la banda somos sus amigos.
-Tonto, no soy uno de ustedes. Además, no estoy enfermo –me daba mucha rabia ver a Hyde, verlo en esa posición, defenderlo con la entereza.
-El trabajo disminuirá y podremos descansar a la par que hacemos la rehabilitación.
-¡¡Cállate!! –grité, indignado de escuchar todo lo perfecto que era Tetsu-. Si has venido a ponerte de su parte, vete. Además, si yo la uso no es por el trabajo, es por otra cosa –eres tú, quise decirle, pero me aguanté.
-En mí tienes a un amigo, pero por el bien de la banda deja todo como está. Todavía estás a tiempo de reaccionar.
-¡¡Largo!! –grité, y caí a la cama, queriéndome ahogar en llanto, pero no lo hice.
Se fue; no sé qué hablaron esa noche, pero Hyde cambió conmigo. Seguíamos siendo amigos, pero algo se había roto. Salíamos a beber como antes, pero lo sentía un poco alejado de mí, como en otra parte, como con otra persona. No la volvió a usar, de eso estoy seguro; muy diferente a mí, que la necesitaba más y más. Con Tetsu nos hablábamos, sólo mediante monosílabos y, cuando era necesario, con palabras. No voy a decir que me trató mal, porque siempre mantuvo separadas muchas cosas. No dejó que lo de Hyde trascendiera más allá de las cuatro paredes que nos vieron; aunque me lo niegue, él siempre fue más que un amigo. Tal vez el hecho de tener sólo hermanas menores lo haya hecho muy sobre protector con él, pero agradezco ahora esa sobreprotección; en esos momentos lo odié. Con el tiempo, las cosas se enfriaron entre nosotros. Podía verme sin querer matarme con la mirada y todo fue como antes, con nuestros problemas y todo, pero como antes.
Esos fueron los momentos que marcaron mi vida, lo que sigue es historia pasada. Alcanzamos muchos éxitos, estábamos en todas partes y todos nos querían en sus programas. Todos estaban muy contentos porque al fin el esfuerzo de años cobraba sus frutos y, sobre todo, el sueño que una vez dije inalcanzable se alcanzó. Pero todavía L’Arc~en~Ciel no había escrito una parte de su historia, la más terrible y humillante de todas, la que empezó con mi mano y, si alguien no me hubiera detenido, hoy estaría sólo el fin.
El trabajo se hizo más duro e intolerable para todos; incluso en la cara de Tetsu se empezó a notar, pero amábamos lo que hacíamos. Aunque pocos lo crean, amé formar parte de L’Arc~en~Ciel, pero mi vida personal era un desorden, otra historia aparte que luego los involucraría.
Los hechos de esos días son todavía confusos. Lo que recuerdo lúcidamente fue lo que vino después; ni un amnésico podría olvidar lo que pasó después. Fui detenido y puesto en una celda y me hicieron múltiples exámenes. Todos resultaron positivos. No había nada que negar, todo era demasiado claro. No sé qué fue exactamente, o cómo lo hicieron, pero mi condena fue mínima; podía irme tranquilo.
Lo peor de todo no fue cuando tuve mi confrontación con los productores: dijeron lo que ya me había imaginado y aceptaría con resignación su decisión. Lo extraño de todo fue que no me pidieron que renunciara; me dejaron sorprendido pero me mataron con lo último: “En estos momentos y en paralelo están hablando con su líder, será con él con quien tenga que discutir su destino y el de la banda. A él le dirá si condena y salva a la banda. Puede retirarse.” Todo se vino al suelo; recién tomé verdadera cuenta de lo que había hecho. Mientras me hacían los exámenes, obedecí como zombi y no me importó nada; ahora tenía que enfrentar a la persona a la que le había mandado al carajo sus sueños. Cuando salí pensé encontrarlo, pero sólo estaban Ken y Hyde. Estaban preocupados y con rostros cansados; me imaginé un golpe de parte de Ken y unos gritos por parte de Hyde. No hicieron nada porque, al igual que yo, sólo miraban de donde debería venir Tetsu. Media hora después, vino con nosotros.
No gritó, no me golpeó, no dijo nada. Sé que le hubiera encantado hacer lo primero pero, aún así, tenía que mantener su condición de líder, como todavía lo hace. Pidió que lo acompañáramos a la sala donde nos reuníamos, nos pidió sentarnos y empezó a hablar:
-Ellos quieren que te vayas –lo soltó de golpe y con calma, mirándome a los ojos–. Me dijeron que te diga que te vayas.
-Entiendo –asentí con resignación; no esperaba que dijera que estaría con ellos a pesar de todo. Había matado a su banda en cuestión de segundos y era lógico que quisiera que me fuera.
-No acepté –con esa misma calma volvió a decir–. Prometí que ni un miembro más se iría si tenía las posibilidades de hacerlo.
