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-por Chidori- capítulo I 'No existe tal cosa' |
¿Cuántas veces lo habían lastimado? ¿Cuántas veces había entregado cuerpo y alma en sus relaciones? ¿Cuántas veces se había enamorado? Muchas, pero la mejor de todas, ¿cuántas veces habían correspondido su amor? Ninguna.
En todas sus relaciones anteriores, únicamente lo habían usado para obtener algo a cambio. El sexo era algo aparte, claro, y, cuando todo terminaba, ninguno de sus novios se preocupaba por ver qué dejaba atrás.
¿Por qué pensó que esta vez todo sería diferente? Tal vez porque él lo mimaba, poco, pero supo fingir amor. Cuando lo único que quería era poner celosa a su actual pareja, y él como estúpido cayó en el juego.
Ahora pagaba las consecuencias. ¿Cómo? Simple: había organizado su boda, porque ese moreno le había pedido matrimonio. Todo ilusionado organizó la más hermosa boda de ensueño, pero sólo obtuvo la humillación de la prensa al ver que la novia, que no era novia, sino novio, jamás llegó. En su lugar llegó Sakura, con una nota que decía:
El juego acabó. Lamento si te creíste todo, pero gracias a eso ahora voy camino a Nueva York, junto a mi NUEVA esposa, espero no te moleste. Nos veremos, si es que vuelvo a Japón.
Atte., Tu AMADO Hyde.
Lo único que supo hacer a partir de ese momento, fue llorar; ni siquiera tuvo el valor de enfrentar a sus invitados ni desmentir lo que la prensa decía.
Daba una buena calada a su cigarro para luego apagarlo en el cenicero. Debía cocinar algo y luego intentar que su amigo comiera. Ya casi terminaba, cuando un molesto Ken entró al departamento aporreando la puerta.
–¿Y a ti –dijo saliendo de la cocina– qué rayos te pasa para que aporrees de esa forma mi puerta?
–Me pasa esto –aventó el periódico matutino a la mesa del comedor–. Léelo en voz alta sin detenerte.
–Noticias de hoy –comenzó con el encabezado–. Como se ha rumorado con anterioridad, hoy se confirma que el ex líder de L’Arc en Ciel, Tetsuya Ogawa, fue plantado en el altar por su prometida, ya que ella se casó ese mismo día con un mejor partido. Un chico guapo, con clase, amable, etc…Y decimos ex líder, porque supimos que tiene tan terrible depresión que ya no piensa hacer música. ¿La verdad? Mejor, como músico no vale nada. TODOS en la banda son buenos, si lo quitamos a él… Además se nos informó que nos es la primera vez que lo dejan. Se dice que tiene problemas psicóticos desde joven y yo lo creo, desde lejos se le nota lo desvariado que está. Ojalá y cumpla y por fin dejemos de ver su desagradable rostro en los escenarios… –ahí terminaba aquel artículo–. ¿Qué demonios?
–Estúpida prensa amarillista, si supieran la verdad.
–Cómo me choca que hagan esas cosas.
–Pero si el artículo dice la verdad –decía el castaño, asomándose del cuarto.
–Tetsu –dijo el guitarrista–. No digas eso.
–Ken, yo de verdad debo tener algo mal para que todos me dejen –su aspecto no lucía nada bien–. Y lo de dejar la música, lo haré.
–NO –dijo el batero–. Debes calmarte.
–Eso es algo que he pensado desde hace mucho, ya estoy cansado –colocó una mano sobre su rostro, para empezar a llorar–. Ya mi corazón no aguanta más, soy un ser sin amor.
–Tetchan, eso no es verdad.
–Ken, eres mi amigo y porque me quieres, pero es la verdad, mi corazón ya no puede amar. Está tan fragmentado que… –no pudo continuar hablando por que las lágrimas no lo dejaron.
–Calma –el batero lo abrazó–. Tal vez sólo necesitas un poco de tiempo. ¿Y si vamos a Hokaido de vacaciones?
–Me parece perfecto –respondió el moreno–. Yo organizo todo, ustedes empaquen, ya regreso –salió de la casa emocionado.
–Yuki, no quiero ir…
–Vamos, así te alejas de tanto ajetreo. Tómalo como vacaciones, ¿sí?
–Como digas, aunque sigo sin muchas ganas.
Caminaba por las calles de Tokio. Parecía andar sin rumbo, sin embargo sabía perfectamente hacia dónde se dirigía.
Pronto se encontró frente a un hermoso edificio departamental. Era temprano para la fiesta de cumpleaños de su amigo, ya sabía que no lo esperaban. Así que se apresuró a subir y tocar el timbre.
Cuán grande fue la sorpresa del baterista al verlo, ahí en la puerta, esperando a cualquiera menos a él.
