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-por Dai Heavenly- |
El lugar del crimen era, por primera vez en su carrera como detective, en una zona residencial. A bordo del convertible negro que su jefe solía prestarle para dirigirse a las investigaciones, ingresó en la calle donde se localizaba la escena del crimen. Las casas eran, por mucho, las mejores que había visto, todas ellas influenciadas por el modelo de casa americano. El detective Sakurasawa estaba seguro de que dentro de aquellas monumentales mansiones lo único japonés que podría permanecer eran sus habitantes.
Las luces rojas y azules que emitían las patrullas le indicaron el punto de trabajo. Las sirenas de los autos policiales se habían ya desactivado, y bien podría decir que el territorio se encontraba en silencio, a excepción de las murmuraciones de los curiosos que, a pesar de ser casi medianoche, se habían aglomerado alrededor de la casa marcada con el número 16. Estacionó su auto tras una patrulla y bajó acomodándose la gabardina negra. El aire nocturno movió ligeramente los mechones negros que resbalaban por su frente. Dio un vistazo rápido a la casa y a la gente que le miraron intrigados.
-¡Hey! ¡Sakura, llegas tarde! -un chico alto cruzó bajo la franja amarilla, que suelen colocar los policías para evitar el paso de la gente, dirigiéndose a él.
-Lo siento, el jefe estaba en una reunión y tuve que esperarlo para que me diera indicaciones.
-Ya veo. La policía ya ha revisado la casa y el forense ha recogido el cuerpo, sólo faltábamos nosotros de hacer nuestra parte.
-¿Ya viste al sospechoso? -preguntó Sakura, aceptando un cigarro de parte de su camarada.
-Sí, te llevarás una gran sorpresa cuando le veas.
-¿Por qué?
-¡Vamos! ¡Si te digo ya no será sorpresa!
-Ken, deja de jugar y dime a qué te refieres.
-No, prefiero que lo veas por ti mismo.
-Mmm... -curioso por el comentario de Ken, el detective arrojó el cigarro al piso, dejando que se apagara con el agua sucia de un charco producido por la lluvia de hacía unas horas.
En cuanto ingresó en la casa, la decoración estilo europeo le llamó la atención. Las escaleras contaban con alfombra y, a un lado de estás, se localizaban dos columnas de mármol con hermosos floreros de cristal azul. Los cuadros eran renacentistas y los muebles, antiguos, enmarcados por un exceso de iluminación y pulcritud. Cuando alzó la vista, le deslumbraron los candelabros que colgaban del alto techo.
Sin duda alguna, el posible culpable era uno de los hombres más ricos de Japón.
Ken le cogió del brazo, despejando su atención del decorado de la casa, y le indicó hacia dónde se encontraba el detenido. Sakura asintió y siguió a Ken a lo largo de un pasillo.
Dieron a la biblioteca. La luz escasa de una lámpara irradiaba su luz hacia un sofá de piel negro.
-Es él -dijo Ken, apuntando a la persona que les daba la espalda, reposado sobre aquel sofá.
Sakura aflojó su corbata y se dispuso a caminar hacia él, no sin antes, fascinarse por los estantes repletos de libros y la computadora de alta tecnología que se localizaba sobre un amplio escritorio de cedro.
El humo gris del cigarro le llegó a la nariz al estar a corta distancia del presunto asesino. Sakura reconoció la marca con el aroma –era un fumador empedernido-: la misma que él fumaba. Le sorprendió que un hombre tan adinerado e influenciado por todo lo europeo, no fumara algún tabaco extranjero.
-Buenas noches -dijo cortésmente, antes de pararse frente al tipo del sofá.
-Buenas noches... -Sakura quedó boquiabierto.
Aquel “hombre adinerado” parecía, más bien, un muchacho de 20 años. La lozanía y belleza de su rostro era envidiable. El cabello castaño acariciaba apenas sus hombros. Cuando se levanto del sofá, con movimientos gráciles y elegantes, Sakura notó lo delgado que era, así como de baja estatura. Pero esos detalles, acompañados de una cara tan divina, no le hacían más que atractivo.
¿Cómo podía ser un asesino? ¡Si pecaba de inocente!
-Mucho gusto, detective. Mi nombre es Hyde.
Hyde... Sakura se repitió mentalmente el nombre, como si temiese olvidarlo.
-Mucho gusto -pudo hablar finalmente, aunque con notorios titubeos.
-Pero, siéntate, por favor.
-Sí, gracias -Hyde regresó al sofá, cruzando la pierna y dándole una calada al cigarro.
Toda la atención de Sakura se centró en aquellos labios pecaminosos que dejaban escapar un vaivén de humo. El detective sacudió la cabeza para librarse a sí mismo del encantamiento en que aquella criatura celestial podía someterle.
-Bien, Hyde... Mi nombre es Sakura, estaré a cargo de este caso junto con mi compañero Ken, a quien seguro ya conoces.
-Claro.
-Por ahora, estarás bajo libertad condicional: no podrás salir del país mientras no se encuentre al asesino. Quiero que me relates los hechos, ¿qué ocurrió esta noche? -Sakura extrajo de su gabardina una pequeña grabadora, la cual activó en cuanto Hyde se dispuso a hablar.
-Yo llegué a casa a las 10 p.m. para cenar con mi esposa -Hyde hizo una pausa para oprimir su cigarro contra el cenicero-. La puerta no tenía seguro, lo cual me extrañó. Ella no estaba en la planta baja, y decidí subir para buscarla en la habitación. La televisión se encontraba encendida, pero no había rastro de ella. Entonces, se me ocurrió ir al baño: a veces ella solía tomar una ducha antes de dormir. Y la encontré en la bañera, muerta -Hyde se encogió de hombros al término de su relato, como si todo aquello fuese una simple historia. No parecía en lo más mínimo triste por la muerte de su esposa.
-Ahora me doy cuenta de por qué te han señalado como presunto culpable. Te muestras muy indiferente con el asesinato de tu esposa.
-Lo sé, pero no quiero fingir dolor cuando no lo siento.
-¿Deseabas su muerte?
-No. Para ser honesto, Sakura -el chico sonrió y Sakura tuvo que abstenerse de sonrojarse como un adolescente ante el acto-, mi matrimonio era una farsa: nuestros padres arreglaron la boda para beneficio de las empresas de nuestras familias. No deseaba su muerte pero tampoco me afecta sentimentalmente lo que ocurrió.
-¿Sabes cuál fue el motivo de su muerte? ¿Se ahogó?
-No. Al parecer, me han dicho los forenses, alguien le inyectó cloruro de potasio (1) y su muerte fue inmediata pero... dolorosa.
-Vaya y, aparte de ti, ¿sabrías de alguien más que la odiara? -Hyde rió para beneplácito de Sakura, que no dejaba de maravillarse con aquel cándido rostro.
-Yo no la odiaba. No le amaba... pero me era tan indiferente como para tomarme el tiempo de odiarla.
-¿Tienes tú, o tenía ella, enemigos?
-No lo sé, hay mucha gente envidiosa en este mundo.
-Tu declaración no ayuda mucho, Hyde. Creo que tendremos que investigarte a fondo.
-Me parece bien. Ahora, si me disculpan, deseo que todos salgan de mi casa. -Hyde se puso de pie para acompañar a Ken y Sakura a la puerta.
La policía estaba ya por retirarse, pero no querían hacerlo sin dejar vigilancia constante. El departamento de policía sugería que los detectives se quedaran de guardia, pero Sakura no estaba seguro de ello. A Ken le fascinaba la idea.
-Vamos, somos los más indicados para esto.
-Ken, ¡la policía debería hacerse cargo! ¿Por qué nosotros?
