ARE YOU DEAD YET?

-por Hoshino Haruka-

::II CERTAMEN LITERARIO VIVID CARROTS::

MENCIÓN ESPECIAL

Seudónimo adjudicado: Dreaming Dead

 

VALORACIÓN DEL JURADO*

Juez 1

Juez 2

Juez 3

9 puntos

-**

-**

Puntuación Media: 3 puntos

(*) La puntuación se otorgó en función de los votos de los miembros del jurado, que eligieron cada uno a sus cinco favoritos, ordenándolos por preferencia del 1 al 5, siendo el 1 el mejor según su criterio. A partir de estos resultados, se repartieron de 6 a 10 puntos por obra: 10 puntos para el primer lugar, 9 para el segundo, etc. La media obtenida entre las puntuaciones de cada jurado es la valoración total que aparece aquí.

(**) No figura entre los 5 elegidos por este juez. 

COMENTARIOS DEL JURADO

Juez 1

Me encanta el desencadenamiento y el declive de la cordura de Hyde. La manera de enfocar el punto de vista y el tipo de filosofía del personaje principal es despampanante, dan casi escalofríos los accesos de locura que le dan... simplemente genial.

Juez 2

Me ha gustado, es muy emotivo y mantiene la atención en todo momento, aunque el final acaba siendo predecible.

Juez 3

Una historia bastante original, con suspenso y un final inesperado. Muy bien escrita y narrada.

 

 

Disclaimers: Los personajes no nos pertenecen ni a mí ni a mis voces, todo ha sido creación de mi mente pirada y traumada, nada es real, salvo que Hyde es un vocalista guapo y enano con un ego enorme y que Tetsu es un bajista que hace cosillas con Haido cuando nos descuidamos (o eso creen ellos ¬_______¬).

Advertencia: Este fic es necrófilo ^^, si te molesta la necrofilia (que no creo XD), corre por tu vida y lee algo decente X3, si no, pues sobra decir que leas ._.. ¡Ah, y se me olvidaba! No recomendado para gente en depresión u_u… no quiero arruinar una posible recuperación XD.

 

Fecha de publicación: 24 de diciembre de 2007 - Corrección: Kotori.

 

La puerta de cristal se abrió. El serio hombre se acercó a tres cabizbajos sujetos sentados en la sala de espera. Detrás de él lo seguía otro hombre vestido de uniforme azul. Ambas miradas se cruzaron cediéndole la palabra al de blanco.

 

—Hicimos lo que pudimos —sentenció—. La herida era profunda, dañó órganos vitales y no pudimos controlar la hemorragia interna. Lo siento mucho.

 

El más pequeño de la habitación se acurrucó en la esquina escondiendo su rostro entre sus manos. El otro guardó silencio apenas asimilando lo que le decían. Sólo el guitarrista estalló en lágrimas, rompiendo el oscuro silencio que caía sobre todos. El médico tragó pesadamente y acercó al policía a lo que quedaba de la banda.

 

—El oficial tiene algo que decirles… Lamento mucho su pérdida.

 

—Tengo que verlo… —sollozó la pequeña figura en el rincón—. Él no puede estar muerto… ¡tengo que verlo!

 

—Lo verá, señor Takarai. Sólo déjeme hablar un momento y le juro que podrá ver a su amigo.

 

Hyde se resignó a escuchar, apartado de los otros dos miembros, pero atento a lo que hacían. Viendo el silencio que le concedían las víctimas, el oficial comenzó a hablar.

 

—Lo que le pasó al señor Ogawa no fue un accidente —todos lo miraron dolidos—. No… no fue un suicidio —aclaró detectando el enojo que ello les traería—. Me refiero a que fue algo premeditado. Alguien planeó esto y…

 

—¡Al punto! —gritó Ken. El oficial respiró profundamente.

 

—Al señor Tetsuya lo asesinaron.

 

Todos en la sala se quedaron sin aire. Sus corazones se detuvieron compartiendo la sorpresa y pena que ello les causaba.

 

—La herida fue hecha con un objeto punzo cortante. Una navaja si especificamos. Sin embargo no hay marcas de forcejeo alguno.

 

—¿Quiere decir que se dejó apuñalar así nada más? —sugirió el baterista.

 

—No podemos asegurar nada. Tendríamos que ver la escena del crimen para dar un análisis más completo de la situación. Les pedimos que no vayan a su departamento para no alterar nada.

 

—Pero… ¿y sus cosas? ¡No voy a dejar todo eso ahí! —replicó Hyde.

 

—No tomaremos nada que no sea necesario. Sólo lo indispensable. Tendrán todo de vuelta en cuanto hallemos al culpable.

 

El uniformado respiró hondo. Compartía el dolor de la muerte del bajista al igual que lo compartiría el resto del mundo. Pero nada comparado con sus amigos… con su amante… con su familia.

 

El vocalista volvió a sumirse en su rincón, huyendo de la mirada de todos. Dejando a Ken y Yuki a cargo de la situación. Los dos se volvieron hacia el policía suplicando que terminara con eso de una vez.

 

—Les informaremos de cualquier avance. Sólo un favor más.

 

—Hn —asintieron.

 

—El señor Takarai tiene que testificar.

 

—¿Eh? —Haido volvió a mirar a los otros—. ¿Por qué yo?

 

—Usted encontró al señor Ogawa. Y usted llamó a la ambulancia. Nos será de mucha ayuda que nos diga las circunstancias en las que lo encontró.

 

—No soy un sospechoso.

 

—No, no es eso. Simplemente nos ayudaría su cooperación. —y dicho esto salió, volviendo a darle paso al médico que los llevaría donde el cuerpo de su querido amigo.

 

 

Entraron uno a uno a la morgue. Un cuarto de gran longitud con unos veinte cuerpos cuando menos. Las paredes pintadas de verde, decoradas con azulejos del mismo color, rompían con el tradicional blanco de los sanatorios. No había necesidad de guardar silencio en aquel lugar sin embargo todos lo hacían. La tristeza de la muerte, o la simple intimidación hacia los cadáveres ahí yacientes era lo que no dejaba que las palabras salieran. Incluso para los que ahí trabajaban, ir a ver la morgue no era un trabajo cualquiera. Más de uno prefería hacer turnos dobles a ir a meterse ahí.

 

Primero entró Yuki. Con una breve despedida de su parte. Se limitó a tomar la mano del difunto y susurrarle palabras dulces de despedida. Lágrimas cayendo por sus rasgados ojos, su voz fallando y obligándolo a bajar su tono un poco más. Sentía como si sus cuerdas vocales fueran estrujadas por una mano invisible.

 

—Tet-chan… —sollozó—. Perdónanos. Debimos estar allí para protegerte. Siempre cuidaste de nosotros y no pudimos pagarte todo eso… Tet-chan… Cómo quisiera que volviera el tiempo, yo… —se limpió la cara con el dorso de su otra mano y volvió a mirar el frío cuerpo del bajista—. Te quiero mucho Tet-chan… Fuiste un amigo increíble.