–¿Akuma? –dijo el pelinegro.
–El mismo que viste y calza –sonrió al ver la cara de asombro del baterista.
–Pasa. ¿Deseas algo de tomar?
–Cerveza, ¿tienes?
–Claro, pero toma asiento, ahora te la doy –corrió a la cocina–. No te ofendas, pero ¿qué haces aquí?
–Vine a tu fiesta de cumpleaños.
–Aún es temprano –le ofreció la lata.
–Quería ser el primero en llegar –daba pequeños sorbos–. Pareces sorprendido, ¿acaso no fuiste tú el que me invitó, e insistió para que viniera?
–Sí, como cada año, y cada año me dices que tienes trabajo, y como ahora resides en el extranjero –se ubicó frente a su amigo–… ¿Qué cambió?
–Decidí regresar a Japón. Tanto Megumi como yo nos hartamos del extranjero.
–¿Ella vendrá en la noche?
–No, hoy se quedará a cuidar a Hideki, ella saldrá mañana.
–¡Ah! ¿Y cómo está tu hijo?
–Bien, creciendo sano y fuerte.
–Dime, terco enano, pero ¿por qué decidiste aparecer este año?
–¿Tanto te sorprende mi presencia?
–Cinco años de sólo hablar por teléfono, de negarte a todas mis invitaciones y, de pronto, tocas mi puerta. ¿Me dirás?
–Hablé con Gackt, supe que estás trabajando con él.
–Sí, pero ¿qué tiene que ver el Príncipe Pervertido?
–Le pregunté sobre tu lista de invitados.
–Eso me lo pudiste haber preguntado a mí.
–No me hubieras contestado.
–¿De quién querías saber?
–Gackt me dijo que en tu lista de invitados figuraban Ken y Yuki…
–Así es, cada año los invito y cada año Ken se embriaga tanto que sube a cantar en Karaoke baladas, y Yuki se lo lleva a rastras, pero…
–Y que él no viene.
–¿A quién te refieres?
–A Tetsu.
–¿No venías para no encontrarte con él? –no hubo respuesta, sólo más sorbos.
–Si hubiera preguntado por él…
–Te habría dicho que cada año lo invito y cada año no viene. Manda mi obsequio con los chicos, pero siempre figuraba en la lista de invitados.
–¿Qué cambió esta vez?
–Mandó el regalo un mes antes y se disculpó por no poder asistir este año tampoco.
–¿Cómo está?
–¿Para qué quieres saber? –se levantó con dirección a la cocina.
–Simple curiosidad –asentó la lata vacía sobre la mesa de centro.
–Lamento no poder satisfacer tu curiosidad.
–¿Por qué?
–No le he visto, así que supongo que bien.
–¿No lo has visto? –Se levantó para encarar a su amigo–. ¿Y cuándo te dio el regalo?
–Lo mandó por correo con una nota.
–Eres malo mintiendo, Yasunori.
–No gano nada con mentirte, pero la verdad es que Ken nos prohibió hablar de él con personas ajenas.
–No soy ajeno.
–Para Ken lo eres.
–Él no es tu dueño.
–No entiendes.
–Claro que lo hago, ¿qué esconden?
–No, no entiendes. Entenderías el por qué no hablamos de él, el por qué casi no sale, si hubieras vivido los últimos cinco años en Japón –suspiró–. Pregúntale a tu amigo Camui sobre Tetsu, él sí te responderá, no mucho, ya que You se lo prohibió, pero te quiere y te dirá lo básico.
–¿Qué rayos sucedió en mi ausencia?
–Ya no te diré nada más, así que deja de preguntarme de él. Voy a cambiarme. Los invitados deben estar por llegar. Estás en tu casa, sírvete lo que quieres mientras vuelvo.
La fiesta era divertida. Lo único que no le agradó fue que desde que Ken y Yuki llegaron lo evitaban. De hecho, el primero, al verlo, comenzó a acercársele de manera amenazante, pero fue detenido por el moreno baterista y llevado para otro lugar.
Continuó disfrutando de la fiesta hasta que su amigo llegó. Sin pensarlo dos veces se le acercó pero, al hacerlo, el violinista que lo acompañaba lo miraba de manera desagradable.
–¡Hola, Gackt!
–Hola, Haido, me alegra verte –se escuchó un bufido, por parte del violinista.
–¿Podemos hablar en privado?
–Claro, You…
–Voy a buscar a Yuki chan –dijo sin mirarlos y encaminándose a otro lugar.
–Vamos al balcón –indicó el más alto.
Atravesaron la casa. Al llegar al balcón, el moreno lo cerró.
–Bien, ¿qué sucede?
–Sakura me dijo que te preguntara sobre él.
–¿Sobre Sakura?
