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-por Arashi Takarai- capítulo I |
El local se vaciaba. La camarera casi tropezó con el cable de una guitarra eléctrica que se había mimetizado demasiado con el suelo. Odiaba el sonido del cristal de los vasos entrechocándose entre sí, le producía una crispante sensación de nerviosismo que hacía estallar sus oídos y nunca había soportado. Su atención se había distraído momentáneamente de su objetivo, pero no tardó en retomar su escrutinio con más ahínco que antes.
Ahí seguía, no se había movido del sitio. Aunque la gente se marchaba con rapidez, actuaba como si el local fuera suyo y pudiera quedarse allí hasta que le apeteciese.
Ahí seguía. Tenía unos ojos preciosos. La curva de los párpados se arqueaba en un óvalo que terminaba por llevarte al fondo de aquel iris castaño, un lugar realmente agradable para perderse. Podría haberse pasado años mirando aquellos ojos sin desear hacer otra cosa, de no ser porque el propietario no le hubiera permitido nunca tal actividad sin hacérselo pagar de un modo u otro. Ése era su método, el de un jodido ídolo narcisista que no osaba que nadie se le acercase a no ser que pudiera sacarle buen partido. Llegaría a ser grande, uno de los mejores, probablemente. Si se diera cuenta de que no estaba por encima de los demás, sería el maldito amo del mundo.
Pero por mucho que le hubiera intimidado su apariencia de dios, Tetsu no se dejaba amilanar. No, para nada, sus genes le habían dotado de una voluntad férrea además de un talento palpable. De momento, se contentó con admirar los ojos durante un segundo más y luego volver a la realidad. Ya, perfecto, la fascinación se había esfumado. Echó una ojeada al resto del sujeto que estaba frente a él, y le miraba ahora como si se le hubiera acercado un policía a ponerle una multa.
-¿Y bien? –gruñó el sujeto, desconfiadamente.
-Hyde, de Garboil ¿Verdad? –logró articular Tetsu.
Aquel hombre delgado y con cara de niño exhaló una bocanada enorme de humo de cigarro, con suma lentitud, como pavoneándose por haber sido reconocido.
-Oh, sé quién eres –dijo a su vez, sin ningún tipo de interés-. El cantante de Phear ¿No es así?
Tetsu se tragó una respuesta amarga y una más detallada explicación que le podría haber dado a cualquier otro, y mantuvo su tono neutro.
-El bajista de Phear, de hecho. Ya no soy cantante.
-¿Sí? Qué pena. Lo hacías medianamente bien.
Oh, era tan asquerosamente egocéntrico como decía la gente, Tetsu odiaba a ese tipo de personas. Y de forma demasiado racional, porque sabía que tenía buenos motivos para odiarlas, casi derecho a ello. Porque se lo merecían.
Y lo odió ¿Por qué no hacerlo? Lo odió casi al instante. Aunque nunca había sido del tipo de los que odian de verdad.
El pequeño cantante arqueó el cuerpo para levantarse, sin desear seguir con la conversación. Se echó la chaqueta de cuero al hombro, y aplastó la punta encendida del cigarro contra la desconchada pared del local. Una imperfección más ni se notaría.
-He venido para proporcionarte información –se apresuró a decir Tetsu a la espalda de la pequeña figura que se alejaba, antes de que pudiera marcharse. Ésta se contrajo un segundo. Sin que se hubiera dado la vuelta, Tetsu sabía perfectamente que el tipo se estaba burlando mentalmente de sus desafiantes palabras.
-No creo que alguien a quien no conozco de nada me pueda proporcionar información que me interese, ni ninguna otra cosa que esté dispuesto a aceptar, a no ser que sea de determinada índole –dijo, girándose. Clavó sus bellos ojos llenos de ironía en Tetsu, y al sonreír su lengua pasó bravuconamente por encima de su labio inferior.