-Tú has dicho que no crees en Hyde y deseas investigarlo a fondo. Yo siento que ésta es una buena oportunidad para ello.
-Lo único que quieres es vivir en una mansión y estar cerca de él, ¿cierto?
-¡Cómo crees! ¿De dónde has sacado esa idea?
-Eso no importa, he dicho que no y...
-Oye, Sakura, he recibido una llamada de tu jefe. -el comandante se acercó a él sonriente, con su celular en la mano.
-¿Bueno? -Yukihiro Awaji, a pesar de su juventud, ya era jefe del departamento de investigaciones más importante de Japón.
-Sakura, he decidido que tú y Ken deben permanecer ahí.
-¡Pero jefe…!
-Nada. Es importante que lo hagan, pueden obtener mucha información y pruebas al convivir con el viudo.
-Espere, me parece que no sería lo correcto. ¡Ken y yo tenemos otros casos que atender para dedicarnos por completo a este!
-No te preocupes, sus casos serán encomendados a otros mientras ustedes se encargan de esto. No quiero excusas, empiecen a trabajar. -Yukihiro colgó, sin permitirle a Sakura decir algo más, acción que le molestó.
-¡Demonios!
-¿Qué ha dicho el jefe? -preguntó Ken, sonriente.
-Como si no lo supieras. Estos idiotas le han convencido y dice que debemos quedarnos a cargo.
-Te lo dije.
-Ya, quita esa cara que no estoy de humor.
-¡Calma, Sakura! ¡Te aseguro que será el mejor caso de nuestra vida!
-No estoy tan seguro de ello...
Hyde frunció el ceño cuando se enteró de la decisión. Quería estar solo y tener a ambos detectives en su casa por tiempo indefinido le era realmente insoportable. Sin embargo no pudo ni replicar: era eso o ser llevado a una celda mientras se definía el caso.
El viudo, por aquella noche fortuita, no habló más con los detectives. Les indicó dónde estaban las habitaciones y les dejó elegir cualquiera a su gusto. Él, por su parte, se encerró enseguida en su dormitorio, exigiendo silencio para el resto de esa noche.
-Bien, Ken, tú dormirás cerca de su cuarto para que estés al tanto de todos sus movimientos -indicó Sakura a su compañero mientras tomaba asiento en los largos sillones de la sala.
-Sí, ¿y dónde pasarás la noche tú?
-Aquí -Sakura palmeó la superficie del sillón.
-Mmm... ¿Crees que escapará?
-No podemos fiarnos. Pídele algunas cobijas para mí.
-Está bien. Ahora vuelvo.
La noche transcurrió con calma para el detective quien, aunque al principio le costó relajarse movido, tal vez todavía, por la molestia del caso, pasados unos tediosos minutos cayó completamente dormido.
No pasaban de las 10:00 a.m., cuando el sonido de una cálida voz entonando una canción que, le pareció irreconocible, le devolvió del país de los sueños.
Los párpados tardaron en abrirse por completo; despabilarse no le estaba resultando fácil. Aquel canto matutino continuaba invitándole a seguir las notas aunque, de antemano, sabía quién era el dueño de la voz.
Se encaminó a la cocina, todavía examinando los cuadros colgantes y los adornos de cristal azul que asomaban por las vitrinas; cuando alcanzó el lugar deseado, observó la frágil figura de Hyde moviéndose ágilmente entre la estufa y el refrigerador.
El dueño de aquella mansión, se detuvo un momento en el ajetreo para girarse y encarar a su visita.
-Buenos días, detective -saludó con una sonrisa de pecado mientras un halo de luz le iluminaba las sensuales facciones del rostro. Sakura titubeó en contestar deteniéndose del dintel de la puerta.
-Buenos días.
-Pensé que despertarían con hambre, así que decidí cocinar algo sencillo. Hoy la servidumbre tuvo el día libre -el joven custodiado se encogió de hombros y, despreocupado por la presencia de Sakura, regresó su atención al arte culinario.
-Hablando de la servidumbre... -el detective tomó asiento en la mesa redonda, obteniendo una buena vista del cocinero.
-¿Ajá?
-¿Estuvieron ellos ayer?
-Un rato, pero los fines de semana salen temprano.
-Ya veo, todo estaba bien planeado -Hyde rió, colocando un mechón de su fino cabello tras su oreja, casi de manera insinuante.
-¿Todavía crees que yo la maté?
-Hasta que no me demuestres lo contrario, eres el principal culpable.
-Ah.... y, ¿qué debo hacer para demostrártelo? -la pregunta se le antojó ambigua, cargada de un erotismo digno de un enrojecimiento de mejillas, pero Sakura logró no turbarse ante los encantos andróginos de aquel chico, que le miraba sonriéndole con inocencia perturbadora.
-Te someteremos a un examen psicológico, se realizarán pruebas de ADN y otros procedimientos judiciales que determinaran tu culpabilidad.
-Está bien. Mientras tanto, intentaré ser un buen anfitrión -aquellos ojos tan expresivos le hundieron en un silencio teatral, que se vio afortunadamente interrumpido por Ken.
-¡Buenos días! Mmm, ¡huele delicioso! -Ken palmeó, como saludo, la espalda de Sakura y se acercó sin pena a Hyde para husmear en las cacerolas rebosantes de comida.
-Así que sabes cocinar. Puntos a tu favor.
-Es una pena que tu amigo no piense lo mismo -Ken le dirigió una pícara mirada al otro detective captando el coqueteo que Hyde le exponía sin descaro.
-Siéntate, Kitamura. Tenemos mucho que comentar sobre el caso -ordenó Sakura, levemente alterado por la conducta de Hyde.
-Ah, yo creo que él es inocente -declaró Ken, pasando los brazos tras su nuca para estirarse mejor. Hyde sonrió en agradecimiento.
-¿Sí? ¿Y por qué?
-Fácil. Vele el rostro: no es capaz de matar ni una mosca.
-Ken, estás llegando a conclusiones ilógicas.
-Ok, ok. Por cierto, ¿no ha llamado el jefe?
-No, pero yo le realizaré la llamada más tarde para recibir instrucciones.
-Listo, caballeros -Hyde colocó el desayuno en la mesa interrumpiendo la plática. Reivindicó su gusto por molestar a Sakura al mirarle juguetonamente mientras le servía una buena porción de la comida.
-Gracias.
-¡Mmm! ¡Genial cocinero! -anunció Ken entusiasmado.
-¿Y tú qué dices, Sakura? ¿Te he llegado con la comida? -Sakura tosió, intimidado por la pregunta.
La voz de su jefe jamás le pareció odiosa como en ese momento. Yukihiro estaba aferrado a mantenerles de custodios en la mansión, mientras la policía realizaba el trabajo interesante.
-Pero jefe, ¡podríamos ser útiles de otra manera!
-Escucha, Sakura. Aunque lo veas aburrido, esta misión es importante.
-El tipo no huirá fuera del país, si esa es la preocupación.
-De eso no estamos seguros. Además, su presencia va más allá de eso. Ustedes tienen la encomienda de conocerle y crear un perfil criminal de Takarai.
-¿Un perfil criminal?
-Si, es importante conocer al presunto homicida para inculparle o salvarle. El perfil criminal que determinará esto sólo podrá ser creado si ustedes logran saber todo sobre Takarai. No es una tarea fácil, por eso los designe a Ken y a ti. Son los mejores -aquel discurso le pareció a Sakura un intento de consuelo, como cuando le dicen a un niño que el juguete que recibió obviamente no es el mejor del mercado pero cuenta con funciones que el adulto maximiza para hacerlas parecer atractivas.
-Conocerle... -repitió el detective con voz cansada.
