AROUND OUR WORLD

-por Chyeko Minaoka-

Primera Parte

::I CERTAMEN LITERARIO VIVID CARROTS::

PARTICIPANTE

Seudónimo adjudicado: Heartless ArchAngel

 

VALORACIÓN DEL JURADO*

Calidad Narrativa

Gramática y Ortografía

Historia Narrada

4 puntos

3,9 puntos

3,4 puntos

Puntuación Total: 3,8 puntos

(*) La valoración se estableció de 1 a 5 puntos. Siendo 1 "malo" y 5 "excelente".

 

COMENTARIOS DEL JURADO

Jurado 1

Original historia sobre pasados-futuros alternativos… pero me parecen poco creíbles… u.u
Eso sí, es muy divertida. Podría haber aprovechado la idea y haber escrito un fic mucho mejor…

Jurado 2

N/C

Jurado 3

N/C

Jurado 4

N/C

 

 

Disclaimers: Los personajes que aparecen en este fic no me pertenecen a mí. Hyde y Tetsu pertenecen a Azdriel, que a su vez comparte a Hyde con Naru-chan y a Tetsu con Tsubi-chan, Yukkie pertenece a su batería y el único que es de mi propiedad es Ken. Y punto pelota XD

Notas: Este fic ha sido posible gracias a Tsubasa, Naru, Otakun y Azdriel. Todo mi cariño es para ellos y sus ánimos son los que realmente han contribuido a la escritura de este fic.

Fecha de publicación: 9 de septiembre de 2006 - Corrección: Ogawa Saya.

 

El puño de Hyde golpeó la mesa de madera haciendo que la gran bola de cristal diese un pequeño bote sobre su base.

 

-Ojalá nunca nos hubiésemos conocido -gritó Hyde, visiblemente afectado por los últimos comentarios de Tetsu-. Mi vida sería mucho mejor si borrase todo lo que tiene que ver con vosotros y con L'Arc~en~Ciel.

 

-Lo mismo digo yo -espetó Ken-. No debería siquiera haber nacido en Japón.

 

-Chicos, no hacemos nada enfadándonos -dijo Yukkie intentando calmar los ánimos de pelea de los miembros de su futura ex-banda.

 

-Yukkie, tienes razón, no hacemos nada enfadándonos... -dijo Tetsu-. Tenemos que acabar con el problema de cuajo. Para eso estamos aquí, ¿no? Tenemos que llegar a una decisión, tenemos que decidir el final de L'Arc~en~Ciel.

 

-¡Eso tendríamos que haberlo hablado en el estudio y no delante de una predicadora de mentiras! -gritó Hyde, que cada momento que pasaba hacía que perdiese aun más los estribos.

 

-Escucha, Hideto, Tsubasa quiere ayudarnos y tenemos que estar seguros de la decisión que vamos a tomar -dijo Tetsu mientras miraba a su amiga Tsubasa, la cual estaba más preocupada por si Hyde rompía su bola que por el final de L'Arc~en~Ciel.

 

-De acuerdo, de acuerdo... me calmaré, lo haremos a tu manera -Hyde cedió al fin-. ¡Nos sentaremos y tomaremos un té mientras tu amiguita nos dice lo maravillosa que hubiera sido mi vida si nunca me hubiese cruzado con tu cara!

 

Tetsu fingió no haber oído este último comentario y decidió pasar a la explicación de su plan:

 

-Tsubasa es una gran vidente, ella sabe cómo hacer las cosas y sabrá decirnos si nuestra unión fue un error o no.

 

Ken hizo una mueca de fastidio y no pudo evitar lanzar un comentario de incredulidad a regañadientes.

 

-Escucha, Ken, yo tampoco creía en estas cosas, pero el poder de Tsubasa es increíble y va mucho más allá de lo que podamos creer o no. Ella me ha ayudado mucho y a sabido ver cosas que ningún otro vidente sabe ver.

 

Este último comentario hizo que Tsubasa se sonrojase ligeramente y que entre ella y Tetsu surgiese una sonrisa de complicidad.

 

Ken, Yukkie y Hyde lanzaron un suspiro de resignación al unísono, lo cual Tetsu interpretó como una señal para que la sesión diera comienzo.