 

"¿Por qué, Tetsu? ¿Por qué…? ¿Por qué las personas como tú sufren de esta manera? No era así como debías morir… Así no…"

 

Durante unos minutos Yuki lloró en el cuerpo de su amigo, besando su frente como si eso fuese a hacer algún efecto en él. Las frías manos del bajista fueron apretadas por las del calmo hombre rogando por un momento más… Un momento que jamás tendría.

 

 

El siguiente fue el guitarrista. Desde el momento en que Tetsu llegó al hospital había tenido ese presentimiento de que las cosas no estarían bien. Ahora podía ver sus sospechas descansando en aquella fría mesa metálica. Sus mejillas ya no mostraban ese infantil tinte sonrosado. Sus labios no eran frescos. Su piel comenzaba a sentirse seca y rígida. Como si con un movimiento fuera a agrietarse.

 

Era su turno de hablar. De recitar cuánto le quería. De rogar porque todo fuera un sueño y hablarle a sus sordos oídos de cosas que en vida jamás le hubiera dicho.

 

—Hermano… —con sólo pronunciar eso sus ojos destilaban saladas gotas de amargura—. ¿En qué momento dejé de velar por ti…? Desde siempre nos hemos cuidado… desde… —se sentó en un banco cercano antes de que sus piernas terminaran de desfallecer—. Desde que te conozco has sido la persona más importante en mi vida… No sé cómo voy a sobrevivir sin ti. Siempre estuviste a mi lado. Y aunque las cosas no siempre salieron como tú querías, yo traté de que todo fuera perfecto para ti. Para nosotros.

 

Se acercó al cuerpo de su amigo hasta casi quedar apoyado en su pecho.

 

—Despierta, Tetsu… Levántate… No puedes dejarnos así…

 

La respuesta fue nula. Era algo obvio. Pero en el fondo, la esperanza de que todo terminara era inevitable. Sabía que el cuerpo inerte del bajista jamás volvería a abrir sus ojos. Que su sonrisa no volvería a dibujarse tan hermosamente en ese, ahora pálido, rostro.

 

—Te quiero, hermano. Te quiero porque siempre estabas aquí, porque nunca nos dejaste abandonados en nuestros peores momentos. Creo que en parte todo esto es un castigo por haber tomado tanto de ti y jamás darte nada. Cómo quisiera darte todo lo que me diste. Cómo quisiera que tu vida fuera tan maravillosa como tú hiciste la mía —a pesar de las desbordadas lágrimas, su voz no flaqueaba, podía hablar con él con la misma facilidad ahora que en vida, pero antes no había estado tan desesperado. Su corazón se partía en cada momento. Las piezas jamás volverían a ser reunidas—. Quisiera estar en tu lugar, Tetsu. Quisiera haber sido yo al que asesinaron…

 

Pensó sus palabras un momento. Comprendiendo el porqué de las cosas. Con una media sonrisa apretó la mejilla de Tetsu.

 

—Soy un idiota… Ni aún ahora puedo dejar de pensar en mí. Si yo estuviera en tu lugar tú estarías ahora llorando como lo hago en este momento. No es justo, ¿verdad? Estarías sufriendo por mi causa. Eso no me lo podría perdonar… Perdóname, Tetsu… Tal vez te fuiste porque no pude darte lo que te merecías… —la dureza de sus palabras se sentía pesadamente verdadera. Sabía que siempre había sido un egoísta, aunque nadie le dijo nunca nada, entendía que ése era su castigo. Algo que nunca superaría, porque Tetsu era demasiado para él.

 

—Perdóname —se despidió con un tierno beso en la frente. Soltando la mano de la persona más preciada en su vida. El amigo que lo dejaría para siempre.

     

 

Los pasos fueron acercándose a la metálica mesa. La blanca sábana había sido retirada de su rostro. Una de sus manos caía oscilante a un costado esperando a ser rescatada del fúnebre vacío.

 

Corrió a su lado como si le hubiera llamado. Sostuvo su mano entre las suyas como lo habían hecho antes sus amigos. Incluso pudo ver sus lágrimas que traspasaban la tela colocada en su pecho. ¿Qué más podría decirle que no hubiera sido dicho ya? Sus amigos se habrían encargado de decirle que lo amaban, que despertara, y un sin fin de cosas que no deseaba repetir. No quería quitarle valor a lo dicho con sus labios.

 

Se acercó al rostro de su amado. Sus ojos sellados se encontraron con las pupilas de Hyde. Atreviéndose a montar una dramática escena en ese lugar, cerró los ojos y le besó lenta y dolorosamente. Ahogando sus reproches, reteniendo los sollozos y las súplicas. Saboreando el luctuoso rozar de sus labios, la macabra sensación de muerte en su ser.

 

Muerto… Un término inverosímil para Tetsu. Aquel sonriente japonés, amable, cálido. Totalmente diferente a lo que estaba ahora reposando. Maldijo al imbécil que le había arrebatado a su amante, algo de lo que se habían olvidado sus compañeros. Quería que la justicia se hiciera evidente en ese momento. Y no se refería a encarcelarlo, deseaba la muerte del repulsivo hombre que había arrancado las alas de la existencia al bajista.

 

Apretó la sábana. Su cabeza se colocó en el cuello de Tetsu, aspirando un imaginario aroma a perfume, aunque en realidad fuera a narcóticos. Lloró imaginando que las manos del bajista lo consolaban, soñaba que sus dedos se filtraban por su cabello. Tanto lo deseaba que incluso podía sentirlo.

 

—Haido… —exhaló.

 

Esa voz sólo era un sueño.

 

—Haido… Nakanaide… [1].

 

Los sollozos se detuvieron. Su cabeza dejó de moverse. Su cuerpo entero se tensionó. Una ola de miedo recorrió su columna haciéndolo arquearse. Perturbado, se incorporó hasta ver el rostro de Tetsu.

 

—¿Tet…chan? —masculló.

 

—Haido… —la áspera voz retumbaba en sus oídos. Podía escucharla claramente, pero los labios de Tetsu no se movían. ¿Sería un fantasma?

 

—Tet…su… —limpió las lágrimas y trató de concentrarse en la voz—. ¿Dónde estás?

 

No hubo respuesta. En el fondo sabía que todo era imaginación suya, pero era menos doloroso creer que Tetsu no estaba muerto. Prefería engañarse y pensar que volvería a escuchar esa amable voz. Y así fue.

 

—Haido… Haido… Haido… —repetía. Hyde se llevó las manos a la cabeza en su lucha interior por aislar las dudas, mientras que la otra parte de sí le decía que todo era una alucinación, que la tristeza le hacía ver cosas.

