AND LOVE SAID NO

-por Dai Heavenly-

Fecha de publicación: 28 de abril de 2007 - Corrección: Arashi Takarai.

 

I – No te amo

 

“Pero... no te amo...” La voz se entrecortaba a causa de los besos devoradores que le impedían tomar el oxígeno suficiente que llenase sus pulmones.

 

“¿Y acaso eso importa?” Contestó una voz grave, el aliento contra su oreja.

 

“¿Qué seremos entonces? ¿Amigos? ¿Amantes? -preguntó mientras se perdía en la lujuria de los ojos negros que le miraban extasiados.

 

“Seremos libres… eso es más que suficiente...” Otro beso le robó el aire y unas manos recias intentaban pasar bajo su ropa.

 

“…no… no te amo… -dijo de nuevo, aferrándose a la espalda de su amigo mientras éste se deleitaba lamiéndole el cuello.

 

“Yo tampoco, no te preocupes...” fue lo ultimo que escuchó, antes de definitivamente entregarse al placer carnal.

 

 

II – Bajo las sábanas

 

Nunca había sido diferente. Lo de ellos era sexo y nada más; antes del acto de consumación, las caricias no estaban impregnadas de sentimientos dulces y los besos nunca tuvieron sabor a cariño, eran simplemente 4 manos tratando de tocar a ciegas o con la mísera iluminación de la luna un cuerpo desnudo, y eran dos bocas cerrándose una sobre la otra, manteniendo una guerra de lenguas hambrientas... y no había más... Los “te amo” jamás resonaron en las paredes de la habitación, en todas ellas sólo había quejidos, suspiros, gemidos y algún que otro grito de goce.

 

Tras la culminación del acto sexual, ambos permanecían en la cama, distanciados, como dos perfectos extraños y, sin embargo, compartiendo el cigarro.

 

Luego venía el silencio sepulcral, donde sólo una gotera lejana podía ser oída; al poco rato un “adiós” frío, sin un beso en la frente de despedida o una última mirada antes de cruzar la puerta. Hyde permanecía ahí, quieto, desnudo, con las sábanas revueltas y los ojos entrecerrados; el aroma a sexo y humo de cigarro perduraba en el ambiente, hasta que cansado de mirar el techo cayera dormido y su sentido del olfato no percibiera más aquella esencia.

 

Sakura manejaba en las vacías calles con la mente en blanco, se ataba el cabello en una coleta y encendía un cigarro. Con la sensación de estar satisfecho, conducía hacia su casa, sin expresión en el rostro y sin latidos amorosos en el pecho.

 

Pero siempre había sido así, ninguno se molestaba en darle un giro diferente, ninguno se amaba como para agregar ese elemento a sus noches de cama. Jamás se habían amado,  sabiendo que, por más que se esforzaran no podrían llegar a hacerlo.

 

 

III – Amor y Fe

 

-No es lo correcto -le espetó Tetsu, y no era una sugerencia; era una afirmación, pero Hyde no se inmutó ni un momento. Acercó el vaso de vidrio que contenía vodka a la altura de sus ojos, como buscando algo en el líquido, y sonrió para Tetsu, sólo para él.

 

-¿Y qué es lo que deberíamos hacer? -la pregunta se le antojó a Ogawa sarcástica. Sin embargo, se propuso contestarla.

 

-Amarse -Hyde rió mientras movía el vaso de una manera delicada. Tetsu frunció el ceño, molesto por la actitud del vocalista.

 

-Tet-chan... el amor es como la fe, para que la sientas hace falta creer que existe... -Haido se inclinó sobre la mesa permitiendo a su amigo tener una visión más cercana del opaco brillo de sus ojos, la misma sonrisa burlona de un inicio...

 

-¿¿Quién dijo eso??

 

-Sakura...

 

-Era de esperarse, pero su frase es errónea; en el concepto de la fe tal vez tenga razón... pero el amor no es así... éste existe desde el día en que se nace...

 

Hyde quiso dar por ciertas aquellas palabras, pero era inútil, su mente se mantenía firme en las declaraciones de Sakura...

 

-Me gustaría creerte, Tet-chan... pero el amor y la fe no son nada para mí -el vodka recorrió la garganta del vocalista, y en cuanto el vaso se retuvo en la mesa, Tetsuya se puso de pie, mirando a Haido con lastima.

 

-Algún día te arrepentirás de tus palabras... una mañana despertarás con ganas de ser amado; Sakura y tú pudieron ser muy felices, pero son tan idiotas que prefieren condenarse mutuamente.

 

-¿¿Condenarnos?? Mmm... Yo no le llamaría una condena a nuestras noches juntos…

 

-Contigo no se puede hablar... -Haido no se movió cuando Ogawa decidió dejarle solo en aquel lugar.