Su sonrisa no denotaba humor de ningún tipo, y su provocación era fingida y mecánica. Por ello Tetsu no se inmutó. No iba a sacarle los colores un tipo como ése.
-No obstante… –continuó el individuo, aún más altanero-. Puedes hacer el intento.
Tetsu casi sonrió con maldad involuntaria.
-Creo que puede interesarte mucho.
-¿¿Qué??
-No pienso repetirlo dos veces, no podría mantener el dominio de mí mismo –farfulló Hyde, con la rabia emanando de cara poro de su perfecta piel como un furioso geiser.
-Y te dijo eso… ¿Le dejaste que te dijera eso? ¿Tú, que casi prendes fuego a cada live house que no nos deja actuar en ella?
-Yo mismo estoy sorprendido de mi propia tranquilidad. El estúpido bajista estaba ahí plantado, diciéndome todo aquello como si nada. Me quedé tan estupefacto que sólo por ello no le partí la cara al instante ¡No me dio tiempo ni a eso! Se escabulló el muy…
Hyde mascó una docena de insultos dirigidos al bajista de Phear, como si paladeándolos en su boca la furia que sentía fuese a descender proporcionalmente. Yukki se dejó caer en el sofá. Sus vaqueros deshilachados se abombaron a un lado y a otro de sus delgadas piernas.
-Así que Union Records nos la ha jugado –sentenció éste.
-¡Puedes jurarlo! –Exclamó su compañero, mientras se paseaba arriba y abajo por el salón de su reducido apartamento sin tratar de esquivar los muebles-. Phear va justo por delante de nosotros en la lista de prioridades hasta próximo aviso, y eso quiere decir que si firman con Union, hasta dentro de mucho tiempo no volverán a contratar a un grupo principiante.
Yukki pareció movido por estas palabras, como si hubieran dado con su resorte.
-Sí. Y nos quedaremos fuera del mercado, perderemos toda oportunidad –Yukki bufó, llevándose las manos a su pelo-. Hyde, escúchalo bien, si no firmamos ahora no firmaremos nunca ¡Es el momento! Dentro de unos años ¿Crees que Union Records nos buscará para retomar el supuesto maravilloso contrato que nos prometió? Para entonces ya tendrán a la vista a miles de grupos que pueden desplazarnos. No, se han fijado en nosotros ahora, y debemos lograr subir al barco ahora.
-Pues el barco zarpa y estamos aquí todavía, Yukki. Pilla un chaleco salvavidas, porque esto, amigo mío, es sálvese quien pueda.
Yukki, por lo general tranquilo, no tuvo ningún inconveniente en pegarle una buena patada llena de frustración a la mesa.
-Gracias por el elenco de comparaciones náuticas, me tranquilizan mucho –ironizó–. Algo habrá que podamos hacer ¿No? ¿O es que nos vamos a quedar parados como imbéciles y mirando? Podríamos intentar hablar con los de la Union para que nos aclaren esto. Han liado las cosas de mala manera, se les han ido de las manos.
-No flipes, Yukki-chan, nos han mandado a la mierda y punto. Es nuestro sino.
-Sí, eso parece. Primero lo de Sakura y ahora esto ¿Qué será lo próximo?
-Te lo pido por favor, no me lo recuerdes. Con Phear y su líder tenemos bastante. Ese pijo engreído que se cree que alguna vez ha sabido cantar ya ha acabado con toda la paciencia que puedo emplear en un día.
La atmósfera seguía tensada como la cuerda de un arco, y los dos compañeros cavilaron durante unos segundos. Yukki sopesó la situación: Era, desde luego, un problema. Tan inesperado y repentino… que ni su mente habituada a sopesar, resolver y actuar encontraba una respuesta.
-Hyde ¿Qué vamos a hacer?
Hyde apretó los dientes contra sus labios, haciendo que la sangre se agolpara en ellos y los rozara.
-No tengo ni puta idea.