–No seas bruto, yo hablo de Tetsu.
–Ya veo –sacó un cigarro de sus ropas, lo prendió y estuvo así bastante tiempo.
–¿Y bien?
–¿Qué?
–¿Me dirás?
–¿Qué quieres saber?
–Todo lo que sepas.
–No sé mucho, y de lo poco que sé no te puedo informar por completo.
–¿Por qué?
–You se ha vuelto muy sobreprotector con Tetsu.
–¿Desde cuándo son amigos?
–Hace, creo, cuatro años y medio; se conocieron medio año después de que te marchaste.
–¿Dónde?
–En el hospital.
–¿Cómo?
–Verás, cuando te fuiste surgió una nueva reportera, Sayuki Oyamada, ¿has escuchado hablar de ella?
–Sí, dicen que es realmente buena, que ha ganado muchos premios de periodismo.
–Que no te oigan hablando bien de la BRUJA –su amigo lo miró confundido–. ¿Sabes cómo se hizo de su fama? –el moreno negó–. Cuando te marchaste, la prensa, más especifico Sayuki, atacó terriblemente a Ogawa. Nadie sabe cómo, pero consiguió información acerca de todos los romances que había tenido; todos y cada uno fueron descritos en el periódico. Lo tachaba de loco. Si ya de por sí él estaba deprimido, eso lo hundió más; hasta dejó la música –dio una larga calada a su cigarro–. Kitamura y Awaji lo llevaron de vacaciones, para distraerlo, porque las fans le mandaban cartas horribles, diciéndole que se merecía lo que le sucedía, hasta que ya no aguantó.
–¿Cómo que ya no aguantó?
–Yo grababa en Hokaido, queríamos nieve para el video. De todos, el único enfermo fue You, así que lo encerramos en el hospital; ahí conoció a un chico dulce, que se encontraba en el cuarto de junto; poco a poco le tomó cariño. You me contaba por teléfono, me dijo que ese chico había sufrido mucho, tanto que era la segunda vez que intentaba quitarse la vida, pero al ver a sus amigos preocupados decidió ya no seguir intentándolo. Viviría por ellos, para no verlos sufrir… Así que decidí conocer al famoso chico…
–¿Y eso es relevante por…?
–Ese chico, era Tetsu –dio otra larga calada a su cigarro, mientras su amigo miraba fijamente la ciudad–. ¿Continúo? –El moreno asintió–. Sé que después decidió residir en Hokaido, sé que se turnan para ir a verlo.
–¿Ir a verlo?
–You me comentó hace poco: “¡Ay, Gackt! Ese de Tetsu, se la pasa todo el día trabajando y se le había olvidado comer. Tuve que amenazarlo con destruir lo que ya había terminado si no comía decentemente, y me contestó que todos lo amenazaban de la misma forma.”
–Sigue siendo un adicto al trabajo.
–El trabajo es su refugio. Al entrar a su estudio, todos sus fantasmas quedan fuera y por unos momentos todo es normal. Creo que yo haría lo mismo de haber pasado por todo lo que él sufrió.
–¿Sabes dónde vive?
–Jamás me lo ha dicho.
–¿Podrías averiguarlo?
–Podría preguntar, pero nadie me dirá nada porque pensarán que te diré –por fin apagó su cigarro–. Además, es difícil sacarles información. Desde su segundo intento de suicidio, todos lo protegen de los ajenos y tú eres un ajeno para ellos –apuntó a la fiesta.
–¿Todos ahí adentro saben dónde vive?
–No. Morrie, los chibis de Gazette y Alice Nine, no. Del resto, a ninguno le sacarás ni el apellido de Tetsu.
–No es mi culpa la depresión de Tetsu. Siempre se deprimía cuando lo dejaban, pero lo superaba.
–Es que tú fuiste la gota que derramó el vaso, y la prensa que publicó todas sus intimidades no ayudó mucho. Todos piensan que tú le diste toda la información a Sayuki.
–¿QUÉ? Yo ni siquiera conozco a esa tipa.
–Lo sé, porque hay cosas que se publicaron y tú ni siquiera sabes.
–¿Por qué no dijo nada? ¿Por qué no demandó?
–Kitamura le rogaba lo mismo, ya que en los relatos siempre describían mujeres y sólo el nombre de Ogawa aparecía; del resto eran apodos cursis que supongo él les decía, pero no quiso perjudicar a nadie.
–¿Qué?
–Si Tetsu daba nombres muchos se hundían, y él no quiso.
–Gracias por confiar en mí.
–Si lo dices porque yo no creo que tú hayas hablado con Sayuki…
–Sí.
–No es que confíe en ti, yo sé cómo averiguó todo.
–¿Qué?