-Sí, y tienen 3 meses para llegar a eso. Transcurrido ese tiempo las investigaciones también habrán arrojado los resultados esperados.
-Está bien. Le explicaré a Ken esto y trazaremos un plan.
-¡Así me gusta!
La brisa fría movía gracilmente los árboles del jardín trasero de la mansión, el cielo nublado les pronosticaba una buena llovizna. Sin embargo, Hyde permanecía quieto, sentado a los cimientos de la fuente de mármol que le daba vistosidad al jardín.
Tenía cerca de 2 horas ahí, con una libreta sobre las rodillas y dibujando lo que a los detectives les pareció esos árboles danzando al ritmo del viento.
-Es un hombre tranquilo -comentó Ken desde el balcón del segundo piso.
-No podemos dejarnos engañar por su imagen. Yukihiro requiere un perfil de este tipo -
-¿Sabes? Yo considero que la única forma en que Hyde nos confiará algo es que tú le sigas el juego de los amantes.
-¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso?
-Hyde te coquetea tal vez por diversión, pero si tú correspondes esos flirteos con otros similares, él comenzará a confiar en ti y podremos obtener buena información.
-¿Amantes?
-Bueno, es una opción. Los amantes creen el uno en el otro -Sakura asintió, y no porque le pareciera una buena idea pero si la más apropiada en ese momento.
Cuando la lluvia hubo comenzado a caer sobre Tokio, y Hyde se refugió en la gran mansión, ellos también se vieron en la necesidad de retirarse del balcón.
Encontraron a Haido en la sala, había colocado su libreta en la mesa y se despojaba sensualmente de una sudadera gris; los ojos de Sakura se posaron en aquella frágil figura, y el rostro de ángel que le provocaba los más pecaminosos pensamientos.
El detective tuvo que alejarse enseguida, perturbado por las ideas que le inundaban la cabeza. Pensó en la sugerencia de Ken, seguirle el juego a Hyde... enamorarlo... convertirlo en su amante... besarle...
-¡Diablos!- tenía que dejar de pensar eso, fumaba el cigarro de manera obsesiva recargado sobre la pared de unos de los oscuros pasillos de la mansión.
-Sakura...- cuando la mano de Hyde descanso en su hombro, sorprendiéndole con el susurro tenue de su nombre, el corazón de Sakura se sobresaltó asustado. Se giró lentamente para ver de frente aquel rostro sonriente.
-¿Qué necesitas?
-Estoy preparando chocolate para Ken-chan, ¿quieres acompañarnos?
-¿Ken-chan?
-Sí, tu amigo... ¿lo recuerdas?
-¡Claro que sí! -Sakura le dio la espalda otra vez, molesto por el comentario sarcástico de su anfitrión.
Y un brazo le rodeó el cuello, dedos largos y delgados le robaron el cigarro de la boca. Hyde se alejó un poco de él, fumando el cigarro apaciblemente.
-Es la misma marca que los míos -comentó exhalando el humo entre sus labios de cereza.
-Ya lo había notado -Hyde le extendió el cigarro para devolvérselo, pero Sakura rehusó aceptarlo. El joven sonrió y llevó una vez más el tabaco a su boca.
-Tu saliva... -Sakura admiraba la habilidad de aquel tipo para provocarle sensaciones tan placenteras y confusas con el sonido de su voz. Sin embargo, temiendo un comentario inapropiado de su parte, le detuvo el juego, dejándole solo a medio pasillo.
Tres semanas. Aún no podía creer había transcurrido ese tiempo y ellos todavía no tenían ni la mínima parte de su investigación.
La “fabulosa” idea de Ken daba vueltas en su cabeza. Hubo noches en que no pudo dormir pensando en ello.
“No me gustan los tipos” se decía una y otra vez.
Aunque eso era cierto, su “yo interno” le señalaba que la idea de seguirle el juego a Hyde y ser su amante no le desagradaba del todo.
Se cubrió el rostro con la almohada, intentando ahogar todos sus pensamientos. Sabía que no tenía por qué preocuparse si con eso lograba crear un perfil criminal de Hyde y conseguir un resultado en la investigación. En cuanto el asesino estuviera en prisión todo estaría olvidado. No es como si fuera a enamorarse de él.
Fastidiado y falto de sueño, se puso de pie bostezando. Un vaso de agua le vendría bien. Mientras cruzaba la sala y se internaba en el pasillo que daba a la cocina, unos susurros provenientes de la biblioteca llamaron su atención.
Desviándose de su objetivo inicial, fue hacia allá rápidamente. Entre la oscuridad de la habitación, reconoció un bulto en una esquina y un “adiós” repentino cuando encendió la luz para confirmar que aquel bulto era Hyde con el teléfono en la mano.
-¿Sabías que no debes realizar llamadas sin mi autorización y, sobre todo, sin estar yo presente escuchando tu conversación?
Hyde le pareció en ese instante un niño indefenso siendo regañado por realizar una mala acción a escondidas. Con su rostro febril y los ojos de avellana mirándole casi suplicando perdón, Sakura tuvo que ablandar su mirada.
-Lo siento, Yatchan, pero necesitaba hablar con mi familia.
-Lo harás mañana, cuando yo te lo indique -Hyde se puso de pie dejando el teléfono sobre el escritorio y encaminándose hacia el detective.
-¿Qué haces despierto?- preguntó deteniéndose en el marco de la puerta.
-Iba por agua, pero afortunadamente te he sorprendido.
-No hacía nada malo.
-No estás en condiciones de que te crea.
Hyde le miró unos instantes de manera casi ausente y luego agregó:
-Eres demasiado duro conmigo...
-Podrías ser un cruel asesino, ¿de qué manera esperas que me comporte con alguien así?
-Vamos, no lo soy... dame la oportunidad de demostrártelo…
Y ahí estaba de nuevo: el coqueteo nada disimulado de Hyde. El chico se acercó a él colocando una mano sobre su hombro y mirándole los labios con claras intenciones de besarle en cuanto el detective se descuidara. Para su desgracia, la idea de Ken volvía a su mente... corresponderle... darle la confianza suficiente para hacerle hablar.
Un beso. Aquellos labios rosas estaban ya sobre los suyos. No con la profundidad suficiente para alarmarse pero él, a pesar de ese mínimo contacto, se desconcertó alejando bruscamente a Hyde de sí.
El chico le miró serio, tratando de adivinar por qué Sakura no huía y le mantenía sujeto de los brazos con fuerza.
Opuso resistencia a sí mismo, tanta que perdió la concentración y terminó, esta vez, siendo él quien daba el primer paso para un buen beso. Supuso que Hyde le correspondería y una urgencia en su interior porque fuera así le orilló a abrazarle posesivamente.
El posible culpable separó sus labios –ya húmedos- para profundizar el beso, y justo en el instante en que asía sus brazos al cuello del detective, fue violentamente empujado contra la pared en una muestra de pasión descontrolada.
Sakura le besaba con desesperación. Sus manos habían comenzado a recorrerle toda la espalda: una se deslizó por su cintura incluso bajo la ropa.
Escuchaba la respiración acelerada del joven de cabello negro, y los besos furtivos sobre su cuello comenzaron a obligarle a gemir....
Se sujetó fuertemente de la espalda del detective cuando este le levantó del suelo, haciéndole enredar sus piernas en su cintura y sintiendo un contacto tan directo entre sus cuerpos que ambos tuvieron que suspirar y volver a besarse aun más intensamente que en el principio.
Sus ojos se encontraron en medio del caos y la exaltación; los labios, ardiendo aún de deseo, pero permitiéndose un descanso. Y sólo bastó aquel minuto de distanciamiento, para que Sakura recuperara la razón, colocando a Hyde de nuevo en el piso y alejándose de él casi asustado de sí mismo.