Seis centímetros de nieve cubrían los tejados, mientras lo que quedaba en las aceras se ennegrecía bajo el calzado de la gente, la poca gente que era suficientemente valiente para salir a la calle en aquellas circunstancias. Los termómetros caían deprimidos, aunque el frío no era del peor que podía darse en aquella época.
Pero Hyde llevaba tanto tiempo para arriba y para abajo que no podría habérsele distinguido de un cubito de hielo con cazadora de cuero y botas. Estaba trasteando por los locales de aquella avenida, donde se concentraban la mayoría de las salas de conciertos de la ciudad, en busca de datos sobre aquel grupo del demonio y su maldito vocalista.
O bajista, o lo que aquel gilipollas fuera o quisiera denominarse.
Había hablado con algunos colegas de otras bandas y, por supuesto, todos sabían quién era Phear, quién era su líder, y todos tenían rumores que contar u opiniones que dar al respecto de su historia y componentes. El saber siempre estaba en la calle, y más en aquel maldito reducido mundo en el que se movían.
Ogawa Tetsuya y Kitamura Ken eran los miembros fundadores. El primero de ellos era bajista, y vocalista de la banda, al menos hasta hacía un par de meses, en los que habían empezado a buscar una buena voz que consolidase el estilo del grupo y los hiciera marcar la diferencia. Hyde supuso que era porque el tal Ogawa no tenía pelotas para cantar como era debido, cosa que no le costaba demasiado creer habiendo visto las pintas de niño bueno que se gastaba.
El otro miembro, Kitamura Ken, era el guitarrista. Según todo el mundo, muy bueno, muy experimentado, y un tipo de cuidado, lograba lo que se propusiera sólo con empeñarse. Sabía moverse por el mundillo sacando actuaciones de donde fuera, conocía a las personas adecuadas y rara vez aceptaba un “no” sin haber agotado antes todas las opciones posibles. Se encargaba de mantener en nómina al resto de los componentes del grupo.
Y éstos eran… Cualquiera. Cualquiera que fuera batería podía ser la otra pieza clave, puesto que no habían sido capaces de conservar ninguno más de dos meses. Al parecer el niño pijo del líder tenía unas exigencias bastante altas en cuanto a la calidad de sus músicos, y si alguien la cagaba una sola vez tardaba medio segundo en ser un ex-Phear.
Un batería. Sólo necesitaban eso, y se podía decir que eran “un grupo”, muy conocidos por aquella parte de la ciudad, desde luego. Hyde escuchaba todo esto de boca de sus compañeros de profesión, guardándose sus opiniones. Sí, llevarían tiempo en el mundillo, pero eran un grupo embrión, sin formar, sin solidez…
Hyde chistó al oír todo eso dentro de su cabeza. Por desgracia, no tenía nada que echarles en cara a ese respecto, ellos estaban igual: Hasta hace nada eran un maldito grupo a dos guitarras y con un vocalista, hasta que Hyde se puso serio y obligó a su compañero a dejar de enredar con todos los instrumentos a su alcance y a emplearse a fondo en la batería, después de que el anterior batera les dejara tirados y sin más opciones. Ahora sólo les faltaba encontrar a alguien que supiera para qué servía un bajo, y el proyecto podía echar a rodar de una vez como una verdadera opción en la música.
Pero al menos su grupo tenía vocalista, uno bueno de verdad ¿Podían los don nadie de Phear decir lo mismo?
Hyde sacó un cigarrillo del bolsillo de su enorme abrigo, entró en el club más cercano, y decidió ir a tomarse una copa antes de que se le congelara más el culo en aquel maldito clima para pingüinos.
Un par de live houses más abajo, en la misma calle, Tetsu intentaba que su guitarrista y amigo del alma no se hiciese un abrigo con su pellejo.