 

Cuando se volvió hacia el cuerpo tuvo que contener un grito en su garganta… Los ojos del bajista estaban abiertos viendo hacia el infinito, su mirada penetrante hacia el techo. El vocalista se acercó mordiéndose el dorso de la mano por el pavor que le tenía. El médico le había dicho antes de entrar que algunas veces quedaba algún reflejo traicionero que los hacía moverse un poco. Pero jamás creyó que eso fuera a pasarle a Tetsu. Probablemente la muerte violenta de su amante había hecho que eso pasara.

 

Miró sus ojos perdidos y desenfocados, apretó su mano con angustia evidente. Pero lo que menos esperó fue que el apretón le fuera regresado.

 

—¡Tetsu! —gritó. Por suerte nadie le oía, la sala era muy amplia y estaba vacía. Su voz se perdió entre los muros siendo ignorada por los demás cadáveres—. ¡Estás vivo! ¡Lo sabía! ¡Yo lo sabía! ¡No moriste!

 

Tetsu no contestó… Sólo apretó su mano y volvió la mirada a su compañero. Alzó su mano con agilidad y atrajo la nuca de Hyde hacia sí. Los labios rígidos del bajista depositaron un beso profundo y asfixiante en los del otro hombre. Exigiendo más contacto con él. Rogando por un poco más del vocalista.

 

—Tetsu… ¿por qué…? ¿Por qué me engañaste así? Estaba tan triste porque tú pudieras estar…

 

Sus dedos se posaron en su boca pidiéndole que guardara silencio. Extendió los brazos levemente para abrazarlo, y cuando Hyde se estrechó contra su cuerpo pudo percibir ese olor a partida en él. Hyde se separó respirando agitado.

 

—¡Digámosle a los demás! ¡Tienen que saber que estás vivo!

 

Los ojos de Tetsu seguían vacíos, revisando a su amante con suma atención, llevándolo de vuelta a su pecho. Brindándole paz con ese simple roce. Haido no entendía, pero prefería dejar sus dudas y cerrar los ojos en aquel plácido sopor. Se recostó sobre el torso del bajista dejándose llevar por sus manos. Impregnándose de ese olor nuevamente, con las manos aprensivamente agarradas a las de Tetsu. Pero aún sus palabras reverberando en su cabeza…

 

—Haido… —decía. Ese audible aullido de dolor y despedida, esa mezcla de misterio y miedo que le transmitían. Allí se quedó, rogando por no despertar y alejarse de la persona que más amaba.

 

 

—¿Dónde estoy?

 

—En mi casa. Te trajimos aquí para que descanses, te quedaste dormido en ese lugar.

 

—¿Ken-chan?

 

—¿Quién más? —le dijo con una sonrisa fingida. Sus ojos húmedos e irritados le indicaban que había estado llorando.

 

—Me siento aturdido.

 

—El médico te puso un sedante, estabas alterado.

 

—¿Y Tet-chan?

 

Ken guardó silencio. Se sintió sorprendido por la repentina e incoherente pregunta.

 

—¿A qué te refieres? —inquirió no queriendo preguntar lo que se imaginaba.

 

—¿Dónde está? ¿Volvió a despertarse?

 

Ken lo miró atónito, las palabras se escondieron sin dejarle qué decir.

 

—Está en la morgue aún. Estuvimos haciendo los preparativos para el velorio, irán por él en unas horas.

 

—¿Eh? Pero… Tetsu… —sus ojos se inundaron conforme hablaba.

 

—Está muerto, Haido. No tienes que asimilarlo ahora, pero no te engañes tan cruelmente. Tetsu no va a despertar.

 

Lo que se vino fue algo similar al Apocalipsis. Los gritos desesperados de Hyde retumbaron en todos los rincones. Sus forcejeos por salir del departamento se incrementaban, siendo Ken el único que estaba allí para detenerlo.

 

Hyde empezó a decir incoherencias y demás cosas que Ken no pudo comprender. Repetía que Tetsu estaba vivo, que había abierto los ojos, que sólo había que despertarlo. Su alma se rompía poco a poco dejando los pedazos detrás.

 

Por fin logró sostenerlo de tal forma que no pudiera moverse: con las muñecas sujetas, y envuelto en el cálido abrazo que le brindaba su amigo.

 

—Tetsu no va a despertar —repitió aparentando calma—. No importa lo que hagamos, él se fue. Es todo.

 

—¡No! ¡NO~! —Lloraba aferrándose a la idea—. ¡Yo lo vi, Ken-chan! ¡Me tocó! ¡Lo abracé! ¡NO ESTÁ MUERTO!

 

Ken miraba con lástima y compasión al desgarrado amante de su difunto amigo. Las fuerzas del vocal se iban desvaneciendo aminorando la lucha por salir. Tenía miedo de lo que pudiera hacer si lo dejaba. No era muy famoso por su autocontrol y mucho menos si Tetsu no estaba cerca. La crisis emocional que le traía la muerte de Ogawa sería una cicatriz imborrable.

 

—¿Dónde está, Ken…? ¿Dónde lo tienen? —suplicaba quedamente.

 

—Yuki está en el hospital esperando a que pasen por el cuerpo. Nos llamará cuando sea momento de irnos. Llamaré a todos los demás.

 

Se soltó de Haido y fue a hacer lo que le había dicho: telefonear a todos y cada uno de sus amigos para que asistieran al velatorio y posteriormente al funeral. Los arreglos se estaban haciendo más rápido de lo que el vocalista podía soportar, pero entendía que para Ken las cosas no pintaban diferente.

 

Se quedó allí hincado en el piso esperando volver a reunirse con Yuki y Tetsu, escuchando todas las llamadas que hacía Ken para avisar de la fatal noticia. Sus padres fueron los primeros. El peso cayó sobre los viejos señores Ogawa arrasando con sus alegrías de la misma forma en que lo haría una avalancha, enfriando sus deseos de ver a su hijo realizar tantas cosas como su imaginación les permitiera. Siempre le habían apoyado, le habían impulsado para que llegara alto, muy alto. ¿Todo para qué? Para que un loco les quitara a su hijo con una facilidad cínica.

 

Ellos darían el comunicado a sus hermanas y el resto de la familia…

 

El segundo en saberlo fue Sakura, posteriormente Takanori y demás amigos cercanos a él. Y así, de llamada en llamada, se fue expandiendo el mensaje que cubriría a Japón y parte del mundo con un velo de aflicción.

 

Los pésames no tardaron, el llanto tampoco. Dentro de unas horas esto se diría por todos los medios habidos y por haber. “Ogawa Tetsuya, el famoso bajista de L’Arc~en~Ciel, ha sido arrebatado de este mundo por un asesino desconocido.”

 

 

En la sala sólo se oían los lamentos de los ahí presentes. Ya fueran familiares o conocidos, los sentimientos se juntaban en uno solo: tristeza.