 

 

 

Ciudad de Banff (Alberta) CANADÁ

 

-¡Despierta! ¡Hay muchas cosas que hacer! le anunció George Awaji a su único hijo mientras tiraba al suelo sus sábanas y corría las persianas.

 

-Hoy es domingo. Me prometiste que los domingos me dejarías ir a Calgary refunfuñó Yukihiro, tapándose los ojos con las manos para que no le deslumbrara la luz del sol.

 

-Lo sé, hijo, pero ha venido un grupo de turistas japoneses y no puedo atender yo solo el hostal. Tendrás que arreglar las habitaciones de la 104 a la 107 y luego encárgate de ir a buscar los desayunos al almacén de Emily.

 

-Me debes una.

 

Tras la puerta entreabierta Yukihiro se quedó solo dentro de la soleada habitación. Pronto cumpliría veinte años. Veinte años que había pasado metido en aquel hostal y cuidado por aquel hombre al que llamaba padre. No es que George no fuera su padre, pero fue un padre por sorpresa.

 

Un año estuvo coqueteando con una turista japonesa que viajaba sola y al año siguiente se encontró con un regalo delante de la recepción de su pequeño hostal. La nota que había bajo la manta del bebé decía así:

 

George, sé que no te esperabas esto, pero tú también sabias que había un 50% de posibilidades; no me vi con valor para abortar.

No quería que nadie saliese perjudicado.

Yo no puedo cuidar de él aquí en Japón, ni siquiera tengo tiempo para darle el pecho. Hasta ahora lo cuidaba mi vecina pero ella ya es mayor para tener bebés en casa. Crecerá mejor allí, a tu lado.

Por favor, hazte responsable de él.

Su nombre es Yukihiro.

Yuki significa nieve, para que nunca olvides los paisajes nevados que veíamos cada mañana al despertarnos desnudos.

Con amor.

Midori

 

Y aquello era lo único que supo alguna vez George de la madre de su hijo. Y lo único que Yukkie sabía de la mujer que lo dio a luz y luego lo abandonó.

 

Durante los años que llevaba ayudando a su padre en el hostal había aprendido japonés, con la esperanza de que algún día aquella mujer llamada Midori se presentaría ante él para disculparse de su abandono. Pero hacía año y medio perdió toda la fe que tenía en aquellas palabras escritas bajo la manta que un día le sirvió de cobijo.

 

Yukkie ahuyentó esos pensamientos de su mente y se puso rápido una sudadera de manga larga y unos tejanos desgastados. Bajó a preparar las habitaciones y después de traer los desayunos del almacén y servirlos en el buffet del hostal fue a ver a su padre que estaba en recepción archivando las reservas que le llegaban desde Internet.

 

-Papá, ¿hay algo más que hacer? -preguntó Yukkie con la esperanza de que su padre le contestara con una negación.

 

-Sí, esperar a que bajen los huéspedes a desayunar y luego recogerlo todo.

 

Una sombra de decepción pasó por la cara de Yukkie.

 

-Escucha, hijo.

 

-Dime.

 

-He estado pensándolo mucho y me hago viejo para esto. Ya no puedo cargar con las cajas de la lavandería sin tu ayuda y cada vez que tengo que archivar estas condenadas reservas vía e-mail me hago un lío -dijo George-. ¿Has pensado en tu futuro? No quiero ser aguafiestas pero, teniendo como tienes aquí un negocio que va bien, me gustaría que aprovechases la posibilidad que te doy. Sinceramente, me gustaría que te quedases a cargo del hostal, sé que es un poco egoísta por mi parte, pero creo que no podría confiar en ninguna otra persona para ello.

 

-Deja que me lo piense, ¿de acuerdo?

 

 

Ciudad de Londres (Inglaterra) GRAN BRETAÑA

 

-¡¡¡Papááááááá!!!

 

-Dime, darling -respondió Philip Takarai, el padre de Hyde, sin apartar la vista del periódico.

 

-¿Por qué les dijiste a esas idiotas asistentas que desordenaran mi cuarto? ¡Ahora no encuentro mis shorts de practicar squash!

 

-Darling, yo les dije que lo ordenaran, no que lo desordenaran.