-¿Qué le dijiste qué? –balbuceó Ken, conteniendo apenas un enfado de los suyos, de los que obligan a la gente a desalojar la zona. El botellín de cerveza que había dejado en la mesa bruscamente giró sobre su base hasta que fue rescatado por Tetsu a dos centímetros del suelo. Había salvado la moqueta por el momento. No había podido hacer nada por el micrófono, que cayó tras Ken como un poste de luz derribado por un huracán. El guitarrista seguía avanzando cabreado por todo el local con su guitarra colgando a un costado. Tetsu se esforzaba por seguirle.
-Era lo justo.
La voz de Tetsu resonó huecamente por el local. Ken viró con rapidez y le miró de hito en hito.
-¿Lo justo? Dios mío, lo justo, hay que tener valor… –rezongó-. Tetsuya, eres la persona que mejor hace el gilipollas pensando que lo que está realizando es un acto de bondad o algún tipo de honradez divina ¿Cómo se te ocurre?
-No dramatices ¿Vale? No es para tanto. No les desvelé la fórmula mágica de la Coca-cola, ni les di las llaves de tu coche. Sólo les dejé claro lo que pasaba: Union Records nos quiere a nosotros, no a ellos, para firmar el Contrato del Principiante ¡Es la pura verdad! No hay nada de malo en que se lo haya dicho.
-¿Y era imprescindible que lo hicieras?
-A nadie le gusta que algo así le coja de sorpresa. Pensé que si fueran a jugármela, a mí también me gustaría que me advirtieran. No te sorprendas tanto si queda por el mundo un poco de honestidad.
Ken meneó la cabeza y puso los ojos en blanco, haciendo como que vomitaba.
-¿Y luego viene cuando te caes de la cama, te das el ostión, y te despiertas por fin, pequeño Tetchan? No se puede ir por la vida de benefactor altruista, te lo he dicho mil veces. Piénsalo detenidamente ¿Qué pretendías conseguir con ello? No vendrán a darte las gracias por tu desmesurada sinceridad, lo único que harán será ponerse furiosos y empezar a actuar impulsivamente. Se movilizarán, irán a darles la paliza a los de la discográfica hasta que los escuchen y se replanteen si los quieren a ellos o a nosotros, y volveremos a estar en la cuerda floja otra vez.
-Nos quieren a nosotros –afirmó rotundo.
-¿Y tú qué sabes? ¿Has firmado algo aún? No, Tetsu, habíamos agarrado esto y lo teníamos bien seguro hasta que has abierto tu insufrible boca de Pepito Grillo. Dios, y encima lo has hecho por “justicia”. Pfff, hubiera preferido que lo hubieras hecho sólo para restregarle nuestro éxito a la nenaza esa que “lidera” Garboil.
-Eso suena más a ti.
-Sí ¡Y cuándo empezarás a parecerte a mí, aunque sólo sea un poco…!
Ken se dirigió rápido hacia la barra, y casi obligó al camarero a ponerle delante una botella de whisky y un grupo de vasos. Tetsu frunció el ceño, deprimido. Ken solía tomarse las cosas de esa manera, siempre metiéndose con sus “heroicidades estúpidas”, como él las llamaba, ridiculizándolas hasta que realmente parecían estúpidas.
Esta vez en cambio… Hasta Tetsu se sentía estúpido del todo. Por mucho que hubiera intentado defender su postura ante Ken, la verdad es que había sido consciente de lo equivocado de la idea en cuanto oyó el inflexible timbre de voz de aquel tipo, contestándole por pura deferencia, como si eso fuera rebajarse. Dios, debería haberse callado, su sinceridad sin mácula no funcionaba con todo el mundo ¿Cuándo aprendería? No con aquella clase de personas, la verdad no suponía nada para ellas.
El daño estaba hecho. Sólo le quedaba rezar para que la pinta de cabrón del vocal de Garboil fuera sólo una cuidada y falsa pose.