-¿Qué sucede? -preguntó Haido, aún luchando contra su falta de aire.
-Vete a dormir... -le indicó Sakura con voz seca.
Escuchó sus pasos mientras subía las escaleras; contemplaba el vaso de agua a medio beber, tocándose los labios constantemente.
Los besos de Hyde se le habían quedado en la piel como heridas marcadas a fuego. Y odió eso. No le podía estar pasando a él.
Los siguientes días no le dirigía la palabra a Takarai. Este intentó hablar con él un par de veces y siempre le evadía.
Hasta que una noche, mientras dormitaba en el sillón de la sala, sintió una mano acariciar dulcemente su cabello. Por algunos minutos pensó que era parte de un sueño, esas manos tibias y suaves moviéndose delicadamente en su cabeza... deslizándose después hacia su cuello, su torso y, luego, un beso en su sien derecha. Los labios descendieron a la mejilla, la comisura de su boca, hasta que le consumieron el aliento. Entonces, abrió los ojos de golpe.
Ahí estaba él, besándole... tentándole...
-Hyde... -habló apenas el presunto culpable se lo permitió para, enseguida, impedírselo besándole con fuerza.
De verdad quería apartarlo de sí, luchar contra la necesidad de abrazarle y comerle la boca, pero poco a poco fue sucumbiendo a la lujuria.
Cuando menos esperó, el cuerpo de Hyde estaba ya bajo el suyo. Lo mantenía presionado contra el sillón, besaba su cuello, le escuchaba decir su nombre entre gemidos. Con dificultad, se contuvo y, deteniéndose, le miró sobresaltado.
-¿Me mandarás a dormir otra vez? -preguntó el joven de cabellos castaños con una sonrisa inocente.
-Escucha yo... -intentó ordenar sus pensamientos de una manera coherente, y supo que era momento de poner en marcha la idea de Ken.
-Yo quiero estar contigo...
-Yo también... -nuevamente, se vio interrumpido por unos labios necios y ansiosos que aclamaban los suyos.
Y, después de un par de besos, pudo hablar de nuevo.
-Pero antes... quiero conocerte mejor. Quiero saber todo de ti para poder amarte...
-¿No me amas ya? -esos ojos... vibrantes y luminosos...
-No como me gustaría...
Los brazos de Hyde se ciñeron a su cuello, mientras le susurraba al oído:
-Si conociéndome crees lograr amarme como deseo... te diré lo que quieras de mí...
Ken reía abiertamente, hasta que Sakura le dio una fuerte palmada en la espalda.
-¡Perdón, perdón! Es que nunca imaginé que te harías el amante de Takarai para obtener el perfil criminal.
-Por si no lo recuerdas, fue tu idea.
-Pero yo bromeaba.
-Basta, voy a demostrarte que tu ridícula idea puede funcionar.
-Mejor acepta que te gusta el muchacho y ya. Simple.
-No me gusta. Fin del tema.
Aún se ponía nervioso con su cercanía pero, por el bien de su investigación, trataba de actuar como el amante perfecto.
Hyde se sentó de espaldas a él, recargando su pequeño cuerpo contra su pecho, deseando ser abrazado y consentido. El detective no tardó en apresarlo contra sí, envolviendo su torso con uno de sus brazos.
-¿Y bien, Yatchan?
-Hablemos de ti... -asintiendo.
Takarai cerró los ojos y se puso cómodo en brazos del otro.
-¿Empiezo por mi infancia?
-Sólo háblame de ti...
-Bien... Soy hijo único. Mis padres son empresarios, siempre me han consentido. Fui un niño normal, con amigos en el colegio y hacía las típicas travesuras. Me gusta la poesía y el dibujo. En especial el dibujo. Creo que soy bueno en eso.
-¿Alguna vez has estado enamorado?
-Si fuera así... ¿te pondrías celoso, detective?
-Tal vez...
-Hmm... Quizás.
-¿Qué pensaste cuando te obligaron a casarte? ¿Tenías pareja en ese entonces?
-No... Pero, aún así, estaba molesto. Megumi no me gustaba para nada y no quería vivir con ella sólo para que la fortuna de su familia y la mía aumentara. Me sentí siendo sacrificado como un cordero.
-¿No te gustan las chicas?
-No. Siempre he querido estar con alguien como tú. Me emociona pensar que por fin lo he logrado -la mano de Hyde acariciando su brazo le provocaba escalofríos, pero continuó con las preguntas.
-¿Tienes algún trauma?
-¿Trauma? No creo...
-¿A qué le temes?
-A morirme sin estar enamorado.
-¿Qué te pone triste?
-Los zoológicos...
-¿Por qué?
-No ser libre... debe ser doloroso.
Probablemente mentía. O, posiblemente, era inocente. Sus respuestas eran normales, no había indicios –por el momento- de que fuera el asesino.
-No ser libre... debe ser doloroso... -repitió Ken, leyendo una de las hojas con anotaciones de Sakura.
-¿Intuyes algo extraño en eso?
-Bueno, si el matrimonio para Hyde era como una jaula, le veo claros motivos para matarla.
Sakura se sintió un idiota. ¿Qué diablos pasaba con él? Lo que Ken dijo él bien pudo haberlo adivinado antes. Estaba fallando en su trabajo. Todo porque el rostro angelical de Hyde le cegaba.
Besó uno a uno los dedos de su mano izquierda, contestando al mismo tiempo las preguntas a las que le sometía Sakura desde hace una semana.
-No... Ella no me impedía nada. Un matrimonio falso no me privaba de la libertad... Créeme.
-Siento que... me mientes -declaró, extasiado, el detective cuando Hyde lamió sensualmente la punta de uno de sus dedos.
-Te he contado toda mi vida... Te he dicho mis secretos... Mis ambiciones... No insistas con eso. No te miento, amor... Jamás lo haría.
Sin soportarlo, atrajo a Hyde sosteniendo su nuca para besarle apasionado. ¿Mentía? ¿Era sincero? ¡Al diablo eso! Ahora sólo necesitaba besarlo, una y otra vez, acariciar la blanca piel, sentir cómo temblaba de excitación en sus brazos, olerlo, amarlo... Sólo amarlo... Culpable o no.
-¡Huele delicioso! -exclamó Ken en cuanto Takarai puso el plato de comida sobre la mesa.
-Está delicioso -corrigió Sakura, quien ya disfrutaba de lo cocinado por su amante.
Ken alzó una ceja acompañada de una sonrisa burlona.
-Se aman tanto... -comentó para molestar a Sakura.
-Por supuesto -y Hyde, enseguida, siguió el juego abrazando al detective-, nos amamos demasiado -mientras, Ken y su “novio” ser reían de sus mejillas coloradas.
El sonido del timbre de la puerta rompió el ambiente.
-Hola, busco a Hideto Takarai -frente a la puerta se encontraba un muchacho que Sakura no había visto antes, aunque él conocía ya a toda la familia de Hyde.
-¿Quién lo busca?
-Soy Tetsuya Ogawa, amigo de la infancia...
Y, justo cuando se vio tentado a cerrarle la puerta en las narices, Hyde salió corriendo arrojándose a los brazos del extraño.
-¡Tetchan! -el chico recién llegado le recibió con una enorme sonrisa sosteniéndole fuertemente-. Pensé que nunca vendrías.
-Lo siento, el viaje a Honk Kong se prolongó -así que estos eran los celos. La sensación incómoda de pensar que una persona te engaña. No debería estar celoso pero...
-Yatchan, te presento a Tetsu, mi mejor amigo. Tetchan, este es Sakura, uno de los detecti... -antes de que pudieran saludarse, el joven de cabello negro había dado media vuelta y regresado a la cocina.