 

Ken se paseaba de un lado a otro pendiente de lo que pudiera pasar, asustado de que la prensa apareciera o lograra infiltrarse a la ceremonia. Se quedó quieto cuando los señores Ogawa llegaron y se sumieron en un abrazo con el guitarrista. Años de conocerlo habían formado ese lazo inquebrantable entre las familias. Entre ellos se había construido un código de confianza muy fuerte, donde no existía el formalismo o los modales.

 

Desde siempre aquella familia le había acogido, siendo los únicos que lo apoyarían para ser lo que en verdad quería ser, dándole un hogar cuando sus padres lo habían echado al dejar la universidad.

 

—¡Obaa-chan! —corrió Ken a abrazar a la señora. La viejita se acercó sollozante a su hijo adoptivo para recibirlo en un cálido abrazo maternal. La escena era muy hermosa y triste, pues después de eso, ambos señores le dieron las gracias al guitarrista y le juraron que él siempre sería un hijo para ellos.

 

 

Yuki estaba próximo al ataúd, viendo desde un sillón cómo todos se acercaban y daban sus últimos recuerdos a su amigo. Lágrimas empapaban la negra madera fina que encerraba a Tetsu. Las manos del baterista se entrelazaban apretándose mutuamente. Sentía nervios de acercarse, a pesar de haberlo visto en la morgue, el ataúd y las velas cambiaban la escena sembrándole miedo.

 

Pudo ver como Ken se acercaba con los padres de Tetsu, luego los dejó solos. Se quedaron ahí por varios minutos hasta que dieron permiso a sus hermanas. Las dos chicas menores del bajista se abrazaban consolándose como si fuesen viudas.

 

Después fueron algunos amigos o conocidos, pero el que llamó la atención fue Haido. Y no esperaba que éste estuviera tranquilo ni mucho menos, pero la forma en la que miraba el ataúd le aterrorizaba, movía sus labios hablando con nadie en particular y sus ojos estaban abiertos como platos. 

 

Se quedó esperando otra reacción.

 

Las manos del vocalista perdiéndose en sus bolsillos.

 

Sólo silencio…

 

Se acercó en parte por curiosidad y en parte por lástima a la confusión que sentía. Entonces escuchó ese débil murmurar.

 

—Despierta, Tet-chan. Eres todo para mí. Despierta por favor.

 

—Haido —le llamó Yuki detrás de él. Hyde pegó un brinco espantado hasta que entendió que la voz venía de Yuki.

 

—Yuki —contestó desilusionado—. No te había visto.

 

—Un. No importa. ¿Qué piensas? —puso una mano comprensiva en su hombro, apretándolo en señal de amistad, para que sintiera el lazo de confianza hacia él.

 

—En Tetsu… Ken no me creyó, pero yo sé que no está muerto.

 

La pesadez de sus palabras retumbó en su corazón, un nudo en la garganta se formó. La respuesta había sido tan espontánea y segura que no cabía duda de que Haido lo creía.

 

—¿Por qué lo dices? —inquirió iniciando la sesión de escucha que lo llevaría a indagar en el corazón de su amigo.

 

—En la morgue despertó… Yo lo vi. Estaba vivo… Me besó… —vio la forma en la que Yuki lo miraba—. No fue un sueño —aclaró previendo lo que le diría su amigo batería.

 

—Sé por lo que pasas. ¿Pero no crees que sería mejor tratar de asimilarlo?

 

—¡Sé lo que vi!

 

Todos en la sala los voltearon a ver. Yuki miró alrededor y luego habló en un susurro.

 

—Estoy contigo.

 

—Créeme —le suplicó—. Tetsu está vivo.

 

—Ven —lo tomó del brazo alejándolo del ataúd—. No es bueno que te quedes allí tanto tiempo… Te traeré algo ¿ne?... sólo quédate aquí —lo acercó a un sillón cerca de la puerta. Luego salió en busca de la máquina de bebidas.

 

 

—Haido… —el tétrico exhalar de su amante lo llamaba desde que había entrado a la sala. Se había sumido en una aletargada depresión al ver al bajista en su eterno reposo. Sólo Yuki pudo sacarlo de ahí, pero la letanía lo perseguía—. Haido…

 

—Dime, Tetsu —le pedía, pero no contestaba, sólo recibía su nombre en respuesta.

 

—Silencio, Haido… no digas nada… —era su petición.

 

—Encontraré al que te asesinó. Lo juro.

 

—Shhh…

 

El silencio lo envolvió nuevamente. El resto del velorio transcurría de la misma forma. Y así seguiría la calma hasta el día siguiente.

 

 

En todo el funeral no escuchó la voz de Tetsu. Hizo caso a lo que le había dicho su amante cuando lo contemplaba en el féretro:

 

“No hacer nada”, “no alterar a los otros”. Y no lo pretendía, nadie le creía, ya no confiaba en los demás para decirles lo que pasaba.

 

No fue sino hasta tres días después que la voz de su koibito le acosó de nuevo. Secretamente había ansiado que este se dejara escuchar. En su mente. Donde juró quedarse.

 

—Haido.

 

—Tetsu… dime.

 

Las manos del bajista abrazándolo por la espalda compartiendo una vez más esa quimérica cercanía. Sus delgados dedos, fríos como el hielo, ásperos. Su piel blanca, esa mortuoria tez ceñida a su cuerpo. Ojos fríos que miraban a Hyde con su lóbrega mirada.

 

Hyde se volvió hacia él con desesperación.

 

—¡Dime! ¡¿Qué hago para que te quedes?! —tomó ambas manos de Tetsu con la intención de calentar esas exinanidas manos… En vano.

 

—Shhh… —lo calmó. Su barbilla se posaba en el hombro del vocalista. Hyde besó su cuello aspirando su aroma, tocando su cabello.

 

—Buscaré al que te alejó de mí. Lo juro —su voto una vez más se hacía con Tetsu, pero éste negó con la cabeza.

 

—No, Haido. No tiene sentido.

 

—¡Claro que lo tiene! —Se separó de él para verlo a los ojos—. ¡Tet-chan! Tengo que saber quién te hizo esto. Quiero justicia para con él, y no tienes derecho a decirme que no tiene sentido —lágrimas caían desde sus ojos hasta su barbilla, estrechó a Tetsu pero éste ya no correspondía ni a su abrazo, ni a sus besos.

 

—Por favor, no lo hagas.

 

—¿Por qué? No tengas miedo. Yo te cuidaré. No dejaré que vuelva a lastimarte. Lo alejaré de ti.

 

—Por favor —lloró Tetsu apretando los ojos, pero Haido no notó lo que hacía, sólo asintió concediéndole aquello por ese instante, sin embargo, cumpliría su juramento.

 

—Déjame estar contigo. Quédate aquí.

 

—No puedo.

 

—¡Tet-chaaaan~! ¡Te lo ruego!

 

Tetsu lo besó nuevamente, sus ojos, dos perlas vacías de color negro, se fijaban en los labios de su amante, no pudiendo hacer más, no atreviéndose a decir palabra alguna.