 

Tetsu le había llamado esa noche para invitarle una copa. Al verse, empezaron a hablar de trabajo y proyectos de solistas, pero el bajista le buscó la manera de llegar al tema del amor. Eso incomodaba a Hyde, porque desde el momento en que Tetsu se enteró de la decadente relación –si es que aquello merecía ser llamado “relación”- que sostenía con Sakura, el líder de L’arc en ciel se había empeñado en que, si Hyde quería estar al lado del baterista, debía ser al menos amándole.

 

Aquellas conversaciones podían durar por horas, a veces se tornaban tan filosóficas que ni entre ellos mismos se comprendían, pero siempre acababan  mal; ambos eran necios y ninguno quería ceder en su punto de vista.

 

El cantinero sirvió otro vodka para Takarai, quien agradeció con un leve movimiento de cabeza.

 

Cerrando los ojos, recordó aquella ocasión en que intentó enamorarse de Sakura; se lo propuso como una meta, pero no pudo hacerlo. ¿Cómo amar a alguien que te dice, después de besarte con tanta pasión, que el amor no existe, es un simple capricho al que los humanos nos queremos aferrar? ¿Cómo amar a una persona que comparte su cama con quien se le antoje y que no significas más que otro individuo que ha pasado por aquellas sábanas? Imposible amar, imposible exigir; fue tan fácil resignarse.

 

 

Cuando la luz del pasillo se infiltró al departamento localizado en Shibuya, una silueta se vislumbró entre las sombras nocturnas. Hyde supo de inmediato de quién se trataba, ocupaba el sillón central y golpeaba con los dedos el respaldo del mismo.

 

-Hola -saludó Hyde encendiendo la lámpara y el rostro de Sakura emergió de la oscuridad.

 

-¿Dónde estabas?

 

-Fui a beber...

 

-¿A beber? ¿O a buscar un amante?

 

-¿Acaso te importa? -el vocalista sonrió despojándose de la gabardina.

 

-No... no me importa, pero, cuando venga a verte, quiero que estés aquí; no volveré a esperarte por horas...

 

-No eres mi padre, Sakura. Y te recuerdo que soy lo suficientemente mayor para saber el horario en que debo llegar a casa -Sakura sonrió abandonando el sillón para caminar en dirección del vocalista.

 

-Vendré mañana, y te quiero aquí todo el día. ¿Está claro? -la distancia entre ambos se redujo, el aliento alcohólico de Hyde se mezclaba con la esencia del perfume de Sakura.

 

-Veré si se me da la gana... -un beso brusco le lastimó el labio inferior y una caricia sobre el pómulo izquierdo le sirvió de despedida.

 

Sakura era su mejor amigo. Con él podía hablar de cosas importantes y trivialidades de la vida, el baterista era gracioso y cuidaba de Hyde a su manera; cuando estaba en plan de amigo, Haido se sentía el ser más especial de la Tierra… pero lo malo venía en ese instante en el que Sakura se convertía en su “Amante”. Entonces era otra historia, y la situación entre ellos se volvía tensa.

 

Haido odiaba eso, aunque no podía alejarse y, sinceramente, en el fondo no aspiraba a hacerlo.

 

 

El departamento de Hyde estaba cerca, pero un tráfico infernal le retrasaba. Con un suspiro observó su mirada en el retrovisor… eso le recordó las ocasiones en que Haido se molestaba con él y no quería subirse a su auto más que en el asiento trasero; Sakura le veía por el retrovisor y buscaba alguna broma que le arrancara una sonrisa; Hyde terminaba riendo y ocupando el asiento de copiloto.

 

No amaba a Haido, a pesar de que pensaba en él constantemente. Y no es que no le amara porque el vocalista no se lo mereciera, simplemente, ese sentimiento jamás se desarrolló en él; la atracción sexual fue lo único que logró darse entre ellos.

 

Ken, quien era su compañero de aventuras en bares de mala muerte y hoteles de lujo, consiguiendo mujeres lindas, ese mismo Ken, deseaba verle enamorado, feliz al lado de Takarai, pero Sakura no creía en el amor y nunca se dio la oportunidad de intentar amar. Era pérdida de tiempo.

 

Después de todo, el amor es el causante de enfermedades y depresiones. Su lazo con Hyde iba más allá de un “te amo” cínicamente repetido como mantra; era una unión de cuerpos y una separación de almas.

 

 

IV – Celos

 

Hyde rió. De una manera tan grácil que Sakura imaginó a una linda chica cubriendo elegantemente la perfecta sonrisa que le transformaba el rostro con el dorso de la mano... pero era Hyde, riendo ante él, sentado en el sillón de la sala del baterista, devorando una paleta de hielo sabor chocolate.

