AHORA QUE ESTAMOS ASÍ

-por gothic_lolita-

Advertencia: Contenido altamente gráfico y violento. No recomendado para menores de 18 años. Estáis avisados.

Fecha de publicación: 06 de junio de 2009 - Corrección: Kotori.

 

Ahora que estamos así, quiero contarte todos mis pecados. Shhh, no digas una palabra… eso… silencio. Quiero que mantengas esa linda boca tuya cerrada hasta que haya terminado. ¿Listo? Bien.

 

No siempre he sido así, para empezar. Ya sé. No tienes idea de a qué me refiero. Lo que quiero decir es que, si alguien quisiese referirse a mí con un solo adjetivo, lo más probable es que dijese “amable”… tal vez hasta tierno. ¿Entiendes ahora…? ¿No…? No te culpo, amor, realmente no tienes idea.

 

Éramos una pandilla. Creo que no nos llamábamos así, pero viéndolo en retrospectiva… no éramos más que eso. ¿Cómo le llamarías tú a un grupo de quince adolescentes totalmente fuera de control? Ya sabes… de los que se embriagan y drogan los fines de semana; los que asaltan de vez en cuando y asustan a las chicas con sus miradas lujuriosas y palabras obscenas.

 

Era viernes. Lo recuerdo, porque al día siguiente teníamos pensado faltar a las clases y perdernos hasta el domingo. Acabábamos de salir de la escuela y estábamos en el parque cerca de la carretera. Lo conoces, es el que tiene aquellos columpios en los que a los niños les encanta ir a perder el tiempo. Y nos gustaba pasarnos por ahí a espantar a los mocosos que buscaban una buena tarde. Íbamos con nuestros cigarros, nuestras botellas de alcohol barato y nuestra pose de desarraigados sociales, riéndonos de las mujeres que, al vernos, preferían rodear el parque antes de cruzarse en nuestro camino.

 

Como dije, era viernes, y ya estaba anocheciendo. Teníamos en la sangre al menos una botella de licor cada uno, y la mitad de nosotros estábamos drogados también. Yo me excluyo. Y no es que me quiera quitar culpas. Todo lo contrario. Quiero ser totalmente sincero al decirte que mis sentidos estaban casi perfectamente en orden.

 

Entonces lo vimos. Venía caminando tranquilamente, con la mochila a cuestas y leyendo un manga. Tenía el cabello corto, pegado a la nuca, pero en la frente le caían unos mechones negros largos que enmarcaban un rostro pálido pero lindo. Yo lo vi desde la banca en donde estaba y no podía creer que esa criatura estuviese dirigiéndose a nosotros tan tranquilamente.

 

Mírame, Hyde, mírame a los ojos. Te juro que no te estoy mintiendo cuando te digo que mi primer impulso fue ir hasta él y obligarlo a que se diera media vuelta. Pero los músculos se me congelaron en esa maldita banca, tal vez por la anticipación de lo que estaba por suceder. O tal vez porque muy en el fondo quería que sucediera. Siempre y cuando yo pudiera participar.

 

Porque yo sabía ya cuál era su destino si seguía avanzando. Y me perdí un momento, filosofando en lo perra que era la vida a veces. Eso de estar en el momento y lugar equivocados tenía mucho de verdad.

 

El grito de Toshi me trajo de vuelta a la realidad. Creo que dijo algo como "¡Si parece una mujer...!”, o algo así. No lo tengo muy claro. Sólo sé que de pronto todos reían y aquel chiquillo al fin se daba cuenta del problema en que estaba por meterse. Me parece que por un segundo pensó en correr, pero entendió lo estúpido que eso habría sido, considerando que, como ya te dije, éramos quince. Así que se limitó a seguir avanzando, mirando hacia adelante, como una princesa que se ve obligada a cruzar una porqueriza. Mis ojos se clavaron en los de Toshiya, y pude ver en ellos la rabia, la cólera que se había apoderado de su cuerpo ebrio y drogado. Era nuestro líder y no aguantaba el desprecio, sobre todo si estábamos todos juntos, y con mucha más razón si venía de alguien como ese chico, que tenía todo el derecho de hacerlo; ese derecho que le daba su belleza.

 

Cariño, ¿por qué me pones esa cara...? No. Calla. No me digas nada. Acordamos que estarías callado hasta que terminase. Tienes que oír toda mi confesión… luego decidirás si me perdonas o no.