 

—Tengo que irme.

 

—¡No va a tocarte nunca más! ¡LO JURO!

 

Haido besó su cuello nuevamente, humedeciendo con su vaho la pegajosa piel del bajista. Sus dedos se convirtieron en lenguas ardientes que apretaban cada porción de piel en su amante.

 

—¡Estás demasiado frío!

 

—Estoy muerto…

 

—Pero ya no, Tet-chan. Ya no lo estarás. Cuando encuentre a ese maldito ya no lo estarás.

 

 

Las semanas transcurrían, la disolución de L’Arc~en~Ciel era obvia, pero las cenizas que quedaban peleaban por ocupar una vez más la posición de lo que alguna vez fue la escultura original. Ninguno de los miembros trabajaría hasta nuevo aviso, el cual no tenía prisa en ser anunciado. Estarían en un hiato que probablemente no se retiraría nunca.

 

Ken iba al cementerio cada vez que podía para ponerle flores y arreglos a la tumba de su amigo. Se juntaba con Yuki casi a diario para hacerle compañía y no asfixiarse en la soledad y tristeza.

 

El baterista por su parte, iba y venía de su ciudad natal para reflexionar de vez en cuando. La presencia de Ken lo ayudaba a mantener los pies en la tierra y no perder la razón, como desgraciadamente había sucedido con Hyde.

 

Éste había quedado en muy malos términos con la empresa y con todo ser viviente que se atreviera a acercársele. Varias veces habían ido a su casa encontrándola a ésta y a su habitante en un completo desorden. Los antes pulidos pisos ahora eran mares de papeles, periódicos y documentos de contenido extraño. La ropa podía servir tanto de complemento para el papel en el suelo como de bizarra decoración a los muebles. El tapiz de las paredes parecía haber sido arañado o rasgado. Un fétido olor a comida podrida y humedad cubría cada rincón de la casa, incluyendo el jardín.

 

Nada de aquella clásica elegancia quedaba ya. La actitud vampiresca y delicada había sido reemplazada por una agresiva y enferma, sólo conservaba el misterio, ya que nadie sabía lo que en verdad hacía el joven músico.

 

La verdad detrás de todos esos espejos rotos no era otra que la ardua búsqueda del criminal homicida. La policía no le bastaba para hallar al culpable de toda su desgracia, era momento de tomar cartas en el asunto o Tetsu jamás se quedaría a su lado.

 

Sin embargo, a pesar de toda aquella revolución de hojas en su casa, la mayoría de su información era inútil e innecesaria, cosa que él no sabía. Fechas, recortes de periódico, tantos ríos de tinta escritos sobre “la brutal muerte del famoso bajista” y nada de ello era nuevo.

 

Se tiró exhausto en el sillón más cercano arrugando sus “importantes” investigaciones. Bebió de la desgasificada cerveza que había abierto hacía horas dejando que la poca espuma subiera a sus neuronas.

 

Miró la pila de cerillos sobre el cenicero y buscó uno más que se sumara pronto al resto. Secretamente extrajo un grueso cirio debajo de un cojín: era una vela del entierro de Tetsu; la había tomado cuidadoso de que nadie lo viera. Cada noche actuaba la misma escena frente a aquella vela: sacaba un fósforo, la encendía y esperaba a que el suave olor a cera se extendiera por toda la estancia. Era el único ritual que podía atraer a Tetsu.

 

Y así pasaba. La temperatura descendió, el cuarto se hizo más oscuro —si aún se podía—­­­ y las paredes parecieron cerrarse. Toda aquella anunciación daba paso a la ilusión de su eterno compañero: el bajista.

 

—Haido. —repetía como siempre lo hacía todas las noches.

 

—Estoy cerca Tetsu, estoy muy cerca. Pronto volverás a mí, muy pronto.

 

Se acercó a Tetsu con el mismo paso firme de siempre, cada vez más convencido de lo que hacía. Y mientras más lo estaba, más suplicantes se hacían las peticiones de su amante para que se detuviera. Sin embargo los oídos de Haido eran sordos cuando él entraba, sólo lo sentía aproximándose, abrazando y besando su piel, sus manos, sus dedos y labios; un cruel encadenamiento a una vida que ya no poseía, ahí estaba el rostro de su muerte: en Hyde.

 

Las blancas ropas que siempre llevaba eran quitadas de su cuerpo abandonándolo al frío de la habitación, el liso camisón quedó en los brazos del sillón; ahora era su turno de estar en los brazos del vocal. El calor de su aliento lo confortaba, lo hacía olvidarse de su estado, de su pena, del desgaste de ver al amor de su vida desgañitando sus últimas esperanzas en algo que era mejor no saber.

 

El piso se adhirió a su espalda cuando se recostó en él, Haido se quitaba la ropa mirándolo juguetonamente, era esa sonrisa de locura la que lo hacía recordar… la que lo torturaba cada vez que se entregaba a él todas las noches… tenía que acabar… algún día.

 

 

—¿Lo has visto últimamente?

 

—No… he ido a su casa pero no abre la puerta.

 

—¿Crees que se haya ido a Osaka?

 

—Mmmm… sería posible. Ken, necesitamos verlo, esto no puede quedarse así, si lo dejamos puede que haga una locura.

 

—Sí, Yuki —sorbió de su taza de café—, entiendo que te preocupes, pero si él no quiere que lo ayudemos, no podemos hacer nada.

 

—¡Somos sus amigos! ¡Esa excusa no sirve ahora! ¡Quince años, Ken! ¡¿Durante esos quince años no sentiste nada?!

 

El guitarrista dejó la taza a un lado reflexionando las cosas, miró a su amigo con un dejo de nostalgia.

 

—Sí. ¡Y qué hermosos quince años! Pero ahora las cosas no están bien, y no lo digo por él lo digo también por nosotros. Tú tampoco estás bien Yuki, y pretender que esto es sólo por Haido no resolverá nada.

 

—¿Qué quieres decir? —su voz sonó dolida y confusa—. ¿Crees que esto lo hago por mis propios intereses?

 

—Creo que quieres ayudarlo para ayudarte a ti mismo.

 

El baterista bajó la mirada guardando silencio. Su respiración agitada se tranquilizaba poco a poco.

 

—No está bien así, Yuki. También tú eres humano, también tú eras amigo de Tetsu. Y yo soy tu amigo, así que mi deber es primero ayudarte a ti.

 

—Haido está peor —lloró escondiendo el rostro—, si lo dejamos ahora puede que no sobreviva a esto.

 

—Haido está peor… pero no dejaré que tú también llegues a ese punto —Ken se acercó a Yukihiro abrazándolo, éste rompió en llanto al sentir los fuertes brazos de Ken apretarlo contra sí, sin duda era la mejor medicina, el guitarrista siempre demostraba que tenía un gran corazón.