–Mira, You me pidió detenerla, así que averigüé y descubrí que la doméstica que trabajaba para Awaji robaba los diarios de Ogawa y se los vendía a la BRUJA. Logré conseguir todos los diarios y que la doméstica no los vendiera más.
–¿Cómo?
–Persuasión Akuma –sonrió de forma malvada–. Si quieres averiguar la verdad, ven a mi casa. A You le toca visitarlo y no estará en dos días, es todo lo que te doy para leerlos.
–Gracias. Una última pregunta.
–Dime –se acercó a la puerta.
–Tetsu era gran amigo de Morrie. ¿Cómo es que no sabe dónde está?
–Akuma –sonrió–, cuando leas los diarios, Morrie es Rock 23 –abrió la puerta y salió.
Miraba la puerta detenidamente. ¿Por qué no tocaba el timbre? ¿Acaso sentía…? Eso era imposible. Para cuando se decidió a tocar el timbre, la puerta se abrió. El violinista, al verlo ahí, le puso mala cara.
–Gackt, creo que vinieron a verte.
–Hola, You, un gusto verte.
–Hola –se movió–. Pasa –una vez que el moreno entró–. Ya me voy, te veo en dos días.
–Sí –respondió el cantante al asomarse a la sala y despedir el violinista–. Pasa a la habitación de huéspedes, ya te puse los diarios. Están en orden.
–¿Cuántos son?
–Cuatro –se encaminaron–. Te avisaré a la hora de la comida.
–No es necesario, quiero terminarlos hoy.
–¡Ja! Créeme, será mejor que te tomes un descanso. Después de unos capítulos frustra y querrás tener algo en tu estómago.
–Como digas –bufó.
–Pasa –le abrió la puerta de un hermoso dormitorio–. Todo tuyo.
El moreno entró y, luego que la puerta se cerrase, se acercó a la cama; ahí vio los diarios. El primero era uno casi infantil, de color blanco con el dibujo de un conejito en medio de un campo, muy propio de Tetsu; el segundo era uno azul, con un sol enorme en el centro; el tercero era uno de varios colores, como el arco iris –sonrió ante tal muestra de apego a la banda– y el último era extraño.
Un cuaderno negro, con el dibujo de una rosa roja en el centro llamó su atención. No pudo evitarlo y lo tomó entre sus manos. Lo miraba fijamente hasta que se decidió a abrirlo. Primero se acomodó en la cama. Y comenzó a leer.
3 de octubre Querido diario:
Hoy es mi cumpleaños. Cómo lo odio, siempre pasa algo que me hace deprimirme. ¡Bu! Creo que debo presentarme, jijiji… Me llamo Tetsuya Ogawa.
En ese momento se abrió la puerta y Gackt entró con una jarra de agua.
–¡Perdón si te interrumpí! –asentó la jarra cerca–. Se me olvidaba, el primer diario es el… – miró el que tenía–. No –se lo quitó–. Ése es el último, te revolverás.
–Pero… en ése se estaba presentado.
–En todos se presenta –asentó el de pasta negra–. Hay partes que no tienen mucha relevancia –le entregó el del conejito–. Éste es el primero, comienza desde el principio.
–Bien –agarró el diario de mala gana.
El cantante se marchó con una sonrisa en los labios, mientras un moreno medio molesto abría el diario para comenzar a leerlo.
1 de Octubre Hola:
Jijiji, qué tonto se escucha. Bueno, ¿qué puedo escribir?
Bueno, comencemos con que Tú eres un regalo de Ken. Me molesté mucho cuando dijo:
“Oye, cabeza de zanahoria, encontré un regalo perfecto para ti.”
Me dio el diario y yo, con un puchero, le dije:
“No soy una chica.”
“Ya lo sé, pero eres un doncel, y como tal, debes tener un diario de vida.”
“¿Qué se supone que ponga en él?”
“Yo qué sé, pon ‘Querido diario: hoy Namikaze me miró en toda la clase y yo le sonreí.’”
“Cállate, Ken.”
“Como si no te gustara Namikaze.”
Eso fue todo, y aquí escribo lo que siento hoy. No niego que me siento extraño haciendo eso, pero me gusta; es como tener un amigo que nunca revelará mis secretos. Te dejo hoy, ya está lista la cena y, si bajo un minuto tarde, mamá me deja sin cenar y hoy me muero de hambre.
P.D. Lo de que mamá me deja sin cenar es mentira ^–^
El moreno decidió tomar un poco de agua. Así que Ken había comenzado con lo de los diarios, y además, Tetsu, SU Tetsu, era un doncel. Wow. Eso jamás se lo imaginó.
–De haberlo sabido antes…
Continuó ojeando el diario. Los siguientes días le parecían aburridos, pero uno en especial llamó su atención.
~Continuará~
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