 

Como te iba diciendo, Toshiya se puso delante de ese chico, cerrándole el paso, y el resto de nosotros, como los carneros que éramos, lo secundamos poniéndonos de pie y rodeándolo. Yo estaba un poco atrás, observado embelesado la expresión de terror que se había dibujado en la pálida piel del desconocido. No tuvimos que decir nada. Él se sabía débil y, con una clara esperanza de salir ileso de todo aquello, estiró su mochila. Y Toshiya sonrió como un enfermo. Te juro que pude ver cómo un demonio se apoderaba de él en ese momento. De un solo movimiento lanzó la mochila a varios metros y atrajo al desdichado hacia él por la cintura. Puedo decir sin miedo a equivocarme que el chiquillo debió de haber sentido la erección de mi líder rozándole el estómago, porque inmediatamente empezó a gritar. Lástima, ese parque era nuestro y todos sabíamos que nadie, absolutamente nadie, iba a oírlo.

 

Aún así, por instinto de conservación, nos movimos. Tres de mis amigos lo levantaron mientras él daba patadas en el aire y pronto estábamos todos detrás de los matorrales, protegidos por la espesa vegetación de Osaka en primavera. Nuestra víctima fue lanzada al suelo, boca abajo, y antes de que pudiera moverse le tenían de brazos y piernas. Uno de nosotros, incluso, le tomó fuerte del cabello, obligándolo a embarrarse la cara con la tierra. No era igual con las chicas, ¿sabes? A ellas sólo las toqueteábamos, a lo mucho les abríamos la blusa… existía cierto respeto. Pero él, él era hombre.

 

Entonces Toshiya se arrodilló frente a él. Le dio un golpe en el trasero bastante fuerte, mientras se reía y bebía un poco más de vodka, que caía por su barbilla y cuello. Con una sola mano lo alzó de las caderas, mientras que con la otra le bajaba el pantalón y la ropa interior de un tirón. Todos nos quedamos varios segundos viendo esas nalgas perfectas; redondas y sin vellos. Te lo digo: así de espaldas, era una mujer.

 

Pero mira, Hyde, sinceramente, yo estaba más concentrado en otra cosa. Me interesaba más oír sus gritos ahogados por la tierra que le habían hecho tragar. Me estaba poniendo duro sólo con eso. Y es que tú no sabes cómo se siente… saber que… un ser humano está a tu total merced. Es la sensación más excitante de todas. Saber que puedes hacer daño si quieres...

 

Cuando pude enfocarme de nuevo en lo que estaba pasando, Toshiya ya tenía los pantalones abajo. Hizo un ademán y los tipos que estaban sosteniendo las piernas del chiquillo se hicieron a un lado. El problema era que, de sostenerlas, tendrían que haber estado separadas, y él... él quería hacer verdadero daño. Apretó las caderas del chico y, levantándolo un poco más, quiso entrar de una sola estocada. Pero esa entrada, querido mío, era virgen y no cedió fácilmente. Y el animal ése siguió empujando, sin dignarse si quiera a escupir… nada.

 

Al fin, con un empujón que al parecer había desgarrado las entrañas de ese joven, mí líder se hizo paso. Supongo que a él también le dolió un poco, pues se detuvo un momento. Pero sólo fueron unos segundos, tal vez lo que el grito de dolor del otro había demorado perderse en el cielo nocturno. Me sorprendió que, aún con la cara en la tierra, las expresiones de su garganta se hubiesen oído tan claras. Y ahora yo sentía que me iban a explotar los pantalones. Quería ser Toshiya, quería ser yo el que se estuviera moviendo en ese ano virgen, haciéndolo sangrar copiosamente…

 

Mí líder, entonces, empezó a moverse con más soltura, pues ya contaba con la ayuda de la sangre. Y para suerte de ese chico, no todos éramos gays ahí. Diez de los míos se alejaron un poco, conformes con haber visto lo más interesante y dándose la misión de vigilar a los que estábamos divirtiéndonos.

 

Tal vez decir “nos” es demasiado. Tal vez deba graficártelo un poco. Mientras Toshi se movía como una bestia, los dos que habían estado sosteniendo los brazos sacaron su pene por el cierre del pantalón, y empezaron a masturbarse mientras tocaban obscenamente las nalgas y espaldas del chico. Riu, se llamaba Riu el que le sostenía del cabello. Éste le levantó la cara con fuerza y trató de clavarle el falo hasta la garganta, pero el chiquillo se mordió los labios. Mala elección, pues sólo se ganó un puñete. Y ya con la boca abierta y sangrante, tuvo que recibir el pene de mi compañero. Se estaba ahogando, lo sé. Lo sé porque su rostro pálido estaba morado ahora. Y supongo que te preguntarás qué estaba haciendo yo. ¿Te reirás si te digo que sólo miraba…? Veo que no…

 

Hasta ahora no sé por qué todo eso me estaba excitando tanto. Pero compartiré un secreto contigo: a veces, en las noches, me gusta recordar esa imagen… y te lo juro, Hyde, no tardo ni cinco minutos en correrme… es mágico.