 

—Lo extraño mucho, Ken…

 

—Ya sé… era un hermano para todos. Podía ser tan serio a veces, pero siempre fue suave con nosotros. Tenemos que llorarlo, Yuki. Tenemos que dejar salir esta tristeza para levantarnos de nuevo. No hablo de L’Arc, no hablo de música y trabajos, hablo de el lazo que siempre nos unió, eso no podemos pederlo, porque Ogawa se pondría muy triste.

 

—¡No es justo! ¡¿Por qué, Ken-chan?! ¡Era mi amigo, era el ser que más respeté!

 

En el fondo comprendía a Haido. Entendía su obsesión por encontrar al culpable, jamás alguien le había arrebatado tanto de una forma tan violenta. Si el perder una banda dolía, perder a una persona como el bajista era una tortura eterna. Era cierto lo que decía Ken, él quería ayudar a Hyde para ayudarse a sí mismo, él quería demostrarle que todo podía estar bien para así tener una prueba para él mismo.

 

Era el espíritu blanco de Yukihiro, aquel que siempre esperaba lo mejor de las personas y que ahora se teñía de gris, una mancha en su pura alma era lo que le causaba el asesinato. ¿Quién podría odiarlo tanto como para matarlo? Si alguien se había atrevido entonces nadie estaba a salvo, porque de todas las personas, Tetsuya era la mejor, ¿qué les quedaba? ¿Aguardar su propia muerte o seguir viviendo con la sombra del pasado sobre sus espaldas?

 

En la cabeza de Ken sólo volvían las palabras de Haido: “no está muerto”.

 

 

La cabeza de Haido daba mil vueltas.

 

Cuando despertó desnudo en el sillón sin Tetsu a su lado pensó que todo había sido un sueño, pero al mismo tiempo sabía que no lo era. Era como actuar fuera de su cuerpo, como saber en la mente de otra persona, pero de todos modos dolía; muy a su pesar, tenía que admitir que sus esfuerzos eran innecesarios.

 

No recordaba la última vez que durmió, ni la que comió… no recordaba más que los dulces labios de Tetsu sobre los suyos, los únicos gemidos de muerte en sus oídos. Miró el caos a su alrededor: papeles, ropa, basura… ¿qué le había pasado a su casa?

 

Caminó con la sábana amarrada a su cintura, sintió el helado piso enfriándole los pies; sus manos tantearon el ambiente descubriendo el fétido olor a todo. Algo raro era evidente a cada respiro que daba. Cosas movidas, sillas rotas… sí, el asesino había estado en su casa.

 

Atareado por el repentino éxtasis de la victoria de su búsqueda, corrió por la casa rastreando al homicida, movió lo que pudo hasta que llegó al mismo lugar donde todo había empezado: la sala. Fue entonces cuando vio el roto espejo en la pared, el marco dorado estaba rasguñado y con la pintura quebrada, las esquinas despostilladas lucían el descuido del amo, pero eso no importaba, lo central era aquel pedacito de papel en la esquinita del marco. Un pedacillo de hoja amarillenta y húmeda abría sus irregulares bordes invitándolo a que lo tomase.

 

Sus inquietos dedos abrieron con rapidez la nota descubriendo el cínico mensaje de su escritor.

 

“No entiendes lo que es sufrir porque no has visto dentro de tu propia oscuridad. Mira el lugar donde dejaste las cenizas de lo que fue una fogata, mira el lugar donde se extinguió.”

 

Apretó el recado cerrando su puño, el papel crepitó haciéndose una bola ambarina. Comprendía y no lo hacía… ¿qué era ese cosquilleo? ¿Era él? ¿Era el llanto subiendo a sus ojos de nuevo? No. Alguien más lloraba por sus ojos… alguien más.

 

 

—Creo que es momento de desprendernos un poco…

 

—No entiendo.

 

—Es que siento que últimamente estamos con muchas cosas, mira, tú tienes tus proyectos, y yo tengo los míos… Sólo pensaba que, no sé, sería bueno tomarnos un poco de espacio.

 

—¿Me estás dejando?

 

—¡No! ¡No! Te estoy diciendo que sería bueno que nos distanciáramos un poco para resolver nuestros pendientes.

 

—Ah… sou~…

 

—Haido, Haido… No empieces a pensar cosas… no estoy rompiendo contigo, ni estoy tratando de que nos volvamos informales. Sólo quiero que nos relajemos por separado, que cumplamos nuestras metas.

 

—Hn.

 

—¿Qué opinas?

 

—No lo sé, Tetsu —respondió—, estoy bien así, pero si tú necesitas tiempo para todo eso, entonces está bien para mí.

 

—¿Seguro? —Le tomó de la mano inseguro de la respuesta de su amante, sus dedos se entrelazaron mostrando su duda—. Si tú dices que no, entonces no lo haré… pero en verdad creo que podemos hacerlo sin que nos afecte.

 

—Hn… no puedo decir que me sienta bien, pero tal vez tengas razón —a pesar de lo que sentía trató de sonreír, aparentaba calma para no preocupar a Tetsu, tal vez lo que quería decir en realidad era que necesitaba un descanso de él, pero no quería que Tetsu se sintiera culpable y se quedara a su lado por la fuerza. Después de todo, si su amor era realmente fuerte entonces sobrevivirían.

 

Dicha la “noticia”, Haido se levantó de la mesa procurando no verse dolido, fue tan tormentoso aquel “hasta luego” que salió de los labios del bajista, que aquellas hormigas dentro de sus pulmones no le dejaban respirar.

 

—Hasta pronto, Tetsu… —“hasta pronto”.

 

Despertó inquieto y lleno de sudor, sus manos se frotaron los labios recordando el beso de despedida en su sueño. Había dejado aquel restaurante para volver a su cama, apretó las sábanas cerrando sus manos en puños… Nada más había sido un sueño.

 

“Hasta pronto.”

 

Aquel pensamiento parecía no salir de su cabeza, era como una voz detrás de su oreja, como un murmullo que el viento lleva a los oídos de los destinatarios. Se volteó pero no había nadie, ni una sola fuente de brisa que pudiera acariciarle de forma tan taciturna.

 

Sabía que había alguien ahí, el asesino le rondaba, los cabellos de su nuca se lo decían. Aquel mensaje fue dejado para alertarlo… para guiarlo a la situación indicada en el momento indicado. ¿Pero cuándo?

 

 

Ken manejaba apresurado por las calles de Tokio, las marcas en el asfalto eran simples líneas blancas que su desesperación por llegar le obligaba a ignorar, ni siquiera aquellas luces rojas en lo alto de postes merecían ser obedecidas. Yuki estaba demasiado preocupado cavilando en el asiento del copiloto que no le importaba la imprudencia de su amigo al conducir.