 

-Te dará sida... –dijo, cuando las carcajadas dejaron de emanar de su boca.

 

-Sé lo que hago…

 

-Todas esas mujeres… ¿sabes con cuántos más se acostarán? Los bares están llenados de hombres como tu, seduciendo a mujeres crédulas de inocencia mal fingida, invitándoles una copa a cambio de llevárselas a la cama... -Sakura puso más atención en el momento exacto en que Haido lamió aquella paleta que al discurso que acababa de darle. Su legua rosácea deslizándose a lo largo del hielo, con una pequeña succión y finalmente acariciando los labios para luego repetir la acción, una y otra vez... con la misma sensualidad...

 

-¿Has dicho inocencia? -preguntó Sakura minutos después.

 

-Sí.

 

-Tú hablando de inocencia... mejor cuestiónate: ¿dónde quedó la tuya?

 

-El caso aquí es… que odio que duermas con tantas mujeres, el olor de sus perfumes baratos se te impregna en la ropa.

 

-No te juré amor eterno y fidelidad, tú y yo no somos nada.

 

-Somos uno, y mientras compartes tu saliva con ellas la mía también se ve contaminada cuando me besas. Quiero que dejes de hacerlo, además, todas tus zorras son odiosas, no hay ninguna agraciada, el día que... -Sakura hizo callar a Hyde con un beso profundo; los labios fríos de Hyde le causaron un escalofrío en la columna vertebral y esa lengua helada luchando contra la suya le obligó a sujetar el rostro de su amigo con ambas manos, para no dejarle ir, hasta que el último aliento hubiese sido robado.

 

-Tus besos saben a chocolate… para la otra, compra una paleta de fresa...

 

 

V – Venganza

 

-La venganza es un plato que se come frío… -aquel refrán fue lo que halló como excusa un decepcionado Sakura tras haber descubierto a Hyde besándose con otro tipo.

 

-Lo disfrutaste, ¿no? -la habitación del vocalista permanecía tan oscura como la mirada que le dedicaba su “amigo”. Apenas unos tímidos rayos lunares le ofrecían una visión en claroscuro del lugar.

 

-Mucho... –confesó, sonriendo perversamente, y unos brazos fuertes le jalaron bruscamente por la cintura para acercarlo a un cuerpo que conocía a la perfección.

 

-No te vas a burlar de mí, Takarai...

 

-Te lo advertí, Yat-chan... lo dije claramente: “no más mujeres” -Sakura tomó a Haido del mentón con un movimiento violento para mirarle directamente a los ojos.

 

-Tus labios son míos... y nadie más tiene el derecho de profanarlos... -Hyde empujó al baterista, extrajo un cigarro del bolsillo delantero de su camisa y le prendió fuego mientras caminaba hacia la cama.

 

-¿Y qué me pertenece de ti? -preguntó a la par que el humo escapó de su boca; lentamente fue recostándose sobre la superficie blanda.

 

Sakura se aproximó a su delicado “amante”; inclinándose sobre él, colocó todo su peso en el pequeño cuerpo bajo el suyo.

 

-Nada... -una mano le arrebató el cigarro apagándolo con los dedos para luego dejarle caer en la alfombra. Hyde frunció el ceño cuando la boca húmeda de Sakura se posó dulcemente en su estomago, besándole el ombligo, y con la lengua subiendo poco a poco hacia su pecho.

 

-Borraré todo rastro de ese beso de tus labios... -Hyde intentó replicar algo más, pero la boca de Sakura se apodero de la suya a lo largo de la noche...

 

 

VI – Decadencia

 

-¡¡¡¡Te odio!!!! -la voz de Hyde vibró en sus tímpanos teniendo que cubrirse los oídos.

 

-No hagas más escándalo y sal de mi casa -dijo Sakura pacíficamente.

 

-Eso haré y te juro que esto ha terminado -las lágrimas le recorrían el rostro desesperadamente. Sakura tuvo la sensación de que Hyde no había llorando en años.

 

-Perfecto.

 

-Vete al diablo -en cuanto la puerta se cerró con un golpe seco, una soledad congeló el cuerpo del chico de negro; fue incapaz de moverse, pensar o decir algo.

 

Y se llevó una gran sorpresa cuando aquella puerta se abrió lánguidamente... el vocalista ingresó por ella a paso calmado hasta llegar a Sakura y abrazarlo con fuerza, escondiendo su húmedo rostro en el hombro de su compañero.

 

-Yo también te odio... -concluyó Sakura, pasando ambos brazos alrededor del cuerpo de Hyde, apretándolo hacia su torso y reposando su cabeza en la del otro.

 

En medio ese abrazo sin tiempo, sin género, sin motivo y sin corazón... El amor dijo “No”.

 

~Fin~

 

 

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