-Ken, ve y vigila lo que hable Hyde con su amigo.
-¿Eh?
-¡Rápido!
-Ya voy, ya voy.
Sakura se había enclaustrado en la habitación de Kitamura. Estaba enojado consigo mismo y sus sentimientos.
Suponía saber todo de Hyde, pero nunca le mencionó a su amigo de la infancia, ¿qué tal si había algo entre ellos? ¿Por qué le dolía el pecho de pensar que fuera a ser así?
Trató de distraerse con un programa de televisión, pero las claras risas de su amante y el tal Tetsu no ayudaban bastante.
Tras una hora tediosa escuchó unos golpes en la puerta.
-Pásate Ken...
-Yatchan... -Takarai entró a la habitación con su sonrisa tierna, gateó sobre la cama hasta llegar a la altura de Sakura para besarle la punta de la nariz.
-Tu amigo de la infancia... nunca me lo mencionaste.
-Lo sé, perdón.
-Mañana me dirás sobre él -realmente, no podía durar tanto molesto con él, así que lo atrajo a su cuerpo para besarle el cuello.
-Me haces cosquillas, Yatchan.
-Es tu castigo por ocultarme las cosas.
Hyde no dijo mucho.
Tetsuya Ogawa era un niño que conoció en el colegio. Fue su primer amigo desde entonces. Crecieron juntos en una adolescencia normal. Se apreciaban mucho, obviamente. Pero nada más y esa versión, calmó momentáneamente los celos de Sakura.
-Está terminado... -un suspiro casi nostálgico escapó de su boca cuando el calendario le indicó que las semanas obligatorias a custodiar a Hyde habían concluido.
El perfil psicológico reposaba frente a él en el escritorio. No había en aquel documento nada que pudiese culpar a Hyde de asesinato.
-Sakura... - la puerta del estudio se entreabrió dando paso al otro detective.
-Mañana mismo podemos entregarle el informe a Awaji -Kitamura asintió y, como un niño pequeño, colocó su rostro a la altura del de Sakura para tocarle con el dedo la nariz.
-¿Qué demonios...?
-Estás triste...
-No, claro que no -Sakura escondió su mirada enseguida.
-No intentes mentirme. Estás triste porque tienes que despedirte de Haido.
-Ken... ¡Eso no viene al caso! No tengo nada, déjame...
-¿Estás seguro?
-¡Que sí, hombre!
El detective se recargó contra el escritorio.
-Sakura... yo nunca me he enamorado de un hombre...
-¿Y a mí eso qué?
-Sólo quiero decirte que, aunque nunca me ha pasado, pienso que tu amor por Hyde no es incorrecto.
-Ken, ¡ya te dije que...! -la mirada comprensiva de su amigo le mantuvo en silencio, pensativo incluso.
Recargándose en el respaldo de la silla aterciopelada, cerró los ojos casi dolorosamente.
-Es... difícil de describir.
-Me imagino que sí...
-Solo sé que, de un momento a otro, sentía que si no miraba extasiado sus ojos... su rostro... no podría realmente vivir...
Kitamura bien pudo haberse reído por lo exageradamente cursi que sonaba Sakura pero, en ese instante, más que cursi, le pareció sincero. Al fin de cuentas, así es el amor.
-No podría realmente vivir... -murmuraron apenas unos labios rosáceos, camuflados entre las sombras del pasillo fuera de la biblioteca.
El silencio...
Tan sepulcral que dolía...
Era la última noche que pasaría ahí. Entre tanto, sus ojos intentaban cerrarse pacíficamente y mantenerse así toda la noche. Sus pupilas inexorablemente le pedían contemplar triste la oscuridad.
Todos sus pensamientos eran un torbellino de emociones y contradicciones.
Primero... ¿cómo enamorarse de un hombre?
Segundo... ¿cómo enamorarse de alguien en tres semanas?
Tercero... -y más complicado que las anteriores- ¿cómo olvidarle de la noche a la mañana?
-No te vayas... -la voz de aquel demonio de rostro divino le convocó, impura, a dedicarle una mirada; ahí estaba él, con la pijama holgada que le iba perfectamente adorable a su pequeño cuerpo, los labios dulces tan sensuales entreabiertos, las mejillas como espejos de la escasa luz de la sala.
Tan irreal como mágico, una maldita ilusión que le decía adiós antes del alba.
-Deberías estar durmiendo...
-No puedo... -el joven se sentó a su lado en el amplio sillón, lanzándole los brazos al cuello. Acto reflejo, Sakura apresó su cintura con las manos.
-¿Piensas en mí? -preguntó, temeroso.
-¿En quién más podría pensar? -y, cuando sus narices se toparon frías, los labios no soportaron la distancia.
Al principio fue un beso tímido, apenas los alientos mezclándose dulcemente pero, hambrientas, las lenguas se abrieron paso en las cálidas bocas.
Sus varoniles manos se deslizaron por el suave cuerpo que, a pesar de su masculinidad, rebosaba de belleza casi andrógina.
Las respiraciones comenzaron ese excitante acto de entrecortarse. Recostado sobre Hyde, el detective desabotonaba plácidamente la pijama, depositando un beso en los pectorales, el corazón, varios más en el estómago, descendiendo aún al vientre, hasta que su amante exhaló aire caliente con fuerza demostrando el grado de excitación que lo consumía.
-Sa... kura... -su voz pecaminosa le alentó a desnudarlo, hasta deleitarse desde su vista superior con la exquisita imagen inocente y sexual que le ofrecía sin descaro Takarai.
Le tocó despacio, provocándole ligeros espasmos, y besó su cuello hasta que el muchacho le pedía descontrolado no se detuviera.
En minutos su camisa y el resto de la indumentaria de ambos se entrelazaban –como sus cuerpos- sobre la alfombra.
Suspiros de ambos y manos frenéticas.
Él mismo deliraba mientras su boca besaba una y otra vez la de Hyde. Se había colocado entre sus piernas, acariciando los blancos muslos y combinando su sudor con el del otro.
Aquel cabello chocolate reposaba desordenadamente sobre la almohada, los ojos avellana mirándole, cristalinos; la boca húmeda; el cuello marcado a besos; el pecho bajando y subiendo al ritmo de la pasión.
Hyde arqueó la espalda, aferrándose con las manos a sus omóplatos. Esas manos juveniles le recorrieron el cuerpo aperlado de sudor, se deslizaron por la espina dorsal, acariciaron su cadera, volvían al cuello para enredar los trémulos dedos con sus negros cabellos.
Sakura, por su parte, poseía el cuerpo de Hyde moderadamente, intentando no dañarlo pero buscando placer propio y ajeno.
Se escuchó a sí mismo deleitándose con el hecho: su amante gemía presa del orgasmo y sus tibios corazones golpeaban el uno contra el otro en una melodía sensual.
Y de repente todo fue borroso para él
Y de repente Hyde juró que una luz blanca le cegaba.
Alcanzando la cúspide del éxtasis, ambos convulsionando en goce...
Luego rendidos.
Cayó Sakura sobre Hyde para cubrir su desnudez. Éste le abrazó, temblando aún, y aquel silencio milenario, que minutos antes el detective detestaba, ahora reproducía sus respiraciones luchando por calmarse.
Girándose lentamente en el sillón, acunó la cabeza de Hyde entre la clavícula y el hombro, colocándole suavemente sobre su cuerpo cansado.
Y se permitió acariciar los delgados cabellos, besar incluso su cabeza.
-Sakura...
-Dime...
-Yo... jamás me había sentido como hoy...
-¿A qué te refieres? -cuestionó, aunque sabía muy bien de qué hablaba.