 

Su destino: la casa de Haido. Lo que querían de él: hacerlo entrar en razón. Y cierto, no había ninguna prisa en llegar como para estarse matando en el camino, pero el estrés era el estrés, y si no lo liberaba de alguna forma, lo desquitaría en la primera frase provocativa de parte del pequeño vocal. Y no sabía porqué, pero sentía que el tiempo no era algo que se pudiera desperdiciar.

 

Al llegar a la enladrillada casa tocaron a la puerta esperando oír los pasos del vocal acercándose, sin embargo, eso no pasó. Su anfitrión estaba ausente, y para colmo de colmos había dejado la puerta abierta; así que sin más remedio, entraron viendo una vez más las patéticas condiciones de su amigo.

 

—Ken… no está.

 

Ken caminó con cuidado de no pisar nada útil (aunque dudaba que lo fuera).

 

—¡Haido! —Llamó el guitarrista—, ¿estás en casa?

 

Silencio… y nada más.

 

—No está —repitió Yuki.

 

—¿Se te ocurre algún lugar donde podamos encontrarlo?

 

—Bueno… no es que Haido acostumbre muchos lugares pero… no lo sé, podría ser… no, no, olvídalo.

 

—¿Qué?

 

—Eh… Ken-chan, ¿crees que esté en casa de Tetsu?

 

Ken ya pensaba en eso desde que vio que su amigo no estaba, pero el solo hecho de pensar en pisar aquel “campo santo” del bajista, no era algo agradable. Suspiró exhausto…

 

—Sí… puede ser, Yuki —temía preguntar “¿vamos?”.

 

Yuki caminó de vuelta al auto sentenciando su nuevo destino: la casa de Tetsu.

 

 

El fantasma de Tetsu no se había aparecido desde hacía horas… ni siquiera la vela encendida podía atraerlo, ¿será que por fin había vuelto al sepulcro? La simple idea le aterraba, así que cansado pero más que nada preocupado, caminó llamando a Tetsu. La respuesta nunca llegó, sólo aquel rajado espejo le devolvía su cara cada vez que miraba en busca de su amante.

 

Aquel espejo sabía algo, estaba confabulado con el asesino para volverlo loco, por algo había alojado el mensaje de éste… maldito objeto endemoniado. El papel seguía allí, no quería perder lo único importante que había juntado en toda su investigación. Lo tomó nuevamente preguntándole al espejo el significado…

 

“Mira el lugar donde se extinguió.”

 

Donde se extinguió… donde lo que quedaba de Tetsu se convirtió en cenizas… donde la vida se apagó…

 

—Su casa.

 

Sin vacilar tomó un suéter y se preparó para el encuentro con Tetsu, y probablemente, con su asesino. No permitiría que se lo llevara de nuevo.

 

 

Las puertas estaban obstruidas por cintas amarillas que advertían que se alejara de allí, la simple visión de la puerta era como ver un hoyo negro en el elegante pasillo, y dentro no era mejor, era como entrar a un rincón olvidado por la luz, como partículas de crueldad, restos de sangre fría…

 

Los muebles volcados, las paredes manchadas, polvo en todos lados, oscuridad. Hyde sentía como si la sangre se coagulara dentro de sus propias venas, respirar aquel aire era respirar plomo, veneno. Sintió mucho miedo, volteaba a cada rato hacia la puerta como si fuera a perderse. Sus pasos sonaban secos sobre el piso, sólo oía su agonizante respirar.

 

—Haido…

 

Reconoció aquella voz en seguida.

 

—¡Tetsuya! ¡Tet-chaaan~!

 

Se apresuró para llegar lo más pronto posible a los brazos de Tetsu, pero la voz parecía estar en todos lados. De pronto vio salir al blanco cuerpo de una esquina.

 

—Haido… no debes estar aquí.

 

—¿Por qué? Prometí encontrar al asesino, estoy aquí para eso… no dejaré que te lleve, no dejaré que te arranque de mí.

 

—Gomen…

 

—¿Por qué te disculpas? ¿Porque vas a dejarme? ¡Vas a dejarme como aquella vez!

 

La ventana se abrió estrepitosamente, las cortinas extendieron sus sedosas garras hacia los cuerpos de ambos, Hyde se atrevió a acercarse más pero eso sólo hizo que el bajista se alejara hacia las sombras nuevamente.

 

—Ogawa… ¿qué tienes? Soy yo —chilló el sorprendido vocal. La respuesta de Tetsu seguía siendo negativa, a cada paso de cercanía había dos de alejamiento, el miedo en su amante era evidente… ¿por qué?

 

—¡Aléjate! —se oyó una voz detrás de él… al dar la vuelta no pudo creer lo que vio.

 

¡Era Tetsu! Tetsu pero con un aspecto diferente, ya no estaba cubierto por aquel blanco ropón, llevaba una playera naranja con estampados en rojo y unos vaqueros amplios; su cara lucía unas mejillas sonrosadas y unos ojos que enfocaban perfectamente todo, ya no estaba esa mirada seria y vacía que ahora le daba. Sin embargo, a pesar de la bella visión, Tetsu corría desesperado por el departamento tropezando con varios muebles en el proceso.

 

El otro Tetsu ya no estaba, ahora sólo quedaba el hermoso hombre tirado sobre el sofá aún con la mirada de pánico. Se acercó alarmado para ayudarlo pero otra voz lo detuvo.

 

—Tranquilo Tet-chan, soy yo, no tienes porqué asustarte —decía la pacífica voz.

 

—¡¿Qué haces?! ¡Reacciona! Está mal… por favor… —lloraba el bajista.

 

Hyde se detuvo escuchando la situación, la otra persona estaba escondida en la penumbra, no podía ver su rostro pero sabía que estaba allí, Tetsu no parecía haberse percatado de su presencia, así que no habló.

 

—Shhh… está bien, Tet-chan. Estoy aquí contigo, no va a pasarte nada.

 

—Por favor…

 

Vio la mano de aquel sujeto acercándose a Tetsu y acariciándole el rostro, limpiaba con el pulgar las lágrimas que salían de sus ojos.

 

—No digas nada más… —le pidió aquella persona—, bésame Tetsu… bésame siempre…

 

—Detente… —decía su lastimera voz—, ya basta…

 

—Shh~…

 

El sujeto se acercó a Tetsu, Hyde podía ver algo brillante en su mano, una filosa hoja de navaja reluciendo cual diamante entre sus dedos, jugaba ansioso con el mango de la cuchilla, sus piernas se pusieron a ambos lados del bajista montando su cuerpo sobre sus caderas.

 

La oscuridad no le permitía verle aún la cara pero se le hacía extrañamente familiar, sus piernas no se movían, su cuerpo entero se había paralizado, sus manos temblaban descontroladamente pero no podía hacer nada, sabía que era tarde.

 

El bajista seguía recostado meciendo la cabeza de lado a lado tratando de disolver el nudo en su garganta, las manos de aquel hombre se posaron sobre sus hombros, su cabeza se acercó a su oído.