 

-Pues que sepas que esas inútiles han guardado en un cajón los calcetines que tenía perfecta y pulcramente ordenados en el suelo y numerados para usarlos de lunes a domingo... ¿ahora cómo sabré cuál es el del martes y cuál el del jueves? ¿Acaso quieres que me ponga el miércoles los del sábado? ¡Qué horror! ¡No soportaría un error así! Hyde suspiró, intentando expulsar la energía negativa y las malas vibraciones-. Bueno, papi, me tengo que ir a la Uni o al final acabaré de los nervios. No quiero volver a ver a ninguna de esas ineptas merodear por mi cuarto.

 

-¿Necesitaras dinero para el almuerzo, darling?

 

-Sí, papi, pero no te preocupes. Llevo la Credit Card dijo Hyde sin dejar de sonreírle a su padre.

 

-Cuídate, hijo.

 

-Gracias, papi.

 

 

Cinco horas más tarde, en el Campus de la Doctor Morris University:

 

-¡¡Hyde!! gritó Susan desde la ventanilla de su Rolls Royce. ¿Vienes a jugar squash?

 

-Nena, Susan, lo siento. Me quedan dos clases más y aún tengo que ir a hablar con Mc Clark sobre lo de la beca Europea. Quizás mañana después de mi práctica de polo pueda pasarme por las pistas de squash y darte una paliza con mi mejorado revés de izquierda. Bye, bye, nena.

 

-¡Hyde!

 

-¿Dime, darling?

 

-Mc Clark está en la sala del quirófano público -dijo Susan mientras acomodaba sus Ray-Ban sobre la nariz.

 

-Thank you, darling.

 

Hyde se dirigió al interior del enorme edificio central de la Doctor Morris University en busca de Mc Clark, su tutor personal y profesor de terminología médico-quirúrgica. Hyde, desde pequeño, había recibido una excelente educación, sus padres no habían reparado en gastos. Clases de alemán, español, japonés, griego y latín; prácticas de hípica, squash, polo, tenis y vela, con entrenadores personales; y matrícula de honor en los estudios desde 3º de primaria.

 

Su padre, un doctor de renombre mundial, debía su apellido, Takarai, a la abuela de Hyde. Una mujer japonesa de mucho carácter y estricta disciplina casada con Phineas Boswell, el padre de Philip. Phineas estaba tan enamorado de aquella mujer que no dudó dos veces en darle a su hijo el apellido de ella.

 

Hyde se encontraba actualmente estudiando medicina, ya que su padre le había prometido la dirección de uno de los siete hospitales que tenía bajo su poder. Hyde, como buen estudiante e hijo de papá, se estaba esforzando mucho e, inclusive, había presentado una solicitud de beca para acabar sus estudios en alguna de las más prestigiosas capitales europeas.

 

Mientras canturreaba la Sinfonía nº1 de Mahler llegó a la puerta de la sala quirúrgica de donde Mc Clark salía en ese preciso instante.

 

-¡Sr. Mc Clark, teacher!

 

-¡Ah! ¡Hyde, estás aquí! ¡Qué bueno que te encuentro! Verás, es sobre la beca empezó diciendo Mc Clark.

 

-Sí, teacher, precisamente venía a preguntarle sobre ello.

 

-Hyde, a ver cómo te explico esto... dijo Mc Clark. Hicimos lo que pudimos y la elección fue muy dura; es cierto que tus notas no pueden ser mejores, así que tanto el comité estudiantil como yo mismo esperamos que aproveches la oportunidad que te brindamos. La beca es tuya.

 

En ese momento el rostro de Hyde se iluminó y, sacando apresuradamente su Cell Phone del bolsillo de la americana Armani, marcó el número de su casa. Al escuchar la voz de su padre al otro lado del hilo telefónico un ápice de suficiencia apareció en su sonrisa.

 

-Papi, no te lo vas a creer, ¡qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte! Diles a esas estúpidas asistentas que preparen mis maletas. He conseguido la beca.

 

 

Ciudad de El Cairo (Bajo Egipto) EGIPTO

 

-¡A la derecha! ¡A la derecha! Un poco más... ¡No! ¡A tu otra derecha! ¡Cuidado con eso, idiota, vale mucho más que tu vida y si te lo cargas no trabajarás tanto como para poder pagarlo algún día!