Hyde le sonrió con dulzura.
-Te quiero... -y deslizó esa frase en un beso ahogado contra su garganta.
Cuando despertó, aquel pequeño ángel dormía aún abrazado a su torso.
-Haido... -pasó sus manos por la espalda del muchacho- Haido... despierta...
-No... -buscando calor, Hyde se acurrucó aún más contra él. Sakura sonrió complacido.
-Yat-chan...
-¿Qué pasa?
-¿Sabes qué? Aunque ya no vayas a vivir aquí... quiero seguir viéndote...
-¿De verdad? -Hyde le miró, haciendo un puchero.
-¿Cómo preguntas eso? ¿Acaso esto es para ti una aventura de la que te librarás hoy?
-¡No! Yo... bueno... a mí también me gustaría seguir en contacto.
Le besó tiernamente, con un brillo en los ojos que enamoraba al detective.
Se vistieron antes de que Ken bajara y comenzara con sus bromas tontas.
Un auto negro del departamento de investigaciones aparcó fuera de la mansión. Kitamura subía las maletas a la cajuela, mientras Sakura terminaba de despedirse, muy disimuladamente, de Hyde.
-Bueno, tienes mi número de celular y mi dirección... -Hyde asintió, tomando su mano en el acto.
-No creas que te has librado de mí.
-No quiero hacerlo... -ardía en deseos de robarle un beso, pero Ken y el chofer esperaban ansiosos.
-Hasta luego, entonces...
-Hasta luego, Yat-chan.
Mientras el auto vagaba por las calles de Tokio, la sonrisa final de Hyde se reproducía en su memoria una y otra vez. Los eventos de la noche anterior aún permanecían adheridos a su piel y, justo entonces, supo que... ¡quería verle ya!
Un mes después
Como prometieron, los encuentros entre Hyde y Sakura se hicieron frecuentes. Salían juntos a beber, a pasear. Hyde se había quedado un par de noches en casa de Sakura a dormir e, incluso en más de una ocasión, iba a la oficina del detective para verle unos instantes y llevarle el desayuno.
Ken se burlaba de Sakura cantándole una canción de lo más romántica y, aunque el otro intentaba callarlo, Ken sólo se reía continuando su broma.
El caso de la muerte de la esposa de Hyde se había cerrado temporalmente por falta de pruebas. Gracias al perfil que había redactado Sakura sobre el viudo, a éste también se le había levantado su castigo de libertad provisional y vigilada.
-¡Sakura! -Ken entró corriendo a la oficina con una gran sonrisa en el rostro.
-Ah, Kitamura, qué bueno que vienes mira este caso...
-¡Espera, espera! Me acaba de llamar Takuro y dice que el fin de semana hay fiesta en el bar de Jiro. Genial, ¿no? -Sakura sonrió, asintiendo. Ken era un aficionado a las reuniones sociales y, poco a poco, lo fue enviciando a él también. Tal vez por eso se llevaban tan bien.
-¿Crees que pueda llevar a Hyde?
-¡Claro! No veo por qué no.
El bar de Jiro, mejor conocido como “Fried Chicken & Beer”, era un lugar de reunión común para los gángsters. Al principio, Sakura le reprochaba a Ken cómo siendo él un detective podía unirse para embriagarse con delincuentes. Ken simplemente le dijo que cuando él ingresaba al bar se le olvidaba qué oficio tenía y era un cliente más. Aún así, le juró a Sakura que, en caso de que se tratara de un homicidio y alguien del “Fried Chicken & Beer” estuviese involucrado o tuviera información, sólo así actuaría.
La noche del sábado, Sakura pasó a la Mansión de su amante a recogerlo.
-¡Hola! -en cuanto Hyde subió al auto le regaló un beso en los labios. Sakura le miraba, enamorado.
-Este bar... puede que no este en la categoría de los que acostumbras pero, aun así, es un buen lugar.
-¡Ah! No te preocupes, no soy tan niño mimado como crees.
Cuando llegaron al estacionamiento del bar, Ken descendía también de su auto.
-¡Chicos! Qué bueno que pudieron venir, ¡nos espera una noche increíble! -confiado, le pasó un brazo a Hyde por el cuello, quien rió apenas. Sakura le empujó levemente.
-Ken, quita tu mano.
-¡Vamos! Pero si Hyde es mi amigo también, ¿no es así? -el mencionado asintió sonriente.
Los tres ingresaron al bar. Takuro y sus amigos les recibieron amablemente. Sakura les presentó a Hyde y, enseguida, Hisashi se apuntó para darle un tour por el bar.
La noche iba de maravilla. Sakura jugaba billar con Takuro, mientras Hyde y Hisashi les miraban mientras conversaban de algún tema sin sentido. Jiro se paseaba por el bar preguntando si a algún cliente le hacía falta algo.
En el exterior, Ken fumaba tranquilo cuando sintió una mano apoyarse en su hombro.
-Qué tal, Kitamura.
-¡Ah! Teru-kun, qué sorpresa -el joven se recargó en la pared, contiguo a él.
-Qué buena noche, ¿verdad?
-Sí, las noches aquí siempre son buenas -Teru era el hijo de unos yakuzas del área. Su familia no era generalmente problemática mientras no se metieran con ellos. El chico había sido aliado de Ken en muchas ocasiones. Teru le daba información sobre robos y tráfico con la condición de que Ken no delatara a su familia.
-Kitamura... el chico que viene con Sakura... ¿qué es de él?
-¡Ah! Hyde Takarai. Pues, se puede decir que es su pareja -Ken se encogió de hombros.
-Oh, están saliendo entonces... qué raro...
-¿Por qué?
-Hideto Takarai, hijo de unos de los más famosos empresarios del país, rico desde nacimiento y recientemente viudo.
-Sí, así es. ¿Cómo sabes de él?
-Simple: es novio de Ogawa Tetsuya. Por eso decía que se me hacía raro que estuviese saliendo con Sakura-san.
-¡Ogawa Tetsuya!
-Sí. ¿Le conoces también?
-Cuando estuvimos investigando el caso de la muerte de su esposa, ese tal Tetsu fue a la mansión a visitar a Hyde, ¡pero el chico nos lo presento como su buen amigo nada más! -Teru se rió.
-Pues, que yo sepa, Tetsu y Hyde han estado saliendo por años y Ogawa no me había comentado nada de que se hubiesen separado... Al contrario...
-¿De dónde conoces a Ogawa?
-Mi familia ha contratado sus servicios un par de veces.
-¿Servicios?
-Sí, Tetsu es un asesino a sueldo.
-¿Qué? -Teru miró hacia dentro del bar para luego acercarse lentamente a Ken y susurrarle:
-Esto es información de primera mano, pero... por órdenes de Hyde, Tetsu asesinó a la esposa de éste -Ken se quedó mudo. Ahí tenía la verdad del caso. Teru jamás se había equivocado cuando le confiaba cosas de ese estilo. El problema ahora era... Sakura.
Cuando ingresaron al bar y Teru se unió a la mesa de billar, Ken contemplaba pensativo a Hyde, y se sentía estúpido. No podía ser que ese muchacho hubiera logrado tanto confundirle a él como a Sakura. Lo peor era que a Sakura no sólo le había engañado, hasta jugaba con sus sentimientos.
-Diablos... ¿qué voy a hacer?
Hyde miraba su pintura atentamente: era un pájaro siendo liberado de una jaula. Pasó el pincel un par de veces más por el lienzo, agregándole sombras a la creación.
Unos brazos le rodearon la cintura por detrás.
-Hyde... Y aquel ingenuo detective que enamoraste... ¿no te ha molestado? -preguntó Tetsu, apoyando su peso contra el cuerpo de Hyde.