-Las negociaciones todavía están en el aire, pero todavía hay mucho tiempo para resolverlo –se aclaró la voz a mitad de la frase-. No queremos precipitarnos, señores, la prensa musical de todo el país suele estar muy pendiente de este contrato y creo que debemos estar seguros de apostar por el grupo más indicado.
Una mesa entera de ejecutivos trajeados de Armani inició un bisbiseo vibrante, el cuál no se podía calificar como una buena o una mala señal, porque esos hombres eran del tipo inflexible y duro que es propio de las grandes empresas, y nunca daban a entender otra cosa que una apática discrepancia, convertida ya en hábito.
Gackt Camui juntó los dedos de sus manos en una actitud expectante, y luego descansó éstas sobre la mesa.
Matsumoto-san, su inmediato superior, le miraba de vez en cuando como si evaluara cada centímetro de su expresión. Sabía que Camui era su mejor cazatalentos. Normalmente convertía en oro todo lo que tocaba, tenía un olfato musical superior al de cualquier otro asalariado, y definitivamente no era alguien del que le gustaría prescindir. Pero era su primer año gestionando el Contrato del Principiante. No iba a dejarlo a su libre albedrío, no al menos sin tenerlo bajo una disimulada supervisión. No dejaría su empleo colgando de un fino hilo en las manos temerarias de aquel novato.
Aunque debía reconocer que la tarea no era del todo fácil. La Union Records concedía cada año un contrato privilegiado a un grupo totalmente desconocido, a uno que no estuviera amparado siquiera por una discográfica indie, y lo lanzaban con medios propios de una major durante tres años completos, e indefinidamente a partir de ahí si el grupo llegaba a unas cotas mínimas de resultados que satisficieran a la compañía. Era una oportunidad única para los que optaban al premio, desde luego, la gallina de los huevos de oro para todos aquellos pobres jóvenes músicos. Claro que para la Union era mucho más beneficioso granjearse un poco de buena fama y hacer un buen despliegue publicitario de su generosidad para con el mundo musical en general. Un poco de soporte financiero excepcional a un grupillo principiante no les suponía ningún tipo de esfuerzo, era repartir las migajas que te sobran a los pájaros.
Prestigio, siempre el prestigio. Sólo que, en este caso, no bastaba adjudicar al azar, la elección debía de ser la correcta para que no se volviera en contra suya. Camui era plenamente consciente de ello, y haría lo que fuera preciso. Se preguntaba por qué diablos tenía que tomarse su trabajo tan en serio… bueno, a veces le salía bien ser un perfeccionista compulsivo, y pretendía salir indemne también esta vez. A poder ser, con un ascenso.
La reunión terminó cuando el subpresidente de la discográfica tuvo a bien levantarse y salir sin añadir una sola indicación más a Camui y su delicada misión. El resto de altos cargos comenzó a seguirlo fuera de la enorme y antiséptica sala de reuniones. Matsumoto-san, en cambio, seguía plantado en el sitio, tamborileando con los dedos sobre la mesa, resistiendo la tentación de sacar un cigarrillo.
-¿Enfadado? –tanteó Camui, deseoso de romper un silencio en nada beneficioso para sus nervios. Su jefe sintió aumentar la necesidad de un cigarrillo, y palpó sin darse cuenta el bolsillo de su traje que guardaba el encendedor. Desvió su vista con desgana a los ojos falsamente azules de su subordinado.
-¿Dos grupos, a estas alturas? –masculló. Ahí empezaba a salir a la superficie su crispación-. No sé si te pasé el seguimiento del resto de grupos que han aspirado anteriormente a este contrato, pero normalmente para estas fechas ya está más que apalabrado el trato, eso nos da margen para remodelar ciertas cosas antes de hablar con la prensa.
-Lo sé.
-Y normalmente necesitamos investigar el historial de cada uno de los miembros para evitarnos sorpresas desagradables. Eso lleva bastante tiempo.
-Lo sé, de verdad.
-¿Entonces por qué no tengo todavía el contrato firmado sobre mi mesa? Por dios, Camui, me estás poniendo realmente nervioso.