 

Cuarenta y tres grados caían en ese momento sobre la cabeza de Ken y el turbante sólo le proporcionaba una irrisoria protección.

 

Llevaban ya dos horas y media descargando los camiones que acababan de llegar desde Italia, procedentes de una exposición temporal cedida desde el Museo de Egiptología de El Cairo. Ken Kitamura había sido nombrado director de aquella exposición y tuvo que encargarse de todos los preparativos y procedimientos, lo cual hizo que pasase más de un mes y medio en un minúsculo loft a las afueras de la ciudad de Roma. Ahora de vuelta a El Cairo le pareció que el calor había arreciado en toda la ciudad y por un momento deseó volver a Roma...

 

Pero sin duda para lo que Ken había nacido era para pasar sus días entre sarcófagos y papiros.

 

Durante cinco años estuvo haciendo la carrera de Egiptología en la Universidad al-Azhar de El Cairo y desde que se graduó había intentado mantener una relación seria con alguna mujer, pero irremediablemente se aburría enseguida. Incluso llego a creer que era gay... pero esa idea desapareció enseguida de su cabeza nada más ver unos videos homoXXX que descargó de Internet.

 

Así que decidió vivir un ni contigo ni sin ti con todas las mujeres que habían pasado por su vida (y no habían sido pocas).

 

En el museo se había ganado la fama de gigoló, el montoncito de tarjetitas personales que siempre llevaba en el bolsillo acreditaban esa fama, y siempre que en el museo veía a alguna chica sola la guiaba desinteresadamente, tomaba un café con ella y dejaba una de sus famosas tarjetitas en la mano de su víctima. A los dos días siempre acababan llamando.

 

A pesar de todos los rumores que corrían por los pasillos, la verdad es que Mamdouh el Damati, el jefe de investigación y director general del museo, adoraba el trabajo de Ken. Siempre serio, efectivo y entregado se las manejaba a las mil maravillas entre momias, pirámides y turistas (sobre todo entre las de genero femenino).

 

En ese momento, la última de las piezas de la colección fue descargada del furgón blindado y llevada, a través del portalón, a la salita de inspección que se le había destinado.

 

-¡Zahi! -llamó Ken a uno de los miembros del grupo-. Ve a ver al Sr. Mamdouh y dile que hemos descargado, si quiere supervisar la inspección de las piezas tendrá que venir antes de que lleguen los del laboratorio a desenvolverlo todo.

 

-Señor, el Sr. Mamdouh hace dos minutos que espera en la salita.

 

-Perfecto. ¿Cómo estoy? ¿Tengo buen aspecto? preguntó Ken.

 

-Sí señor, está usted deslumbrante, como siempre.

 

-Mientes bien, chico, pásate por mi despacho luego y te daré un plus por el peloteo.

 

Efectivamente, como Zahi había dicho, el Sr. Mamdouh esperaba en la salita con unos archivos en su mano derecha, mientras con la otra, comprobaba una y otra vez la hora en su Rolex de oro.

 

-Sr. Mamdouh, qué gran placer me da volver a verle -exageró Ken-, estas siete semanas en Roma han sido una tortura.

 

-Pues me temo, Kitamura, que la tortura continúa.

 

-Perdón respondió Ken perplejo-, creo que no le entiendo.

 

-Verás, sé que esto no te va a sonar raro, pero, la exposición que organizaste ha sido un rotundo y absoluto éxito y tengo a cinco peces gordos de Europa y Norte América deseando que pongas los pies en su país con las maravillas que hay en esta salita dijo el Sr. Mamdouh-. Así pues, creo que no hará falta que las desempaquetemos. Tienes diecisiete  horas de descanso, el próximo destino lo escogeremos en la junta de mañana.

 

 

Cuidad de Osaka (Kinki) JAPÓN

 

-¡Eres la vergüenza de la familia! -le vociferó el Sr. Ogawa a su hijo, que cabizbajo no se atrevía a levantarse del suelo-. No mereces el apellido Ogawa.

 

-Escucha, cariño, no debes alterarte, si no tu tensión... -dijo la Sra. Ogawa intentando persuadir a su marido de que se tranquilizara.