-No, jamás le he vuelto a ver.
-Ah... Qué raro.
-¿Por qué?
-Llegaron unas flores y venían firmadas por el tipo -Hyde se dio la vuelta contemplando atónito a su amante.
-¿De verdad?
-¿Te alegras?
-¡No! O sea, me sorprende porque...
-¡Mentiroso! Más te vale que dejes de verte con ese idiota. No quiero problemas con la policía, Takarai -le sostuvo el mentón fuertemente con una mano.
-¡Me lastimas, Tetsu! ¡Basta!
-Tú basta de hacer tonterías. No quieres acabar como tu querida esposa, ¿verdad?
-¡Suéltame y no me amenaces! -Hyde entró a la casa alterado. Las flores reposaban sobre la mesa de la cocina. Intentó tomarlas pero Tetsu se las arrebató enseguida, arrojándolas al piso para caminar sobre ellas ante la mirada cristalina de Takarai.
Ken llevaba semanas dándole vueltas al asunto. Se había puesto a investigar y, ciertamente, Hyde y Tetsu eran amantes.
Sin más remedio, tuvo que contarle a Yukihiro sobre las pistas que tenía del asesinato
-¿Dices que ese Ogawa la mató por ordenes de Hyde?
-Así es, jefe, y... no sé qué hacer. Tú sabes lo que Sakura quiere a Hyde.
-No te preocupes Ken, yo hablaré con él. Dile que venga -Ken abandonó la oficina de su jefe, cabizbajo. Sabía que la noticia devastaría al detective.
Kitamura esperó fuera de la oficina. Sakura llevaba ya más de 1 hora dentro conversando con Yukihiro. Finalmente, la puerta se abrió. El semblante de su compañero parecía agotado. Ken caminó hacia él.
-Sakura...
-Ken, prepara un espía para que nos mantenga informados de cuándo estarán esos dos juntos y poder detenerlos.
-Sakura, yo...
-Estaré en mi oficina, quiero estar a solas, ¿sí?
-Ah... está bien.
Sakura no podía creerlo aún. Sabía que era cierto, Yukihiro no mentiría pero... ¿por qué? Ese maldito de Takarai le había estado engañando desde el primer día, con su mirada dulce y sonrisa seductora. Seguramente, se burlaba junto con Ogawa del estúpido amor de Sakura. Por eso, el detective odiaba tanto creer en los “te quiero”... Se sentía triste, molesto y hasta avergonzado, pero ahora... ahora Hyde sabría lo que es el dolor...
Dos días después...
Hyde miraba el celular. Sakura no contestaba sus llamadas ni mensajes, ¿estaría bien? Empezaba a preocuparse. Desafortunadamente, no podía salir de la mansión e ir hasta el departamento de policías porque Tetsu se había instalando en la casa cómodamente. Hyde odiaba ya su situación desde hace un par de meses atrás.
Tetsu no hacía más que tratarle mal. Aún cuando Hyde le dijo que no era necesario matar a su esposa para que los dos estuvieran juntos, Ogawa lo hizo.
Ya no le amaba. Ya no podía sentir nada por una persona como él. Cuando conoció a Sakura, todo su corazón dio un vuelco. El detective era tan atento, tan amable...
-¿Por qué no me contestas? ¿Qué diablos pasa? -marcó una vez más, pero esta vez el número de la oficina, y no obtuvo respuesta. Cansado arrojó el celular a la cama.
-Saku-chan... -cerró los ojos y le imaginó. Cómo le envolvía en un cálido abrazo, cómo le besaba dulcemente...
-¡Hyde! -Tetsu le gritaba desde la sala. Estresado, Hyde bajó la escaleras con cara de fastidio.
-Dime...
-¿Qué tanto haces allá? Ven a ver la TV aquí, conmigo -estaba Takarai por tomar asiento cuando el timbre de la puerta le hizo cambiar de dirección. Acudió a abrir.
La puerta fue golpeada brutalmente contra la pared. Ken entró con pistola en mano, dejándose ir contra Tetsu para derrumbarlo sobre el sillón. Tras él entró Sakura. Hyde le miró confundido por la situación.
-Saku-chan, ¿qué pa...? -de repente, Sakura le golpeó con la pistola en el rostro y Hyde cayó, sangrando de la nariz y el labio, al piso.
-Ogawa Tetsuya y Hideto Takarai, quedan detenidos por asesinato y complicidad -Hyde respiraba, conmocionado, escuchando la fría voz de Sakura. Cuando le miró sólo pudo ver rencor en esos ojos que muchas veces antes le habían demostrado infinita pasión.
Sakura aprovechó su posición para esposarlo y levantarlo bruscamente. Ken ya había sacado a Tetsu y procedía a subirlo a la patrulla.
El trayecto al área de investigaciones fue todo menos tranquilo. Tetsu gritaba, desesperado, pateando el asiento y humillando a Sakura.
-Esto lo haces por venganza, ¡lo sé! Ya que Hyde sólo jugó contigo por ordenes mías, ¡eh! ¿Qué tal eso? Eres un idiota que se enamoró de la persona equivocada, jajaja. Pero, ¿sabes qué es peor? ¿Lo sabes? Que mientras te acostabas con Hyde él pensaba en mí, ¡en mi! -Ken le mandó a callar agresivamente. Takarai lloraba silenciosamente con la mirada baja...
En cuanto llegaron, Sakura pidió a un compañero le ayudara a Kitamura con los detenidos. Su corazón no resistía más la secuencia de escenas y palabras.
Se encerró, respirando con dificultad, en su oficina. Lo que había dicho Tetsu en la patrulla le atormentaba aún terriblemente. Quizás no dolieran si fueran mentiras, pero para su desgracia era la verdad, la cruel verdad.
Hyde se burló de él, se aprovechó de un cariño honesto y una confianza plena. Ahora no podía ni mirarle a la cara. Se sentía un idiota. Esperaba que tanto Hyde como Tetsu recibieran una buena sentencia por sus acciones y él poder olvidarse de todo, como si jamás hubiese pasado.
Esa tarde no supo más de los detenidos. Al parecer, estaban tomándoles huellas digitales, tramitando papeles, llamando a sus familiares y demás asuntos. Sakura se retiró con un gran cansancio mental más que físico. Ken lo acompañó hasta su auto.
-No te ves bien, Sakura. ¿Por qué no le dices a Yukkie que te deje descansar unos días? Yo pienso que no te negará el permiso...
-No, es mejor así. Si me quedo en casa pensando tonterías me sentiré peor. Prefiero venir al trabajo y distraerme con los nuevos casos.
-Ah... Está bien. Que descanses -Ken sonrió y Sakura se esforzó por hacer lo mismo sin grandes resultados.
Al día siguiente, Yukihiro salía de la sala de interrogatorios con todos los documentos sobre la declaración de Ogawa. Se topó con un Sakura ojeroso en el pasillo.
-Buenos días, jefe.
-¡Ah! Sakura, buenos días. ¿Estás bien? Te ves algo...
-¡No! Estoy bien, muy bien. ¿Cómo va el caso?
-Oh... Bueno, nada por qué preocuparse.
-Ah, ¿quieres ayuda, jefe?
-No, gracias. Designé a Ken para llevar la resolución.
-Ya veo, ¿puedo al menos ver eso? -Sakura apuntó a los papeles que sostenía Yukkie.
-Pues... -dudosamente se los entregó.