 

—Relájate Tetsu… aún no pasa nada… ¿ves? Te dije que siempre estarías conmigo, tú no puedes irte Tetsuya, porque eres mío… y yo soy tuyo… pero si insistes tanto en irte entonces tendré que atarte de otra forma —le mostró la hoja plateada obteniendo un lamento del músico. Rió cruelmente viendo que éste ya no podía emitir mayor sonido, no sería muy complicado terminar con todo de una vez—. Saa~ creo que ya hemos hablado demasiado…

 

Hyde sintió una perturbación inmensa al ver el peligro, pero no era la vida de Tetsu lo que veía desvaneciéndose, ni tampoco el grito desgarrador de éste cuando su garganta fue cercenada rápidamente con la filosa daga, lo que lo asustaba era que sabía quién era esa persona, pero no la reconocía…

 

Tetsuya se ahogaba con su propia sangre mientras una segunda estocada caló en su pecho como un témpano de hielo cayendo de la punta del iceberg, sin embargo, lo que más sorprendió a Hyde era que su amante no hacía nada. Sus manos estaban a ambos lados de su cabeza, su cuerpo apenas se tensaba por el dolor, pero sus ojos lloraban.

 

—¿Esto quieres? —Tosió intentando expulsar un poco de sangre de su boca—, ¿que me… muera?... Bien… eso te daré… sólo me importas tú…

 

El hombre sonrió pero Haido no pudo verlo, sólo intentaba reaccionar para huir de ahí lo antes posible, la angustia lo inundó pero sabía que ya no podía hacer nada… sólo oía esa cruel voz ordenando.

 

—Di mi nombre… repite mi nombre Tetsuya.

 

Tetsu gimió una palabra incomprensible contra el pecho del asesino.

 

—Sí, así Ogawa… repite mi nombre por siempre, dilo para que jamás olvides que eres mío, que sin mí no puedes existir… no debes existir.

 

Hyde recuperó parte de su movilidad aprovechando para lanzarse contra aquel hombre, forcejeó con él tirando cosas al piso y volcando otras, no podía soportar más que le hablara así a Tetsu, a su Tetsu. Le estaba torturando, grabándole en la piel más que una cicatriz, más que una puñalada, le estaba labrando el dolor en cada centímetro de su tez, cada vez que hablaba era como un golpe en el estómago.

 

—¡MALDITO! ¡¿CÓMO TE ATREVISTE?! ¡ERA TETSU! ¡MI TETSU!

 

Azotó la cabeza del tipo contra la pared, aplastaba sus hombros apachurrando sus huesos con sus dedos, quería hacerle daño también, quería matarlo, degollarlo como había degollado a la persona que más amaba.

 

—¡Mátame! ¡Pero él siempre repetirá mi nombre! ¡Siempre! —maldecía el sádico homicida, se estaba dejando magullar por su captor, pero aún así no le importaba, los golpes dolían, pero las palabras podía golpear mejor.

 

—Haido…

 

Hyde se detuvo en seco… volvió su cabeza a Tetsu viendo lo último que le quedaba de vida a éste, sus manos estaban a punto de explotar de la presión que hacían con cada puño. ¿Por qué había dicho Haido?

 

Volteó para ver al asesino pero se encontró sólo con algo frío y vidrioso, el cuerpo bajo sus manos ya no estaba… La luz del departamento se encendió repentinamente dejando al descubierto la cara del criminal.

 

Un espejo.

 

Todo volvió a su cabeza en aquel instante… la charla con Tetsu, el odio que sentía por verlo alejarse, la inseguridad de que le dejara. Recordó cómo había entrado a su apartamento con la cuchilla en la bolsa de los pantalones de piel… los gritos de Tetsu rogándole que se detuviera… aquel placer al contacto del tibio líquido escarlata contra sus manos, la mirada vidriosa del bajista y su trabajosa voz clamando su nombre.

 

Pudo ver dentro de sí el recuerdo de sus puños estrellándose contra el espejo de su casa… se vio garabateando una nota que colgó en el marco de éste… ¡Ahí estaba él mismo: el asesino!

 

La nota tuvo ahora más sentido que nunca… De aquella enorme pira de fuego sólo quedaban cenizas, restos del sacrificio que le había hecho hacer a su corazón, había extinguido el amor con los granos de polvo que la perversión iba tirando como un reloj de arena. Quería sentirse maldito, quería sentir la culpa y el verdadero suplicio, por eso había matado a Tetsu, porque prefería llorar su muerte a llorar su propia soledad.

 

Contempló su imagen otra vez, las cuarteaduras del espejo hacían que el reflejo se dividiera en varias repeticiones, miró a sus propios ojos… estaban vacíos.

 

—Yo… yo he matado a Tetsu —dijo para el asesino, sus propias pupilas aceptaron la culpa… Había matado a Tetsu.

 

No supo si perdió la razón o la había recuperado… lo que sabía era que hubiera sido mejor quedarse en la cordura… o la locura. Dos pares de brazos lo jalaron hacia atrás haciéndolo caer al piso, durante su caída pudo ver que en el sillón ya no había nadie, el charco de sangre era ahora una gran mancha seca sobre el cuero negro del sofá.

 

Sus gritos se fundieron con los de las otras dos personas que parecían ser Ken y Yuki…

 

 

Abrió los ojos a mitad de la noche, otra vez sentía las cosquillas en su oreja. Volteó su cabeza para encontrarse con el viento invisible, con los dedos inexistentes que jugaban bajo las cobijas, se puso de pie para contemplar por la ventana el patio. Se afianzó de la blanca reja apoyando también su cabeza.

 

Hacía ya bastante que estaba allí, pero todo parecía como si hace apenas unos días lo hubieran recluido en su nuevo y último hogar: la clínica. Ya no sabía de Ken y Yuki más que lo habían abandonado, ya no sabía nada de nadie, ni de él mismo. Vivía en un cuerpo ajeno, pensaba en una mente que no era la suya… pero sentía como él, y como Tetsu sintió antes.

 

Vio las ramas moverse simulando brazos inhumanos, podía ver el alma de Tetsu en aquellos árboles, pero su voz la llevaba siempre detrás.

 

—Haido…

 

La voz que nunca se callaría, las manos que nunca dejarían de tocarle, la persona que jamás dejaría de llamarle. Tetsuya Ogawa, el espíritu que a cada minuto cumplía la orden de repetir siempre su nombre, demostrando que era suyo. Su amante, su amigo… su víctima.

 

~Fin~

 

Notas:

1) Nakanaide: no llores. [volver arriba]

 

 

Gracias por leerme y tener la paciencia de acabar mi historia, es la primera vez que escribo algo tan largo y con estos géneros, espero que les haya gustado ^^. ¡Muchas gracias!

Sobre la trama sólo puedo decir que amo la locura XD, traté de plasmar todo de una forma esquizofrénica e insana, espero que se haya entendido todo.

 

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