 

-Dices que no me altere, de acuerdo, ¡pero cómo quieres que ignore que este estúpido ha venido desde Tokyo con el rabo entre las patas y sin un solo yen!

 

-Escucha, papá -dijo apenas Tetsuya con un hilo de voz-, encontraré trabajo aquí. La vida en Tokyo era muy dura y el trabajo no valía la pena... Encontraré uno mejor y...

 

-¿Qué es lo que mis viejos oídos acaban de escuchar? ¿Que no merecía la pena? Escucha, hijo, ¡yo no te he criado así! Todos los trabajos merecen la pena. Yo no he mantenido a esta familia durante 45 años de mi vida sin trabajar y no pienso mantener a un adulto como tú le amenazó el Sr. Ogawa a su hijo-. ¡Si querías ser un crío no haberte empezado a afeitar! Ahora eres un adulto y debes acarrear con tus obligaciones.

 

En ese momento, dos niñas de unos diez u once años salieron por la puerta del jardín vestidas con unos inmaculados kimonos de motivos otoñales. Al ver el rostro de la inesperada visita, que había detenido su clase de caligrafía, una enorme sonrisa se dibujó en sus rostros.

 

-¡Onnisan! ¡Onnisan! gritaron ambas de alegría. ¡Has vuelto!

 

-¿Cómo es la vida en Tokyo?

 

-¿Es cierto que la estación de Marunouchi es gigante?

 

-¿La gente lleva los keitais pegados a la cara?

 

-¿Quién os ha explicado esa historia de los keitais? -preguntó Tetsu, perplejo por la pregunta.

 

-Papá dijo que de tanto hablar por teléfono a la gente se le quedarían pegados los keitais a la cara...

 

-¡Jajajaja! Vaya... ¡me habéis descubierto! ¡Yo también soy un monstruo con un keitai pegado a la cara y oculto bajo mi piel! Y a los monstruos como a mí lo que más nos gusta son... ¡las imoutos! ¡¡Muajajajaja!! dijo Tetsu con una risa maléfica muy poco creíble, pero que hizo correr a las niñas por todo el jardín sin poder contener la risa.

 

-Tetsuya se dirigió la señora Ogawa a su hijo, te hemos echado mucho de menos. Quédate por un tiempo en casa y ya buscaremos juntos una solución. Además, contigo al lado, cuidar de las niñas será una carga menos pesada, ellas son las que más te habían añorado.

 

-Y yo a ellas respondió Tetsu con una sonrisa que entrañaba el cariño que sentía por sus hermanas, y yo a ellas...

 

Al día siguiente Tetsu se levantó tarde y compró el periódico. Después de pasar un par de horas largas en una cafetería y de marcar un par de anuncios de empleo de entre las páginas de ofertas de trabajo pagó los 2 capuchinos que había consumido, y se sorprendió al encontrar un boleto de lotería en el bolsillo de su pantalón.

 

Lo había comprado hacía una semana con los últimos billetes que le quedaban después de haber perdido el empleo... ni siquiera sabía si le había tocado algo o no.

 

-Sumimasen se dirigió Tetsu al dueño de la cafetería, ¿sabría decirme, por casualidad, el número de teléfono de la Jumbo Takara-kuji de Osaka?

 

-Un momento, por favor, creo recordar que tengo un papel con el listado de los teléfonos -respondió el hombre a la vez que hacía una pequeña reverencia con la cabeza.

 

A los treinta segundos uno de los camareros volvió con un papel del tamaño de una postal y se lo tendió a Tetsu, que a su vez, sacó el keitai del bolsillo de la americana y marcó el número que indicaban como Osaka Jumbo Takara-kuji Central Office.

 

-Cero seis, seis tres siete tres, cuatro uno nueve dos susurró mientras marcaba.

 

Mientras Tetsu hablaba por teléfono el dueño de la cafetería vio cómo de la cara de Tetsu se borraban las ojeras, de sus labios brotaba una sonrisa y su mano libre empezaba a temblar ligeramente.

 

-Creo que no va a volver a trabajar en mucho tiempo bromeó el dueño cuando Tetsu acabó la conversa telefónica.

 

-Se equivoca dijo Tetsu en apenas un suspiro-. No tendré que volver a trabajar nunca más.

 

 

~Continuará~

 

 

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