Sakura abrió la carpeta y leyó cada palabra escrita que había salido de la boca del asesino. Este decía que, al estar enamorado de Hyde y, por supuesto Hyde de él, Megumi era un estorbo para ellos. Aunque se proclamaba culpable de asesinato, juraba que todo lo hizo obedeciendo las órdenes de Takarai. Incluso agregó que él trató de disuadir a Hyde de esa decisión, pero que el otro se lo pidió de una manera “tan especial” que terminó por aceptar deshacerse de Megumi. Concluía su declaración puntualizando que Hyde y él planeaban vivir finalmente juntos tras el asesinato.
Con una sonrisa amarga Yasunori entró devuelta los papeles a Yukkie.
-Bueno, estaré en mi oficina por si necesitas algo, jefe.
Sakura bebía café mientras revisaba un caso de robo a mano armada cuando Ken ingresó a su cubículo.
-Sakura... Tenemos un pequeño problema.
-¿Qué pasa, Kitamura?
-Pues verás... Hyde no quiere declarar nada si no habla contigo antes -se produjo un silencio entre ambos hombres que se miraron por segundos tan eternos como horas.
-¿Por qué? -preguntó finalmente Sakura.
-No sé. Desde ayer no ha comido lo que se le ofreció. Permanece en silencio y, cuando intentaron hacerle declarar, solamente dijo que lo haría si primero le permitían platicar contigo a solas -Sakura asintió, sintiendo cómo el corazón se le rompía despacio.
-No sé si sea capaz de mirarle a la cara...
-Lo sé, y quiero que me des la oportunidad de obligar a Hyde a confesar -Sakura supo enseguida a lo que su compañero se refería con eso. La imagen de Hyde siendo sometido a las formas un poco crueles de Ken para obtener declaraciones pasó por su mente. Negó enseguida con la cabeza.
-Está bien, hablaré con él... -suspiró como si toda la vida se le fuese en esa exhalación de aire.
Sigilosamente ingresó a la habitación de declaraciones. Era un lugar sombrío, de paredes grises, con una mesa larga en el centro y tres sillas a su alrededor. Frente a los muebles había un enorme cristal. Tras éste, los detectives y policías podían observar al detenido a cada minuto sin que éste les viera a ellos, y podían grabar las conversaciones con ayuda de los micrófonos instalados a lo largo del cuarto, que trasmitían la voz tras el cristal para que la apresaran los aparatos.
Sentado en una de las sillas y cabizbajo, Hyde fumaba temblorosamente. Cuando vio entrar a Sakura, intentó correr hacia él pero un policía que hacia guardia le sostuvo fuertemente de los hombros y le sentó de nuevo en la silla.
Takarai no apartaba su vista del detective, el cual se postró ante él recargando el codo en la mesa.
-Habla rápido que nos atrasas los trámites... -una lágrima rodó por la mejilla del detenido. Sakura no pudo ignorarla y, entonces, notó que aquellos lindos ojos estaban ya cansados de tanto llorar.
-¿Podemos hablar a solas? -preguntó con la voz entrecortada. Sakura le hizo una seña al guardia para que saliera unos momentos.
Tras unos minutos de compartido silencio, Hyde sonrió amargamente.
-Lo siento...
-Demasiado tarde para eso, Takarai.
-Lo sé... Aunque desearía que no fuera así.
-Sabes que ya estoy al tanto de la situación, ¿verdad? No intentes engañarme más con tus palabras.
-No... De eso quería hablar. Las cosas no son exactamente lo que parecen.
-Ya no te creo.
-¡Espera! ¡También lo sé! Pero, aun así, antes de que me muera en la cárcel como lo merezco, quiero decirte toda la verdad. Sé que no significará nada para ti, sé que ya no crees en mí y no lo harás nunca de nuevo... Pero aun así... Aun así necesito que me escuches... Por favor -Sakura asintió un tanto conmovido por la tristeza de ese rostro herido.
-Sólo dilo rápido.
Hyde bajó la mirada enfocándola en el cenicero de barro.
-Yo te amo... -ante la declaración, Sakura se rió con sarcasmo. Por dentro de su corazón se le desprendía un pedazo.
-¡De verdad! Escucha, yo mantenía una relación con Tetsu, ¡eso es cierto! Y también es cierto que al principio mi plan era enamorarte para no ir a la cárcel pero, Saku-chan... -finalmente le miró con sus ojos de chocolate debatiéndose en lágrimas- Saku-chan... Cuando comencé a conocerte, cuando vi tu alma... Me enamoré tanto de ti... Y, después de que me hiciste el amor por primera vez... supe que... -sonrió- Lo eres todo para mí...
Sakura se levantó de la silla bruscamente.
-Basta, Takarai. Ya no me engatusas fácilmente...
-¡Lo siento! Siento haberte mentido en un principio, ¡pero lo que siento por ti ahora es real! Ya no me importa si tú me odias, ¡ódiame! Pero, por favor, ¡créeme!! ¡Te amo, maldita sea!
-Ahora que has dicho lo que querías, debes rendir tu declaración ante las autoridades. Suerte en tu vida, Takarai -el detective dio media vuelta, dispuesto a salir del cuarto. Sus piernas temblaban, el corazón parecía retumbarle hasta la garganta. De repente, las manos de Hyde se aferraron a su pecho.
Ambos permanecieron así, inmóviles y silenciosos hasta que el guardia ingresó y liberó a Sakura del abrazo del otro.
No quiso mirar atrás mientras abandonaba el lugar, aunque escuchaba claramente la voz llorosa de Hyde llamándole sin cesar.
Pero ya no había vuelta de hoja...
Había sido la tarde más triste de su vida. Incluso más triste que cuando se entero del engaño de Takarai.
Caminaba despacio, con las manos en los bolsillos, por el sendero empedrado al costado de un lago con puente. Cuando todo marchaba bien, Hyde y él paseaban por ahí, mirando las aguas tranquilas y sonriéndose amorosamente.
Cerró los ojos deteniendo sus pasos, una estúpida lágrima le rasgaba la mejilla.
-Hyde... Hyde... También te amo...
Al día siguiente se enteró que, finalmente, Takarai había declarado. No quiso leer el informe, pero Ken se lo comentó a grandes rasgos. El chico decía que todo había sido idea de Tetsuya, quien lo tenía amenazado y, por lo cual, tuvo que encubrirle el crimen.
Igual, tanto Ogawa como Hyde, fueron sentenciados a prisión. El último con menos años que el primero.
Al principio, para Sakura fue bastante difícil superar el asunto, pero se convenció a sí mismo que Hyde había muerto una mañana de agosto y que jamás esos ojitos castaños, traviesos y dulces, volverían a desnudarle el alma...
Tres años después...
-¡Salud! -los tres hombres alzaron las copa con champagne que derramaron levemente su contenido. Sonrieron antes de beber con avidez.
-¡Este ascenso fue genial! -comentó Ken, emocionado, vertiendo más alcohol en su copa.
-Nos lo merecíamos, ¿no es así, jefe?- preguntó Sakura a Yukkie, rebosando alegría.
-Por supuesto.
Cuando planeaban hacer otro brindis, la puerta de la oficina de Yukkie se abrió, dándole paso a la secretaria.
-Detective Sakurasawa.
-¿Sí?
-Tiene un cliente en su cubículo.
-Oh...
-¡No! Estamos celebrando, Midori. Dile que será otro día -intervino Ken.
-¡Kitamura! Sakura debe atender a sus clientes. Si no, ¡qué clase de detective crees que es! -asintiendo, Sakura abandonó la pequeña fiesta para ir a su oficina.
-Hola... Yat-chan... -la sonrisa perversa de esos labios tentadores, la mirada erótica que le convertía en cenizas, el rostro angular tan perfecto como un pecado bien cometido y, cómo no, ese peculiar cuerpo que saboreó más de una noche...
-Haido...
Seguía siendo... Su atracción fatal...
~Fin~
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