Gackt se obligó tranquilidad a sí mismo. Al fin y al cabo, sabía que llevaba la razón.
-Matsumoto, relájate por una vez. No sé si estás familiarizado con el proceso, pero cuando se ficha a un grupo en una major se suelen tardar meses en decidir si dar el paso o no –repuso con serenidad-. Se hace una radiografía exhaustiva del grupo, se escucha la maqueta hasta que te la sabes de memoria… Si se va a por todas, se va a por todas, y para ello hay que tenerlo claro. Son tus palabras, es lo que sueles decirme ¿Qué estoy haciendo mal entonces?
-¡Por el amor del cielo, esto no es un reclutamiento estándar, esto es caridad! Los grupos que aspiran a este contrato no son lo suficientemente comerciales como para interesarnos, lo sabes, darles coba es una pura ceremonia que nos dará beneficios que nada tienen que ver con el dinero. Sabes de qué va el ajedrez ¿No? Juega con estrategia, Camui, hazlo, pero no juegues con mi paciencia.
Gackt frunció el ceño y bajó la vista al suelo. Matsumoto sacó un cigarrillo y lo encendió, daba igual la normativa.
-Es uno de estos dos grupos, lo sé –murmuró Gackt-. Uno de ellos tiene estilo, algo especial que llama la atención, y es más comercial que el segundo. Daría buenos resultados, desde luego. Pero el otro… joder, tiene el vocalista más alucinante que he escuchado en mi vida, te lo aseguro. Una voz como hay pocas. Sólo por eso ya existe una condenada duda razonable. Tengo que sopesarlo.
Matsumoto fumaba como si fuera lo único que le calmara en el mundo, mientras ignoraba por el momento las apreciaciones de Gackt. Expulsó el humo con fuerza hacia delante.
-No te líes tanto ¿Vale? Por lo que dices, el primer grupo nos basta. Evalúa su estilo, su sonido, y ya está. No le des más vueltas.
-Pero…
-Y no lo olvides, ten en cuenta cómo lucen sus músicos. No quiero que reclutes a una pandilla de pringados sin atractivo. A esos tíos vamos a sacarlos en las revistas. El Photoshop ayuda, pero no hace milagros.
-Por eso no te preocupes. Por las fotos y vídeos que he visto, al vocalista del que te he hablado le sobra atractivo para salir en donde quieras.
Matsumoto terminó su cigarrillo y pensó en dónde debía tirarlo para que no le echasen la bronca. Se levantó y sacudió las cenizas que habían caído en su traje gris plomo. Gackt ni siquiera lo miraba. Abstraía su atención en el dibujo geométrico de la moqueta.
-No voy a cagarla –sentenció. Su jefe lo estaba mirando con curiosidad.
-Supongo que no –le contestó, con algo parecido a un intento por tranquilizarle. Pero enseguida volvió a su severidad natural-. Una última cosa. No trates de encumbrar a un grupo sólo por su vocalista porque necesites lidiar con tus fantasmas, Camui, te lo advierto. Esto no tiene que ver contigo.
Ahí estaba, un último golpe personal para acabar de asustarlo. Casi era lógico, viniendo de alguien como Matsumoto-san, pero no se lo había esperado ¿Por qué la gente se empeñaba en poner siempre el dedo en la llaga?
En todo caso, en su interior sabía que aquello no tenía nada que ver con sus aspiraciones. No, en absoluto. Su decisión tal vez se haría esperar, pero al final sería la correcta.
Había quien no consideraba en absoluto buena la demora de Gackt Camui en cuanto al asunto del contrato. Y no era ni su jefe ni los altos directivos de la discográfica, por muy impacientados que se mostraran la mayoría del tiempo.
Y es que para los pobres diablos que eran blancos de esa elección, el tema empezaba a tocarles mucho las narices.
Los de Phear, con menos ansiedad aunque con cierta expectación nerviosa.