 

Más rápido de lo debido, todo eso terminó por cansarlos. Toshi salió del chico y le dio media vuelta. A esas alturas ya no había problema, pues el cuerpo del chiquillo estaba tan destrozado por dentro que le hubiese sido imposible correr. Los otros tres se alejaron y nuestro líder se sentó en el pecho de su presa, golpeando su erección sangrante en los labios igual de rojos, en las mejillas, en el cuello… hasta que se vino en su cara, aún sobándose el falo en ésta al terminar y embarrándolo aún más. Daba pena ver ese bello rostro, golpeado y sucio de tierra semen y sangre.

 

Mientras eso pasaba, creo que los otros tres habían hecho un macabro juego de yan ken pon para determinar quién seguía. El ganador fue Riu, quien, tomando el lugar de Toshiya, que ya estaba a un lado fumando, puso al desconocido en cuatro y lo penetró sin misericordia. El chiquillo volvió a gritar, y fue en ese momento cuando no pude más y también bajé mi cierre y empecé a tocarme. Mis otros dos compañeros estaban en su boca, y entraban como salvajes, a veces ambos al mismo tiempo.

 

Supongo, Hyde, que todo eso debe haber dolido bastante, ¿no crees? Es decir, su ano ya estaba sangrando, tenía la boca hinchada de tanta verga adentro… pero bueno, éramos adolescentes, así que no pudo haber durado más de cinco minutos antes de que los tres terminaran por correrse al fin.

 

Se levantaron y se subieron las braguetas, importándoles un carajo que sus miembros estuvieran sucios de sangre y semen. Y luego me miraron. Recuerdo que Toshi se rió al ver mi pene erecto y me hizo una seña para que yo también usara aquel cuerpo ya casi inerte. Me acerqué despacio y, suavemente, volví a poner a ese lindo chico boca arriba. Aún a través de la mierda que tenía en la cara, pude ver sus ojos, llenos de dolor… unos ojos que ya no enfocaban. Y se la metí también, se la metí tan salvajemente como lo habían hecho los demás, sin miramientos. Pero él ya estaba demasiado cansado de gritar… me desesperaba. Yo quería oír sus gemidos, quería oír sus gritos de dolor por mí… le alcé las piernas hasta ponerlas sobre mis hombros y, agarrándole de las caderas, hice mis movimientos más rápidos, más feroces, pero aun así nada, Hyde… nada… ya estaba muerto por dentro. Me enfurecí. ¿Por qué ese perro le había regalado esos sonidos maravillosos a los otros imbéciles y no me daba nada a mí? Una de mis manos soltó su cadera para ir hasta su cara y le di de cachetadas, esperando que reaccionara, que gritara…

 

Quería llorar del odio. Lo odiaba por ser tan débil, por no tener fuerzas para rogarme… Sentí cómo las lágrimas de frustración caían por mis mejillas, pero agradecí que los otros no pudieran verlas, pues les estaba dando la espalda. Y entonces supe qué hacer. Sin salirme le di la vuelta. Eso también me dolió a mí, pero créeme, a él le dolió más… Lo sé porque jamás he vuelto a oír un gemido como ese.

 

Lo agarré de los brazos con fuerza, y empecé a apuñalarlo con mi verga, cada vez más y más duro, mientras el canto de sus gemidos inundaba mis sentidos… y me vine al fin, dentro de él, inundándolo de mí…

 

Nunca más hablamos de eso. A los pocos meses acabamos la escuela y… supongo que la mayoría de ellos querrá olvidarlo también, pero a estas alturas, Hyde, tú sabes que yo no puedo…

 

Mira, Hyde… No, no llores, escúchame… yo pensé que estabas muerto. Hasta que te vi en ese club. Tú no tenías idea, pero yo… jamás pude olvidar tus ojos. Y hasta me duele un poco que jamás me hayas hablado del asunto. ¿Es que fue tan fácil olvidarlo? ¿Sabes? Hasta tenía un discurso preparado para cuando lo hicieras. Por supuesto, si esto no hubiera pasado, nunca te lo hubiera confesado. Y supongo que tú también habrías permanecido en silencio.

 

Pero, ¿qué podemos hacer? Ese chico está muerto. Yo lo maté. Lo maté porque quería volver a oír unos gritos como los tuyos. Ya ves… Tetsuya Ogawa es un cobarde. Cuántas noches te he tenido entre mis brazos nuevamente, y no me he atrevido si quiera a dañarte un poco. Tuve que conformarme con tus suspiros de enamorado, cuando tú y yo sabemos que te encanta gritar como una perra…

 

Y eso es todo amor. Ya puedes ir y decírselo todo a esos malditos policías. Eso querían, ¿no? Una confesión. Pues ya tienen dos.

 

~Fin~

 

 

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