-¡¡¡Qué!!! ¿No me estás corriendo? –sé que los demás querían intervenir, pero se abstuvieron; era una conversación de dos–. Acabo de matar tu sueño, ¿y no me corres?
-No lo hago, porque a pesar de todo y sobre lo que pienses de mí, te creo mi amigo –sé que le pesó esto último, sobre todo por lo que había hecho–. Quiero que sigas con nosotros para afrontar todo lo que se nos avecina –esas últimas palabras las dijo con la cabeza gacha y con la voz cortada. Sé que le debió costar mucho decirlas, pero las había dicho y sé que, si me tocaba aceptarlas, la hubiera mantenido.
Después de esto se paró sin mirar a nadie, pero noté que había soltado una lágrima. Era la primera vez que lo veía llorar amargamente y en silencio, y salió seguido de Hyde, que se le pegó tanto que casi le hace caer. Tetsu sonrió ante esta actitud. Me alegro de que su sonrisa no haya desaparecido a pesar de todo, eso nunca me lo hubiera podido perdonar. Antes de irse tras Tetsu, Hyde me dio golpecitos en la cabeza como diciéndome: “todo está bien; si él te apoya, no habrá quien se oponga.” Ken se sentó a mi lado y me ofreció un cigarro; lo acepté y lo prendí. Empezamos a fumar y, después unos 10 minutos, lo dijo. La primera persona que se ofreció a apoyarme en todo, ese día también, como siempre lo fue, habló con sinceridad:
-Sabes lo que tienes que hacer –sin dejar de mirar a la puerta.
-¡¡Qué!! –quise hacerme el sorprendido, pero ¿para qué? Todo estaba claro.
-Sakura –se giró hacia mí y puso su mano en mi hombro; me miró con algo de lástima-. Dime qué harás.
-¿Hacer? Lo correcto –lo dije. Quise llorar, pero me aguanté; que Ken me viera llorar sería fatal y lo podría usar en contra mí luego–. Sólo haré lo correcto.
-Nunca se equivoca en sus decisiones, no lo hizo contigo –bajó su mano y volvió a mirar a la puerta donde Hyde y Tetsu entrarían.
-Para ser un déspota se comporta como un buen líder, ¿no?
-Jajajajaja. Siempre fue así, desde que lo conocí, cuando éramos niños –noté que sus ojos se llenaban de recuerdos.
-Ahora, si me disculpan, iré a hacer lo correcto –me paré y caminé hacia la puerta.
-Si alguna vez quieres formar una banda y necesitas un vocal, llámame.
-Oo jajajaja –no pude evitar reírme de su comentario; lo había escuchado cantar y no era que digamos la mejor voz de Japón.
-O un guitarrista y un vocalista, dos en uno –me miró indignado y, al voltear hacia él, vi como movía la maño en señal de un adiós.
-Lo tendré en cuenta –dije, girándome hacia la puerta y salí por ella.
Lo demás lo saben todos, pero sólo después de la conferencia de prensa me atreví a llorar en mi habitación, solo y sin amigos. Al menos eso creí. Perdí contactos con ellos, siguiendo los consejos de los hombres de negro de la productora. Podía quejarme diciendo que “sólo vería a mis amigos, no a mis ex-compañeros de banda,” pero no lo hice, era lo mejor. Una noche, y después de regresar de los bares en donde me hice cliente habitual, encontré un sobre; lo abrí y, al leerlo, encontré con esto: “Nunca dejes de intentarlo, sólo mira hacia delante con la mirada en alto.” Firmaban Hyde, Ken y, por último, Tetsu. Sonreí y lloré al leerla. “¡¡¡Maldición!!!” grité de rabia e impotencia de no poder cambiar el pasado. Ya no estaba en un gran grupo y con las personas que me dieron la mano para apoyarme cuando todos me señalaban y pedían a gritos que me largara de L’Arc~en~Ciel, que no terminara de matar el sueño de muchos. Lo único y más cuerdo que hice en toda mi vida fue renunciar a ser la batería de L’Arc~en~Ciel.
Ahora me llaman para salir al escenario. Sé que será duro volver a vernos las caras, pero podré confrontarlo. Tal vez muchos no me hayan perdonado, pero a las personas que más daño causé me dieron la mano y hoy tocaré con ellos. Le tomé la palabra a Ken y ahora es mi vocal; sólo ahora sé qué tan duro fue el trabajo de Tetsu y cada pensamiento en contra de él que alguna vez tuve lo retiro: es duro tener que ser el malo de la historia y gritar y regañar cuando todos ríen.
La culpa nunca desaparecerá, pero los amigos que siguen conmigo harán que cada día sea menor hasta que algún día desaparezca. Sólo quisiera oír de los labios de una persona que me ha perdonado, es lo único que quiero ahora.
~Fin~
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