Los de Garboil… bueno, digamos que empezaban a preparar su artillería por si la guerra estallaba y tenían que liarse a cuchillazos.
Hyde se limitaba a soltar maldiciones con una frecuencia de dos minutos, intervalo en el que solía nombrar a las familias de todos los miembros de Phear, con especial hincapié en la del bajista. Y además, le había dado por ensayar compulsivamente, por lo que era raro no encontrárselo tocando la guitarra o cantando por todos los rincones de la casa. Si no le hubiera conocido tan bien, Yukki habría jurado que su vanidoso compañero empezaba a dudar de sus propias dotes musicales para encandilar al personal. Quizá el cielo acabaría cayendo sobre sus cabezas.
Yukki, sin embargo, no podía conformarse con cosas tan simples. Su ego no disminuía, pero sí su paciencia, y si había algo que odiaba era que le tomaran por gilipollas. Por ello tardó muy poco en contactar con el afable ejecutivo de Union Records que había hablado con él un par de meses antes y le había anunciado que estaban en la lista del despegue a la fama (o así de bonito se lo había pintado) En la tarjeta de visita rezaba su nombre, “Camui Gackt”, y su número de teléfono. El cuál atendía una silenciosa secretaria que tuvo a bien avisar a su jefe de que el batería de Garboil quería verle.
Le costó unos días recibir respuesta, pero ahora allí estaba, sentado en el despacho de aquel tipo, con las piernas cruzadas y las manos fuertemente apretadas en el regazo. Y los hilos que tiraban de su futuro delante de él, haciéndose un nudo.
-Nuestra decisión está oscilando en estos momentos, Awaji-san –Camui habló, después de acomodarse en su asiento de cuero gris, y de esperar el té que había pedido a su secretaria, el cuál Yukki había declinado cortésmente-. Éste es nuestro negocio, y solemos dar pasos muy cautos para salvaguardarlo, es por ello que somos quienes somos en este momento.
-Dando una bochornosa muestra de volubilidad, si se me deja ser impertinente –repuso el batería-. Se supone que en los negocios se ha de tener la mano firme. No nos haga perder el tiempo. Díganos lo que nos tenga que decir ahora.
Gackt sonrió. Awaji le había sorprendido gratamente cuando lo conoció, tenía una determinación bastante educada para conseguir las cosas, y desde luego sabía ponerse duro cuando la situación lo requería. Un temperamento excepcionalmente sólido.
-Entiendo su enfado, pero no pienso hacerle caso porque no ha meditado las cosas. Tienen posibilidades, Awaji-san, si no tantas como antes, desde luego sí tienen muchas. Que Phear haya entrado a concurso no supone una derrota para ustedes ¡Claro que lo entiende! Sencillamente, aún tengo mucho que ver antes de decidirme.
-¿Qué le hace falta, nuestras muestras de orina? –Le espetó impacientado Yukki-. Oh, venga, hable claro ¿Quiere ver vídeos? ¿Escucharnos en directo? ¿No le parecen suficientes nuestra maqueta, nuestros video clips? ¡Pida entonces! Pero sabemos que tiene material suficiente para hacerse una idea de lo que es Garboil y de lo que somos capaces. El resto no es más que palabrería para hacernos callar mientras nos lanzan por el precipicio disimuladamente. Qué poco elegante.
La frase que Gackt tenía preparada murió en el aire mientras Yukki se levantaba sin más y alcanzaba el picaporte de la puerta. Una última mirada, una advertencia, sólo eso. Gackt estaba confundido, y Yukki se sentía orgulloso de ello.
-No me malinterprete, tenemos mucho que ofrecer ¿Quiere ver más cosas? Pues empiece a mirar a su alrededor. No pierda detalle ¡Puede que se tope con nosotros en cualquier momento! Mi vocalista tiene la mala costumbre de estar siempre en todas partes.
~Continuará~
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